Juan Carlos Izpisúa, farmacólogo y bioquímico español de 66 años nacido en Hellín, ha presentado una nueva visión sobre el envejecimiento humano: se trata de una pérdida de identidad a nivel celular que puede recuperarse con tratamientos experimentales, según explicó en una conferencia organizada por la Universidad Católica de Murcia (UCAM) en la Real Academia Nacional de Medicina de España.
En 2022, Izpisúa cofundó Altos Labs, una empresa de biotecnología financiada con 3.000 millones de dólares por algunas de las personas más ricas del planeta, según informó El País. La compañía reclutó a investigadores destacados en envejecimiento, incluidos Manuel Serrano, Pura Muñoz y cuatro premios Nobel, con salarios que pueden alcanzar el millón de euros anuales. El objetivo de Altos Labs no es desarrollar una pastilla contra la edad, sino realizar ciencia básica para rejuvenecer células humanas y curar enfermedades asociadas a la vejez como el cáncer y el alzhéimer.
La teoría de la pérdida de identidad celular
Según Izpisúa, las células humanas funcionan óptimamente desde el desarrollo embrionario hasta aproximadamente los 30 años de edad. "Hasta entonces, si no tienes una enfermedad genética o sufres un accidente, no tienes que ir al médico", explicó el científico. Después de esta "primera oleada de envejecimiento", las células comienzan a perder su identidad, desdibujando sus funciones y dejando de comportarse como deberían.
Con el paso del tiempo, la respuesta al estrés de estas células deja de ser óptima y se transforman en células senescentes que generan fibrosis, causa de muchas enfermedades asociadas a la vejez, según detalló el investigador.
El fenómeno científico detrás de este proceso se denomina transición epitelio-mesénquima, fundamental durante el desarrollo embrionario para que las células migren y generen los diferentes órganos del cuerpo durante la gastrulación. Sin embargo, en la edad adulta, este proceso está desregulado en más de 50 enfermedades humanas, según explicó Izpisúa en su conferencia.
El equipo de investigación identificó una deriva mesenquimal denominada "mesenchymal drift" como origen de la inflamación y la fibrosis, según informó la UCAM. "Hemos analizado un número elevado de enfermedades humanas, así como todos los órganos durante el envejecimiento, y lo que observamos es esa deriva celular especificada por una firma de transcripción genética que da lugar a una pérdida de identidad de las células", explicó el científico.
Esta pérdida de identidad se expande por el organismo a través de la sangre y anida en otros órganos, según sus últimas investigaciones. En un estudio con el Biobanco de Reino Unido, que atesora muestras biológicas de más de medio millón de voluntarios, su equipo comprobó que las proteínas sanguíneas relacionadas con esta pérdida de identidad son las que mayor mortalidad acarrean.
La reprogramación celular parcial como solución
Izpisúa ha desarrollado una intervención experimental denominada reprogramación celular parcial, inspirada en el trabajo del científico japonés Shinya Yamanaka, quien también trabaja para Altos Labs y ganó el Premio Nobel de Medicina por demostrar que activando cuatro genes específicos es posible transformar una célula adulta de la piel en una célula madre embrionaria capaz de crear cualquier tejido del cuerpo.
La técnica de Izpisúa es similar a la de Yamanaka pero limitada en el tiempo: dos días por semana de reprogramación. "Nuestra intención no es llevar las células adultas a su estadio embrionario, sino ajustar la identidad de las que han perdido su especialización", aclaró el científico, según informó la UCAM.
En experimentos con ratones, la reprogramación celular parcial ha demostrado alargar la vida y revertir daños en el hígado y el metabolismo asociados al consumo de grasas y calorías en animales con obesidad congénita. Esta intervención también regenera los músculos dañados, y otros laboratorios han observado efectos rejuvenecedores similares en cerebro, corazón, ojos, riñones, páncreas e hígado. "Una sola intervención tiene efectos en todo el organismo", razonó Izpisúa. "Estamos tocando el corazón del proceso que da lugar a las enfermedades".
