El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado sus acusaciones de fraude electoral y ha propuesto 'nacionalizar' el proceso de votación de cara a las elecciones legislativas de noviembre, en las que las encuestas auguran una posible pérdida del control republicano del Congreso. Sus declaraciones y acciones han despertado preocupación sobre posibles interferencias en el proceso electoral.
Las encuestas muestran un descenso en la popularidad de Donald Trump, arrastrado principalmente por dos asuntos que le ayudaron a llegar a la Casa Blanca en 2024: la inmigración y la economía. Según una encuesta del Centro Pew publicada esta semana, siete de cada diez votantes consideran que la economía va por mal camino, mientras que su índice de aprobación presidencial ha caído al 41%, por debajo del 47% de hace un año, según datos de la consultora Cook Political Report.
Ante este panorama, el Partido Republicano teme sufrir una severa derrota en las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre. Ya se considera probable que la oposición demócrata recupere el control de la Cámara de Representantes, donde la ventaja republicana es de solo cuatro escaños de un total de 435. Pero por primera vez en este segundo mandato de Trump, los republicanos también ven posible perder el Senado, donde actualmente disfrutan de una mayoría de 53 a 47.
"La clave está en la economía, donde los demócratas han ganado el relato. Y después, el coste de la sanidad. Ahí también el público cree que los demócratas pueden hacerlo mejor que los republicanos. Estos serán asuntos clave en los resultados de las elecciones de noviembre, y ahora mismo los dos benefician a los demócratas", reconoce el analista republicano de encuestas Frank Luntz, según recoge El País.
Una victoria demócrata en ambas cámaras permitiría a la oposición neutralizar casi por completo la agenda de Trump e imponer límites a un mandatario que en su primer año de gobierno apenas ha tenido restricciones. Más preocupante aún para el presidente, abriría la puerta a un posible juicio político (impeachment) que podría acabar en su destitución.
A medida que las encuestas han ido elevando el nivel de alerta entre los republicanos, Trump ha endurecido su retórica sobre supuestos riesgos de fraude en noviembre y la necesidad de tomar medidas, algo similar a lo que hizo en 2020 antes de su derrota ante Joe Biden.
En un podcast con el comentarista ultraconservador Dan Bongino, Trump propuso "nacionalizar" las elecciones, a pesar de que la Constitución estadounidense establece claramente en su artículo 1, sección cuarta, que la organización de los comicios corresponde a los estados. "Los republicanos deberían decir: 'Queremos hacernos cargo'. Deberíamos hacernos cargo de la votación en al menos 15 sitios. Los republicanos tendrían que nacionalizar el voto", afirmó el presidente.
Aunque no precisó a qué "15 sitios" se refería, se deduce que hablaba de algunos estados gobernados por demócratas. Al día siguiente, insistió: "Miren en algunos de esos sitios; la horrible corrupción en las elecciones. Y el Gobierno federal no debería permitirlo. Tendría que intervenir".
En una entrevista con la cadena NBC, Trump sugirió que podría no reconocer los resultados electorales si le son desfavorables: "Los aceptaré si las elecciones son honestas", aseguró. Un día después, en el desayuno nacional de oración organizado por legisladores de ambos partidos, se preguntó en un discurso "cómo puede un cristiano votar por los demócratas".
Sus declaraciones han sido reforzadas por Steve Bannon, su antiguo asesor político y ahora influyente ideólogo de la derecha más conservadora, quien amenazó con el despliegue del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en los colegios electorales. "Por supuesto que vamos a tener al ICE en torno a las urnas cuando llegue noviembre", afirmó Bannon en su podcast War Room. "No vamos a quedarnos sentados mientras nos vuelven a robar las elecciones".
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, evitó rechazar esta posibilidad: "No puedo garantizar que no vaya a haber algún agente del ICE cerca de algún colegio electoral en noviembre. Lo que sí puedo decir es que no he oído al presidente abordar ningún plan formal para desplegar al ICE a las puertas de los colegios electorales".
Paralelamente, el Departamento de Justicia ha estado presionando a los estados para obtener sus registros electorales y ha presentado demandas contra aproximadamente la mitad de ellos. Al menos 11 estados, todos de gobierno republicano, han entregado estos registros. En Minnesota, las autoridades locales han denunciado que el Gobierno federal les reclamó la entrega de esos listados a cambio de la retirada de los agentes del ICE, cuya presencia ha generado protestas masivas y ha resultado en la muerte por disparos de dos ciudadanos estadounidenses.
Uno de los movimientos más controvertidos ocurrió la semana pasada, cuando el Departamento de Justicia se incautó de los votos en el condado de Fulton, Georgia, para abrir una investigación sobre los resultados de 2020. En esa operación estuvo presente la directora nacional de Inteligencia, Tulsi Gabbard, quien asegura que acudió por orden del propio presidente.
"Creo que tenemos un presidente que no puede superar el hecho de que perdió en 2020 y ahora va a intentar hacer todo lo que pueda para asegurarse de que no recibe otra paliza en 2026", declaró el senador demócrata Mark Warner.
En otro paso inusual, el FBI ha enviado una invitación a altos cargos electorales de los distintos estados a una reunión para abordar los "preparativos" de las elecciones de medio mandato, según ha informado el digital Politico. En ese encuentro estarán presentes también representantes del Departamento de Justicia y de Seguridad Nacional, del servicio de correos y de la comisión electoral.
Los republicanos, por su parte, no han desautorizado las declaraciones de Trump. El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, respaldó al mandatario: "En las últimas elecciones tuvimos tres candidatos republicanos en la Cámara que empezaron ganando en el recuento y su mayoría se fue desvaneciendo como por arte de magia... Eso a simple vista parece fraudulento".
Mientras tanto, los demócratas continúan obteniendo resultados alentadores. Hace una semana, su representante, Taylor Rehmet, se impuso en unos comicios especiales para cubrir una vacante en el Senado estatal en Texas, con una ventaja de 13 puntos sobre su rival republicana. Lo más significativo es que lo logró en un distrito en el que Trump se había impuesto en 2024 por 17 puntos porcentuales, lo que representa un vuelco de 31 puntos a favor de los demócratas.
Ese resultado "es una llamada de atención", reconoció el senador republicano Don Bacon, de Nebraska. Trump, recordó, ganó las presidenciales con un mensaje de fortaleza en la economía y la inmigración, y el mandatario debería volver a centrarse en ello. "Si nos enfocásemos en ambas cosas, nos iría mucho mejor", apuntó.
La estrategia de Trump parece estar preparando el terreno para posiblemente no reconocer los resultados electorales si no le son favorables, repitiendo lo ocurrido en 2020. Según datos del Public Affairs Council, solo el 37% de los estadounidenses cree que las elecciones de 2024 serán honestas y limpias, mientras que el 43% tiene serias dudas sobre su honestidad o transparencia, siendo los conservadores los más escépticos.
Los analistas advierten que lo que está en juego va más allá de un solo ciclo electoral. Si la estrategia actual logra reconfigurar las condiciones electorales para predeterminar los resultados, el daño a la legitimidad democrática podría ser profundo y duradero, según un informe reciente del Toda Peace Institute.