Trinidad y Tobago enfrenta graves consecuencias diplomáticas y económicas tras su alineamiento con Estados Unidos en la operación militar que capturó al presidente venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026. La primera ministra Kamla Persad-Bissessar, quien había posicionado al país como aliado clave de Washington en el Caribe, ahora intenta distanciarse de la acción militar mientras enfrenta acusaciones de convertir a la nación insular en un "estado vasallo" de EE.UU.
La crisis diplomática que enfrenta Trinidad y Tobago se intensificó después de que fuerzas estadounidenses capturaran al presidente venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, una operación que ha dejado al país caribeño en una posición extremadamente vulnerable frente a su vecino continental, ahora liderado por Delcy Rodríguez.
La primera ministra Kamla Persad-Bissessar, quien regresó al poder en mayo de 2025 tras una victoria electoral contundente, intentó rápidamente distanciarse de la operación militar estadounidense. "Trinidad y Tobago NO es participante en ninguna de estas operaciones militares en curso. Trinidad y Tobago continúa manteniendo relaciones pacíficas con el pueblo de Venezuela", declaró según reporta el Trinidad Express.
Sin embargo, este distanciamiento contrasta fuertemente con meses de alineamiento explícito con la administración Trump. Desde su llegada al poder, Persad-Bissessar posicionó a Trinidad y Tobago como socio clave de Estados Unidos en el Caribe, permitiendo la instalación de sistemas de radar militares estadounidenses, el despliegue de marines, y otorgando acceso a buques de guerra y aeronaves estadounidenses a puertos y aeropuertos trinitenses, según informa American Kahani.
En octubre de 2025, la mandataria llegó incluso a prometer "apoyo inquebrantable" para proporcionar acceso a territorio trinitense a fuerzas estadounidenses en caso de que Venezuela atacara a Guyana, según reporta el Jamaica Observer. Esta postura provocó que Maduro la declarara persona non grata, a lo que ella respondió: "¿Por qué pensarían que querría ir a Venezuela?"
La alineación con Washington ha fracturado la unidad regional del Caribe. Persad-Bissessar rompió públicamente con la Comunidad del Caribe (CARICOM) en octubre de 2025, acusando al bloque regional de "ponerse del lado de Venezuela contra Estados Unidos" y declarando que "no es un socio confiable en este momento" y que "ha perdido su rumbo", según informan WIC News y teleSUR.
En la reciente sesión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU convocada para abordar la operación militar estadounidense, el embajador de Trinidad y Tobago, Dr. Neil Parsan, intentó equilibrar la posición del país. "La delegación de Trinidad y Tobago desea subrayar su relación de larga data tanto con Estados Unidos como con Venezuela y está dispuesta a trabajar en colaboración con todos los socios que compartan la aspiración de un hemisferio más seguro, próspero y estable", afirmó según TTT News.
Las consecuencias económicas ya han comenzado a manifestarse. En diciembre de 2025, "el Gobierno Bolivariano del Presidente Nicolás Maduro terminó inmediatamente cualquier contrato o negociación que involucrara el suministro de gas a este país vecino" en represalia por la cooperación de Trinidad con las operaciones estadounidenses, según teleSUR. Esta ruptura podría costar a Trinidad y Tobago más de 1.200 millones de dólares anuales, según estima The Guardian.
Las críticas internas también han sido contundentes. El ex primer ministro Keith Rowley, a quien Persad-Bissessar derrotó en las elecciones, ha sido uno de los críticos más feroces. Según teleSUR, Rowley "denunció que la jefa de gobierno está intentando convertir a Trinidad y Tobago en un 'estado vasallo' y advirtió que la soberanía y el orgullo nacional 'están siendo socavados'".
"Para mí es horrible ver a una primera ministra secreta y despectivamente convertir al orgulloso Trinidad y Tobago en un estado vasallo", declaró Rowley, según teleSUR. El ex mandatario "añadió su nombre a una rara declaración conjunta de ex líderes caribeños contra la militarización estadounidense en la región" y "dijo que está avergonzado de las recientes acciones del país", según el Trinidad Express.
Persad-Bissessar, de 73 años y primera mujer de ascendencia india en liderar un país fuera del subcontinente indio, ha justificado consistentemente su postura citando la crisis de seguridad de Trinidad. Según el Jamaica Observer, su gobierno argumenta que "la mayoría de los países caribeños y en particular Trinidad y Tobago han estado lidiando con un crimen fuera de control durante los últimos 20 años" y que "los pequeños estados insulares como el nuestro simplemente no tienen los recursos financieros y militares para enfrentarse a los cárteles de la droga".
Según el Observer, ella sostiene: "Los cárteles han logrado incrustarse en los altos escalones de las sociedades caribeñas, exhibiendo así una influencia significativa en las decisiones políticas, legislativas, mediáticas, bancarias, de seguridad y económicas".
La política exterior de Persad-Bissessar representa la desviación más significativa en la historia moderna de Trinidad y Tobago. Ningún primer ministro anterior ha posicionado al país tan explícitamente como socio militar de EE.UU. o ha roto tan públicamente con CARICOM.
Sus defensores argumentan que aborda pragmáticamente la crisis existencial del crimen en Trinidad asociándose con la única potencia capaz de enfrentar a los cárteles venezolanos. Con tasas de homicidios en máximos históricos, la cooperación representa realismo, no subordinación.
Sus críticos advierten que está entregando la soberanía, convirtiendo a Trinidad en un "estado vasallo" estadounidense, fracturando la unidad caribeña y eligiendo el militarismo de Trump sobre la doctrina de "zona de paz" de la región.
Como señala Kenneth Mohammed en The Guardian: "Para los estados pequeños, el pecado cardinal no es elegir el lado 'equivocado', sino colapsar la ambigüedad estratégica. Eso es precisamente lo que hizo Trinidad y Tobago". Mohammed advierte que "los estados pequeños como el nuestro no son actores geopolíticos sino espacios geopolíticos. Cuando los líderes olvidan esa distinción, sus pueblos se empobrecen y sus países se convierten en peones prescindibles".
El futuro de Trinidad y Tobago ahora depende de si la crisis con Venezuela se intensifica o se resuelve, y si la apuesta de Persad-Bissessar por alinearse con Estados Unidos traerá los beneficios de seguridad prometidos o dejará al país aislado en una región cada vez más polarizada.