El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está promoviendo un nuevo modelo de transición política en Venezuela e Irán que prioriza el control de recursos petroleros y la estabilidad sobre la democratización, según revelan análisis de expertos internacionales. Este enfoque, que ya se ha puesto en marcha en Venezuela con la designación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada, busca garantizar concesiones económicas y geopolíticas a cambio de mantener estructuras de poder autoritarias bajo tutela estadounidense.
El gobierno de Donald Trump ha implementado una estrategia de transición política en Venezuela que podría replicarse en Irán y otros regímenes autoritarios, priorizando el control de recursos energéticos y la estabilidad por encima de la democratización, según coinciden diversos analistas internacionales.
Este modelo, que ya se ha puesto en marcha en Venezuela con la designación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada tras el desplazamiento de Nicolás Maduro, representa un cambio significativo en la política exterior estadounidense respecto a regímenes considerados hostiles.
"La plantilla que aplica Donald Trump no se interesa por la democracia, sino por el petróleo y la estabilidad, aun a costa de garantizar la continuidad del régimen enemigo a cambio de someterlo a tutela", señala el analista Lluís Bassets en El País.
Según Bassets, la estrategia de Trump en Venezuela ha demostrado "la prueba de viabilidad de una transición repentina desde la dictadura de Nicolás Maduro a la dictadura de Delcy Rodríguez", evidenciando que el interés principal no es promover democracias sino asegurar el control de recursos estratégicos.
El plan diseñado para Venezuela por Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU., consta de tres fases: estabilización con control norteamericano sobre el petróleo, amnistía, y finalmente una normalización democrática. Sin embargo, analistas coinciden en que la tercera fase podría no llegar a materializarse.
En una reciente reunión con casi 20 representantes de la industria petrolera estadounidense, Trump predijo que podrían alcanzar un acuerdo para reactivar las operaciones en Venezuela. No obstante, según reseñó la agencia Bloomberg, el director ejecutivo de Exxon Mobil Corp., Darren Woods, calificó a Venezuela como un país actualmente "no invertible", reflejando la desconfianza de las grandes corporaciones energéticas ante la falta de garantías jurídicas y respeto a la propiedad privada.
"Para que exista producción petrolera sostenible y verdaderos ingresos que beneficien al pueblo venezolano debe avanzar con urgencia el plan de tres fases anunciado por el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio: estabilización, recuperación y transición. Y conviene subrayarlo: no existe estabilización posible sin democracia", advierte un análisis publicado en Infobae.
La estrategia aplicada en Venezuela podría extenderse a Irán, donde Trump también parece decidido a acelerar un cambio de régimen. "Tras una jugada tan brillante, muchos en Washington y Teherán barruntan su repetición. Primero estrechar el cerco militar y enarbolar la amenaza sobre el régimen. Blandir como un espantajo una alternativa más virtual que real, sea la democrática de María Corina Machado o la monarquía autoritaria de los Pahlevi, ambas prescindibles para Trump a la hora de la verdad", explica Bassets.
En el caso iraní, las concesiones que podría exigir Estados Unidos incluirían "su programa nuclear civil entero, sus misiles de alcance medio y largo, los restos de su 'eje de la resistencia' en Yemen, Líbano, Siria, Gaza e Irak, incluso la retórica antisemita y antiamericana, y finalmente la cabeza de Ali Jamenei", según el análisis.
Los expertos señalan que si este modelo funciona, podría aplicarse a otras dictaduras como Cuba o Nicaragua. Sin embargo, advierten que este enfoque podría generar tensiones con Rusia, ya que "aunque a Putin le complazca el modelo, no le pueden gustar los casos prácticos de unas dictaduras salvadas gracias a su solícito sometimiento al control de Washington en detrimento de las relaciones comerciales e incluso militares con Pekín y Moscú".
Algunos analistas han comparado estos procesos con la transición española de los años 70, pero destacan importantes diferencias. "Las desemejanzas de esas tres transiciones con el caso español son enormes y compararlas puede crear falsas expectativas", señala el escritor Andrés Trapiello en un análisis publicado en Almendron.
Trapiello explica que "la transición española cerró una guerra civil que llevaba abierta 40 años" y que "la amnistía de 1977 fue doble: los vencedores amnistiaron a los vencidos por los crímenes de la guerra, aún sin juzgar en muchos casos, y, por otro lado, a quienes habían luchado contra el franquismo. A su vez los vencidos amnistiaron a los vencedores por sus crímenes en la guerra y en la posguerra".
En contraste, en países como Venezuela, Cuba e Irán, "no ha habido dos bandos, solo uno: el de los asesinos y torturadores y los millones de colaboradores necesarios", lo que hace mucho más complejo cualquier proceso de amnistía y reconciliación.
En el caso específico de Venezuela, la situación actual plantea serios desafíos para la estabilidad política y económica. "Delcy Rodríguez no posee legitimidad jurídica ni de ningún tipo, tampoco capacidad real para garantizar estabilidad económica o petrolera", advierte el análisis de Infobae, que añade que "un escenario mínimamente viable pasa por la liberación de los casi mil presos políticos y la apertura inmediata de un debate serio sobre la ruta electoral".
Los expertos coinciden en que Venezuela necesita elecciones este mismo año como "requisito indispensable para cualquier proceso de reinstitucionalización". Sin embargo, el modelo impulsado por Trump parece priorizar la estabilidad y el control de recursos sobre la democratización.
Este enfoque ha generado críticas dentro del propio chavismo, donde algunos sectores perciben la postura de Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López de acatar órdenes del presidente Trump como "una traición a Maduro y al legado de Chávez". Según fuentes citadas por Infobae, "nunca antes en la historia política contemporánea del país se había visto un liderazgo tan sumiso frente al gobierno estadounidense".
La conclusión de los analistas es clara: sin democracia no hay estabilidad petrolera; sin elecciones este año no hay confianza; y sin confianza, Venezuela seguirá siendo "no invertible", por más promesas que se repitan. El modelo de "transición sin democracia" impulsado por Trump podría garantizar cierta estabilidad a corto plazo, pero plantea serias dudas sobre su sostenibilidad y legitimidad a largo plazo.