El alto el fuego entre Israel y Hezbolá, que entró en vigor el jueves pasado, ha generado una ola de indignación entre los residentes del norte de Israel, quienes acusan al primer ministro Benjamín Netanyahu de traicionar sus promesas de una victoria total contra la milicia chií. Mientras el ejército israelí continúa ocupando una franja de hasta 10 kilómetros en el sur de Líbano y destruyendo infraestructuras en 56 aldeas para crear una zona de seguridad, los habitantes de localidades fronterizas como Kiryat Shmoná y Misgav Am se sienten abandonados por el Estado central y rechazan un acuerdo que consideran impuesto por el presidente estadounidense Donald Trump.