

En el día 31 de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el presidente estadounidense Donald Trump amenazó con destruir infraestructura civil iraní, incluyendo plantas desalinizadoras que proveen agua potable a 90 millones de personas, si Teherán no reabre el estrecho de Ormuz. Al mismo tiempo, Trump afirmó que mantiene conversaciones con un régimen iraní que considera más razonable y que se han logrado grandes avances, aunque Irán niega negociaciones directas y califica las demandas estadounidenses como excesivas y maximalistas.
Donald Trump publicó este lunes en su red social Truth Social que Estados Unidos mantiene conversaciones serias con un régimen nuevo y más razonable para poner fin a las operaciones militares en Irán, según el presidente estadounidense. Trump afirmó que se han logrado grandes progresos en estas conversaciones, continuando con su patrón de enviar mensajes los lunes antes de la apertura de los mercados para intentar calmarlos, según reporta El País.
Sin embargo, el mensaje presidencial combinó optimismo diplomático con amenazas sin precedentes contra infraestructura civil. Trump advirtió que si no se alcanza un acuerdo pronto y el estrecho de Ormuz no se abre al tráfico de inmediato, Estados Unidos concluirá su estancia en Irán haciendo saltar por los aires y aniquilando todas sus plantas generadoras de electricidad, sus pozos de petróleo, la isla de Jarg —el gran centro petrolero iraní— y posiblemente todas las plantas desalinizadoras, según sus propias palabras en Truth Social.
Las plantas desalinizadoras generan agua potable para una población de 90 millones de personas en Irán, según El País. El bombardeo deliberado de esta infraestructura constituiría un crimen de guerra bajo el derecho internacional humanitario.
Trump justificó estas amenazas como represalia por los muchos soldados estadounidenses y de otros países que Irán ha masacrado y matado durante el gobierno de terror del viejo régimen de los últimos 47 años, según declaró el presidente.
En una entrevista telefónica con el periódico New York Post, Trump identificó al presidente del Parlamento iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, como el dirigente que supuestamente lidera los contactos por parte iraní. El mandatario estadounidense indicó que en una semana sabrá si Qalibaf es un interlocutor fiable, según reporta El País.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, respaldó la narrativa de Trump sobre divisiones internas en Irán. Rubio aseguró en una entrevista con la cadena ABC que hay fisuras y fracturas internas dentro del régimen teocrático, y que si hubiera personas en Irán dispuestas a llevar a su país por un camino distinto, eso sería algo positivo, según el jefe de la diplomacia estadounidense.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, insistió en su rueda de prensa semanal que las conversaciones existen pese a los desmentidos iraníes. Leavitt afirmó que pese al postureo en público del régimen y las noticias falsas, las conversaciones continúan y avanzan bien, y que lo que se dice en público es muy diferente de lo que se comunica en privado, según declaró. Leavitt también aseguró que el calendario que se planteaba el gobierno estadounidense para esta guerra, de cuatro a seis semanas, sigue en pie.
Irán rechazó categóricamente la versión estadounidense. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, reconoció en una rueda de prensa en Teherán la recepción de mensajes de Washington a través de Pakistán, pero negó que el régimen mantenga negociaciones directas con Estados Unidos, según reporta El País. Baghaei calificó las demandas estadounidenses transmitidas mediante terceros como altamente excesivas y maximalistas, según El Diario.
El portavoz iraní alertó que la iniciativa de mediación se forjó sin la participación de Irán y señaló que los mediadores deben tener presente quién inició la guerra, según sus declaraciones. Pakistán, junto con Turquía, Egipto y Arabia Saudí, intenta dirigir el conflicto hacia la mesa de negociación, aunque Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos se inclinan en privado por una posición más agresiva con Irán, según El País.
Este pasado fin de semana comenzaron a llegar los primeros soldados de refuerzo al gran contingente que Estados Unidos despliega en el golfo Pérsico y su área, según El País. La Nación reporta que unos 3.500 soldados estadounidenses llegaron a Medio Oriente y un contingente de 500 se encaminaba a la zona para una posible incursión terrestre limitada en Irán. El despliegue total de tropas estadounidenses en la región está por encima de las 50.000, unas 10.000 más de lo habitual, según cálculos de The New York Times citados por La Nación.