El investigador ha tratado más de 7.000 ratones y en ningún caso ha observado diferenciación hacia una célula embrionaria, según aseguró, descartando uno de los principales riesgos: la aparición de tumores si el proceso de rejuvenecimiento va más allá de lo deseado.
Aplicación en órganos humanos
Antes de dar el salto a tratamientos experimentales en pacientes, Izpisúa ha iniciado la aplicación de la reprogramación parcial fuera del cuerpo humano. El experimento, realizado en colaboración con el Hospital Clínic de Barcelona, aplica la técnica a órganos donados que no son aptos para trasplantes para comprobar si puede reparar parte del daño acumulado.
España es líder mundial en trasplantes con una tasa de 53,9 donantes por millón de población, según informó El Español. Algunos órganos no son aptos para trasplante, pero en lugar de descartarlos, el equipo de Izpisúa los mantiene durante varios días en máquinas de perfusión que permiten aplicar cualquier tipo de tratamiento.
En los últimos meses, el equipo ha logrado mantener hígados alrededor de 10 días en la máquina, tiempo "suficiente" para empezar a analizar el estado del órgano, según explicó Izpisúa. En el caso del riñón, los resultados han sido positivos: "Al ponerlo en la máquina de perfusión y aplicar los factores de Yamanaka, hemos visto que se comporta como si fuera un riñón joven, siendo capaz de alargar la vida del huésped", concluyó el científico.
Los resultados iniciales de esta prueba de concepto con modelos de enfermedad renal en animales y órganos humanos descartados están siendo calificados como "muy prometedores" por el equipo investigador, según informó iSanidad.
Cátedra de Gerociencia y ensayos clínicos
La conferencia de Izpisúa se realizó en el marco de la presentación de la Cátedra de Gerociencia de la UCAM, dirigida por el doctor José Viña y dotada con más de un millón de euros. Viña reveló el inicio de un ensayo clínico contra la enfermedad de Alzheimer en 240 pacientes, según informó la UCAM. "Esta semana se han aprobado biomarcadores periféricos de Alzheimer que nos permiten conocer mediante una analítica de sangre si el deterioro cognitivo se debe o no a esta enfermedad", explicó Viña.
María Dolores García, presidenta de la UCAM, destacó que "para la UCAM, esta Cátedra es mucho más que un proyecto académico y científico: es un compromiso con nuestros mayores, las familias, los pacientes y toda la sociedad". La institución busca formar investigadores, generar conocimiento e impulsar proyectos que prolonguen la calidad de vida y la salud, preservando la autonomía, funcionalidad y vitalidad de los mayores mediante técnicas médicas preventivas y personalizadas.
Izpisúa, quien mantiene una vinculación estrecha con la UCAM desde hace más de una década, agradeció el apoyo de la institución a esta investigación pionera.
Perspectivas y desafíos
El científico es realista sobre los desafíos: introducir este tratamiento en humanos es posible, pero mucho más complicado. Antes hay que asegurarse de que la reprogramación parcial no causa daños, especialmente la aparición de tumores. "Sabemos que un ratón no es un ser humano, pero tenemos que empezar de alguna manera a aplicarlo en personas", señaló el investigador.
Izpisúa destacó que "si desarrollamos tecnologías que logren detener ese 'mesenchymal drift', quizás podríamos mejorar la progresión inicial y el posible tratamiento de las enfermedades", según informó iSanidad. El investigador subrayó que "el mayor factor de riesgo de cualquier enfermedad es el tiempo y el envejecimiento".
La estrategia propuesta se diferencia de las aproximaciones de rejuvenecimiento radical al enfocarse en restaurar la identidad celular perdida sin alterar la naturaleza básica de la célula adulta. Esta constatación abre la puerta a un abordaje terapéutico unificado para patologías que hasta ahora se trataban de forma aislada.
La investigación de Izpisúa representa un cambio de paradigma en la comprensión del envejecimiento. Como él mismo recordó, "hace no tanto tiempo" a una persona con sintomatología relacionada con el alzhéimer se le aseguraba que era normal debido al paso del tiempo. Los estudios de las últimas décadas han demostrado que enfermedades como el alzhéimer no son una consecuencia inevitable de los años, según destacó en su intervención.

