

Los trabajadores de granjas avícolas, porcinas y de cultivos enfrentan un riesgo significativamente mayor de contraer infecciones resistentes a antibióticos que la población general, según revelan estudios recientes que documentan cómo el uso liberal de antimicrobianos en la agricultura está generando patógenos peligrosos que amenazan la salud pública. La investigación muestra que quienes trabajan en granjas intensivas de aves tienen 32 veces más probabilidades de infectarse con cepas resistentes de Escherichia coli, mientras que un cuarto de los trabajadores de mataderos portan bacterias resistentes en sus manos.
El uso extensivo de antibióticos en la producción agrícola está creando una crisis de salud pública invisible que afecta principalmente a los trabajadores del campo, según evidencia científica acumulada durante las últimas dos décadas. Las granjas no solo producen alimentos, sino que también están generando involuntariamente microorganismos peligrosos resistentes a medicamentos esenciales.
"El uso de medicamentos antimicrobianos, en las cantidades utilizadas en la producción animal, representa un riesgo para la salud humana", dijo Christopher Heaney, investigador de enfermedades infecciosas en la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins en Baltimore, Maryland, según Nature. "Los trabajadores están en la primera línea de ese riesgo".
La magnitud del problema se evidencia en datos concretos. Un estudio publicado en 2007 encontró que las personas que trabajaban en granjas avícolas intensivas tenían 32 veces más probabilidades de infectarse con una cepa resistente a antibióticos de Escherichia coli, una causa principal de infecciones del tracto urinario, en comparación con el público general, según Nature. Un estudio de 2022 encontró una tasa más alta de bacterias resistentes a antibióticos en aguas residuales de trabajadores de granjas avícolas que en aguas residuales de baños domésticos.
En septiembre de 2025, científicos que estudiaban a personas que trabajaban en dos mataderos de carne de res en Turquía encontraron una variante resistente a antibióticos de E. coli en las manos de un cuarto de los trabajadores, según Nature. Un mes después, un estudio de aislados bacterianos de más de 23,000 personas con infecciones del tracto urinario en el sur de California estimó que el 18% de los casos fueron causados por microbios resistentes a antibióticos que podían rastrearse hasta la carne vendida en supermercados.
La bacteria Staphylococcus aureus resistente a meticilina (MRSA) representa una amenaza particularmente grave. El MRSA es altamente contagioso y se propaga en hospitales y hogares de ancianos en todo el mundo, según Nature. Típicamente infecta la piel, causando diversos grados de daño tisular, pero si alcanza el torrente sanguíneo, puede tener una tasa de mortalidad entre 20% y 50%.
El tipo dominante de MRSA asociado al ganado, llamado CC398, se está volviendo cada vez más prevalente en las granjas. En Dinamarca, donde la vigilancia de microbios resistentes a antimicrobianos en la agricultura es particularmente buena, la proporción de granjas porcinas con rebaños positivos para MRSA saltó de menos del 5% en 2008 al 90% en 2018, según Nature.
El CC398 también está infectando cada vez más a personas, incluidas aquellas que no tienen contacto directo con animales de granja. Las personas que viven cerca de las granjas corren mayor riesgo. Un análisis publicado el año pasado informó que las personas que vivían entre 1.25 kilómetros y 6.25 kilómetros de granjas porcinas en Dinamarca contrajeron infecciones cuando el viento soplaba desde las granjas hacia sus comunidades, según Nature.
"Debido a que la amenaza que representa la resistencia antimicrobiana en la agricultura es invisible, a menudo se pasa por alto", dijo Qamar Saeed, microbiólogo de la Universidad Bahauddin Zakariya en Multan, Pakistán, según Nature. "La gente sabe que hay humo y se siente incómoda a su alrededor. Pero la resistencia antimicrobiana es un peligro silencioso".
La escala del uso de antibióticos en la agricultura es alarmante. Según algunas estimaciones, aproximadamente tres cuartos del uso mundial de antibióticos se dedica a la agricultura, según Nature. Un informe del gobierno estadounidense publicado en diciembre de 2025 mostró que las ventas de antimicrobianos médicamente importantes para ganado productor de alimentos aumentaron un 16% en solo un año, de 2023 a 2024. Las ventas agrícolas de tetraciclinas, que se usan para tratar diversas afecciones, incluido el acné y la neumonía en personas, aumentaron un 20% durante ese período, según Nature.
"La crisis de resistencia antimicrobiana está sobre nosotros", dijo Heaney, según Nature. "No está a décadas en el futuro. Estamos aquí. Y tenemos evidencia de que las cantidades de uso antimicrobiano en el sector de producción animal empequeñecen las cantidades de uso para la medicina humana".
