Científicos chinos ocultan la muerte de una niña tras terapia génica experimental y publican el estudio como un éxito
Una niña de seis años que padecía síndrome de Snijders Blok-Campeau, un trastorno neurológico raro causado por una única mutación genética, murió tras recibir una terapia génica experimental en el Hospital Xinhua de Shanghái en marzo de 2025. Según una investigación de la revista Science y el portal Retraction Watch, el hospital y la universidad responsable ocultaron la muerte de la paciente, que fue causada por una reacción inmune severa al tratamiento, mientras publicaban el estudio en la revista Nature como un éxito científico sin mencionar el ensayo clínico ni su fatal resultado.
La muerte de la pequeña paciente representa uno de los golpes más duros para el campo emergente de la terapia génica, que en los últimos años ha logrado resultados históricos en el tratamiento de enfermedades genéticas graves. El caso revive preocupaciones sobre la supervisión regulatoria en China, años después del escándalo de 2018 protagonizado por el científico He Jiankui, quien editó el genoma de tres bebés sin justificación válida, creando los primeros seres humanos con genoma modificado y exponiéndolos a riesgos de enfermedades graves.
Los padres de la niña habían reunido más de 800.000 dólares para financiar el desarrollo de una terapia génica específica para su hija. La enfermedad que padecía, el síndrome de Snijders Blok-Campeau, es un trastorno neurológico y del desarrollo no degenerativo que afecta las capacidades cognitivas. Solo se conocen 237 casos en todo el mundo. La condición de la niña era causada por una única mutación en el gen CHD3: una errata de una sola letra química, una A en lugar de una G, en su genoma compuesto por 3.000 millones de letras químicas.
En 2023, los padres encontraron a Zilong Qiu, un prestigioso neurocientífico de la Facultad de Medicina Jiao Tong de Shanghái, a través de un foro en la plataforma de mensajería WeChat. Qiu es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de China y lleva años intentando desarrollar terapias génicas contra el síndrome de Rett, una enfermedad rara que provoca autismo en niños pequeños. Los progenitores financiaron ellos mismos el trabajo de investigación previo, que incluyó el desarrollo de ratones con la mutación de su hija y experimentos preclínicos primero en roedores y después en monos.
Con los resultados aparentemente positivos de estos experimentos, el equipo de Qiu solicitó permiso para administrar el tratamiento como parte de un ensayo clínico de un solo paciente. El equipo recurrió a una vía legal en China que permite que ciertos ensayos no comerciales impulsados por investigadores no requieran permiso de las autoridades nacionales, que aplican criterios más estrictos, sino solo de las autoridades locales.
La terapia desarrollada consistía en billones de virus adenoasociados desactivados que portaban en su interior un editor de bases, una evolución del sistema CRISPR capaz de corregir selectivamente erratas de una sola letra en el genoma. Dado el tamaño de la secuencia genética reparadora, el equipo tuvo que dividirla en dos partes, incluyendo una mitad en una variante de los virus y la otra mitad en otra variante. Ambas debían llegar al cerebro, penetrar en las neuronas y corregir la errata en una de las dos hélices del genoma. Los mecanismos naturales de reparación del ADN debían corregir el segundo brazo de la doble hélice, lo que en teoría curaría la enfermedad.
La niña recibió la inyección en el líquido cerebroespinal que rodea el cerebro y la médula espinal en marzo de 2025. Poco después desarrolló fiebre, algo que era esperable, pero su reacción inmune se agravó hasta el paroxismo y acabó con su vida unos días después. Una investigación interna del hospital confirmó que la causa de su muerte fue la inyección de la terapia.
A pesar de que el hospital concluyó que el fallecimiento se debió a una reacción inmune provocada por el tratamiento, la muerte de la niña no fue desvelada por el hospital ni por la universidad. Los investigadores responsables, con Qiu a la cabeza, no fueron sancionados ni retirados de sus puestos. Unos meses después, las autoridades regionales impusieron al hospital una multa de aproximadamente 3.500 dólares.
Los padres no tomaron medidas hasta que vieron publicado en Nature un estudio del equipo de Qiu que describía la nueva terapia génica, pero que no mencionaba que la mutación en cuestión era la de su hija, ni advertía del ensayo clínico ni de su fatal resultado. Los progenitores tenían grabadas muchas de sus conversaciones con Qiu, que han sido analizadas por Science y Retraction Watch.
La investigación revela que los experimentos con ratones y monos destaparon potenciales daños de la terapia que deberían haber frenado el proyecto y propiciado más ensayos con animales, según varios expertos, incluido uno de los revisores del estudio publicado en Nature. A pesar de esto, el equipo de Qiu siguió adelante con el ensayo.
Marcelo Bellusci, pediatra del Hospital 12 de Octubre de Madrid que participa en varios ensayos de terapia génica contra enfermedades raras, criticó duramente el caso: "Esto es un problema de China, donde han pasado cosas como estas antes y ahora han vuelto a pasar. En este tipo de ensayos es posible que haya efectos secundarios graves, pero siempre se informa de ello a la familia. Este equipo se ha saltado todas las normas vigentes".
Bellusci señaló que aunque aún no está completamente claro, la reacción inmune probablemente se debió a los virus adenoasociados más que a la terapia génica en sí. "Este tipo de vectores son muy utilizados en terapias que han demostrado efectividad, entre ellas una ya aprobada para tratar la atrofia muscular espinal", explicó. El pediatra añadió que "la terapia génica está en una fase precoz de desarrollo, es fundamental que todo se haga en un entorno no sesgado por ambiciones personales, con garantía máxima para los pacientes y por la propia comunidad científica. Es casi seguro que este tratamiento en concreto en China no estaba listo para pasar a ensayo en humanos".
El caso recuerda a la muerte de Jesse Gelsinger, un paciente de 18 años que murió en 1999 durante un ensayo pionero de terapia génica en Estados Unidos. La universidad responsable tuvo que pagar una multa de medio millón de dólares y el investigador principal fue inhabilitado durante cinco años por no haber informado claramente de los riesgos que conllevaba el tratamiento. Esa muerte detuvo la investigación de terapia génica durante años.
Según la investigación publicada por Science y Retraction Watch, es posible que Qiu y el resto del equipo no explicaran claramente a los padres los riesgos que conllevaba la terapia. Varios expertos cuestionan la validez del trabajo publicado en Nature y piden que se retire de la revista.
Cabe destacar que Zilong Qiu fue uno de las decenas de científicos chinos que condenaron públicamente los absurdos experimentos de He Jiankui en 2018. Tras ese escándalo, China endureció los controles para ensayos de este tipo en humanos. Sin embargo, el estado de salud, paradero o cualquier otro dato de los tres niños nacidos de esos experimentos delirantes siguen siendo algunos de los secretos mejor guardados de China.
La terapia génica ha conseguido resultados históricos en los últimos años, gracias en parte a las nuevas tecnologías de edición genética, haciendo posible por primera vez curar de una vez enfermedades incurables en ensayos clínicos pioneros. Este caso representa un retroceso significativo para un campo en eclosión y plantea interrogantes sobre la supervisión regulatoria y los estándares éticos en ensayos clínicos de terapias experimentales en China.



