Científicos crean el primer atlas detallado de la arquitectura tridimensional del genoma humano
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Científicos crean el primer atlas detallado de la arquitectura tridimensional del genoma humano

Un ambicioso proyecto internacional ha trazado el primer mapa completo de cómo se organiza el ADN en el espacio y el tiempo dentro de las células humanas, revelando que la estructura física del genoma funciona como una tarjeta de identidad celular que determina qué genes se activan o desactivan. La investigación, publicada esta semana en la revista Science, analiza casi 87.000 células de 16 tejidos humanos diferentes y demuestra que la organización tridimensional del ADN es mucho más importante para la salud y la enfermedad de lo que se creía anteriormente.

CIENCIA23 JUL 2026

El ADN humano es una molécula extraordinaria. Cada célula del cuerpo contiene aproximadamente 3.000 millones de letras químicas que, si se estiraran en línea recta, medirían casi dos metros. Sin embargo, esta inmensa cantidad de información no está empaquetada de forma aleatoria, como una bola de espaguetis, sino que se encuentra "alta y finamente organizada", según explica Benoit Bruneau, investigador del Instituto Gladstone de Enfermedad Cardiovascular y coautor de los estudios publicados en Science.

Durante décadas, los científicos han tratado el genoma como un plano estático, una secuencia lineal de instrucciones. Pero la nueva investigación demuestra que se trata de una estructura tridimensional dinámica que cambia constantemente. El proyecto, denominado 4D Nucleoma, se propuso desentrañar cómo se orquesta esta organización compleja tanto en la biología básica como en el contexto de las enfermedades humanas.

El misterio fundamental que los investigadores querían resolver es cómo células completamente diferentes —una neurona, una célula cardíaca o una célula pancreática— pueden utilizar el mismo código genético para realizar funciones completamente distintas. La respuesta reside en la epigenética: un conjunto de sustancias químicas y estructuras tridimensionales que funcionan como interruptores, encendiendo y apagando la función de los genes.

Joseph Ecker, profesor de la Cátedra Internacional Salk de Genética en el Instituto Salk e investigador del Instituto Médico Howard Hughes, fue uno de los principales artífices del atlas de la arquitectura del genoma. Su equipo registró simultáneamente dos características en casi 87.000 células extraídas de 16 tejidos humanos diferentes, incluyendo cerebro, corazón, pulmón, mama, piel y sangre. Primero, catalogaron los marcadores químicos presentes en el ADN. Segundo, mapearon el patrón de plegamiento tridimensional de la molécula. Con esta información, los investigadores identificaron 35 tipos celulares principales y 206 subtipos más específicos.

El hallazgo más sorprendente fue que las dos capas de regulación —las etiquetas químicas y el plegamiento físico— no siempre cuentan la misma historia. Una célula puede parecer de un tipo según su plegamiento, pero de otro según sus etiquetas químicas, ya que ambas capas pueden cambiar a velocidades diferentes. Juntas, sin embargo, actúan como la tarjeta de identidad celular, presentando diferencias notables entre los distintos tipos de células.

Ecker explica que los genes funcionan como recetas, y cada uno tiene sus propios interruptores de encendido y apagado. Frecuentemente, un gen y su interruptor se encuentran muy separados a lo largo de la cadena de ADN. La única forma en que pueden funcionar juntos es que el ADN se pliegue y los acerque físicamente, manteniendo otras regiones ocultas para que permanezcan desactivadas. Las etiquetas químicas constituyen un segundo sistema de control que marca segmentos de ADN para silenciarlos o mantenerlos activos. Ambos sistemas se superponen, pero no son redundantes; cada uno proporciona información que el otro desconoce.

La sincronización entre estas dos capas es crucial. A medida que las células maduran, el plegamiento suele reorganizarse primero y las etiquetas químicas lo reflejan posteriormente. Detectar una célula donde ambos sistemas se desincronizan brevemente permite a los investigadores observarla en el momento de su transformación de un tipo a otro.

Ya se han descubierto aplicaciones prácticas de este atlas. Un estudio de la serie sobre envejecimiento cerebral demostró que las células inmunitarias propias del cerebro son reemplazadas gradualmente, a medida que envejecemos, por células que portan la firma química de las células de la sangre. Estas células recién llegadas traen consigo inflamación, lo que podría explicar algunos aspectos del envejecimiento cerebral.

