Científicos alertan que estudios sobre microplásticos podrían estar exagerando su presencia en el ambiente y el cuerpo humano
Un estudio publicado en Nature revela que las mediciones teóricas de microplásticos en la atmósfera podrían estar sobredimensionadas entre 100 y 10.000 veces, mientras investigadores advierten sobre la falta de métodos estandarizados para detectar estas partículas en tejidos humanos, lo que podría generar conclusiones prematuras y alarmismo social.
La contaminación por microplásticos es un problema real que afecta a todo el planeta, pero varios estudios científicos recientes sugieren que algunas investigaciones podrían estar exagerando significativamente la magnitud de esta amenaza, especialmente en lo relacionado con su presencia en el cuerpo humano y en la atmósfera.
Un estudio publicado recientemente en la revista Nature, realizado por la Universidad de Viena (Austria), concluye que las mediciones teóricas de la cantidad de microplásticos que llegan a la atmósfera podrían estar sobredimensionadas entre 100 y 10.000 veces, según señala El País. La investigación recopiló 2.782 mediciones reales de concentraciones en el aire o deposiciones de microplásticos efectuadas entre 2014 y 2024 por todo el mundo para compararlas con estimaciones anteriores de inventarios teóricos.
"Las entradas de plástico en la atmósfera están muy sobredimensionadas porque los cálculos están mal hechos. El estudio no lo dice de forma tan clara, pero es obvio que están mal hechos", comenta Roberto Rosal, catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá, quien se muestra crítico con algunos estudios científicos de alto nivel sobre este tipo de contaminación.
El trabajo de los investigadores austriacos estima la emisión de 610 trillones de partículas desde tierra y 26 trillones desde los océanos anualmente, con tamaños que oscilan entre cinco y cien micrómetros, según informa El Heraldo de Saltillo. Estas cifras resultan entre dos y cuatro veces menores a las calculadas anteriormente. Aun así, el estudio subraya que, pese a que el 71 por ciento del planeta está cubierto por agua, las superficies terrestres liberan más de 20 veces más microplásticos a la atmósfera.
Paralelamente, una investigación de The Guardian señala reiteradas críticas por resultados exagerados o errores en algunos estudios científicos de alto nivel que han detectado estos polímeros ínfimos en cerebros, la arteria carótida, testículos, sangre y otros tejidos humanos. Según el diario británico, "las micro y nanopartículas de plástico son diminutas y están al límite de las técnicas analíticas actuales, especialmente en tejido humano".
En un artículo reciente publicado en Nature Medicine, varios investigadores de universidades europeas han alertado sobre el riesgo de que la investigación en microplásticos y salud humana derive en conclusiones sensacionalistas si no se apoya en evidencias científicas sólidas, reproducibles y obtenidas mediante metodologías rigurosas, según informa Residuos Profesional.
Emma Calikanzaros, científica de ISGlobal, explica que "este campo de investigación es muy joven y no tenemos todavía muy claro cómo hacerlo bien en el laboratorio". "Hay diferentes problemas, uno de ellos es que todo en el laboratorio está hecho de plástico: si no controlamos la contaminación, el material del ambiente puede provocar una sobreestimación de microplásticos en los resultados", precisa la investigadora, que estudia la contaminación de nano y microplásticos en humanos.
Otro problema metodológico, según Calikanzaros, son las máquinas utilizadas para medir: "La microscopía solo sirve para identificar los microplásticos más grandes. Se usan instrumentos como la espectrometría de masas que miden firmas químicas que pueden salir de los microplásticos, pero también de otras moléculas. Por ejemplo, las grasas que tenemos en el cuerpo están hechas de carbono e hidrógeno, como los microplásticos, esto puede generar errores".
Eugenia Valsami-Jones e Iseult Lynch, profesoras de la Universidad de Birmingham y coautoras del artículo en Nature Medicine, subrayan que la investigación en microplásticos es un campo emergente, con un rápido crecimiento y un alto interés mediático, pero que aún carece de protocolos estandarizados, materiales de referencia certificados y prácticas comunes entre laboratorios. Esta situación, señalan, puede verse agravada por la presión por publicar resultados llamativos, lo que incrementa el riesgo de generar mensajes alarmistas basados en datos poco robustos.
A pesar de estas advertencias sobre la exageración en algunos estudios, los expertos coinciden en que la contaminación por microplásticos es un problema real y creciente. Según Cruz Roja, actualmente hay más de 6.000 millones de toneladas de plásticos dispersos por el planeta, y la cifra sigue creciendo. Solo en 2019 se produjeron 353 millones de toneladas de residuos plásticos. Si no cambia el rumbo, en 2060 se superarán los 1.000 millones de toneladas anuales.
Los microplásticos, fragmentos de plástico de menos de cinco milímetros, se clasifican en dos grandes grupos: los primarios, fabricados ya en tamaño microscópico y liberados directamente al medio ambiente (representan entre el 15% y el 31% de los presentes en los océanos), y los secundarios, que suponen entre el 69% y el 81% del total y se originan cuando objetos plásticos más grandes se fragmentan con el paso del tiempo.
Estos microplásticos están presentes en todos los ecosistemas. Desde 2021, Cruz Roja, en alianza con Hombre y Territorio y Proyecto LIBERA, ha analizado más de 700 muestras de agua, filtrando 600.000 litros procedentes de 30 ríos y 22 playas de toda España. Los resultados muestran que existen microplásticos en el 100% de los ecosistemas analizados.
Un curioso fenómeno que está agravando esta situación en la Antártida son los pingüinos, según una investigación de la doctora en microbiología Julieta Orlando, académica de la Universidad de Chile y directora alterna del Instituto Milenio BASE. "Existe evidencia de que los pingüinos pueden actuar como vectores de microplásticos. Estos animales se alimentan en el océano, donde los microplásticos ya están presentes, y pueden ingerirlos junto con sus presas", explica Orlando a BiobioChile.
Cuando los pingüinos se trasladan a zonas costeras para anidar y cuidar a sus crías, los microplásticos que trasladan pueden liberarse al suelo a través de sus deposiciones. "También se ha propuesto que estas partículas pueden adherirse a su plumaje, lo que facilita su transporte desde el ambiente marino al ambiente terrestre. De este modo, los pingüinos conectan ambos sistemas de manera inadvertida", añade la experta.
Ante este panorama, los investigadores reclaman inversiones en mejores técnicas analíticas, diseños experimentales más robustos y una comunicación científica más transparente. Solo a través de un esfuerzo colaborativo y basado en la evidencia, concluyen, será posible determinar con fiabilidad si los microplásticos representan un riesgo significativo para la salud humana y, en ese caso, orientar de forma responsable las decisiones regulatorias y de política pública.
Como subraya el catedrático Roberto Rosal, "el problema del plástico es real, pero si exageras demasiado la gente acaba por no creerte". Según señala, a veces ni siquiera debe darse un error de cálculo para interpretar de forma exagerada la realidad. Y pone como ejemplo mediciones de deposiciones atmosféricas efectuadas por él mismo en diversos puntos de España, en las que encontró que en la Puerta del Sol de Madrid caían cada día un millón de micropartículas de plástico. "Un millón parece que es algo tremendo, que vamos a morir todos", cuenta el investigador. "Pero hicimos los cálculos y todas esas partículas representaban unos 200 miligramos de plástico, tanto como el envoltorio de un caramelo".



