Científicos desarrollan enzima CRISPR capaz de destruir el ADN de células cancerosas
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Científicos desarrollan enzima CRISPR capaz de destruir el ADN de células cancerosas

Investigadores han logrado adaptar una enzima CRISPR para atacar directamente el material genético de células cancerosas, abriendo una nueva vía terapéutica en la lucha contra el cáncer. Dos estudios publicados en la revista Nature en 2026 demuestran que esta tecnología de edición genética, originalmente desarrollada como mecanismo de defensa bacteriano, puede ser reprogramada para identificar y destruir selectivamente el ADN de tumores malignos, potencialmente revolucionando los tratamientos oncológicos.

CIENCIA14 JUL 2026

La tecnología CRISPR, cuyo nombre proviene del acrónimo en inglés de "Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats" (repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente espaciadas), es un sistema de edición genética que funciona como unas "tijeras moleculares" capaces de cortar secuencias específicas de ADN. Originalmente, este mecanismo evolucionó en bacterias como un sistema inmunológico primitivo para defenderse de virus invasores.

Los investigadores Scholz y colaboradores, así como el equipo dirigido por Zeng, han publicado sendos estudios en Nature que demuestran cómo estas enzimas CRISPR pueden ser modificadas para atacar selectivamente células cancerosas. El hallazgo representa un avance significativo en la aplicación clínica de esta tecnología, que ha sido objeto de intenso desarrollo desde su adaptación inicial para edición genética en 2012 por Jinek y su equipo.

El mecanismo funciona mediante la capacidad de la enzima CRISPR para reconocer y cortar secuencias de ADN específicas. En el contexto del cáncer, los investigadores han logrado programar estas enzimas para que identifiquen mutaciones genéticas características de células tumorales, destruyendo selectivamente su material genético mientras preservan las células sanas circundantes. Este nivel de precisión es crucial para minimizar efectos secundarios en tratamientos oncológicos.

La investigación se construye sobre décadas de trabajo fundamental. Los estudios iniciales de Brouns y colaboradores en 2008 establecieron los principios básicos de cómo funcionan estos sistemas CRISPR en bacterias. Posteriormente, Zetsche y su equipo identificaron en 2015 variantes adicionales de estas enzimas que ampliaron las posibilidades de aplicación. Los avances más recientes en biotecnología, documentados por Chen, Hu y Zhou en 2025, han permitido optimizar estas herramientas para aplicaciones médicas más sofisticadas.

El trabajo de Wu, Adiego-Pérez y van der Oost en 2024 contribuyó a mejorar la precisión y eficiencia de estas enzimas modificadas. Investigaciones anteriores de Dmytrenko y Bravo, publicadas en Nature en 2023, habían demostrado la viabilidad de dirigirse a células específicas con sistemas CRISPR, sentando las bases para los avances actuales en oncología.

Los estudios de van Haasteren y su equipo en 2020 exploraron métodos para mejorar la entrega de estas herramientas genéticas a células objetivo, un desafío técnico fundamental para cualquier aplicación terapéutica. El trabajo de Pan y colaboradores en 2008 sobre procesamiento de ARN también ha sido relevante para entender cómo optimizar la especificidad de estos sistemas.

Recientemente, Bot y su equipo publicaron en Communications Biology en 2026 investigaciones adicionales que validan la seguridad y eficacia de estos enfoques en modelos experimentales. La convergencia de estos múltiples estudios sugiere que la tecnología está alcanzando un nivel de madurez que podría permitir ensayos clínicos en humanos en los próximos años.

Las implicaciones de este avance son profundas. El cáncer sigue siendo una de las principales causas de muerte a nivel mundial, y los tratamientos actuales como quimioterapia y radioterapia afectan tanto a células cancerosas como a tejido sano, causando efectos secundarios severos. Una terapia basada en CRISPR que pueda destruir selectivamente células tumorales mientras preserva la salud del paciente representaría un cambio paradigmático en oncología.

Sin embargo, quedan desafíos significativos antes de que esta tecnología pueda aplicarse ampliamente en clínica. La entrega eficiente de estas enzimas a tumores profundos dentro del cuerpo, la prevención de respuestas inmunológicas no deseadas, y la garantía de que no se produzcan cortes de ADN no intencionales en células sanas son obstáculos técnicos que aún requieren solución. Además, la regulación de terapias genéticas varía significativamente entre países, lo que podría afectar la velocidad de desarrollo clínico.

Los investigadores involucrados en estos estudios trabajan en instituciones de investigación de primer nivel a nivel mundial, lo que sugiere que múltiples equipos independientes han llegado a conclusiones similares sobre la viabilidad de este enfoque. Esta convergencia de resultados fortalece la confianza en la solidez científica de los hallazgos.