Trump no abordó en su mensaje el gran dilema que tiene ante sí tras la llegada de las tropas de refuerzo: si ordenar o no algún tipo de incursión terrestre de Irán, según El País. El presidente tampoco explicó qué pasaría después de los ataques masivos que amenaza con lanzar, aunque se deduce que resolver los problemas globales que dejara esa situación —reabrir Ormuz, restablecer el tráfico marítimo, reconstruir Irán— sería algo con lo que tendrían que lidiar otros países, según el análisis de El País.
Según The Wall Street Journal citado por La Nación, Trump evalúa la posibilidad de llevar a cabo una operación militar para extraer cerca de 450 kilos de uranio de Irán. Se trataría de una misión compleja y arriesgada que muy probablemente implicaría la presencia de fuerzas estadounidenses dentro del país persa durante días o incluso más tiempo, según funcionarios estadounidenses citados por el diario. Antes de que Estados Unidos atacara instalaciones nucleares iraníes en junio pasado, los expertos creían que el país tenía más de 400 kilos de uranio altamente enriquecido al 60% y cerca de 200 kilos de material fisible al 20%, según La Nación.
Ambas partes están emitiendo señales contradictorias. Estados Unidos acumula potencia militar en la región y su presidente dice que las negociaciones marchan muy bien, al mismo tiempo que baraja quedarse el petróleo iraní, como amenazó el domingo, según El País. Teherán, por su parte, permitió este lunes la circulación de 20 barcos petroleros estadounidenses por el estrecho de Ormuz como señal de respeto, según lo formuló Trump el domingo, mientras avanza medidas que sugieren el enquistamiento del conflicto, según El País.
El Parlamento iraní registró este lunes un proyecto de ley para que Irán cobre peaje a los navíos que circulen por Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial, según El País. Además, el portavoz del Ministerio de Exteriores aseguró que las autoridades iraníes se plantean la retirada del Tratado de No Proliferación Nuclear, que exige a sus firmantes abstenerse del desarrollo de armas nucleares y someterse a inspecciones de la ONU, según reporta El País.
Baghaei cuestionó qué beneficio tiene adherirse a un tratado en el que actores intimidantes a nivel internacional no solo no permiten a Irán beneficiarse de sus derechos, sino que además atacan sus instalaciones nucleares, según sus declaraciones. El portavoz reiteró que Irán no busca construir el arma atómica, según El País.
El conflicto se desarrolla en múltiples frentes simultáneos. Más allá de los países del Golfo, de Irak o de Siria —que pese a no participar en el conflicto siguen padeciendo ataques iraníes o de sus milicias aliadas por el hecho de acoger bases estadounidenses—, el otro gran frente de guerra regional tampoco da visos de frenarse, según El País.
El ejército israelí informó este lunes de un ataque reciente sobre una universidad en Teherán donde asegura que la Guardia Revolucionaria investiga la elaboración de armamento, según El País. Simultáneamente, el ejército israelí prosigue su ofensiva para ocupar el 10% del territorio libanés, según la misma fuente.
Las autoridades israelíes confirmaron la muerte del sexto soldado a manos de la milicia libanesa Hezbolá desde inicios de marzo, según El País. Hezbolá lanzó este lunes proyectiles sobre el norte de Israel al mismo tiempo que lo hacía Irán, y la principal refinería israelí, ubicada en Haifa, recibió un impacto directo, según reporta El País.
Las tropas israelíes mantienen una ofensiva a gran escala sobre la mitad sur de Líbano y han causado en cinco semanas 1.238 víctimas mortales —entre ellas, 126 niños y 52 trabajadores sanitarios— y más de 3.000 heridos, según El País. Uno de los últimos ataques mortales se produjo este lunes en un bombardeo sobre los suburbios beirutíes, donde un ciudadano murió y 17 resultaron heridos, entre ellos seis refugiados sirios y una mujer de Kenia, según la misma fuente.
Dos cascos azules indonesios murieron por incidentes de fuego desde el domingo, uno de ellos confirmado únicamente por el Gobierno español, cuyo ejército cuenta con un contingente en la misión de paz, según El País. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, defendió a quienes apuestan por quedarse en sus casas, también en el sur de Líbano, donde los combates entre Israel y Hezbolá engullen el territorio y alcanzan también a quienes no participan en ellos, según reporta El País.
Las oscilaciones de Trump entre afirmaciones de progreso diplomático y renovadas amenazas contra el régimen de los ayatolás provocaron nuevas turbulencias en los mercados energéticos, según La Nación. El estrecho de Ormuz permanece parcialmente bloqueado, afectando el tránsito del 20% del petróleo mundial y generando un amplio impacto en la economía global, según las fuentes consultadas.