Benoit Bruneau también realizó investigaciones sobre enfermedad cardíaca. Su equipo constató que el factor TBX5, causante de cardiopatías congénitas, afecta al plegamiento del genoma cuando se presenta en dosis bajas. "Nuestros hallazgos en conjunto sugieren que es probable que el plegamiento del ADN sea mucho más importante de lo que se había previsto", afirma Bruneau. Los investigadores han descubierto varias reglas nuevas de esta organización y han determinado que es crucial comprenderlas correctamente, ya que de lo contrario podrían surgir diversas enfermedades.

El proyecto ha generado una cantidad ingente de datos que ahora pueden ser analizados por otros investigadores en todo el mundo. Bruneau reconoce que solo han "arañado la superficie y quedan muchos misterios por resolver", pero el entendimiento del rol del nucleoma en la regulación genética ya se presume fundamental para tratar múltiples enfermedades.

Para Toni Gabaldón, investigador que dirige el grupo de Genómica Comparativa del Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona) y que no participó en este proyecto, los estudios publicados representan "un trabajo descomunal". Aunque ya se sabía que la estructura tridimensional del ADN era una capa más en la regulación de los genes, los investigadores lo han llevado a un nivel de detalle y lo han combinado con otros datos de una manera que supone "un cambio de fase en cuanto a la resolución" de la información sobre el genoma. Gabaldón asegura que este mapa puede ayudar a responder cuestiones que eran inabarcables con la metodología anterior, como comprender cómo las células pueden conservar la memoria a través de estas estructuras.

Las implicaciones futuras de esta investigación son amplias. Bruneau señala que el estudio de la arquitectura del genoma podría tener implicaciones para las enfermedades genéticas al atenuar los efectos de las mutaciones. También podría mejorar la medicina regenerativa, aumentando la capacidad de las terapias génicas o celulares para regenerar órganos dañados. Además, hay varias enfermedades que son causadas directamente por mutaciones en la maquinaria que crea el nucleoma tetradimensional, por lo que comprenderlo mejor ayudará a descifrar cómo surgen estas enfermedades.

Este atlas representa un cambio fundamental en cómo los científicos entienden el genoma humano. No es simplemente una secuencia de letras químicas, sino una estructura dinámica, tridimensional y temporal que se reorganiza constantemente. Comprender cómo funciona esta arquitectura molecular es esencial para desentrañar los misterios de la biología humana y desarrollar nuevas estrategias para prevenir y tratar enfermedades.

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23 jul 2026
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El ADN humano es una molécula extraordinaria. Cada célula del cuerpo contiene aproximadamente 3.000 millones de letras químicas que, si se estiraran en línea recta, medirían casi dos metros. Sin embargo, esta inmensa cantidad de información no está empaquetada de forma aleatoria, como una bola de espaguetis, sino que se encuentra "alta y finamente organizada", según explica Benoit Bruneau, investigador del Instituto Gladstone de Enfermedad Cardiovascular y coautor de los estudios publicados en Science.

Durante décadas, los científicos han tratado el genoma como un plano estático, una secuencia lineal de instrucciones. Pero la nueva investigación demuestra que se trata de una estructura tridimensional dinámica que cambia constantemente. El proyecto, denominado 4D Nucleoma, se propuso desentrañar cómo se orquesta esta organización compleja tanto en la biología básica como en el contexto de las enfermedades humanas.

El misterio fundamental que los investigadores querían resolver es cómo células completamente diferentes —una neurona, una célula cardíaca o una célula pancreática— pueden utilizar el mismo código genético para realizar funciones completamente distintas. La respuesta reside en la epigenética: un conjunto de sustancias químicas y estructuras tridimensionales que funcionan como interruptores, encendiendo y apagando la función de los genes.

Joseph Ecker, profesor de la Cátedra Internacional Salk de Genética en el Instituto Salk e investigador del Instituto Médico Howard Hughes, fue uno de los principales artífices del atlas de la arquitectura del genoma. Su equipo registró simultáneamente dos características en casi 87.000 células extraídas de 16 tejidos humanos diferentes, incluyendo cerebro, corazón, pulmón, mama, piel y sangre. Primero, catalogaron los marcadores químicos presentes en el ADN. Segundo, mapearon el patrón de plegamiento tridimensional de la molécula. Con esta información, los investigadores identificaron 35 tipos celulares principales y 206 subtipos más específicos.