Los trabajadores agrícolas que cultivan y cosechan productos también enfrentan desafíos. Las naranjas cultivadas en Florida, por ejemplo, a menudo se rocían con estreptomicina, un antibiótico que también se usa para tratar infecciones en personas, para combatir una enfermedad bacteriana transmitida por insectos que hace que la fruta permanezca parcialmente verde en lugar de cambiar de color al madurar, según Nature.
"Someter a los trabajadores agrícolas a eso solo porque ves tu cultivo como más importante que las personas es realmente un crimen en lo que a mí respecta", dijo Jeannie Economos, quien coordina el proyecto de seguridad de pesticidas y salud ambiental en la Asociación de Trabajadores Agrícolas de Florida en Apopka, según Nature.
A fines del año pasado, más de una docena de grupos de salud pública y trabajadores agrícolas se unieron para hacer sonar la alarma sobre los riesgos asociados con la fumigación de antibióticos en los cultivos. Esos grupos, que incluían organizaciones sin fines de lucro como el Centro para la Diversidad Biológica y el Centro para la Seguridad Alimentaria, exigieron que la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) detuviera esta práctica, según Nature.
En Filipinas, un estudio en comunidades ribereñas de Laguna reveló problemas similares. La investigación, que empleó el modelo socioecológico para examinar el uso de antibióticos, encontró que entre el 31% y el 66% de los filipinos dependen de la automedicación, según Frontiers. Muchos filipinos continúan buscando tratamiento de curanderos tradicionales, algunos de los cuales pueden administrar tratamientos herbales que contienen niveles subóptimos de antibióticos, contribuyendo aún más al desarrollo de resistencia antimicrobiana.
El estudio en Laguna, que incluyó encuestas de conocimientos, actitudes y prácticas (KAP), grupos focales y entrevistas con informantes clave en barangays seleccionados de Calamba y Pila, encontró que la falta de conciencia pública sobre el uso adecuado de antibióticos es un factor crítico. Scaioli y colaboradores encontraron que aproximadamente un tercio (33.7%) de la población en países de ingresos bajos y medios tiene un conocimiento muy limitado sobre antibióticos y resistencia antimicrobiana, según Frontiers.
La investigación de dela Peña y colaboradores confirmó la presencia de E. coli multirresistente en el lago de Laguna, el lago más grande de Filipinas, destacando fuentes fecales y de aguas residuales como posibles reservorios de bacterias resistentes a antibióticos, según Frontiers. Dado que los lagos son ecosistemas acuáticos esenciales que sustentan a las poblaciones en países de ingresos bajos y medios, la contaminación de estos cuerpos de agua con determinantes de resistencia antimicrobiana de fuentes humanas y animales es un problema urgente de salud pública.
Dinamarca se convirtió en 1995 en el primer país en construir un sistema de vigilancia robusto para monitorear la resistencia antimicrobiana en animales, alimentos y personas, según Nature. Los datos del programa han llevado a restricciones e incluso prohibiciones absolutas del uso de varios agentes antimicrobianos en el ganado en países del continente. La Unión Europea ahora regula el uso antimicrobiano a través de recetas veterinarias y requiere que los estados miembros informen sobre el uso de estos medicamentos para la ganadería.
En otras partes del mundo, el monitoreo de la resistencia antimicrobiana ha resultado más desafiante. Los niveles de vigilancia en Estados Unidos, por ejemplo, varían de estado a estado, según Nature. China ha instituido medidas de prevención que restringen el uso de antibióticos importantes en la agricultura, pero algunos investigadores han notado la necesidad de mejorar el conocimiento sobre la resistencia antimicrobiana y las políticas del gobierno en las áreas rurales del país.
A nivel global, en 2024, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lanzó InFARM, un sistema de información mundial para apoyar programas nacionales que monitorean la resistencia antimicrobiana en animales y alimentos, según Nature. La esperanza es que InFARM ayude a reforzar los esfuerzos para contabilizar las tendencias en resistencia antimicrobiana y realizar un seguimiento de todos los datos.
Los investigadores que estudian el riesgo de desarrollo de resistencia antimicrobiana en las granjas dicen que el primer paso para abordar el problema es ser más juicioso al administrar antibióticos a los animales. "Lo que queremos hacer es asegurarnos de que los únicos animales tratados sean aquellos que realmente se beneficiarán", dijo Pamela Ruegg, especialista en resistencia antimicrobiana en animales grandes de la Universidad Estatal de Michigan en East Lansing, según Nature.
El siguiente paso claro es implementar medidas que eviten que las personas que trabajan en las granjas contraigan infecciones de los animales. "Queremos asegurarnos de que los agricultores y los trabajadores agrícolas hagan todo lo posible para minimizar incluso ese pequeño riesgo de exposición a cualquier bacteria en las heces, no solo a bacterias resistentes a antibióticos", dijo Ruegg, según Nature.
