En talleres improvisados cerca de la línea del frente en Donetsk, soldados ucranianos diseñan y fabrican sistemas de intercepción de drones que ahora despiertan el interés de Estados Unidos, la Unión Europea y países de Oriente Medio. Andrey Kibenok, un militar de 38 años sin formación tecnológica previa, dirige uno de estos laboratorios caseros donde se producen interceptores capaces de derribar la mayoría de los aviones no tripulados rusos, mientras el presidente Volodímir Zelenski anuncia el envío de especialistas ucranianos a Irán para ayudar a defenderse de ataques con drones.