El hallazgo más sorprendente fue que las dos capas de regulación —las etiquetas químicas y el plegamiento físico— no siempre cuentan la misma historia. Una célula puede parecer de un tipo según su plegamiento, pero de otro según sus etiquetas químicas, ya que ambas capas pueden cambiar a velocidades diferentes. Juntas, sin embargo, actúan como la tarjeta de identidad celular, presentando diferencias notables entre los distintos tipos de células.

Ecker explica que los genes funcionan como recetas, y cada uno tiene sus propios interruptores de encendido y apagado. Frecuentemente, un gen y su interruptor se encuentran muy separados a lo largo de la cadena de ADN. La única forma en que pueden funcionar juntos es que el ADN se pliegue y los acerque físicamente, manteniendo otras regiones ocultas para que permanezcan desactivadas. Las etiquetas químicas constituyen un segundo sistema de control que marca segmentos de ADN para silenciarlos o mantenerlos activos. Ambos sistemas se superponen, pero no son redundantes; cada uno proporciona información que el otro desconoce.

La sincronización entre estas dos capas es crucial. A medida que las células maduran, el plegamiento suele reorganizarse primero y las etiquetas químicas lo reflejan posteriormente. Detectar una célula donde ambos sistemas se desincronizan brevemente permite a los investigadores observarla en el momento de su transformación de un tipo a otro.

Ya se han descubierto aplicaciones prácticas de este atlas. Un estudio de la serie sobre envejecimiento cerebral demostró que las células inmunitarias propias del cerebro son reemplazadas gradualmente, a medida que envejecemos, por células que portan la firma química de las células de la sangre. Estas células recién llegadas traen consigo inflamación, lo que podría explicar algunos aspectos del envejecimiento cerebral.

Benoit Bruneau también realizó investigaciones sobre enfermedad cardíaca. Su equipo constató que el factor TBX5, causante de cardiopatías congénitas, afecta al plegamiento del genoma cuando se presenta en dosis bajas. "Nuestros hallazgos en conjunto sugieren que es probable que el plegamiento del ADN sea mucho más importante de lo que se había previsto", afirma Bruneau. Los investigadores han descubierto varias reglas nuevas de esta organización y han determinado que es crucial comprenderlas correctamente, ya que de lo contrario podrían surgir diversas enfermedades.

El proyecto ha generado una cantidad ingente de datos que ahora pueden ser analizados por otros investigadores en todo el mundo. Bruneau reconoce que solo han "arañado la superficie y quedan muchos misterios por resolver", pero el entendimiento del rol del nucleoma en la regulación genética ya se presume fundamental para tratar múltiples enfermedades.

Para Toni Gabaldón, investigador que dirige el grupo de Genómica Comparativa del Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona) y que no participó en este proyecto, los estudios publicados representan "un trabajo descomunal". Aunque ya se sabía que la estructura tridimensional del ADN era una capa más en la regulación de los genes, los investigadores lo han llevado a un nivel de detalle y lo han combinado con otros datos de una manera que supone "un cambio de fase en cuanto a la resolución" de la información sobre el genoma. Gabaldón asegura que este mapa puede ayudar a responder cuestiones que eran inabarcables con la metodología anterior, como comprender cómo las células pueden conservar la memoria a través de estas estructuras.

Las implicaciones futuras de esta investigación son amplias. Bruneau señala que el estudio de la arquitectura del genoma podría tener implicaciones para las enfermedades genéticas al atenuar los efectos de las mutaciones. También podría mejorar la medicina regenerativa, aumentando la capacidad de las terapias génicas o celulares para regenerar órganos dañados. Además, hay varias enfermedades que son causadas directamente por mutaciones en la maquinaria que crea el nucleoma tetradimensional, por lo que comprenderlo mejor ayudará a descifrar cómo surgen estas enfermedades.

Este atlas representa un cambio fundamental en cómo los científicos entienden el genoma humano. No es simplemente una secuencia de letras químicas, sino una estructura dinámica, tridimensional y temporal que se reorganiza constantemente. Comprender cómo funciona esta arquitectura molecular es esencial para desentrañar los misterios de la biología humana y desarrollar nuevas estrategias para prevenir y tratar enfermedades.

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