Una solución simple debería contribuir en gran medida a lograr este objetivo. Como parte de un estudio en 2018, Heaney y sus colegas tomaron muestras de las fosas nasales de 101 personas que trabajaban en granjas porcinas y 79 miembros de sus hogares para detectar la presencia de microbios resistentes a medicamentos, según Nature. Una vez que los investigadores analizaron los datos, vieron que el uso constante de mascarillas faciales se asociaba con un menor riesgo de exposición a S. aureus resistente a medicamentos.
Sin embargo, hay algunos matices en cómo equipar a los trabajadores agrícolas con mascarillas. Elizabeth Strater, vicepresidenta nacional de United Farm Workers of America, un sindicato laboral con sede en Keene, California, explica que los trabajadores lecheros a menudo reciben salpicaduras de leche de vaca en la cara, lo que afectaría la función de cualquier mascarilla que puedan usar para evitar la exposición a patógenos, según Nature. "No puedes simplemente tener una N-95 ahí afuera mojándose", dijo Strater. Usar un protector facial de plástico sobre la mascarilla podría ayudar.
Otras medidas también pueden mitigar el riesgo. Una mejor ventilación de los espacios interiores en las granjas, donde los animales a menudo están densamente alojados, podría reducir la propagación de microbios resistentes a medicamentos, según Nature. Algunos científicos también han enfatizado el beneficio de tener ropa para el personal y los visitantes que se use exclusivamente en las granjas, para que los microbios no se muevan entre las granjas y los hogares de las personas.
También hay varios enfoques destinados a reducir la necesidad de antibióticos en las granjas y, por lo tanto, minimizar las oportunidades para que evolucione la resistencia a los medicamentos. Estos incluyen poner en cuarentena a los animales cuando se llevan a una granja, antes de que se unan al ganado existente, y usar métodos de diagnóstico rápido para identificar y eliminar animales infectados del grupo, según Nature. Los programas de control de plagas también podrían ayudar a reducir la propagación de enfermedades en las granjas.
Sin embargo, es difícil lograr que muchas granjas adopten tales intervenciones. Algunos investigadores piensan que los gobiernos necesitarán hacer obligatorias las estrategias de mitigación de resistencia antimicrobiana para que los productores den un paso adelante. "Aumenta el costo, y sus negocios ya están funcionando con márgenes muy pequeños", dijo Saeed, según Nature.
La situación se complica aún más por desafíos políticos y económicos más amplios. Economos señala que gran parte de la mano de obra en la industria de cítricos de Estados Unidos la realizan trabajadores invitados que tienen que regresar a sus países de origen después de que termina la temporada de recolección, según Nature. "No son trabajadores agrícolas que viven domésticamente en Estados Unidos", explicó. Esto dificulta el monitoreo de qué trabajadores se enferman con infecciones resistentes a medicamentos.
Lo mismo ocurre con las campañas de deportación masiva en Estados Unidos que están disuadiendo a tales trabajadores, algunos de los cuales no tienen documentos legales para el empleo, de buscar atención médica cuando están enfermos, según Nature. "Los trabajadores agrícolas en Estados Unidos absolutamente no son tratados como seres humanos", dijo Strater. "En algunos casos, los animales son más valiosos para las personas".
El acceso limitado de los trabajadores agrícolas migrantes a la atención médica no es un problema exclusivo de Estados Unidos y también se ha identificado en países como Canadá, España e Israel, según Nature.
Laszlo Madaras, quien supervisa los programas clínicos de Migrant Clinicians Network, una organización sin fines de lucro con sede en Greencastle, Pensilvania, que apoya a médicos que brindan atención médica a migrantes, solicitantes de asilo y otros grupos marginados, dice que es necesario tomar medidas para abordar todos los factores que contribuyen a la prevalencia de resistencia antimicrobiana en las granjas y proteger a los trabajadores agrícolas y sus comunidades, según Nature. "Empiezo a preocuparme por la próxima generación, las personas más jóvenes, que pueden no tener acceso a ciertos tratamientos con antibióticos debido a eso".
Heaney dice que muchos trabajadores de granjas ganaderas han sido conscientes durante mucho tiempo de la necesidad de minimizar el uso de antibióticos, según Nature. Hace más de una década, mostró que las granjas que minimizaban el uso de antibióticos y eliminaban a los animales enfermos del flujo de producción reducían el riesgo de infecciones resistentes a medicamentos en los trabajadores, y estos trabajadores apoyaban su investigación. "Dijeron: 'Finalmente, alguien vino a mostrar que algo que estamos haciendo puede tener un beneficio para la salud pública. Lo habíamos sospechado, que es lo correcto'".