El próximo paso será traducir estos descubrimientos de laboratorio a ensayos clínicos controlados en pacientes con cáncer. Esto requerirá colaboración entre investigadores, instituciones médicas, agencias regulatorias y empresas de biotecnología. Los plazos típicos para llevar una terapia genética desde fase experimental a aprobación regulatoria oscilan entre cinco y diez años, aunque los avances recientes podrían acelerar este proceso.

Este desarrollo también abre posibilidades para aplicaciones más allá del cáncer. Las mismas enzimas CRISPR podrían potencialmente adaptarse para atacar otras enfermedades genéticas o infecciones virales persistentes, aunque esos usos están aún en fases muy tempranas de investigación.

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14 jul 2026
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La tecnología CRISPR, cuyo nombre proviene del acrónimo en inglés de "Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats" (repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente espaciadas), es un sistema de edición genética que funciona como unas "tijeras moleculares" capaces de cortar secuencias específicas de ADN. Originalmente, este mecanismo evolucionó en bacterias como un sistema inmunológico primitivo para defenderse de virus invasores.

Los investigadores Scholz y colaboradores, así como el equipo dirigido por Zeng, han publicado sendos estudios en Nature que demuestran cómo estas enzimas CRISPR pueden ser modificadas para atacar selectivamente células cancerosas. El hallazgo representa un avance significativo en la aplicación clínica de esta tecnología, que ha sido objeto de intenso desarrollo desde su adaptación inicial para edición genética en 2012 por Jinek y su equipo.

El mecanismo funciona mediante la capacidad de la enzima CRISPR para reconocer y cortar secuencias de ADN específicas. En el contexto del cáncer, los investigadores han logrado programar estas enzimas para que identifiquen mutaciones genéticas características de células tumorales, destruyendo selectivamente su material genético mientras preservan las células sanas circundantes. Este nivel de precisión es crucial para minimizar efectos secundarios en tratamientos oncológicos.

La investigación se construye sobre décadas de trabajo fundamental. Los estudios iniciales de Brouns y colaboradores en 2008 establecieron los principios básicos de cómo funcionan estos sistemas CRISPR en bacterias. Posteriormente, Zetsche y su equipo identificaron en 2015 variantes adicionales de estas enzimas que ampliaron las posibilidades de aplicación. Los avances más recientes en biotecnología, documentados por Chen, Hu y Zhou en 2025, han permitido optimizar estas herramientas para aplicaciones médicas más sofisticadas.

El trabajo de Wu, Adiego-Pérez y van der Oost en 2024 contribuyó a mejorar la precisión y eficiencia de estas enzimas modificadas. Investigaciones anteriores de Dmytrenko y Bravo, publicadas en Nature en 2023, habían demostrado la viabilidad de dirigirse a células específicas con sistemas CRISPR, sentando las bases para los avances actuales en oncología.

Los estudios de van Haasteren y su equipo en 2020 exploraron métodos para mejorar la entrega de estas herramientas genéticas a células objetivo, un desafío técnico fundamental para cualquier aplicación terapéutica. El trabajo de Pan y colaboradores en 2008 sobre procesamiento de ARN también ha sido relevante para entender cómo optimizar la especificidad de estos sistemas.

Recientemente, Bot y su equipo publicaron en Communications Biology en 2026 investigaciones adicionales que validan la seguridad y eficacia de estos enfoques en modelos experimentales. La convergencia de estos múltiples estudios sugiere que la tecnología está alcanzando un nivel de madurez que podría permitir ensayos clínicos en humanos en los próximos años.

Las implicaciones de este avance son profundas. El cáncer sigue siendo una de las principales causas de muerte a nivel mundial, y los tratamientos actuales como quimioterapia y radioterapia afectan tanto a células cancerosas como a tejido sano, causando efectos secundarios severos. Una terapia basada en CRISPR que pueda destruir selectivamente células tumorales mientras preserva la salud del paciente representaría un cambio paradigmático en oncología.

Sin embargo, quedan desafíos significativos antes de que esta tecnología pueda aplicarse ampliamente en clínica. La entrega eficiente de estas enzimas a tumores profundos dentro del cuerpo, la prevención de respuestas inmunológicas no deseadas, y la garantía de que no se produzcan cortes de ADN no intencionales en células sanas son obstáculos técnicos que aún requieren solución. Además, la regulación de terapias genéticas varía significativamente entre países, lo que podría afectar la velocidad de desarrollo clínico.

Los investigadores involucrados en estos estudios trabajan en instituciones de investigación de primer nivel a nivel mundial, lo que sugiere que múltiples equipos independientes han llegado a conclusiones similares sobre la viabilidad de este enfoque. Esta convergencia de resultados fortalece la confianza en la solidez científica de los hallazgos.

El próximo paso será traducir estos descubrimientos de laboratorio a ensayos clínicos controlados en pacientes con cáncer. Esto requerirá colaboración entre investigadores, instituciones médicas, agencias regulatorias y empresas de biotecnología. Los plazos típicos para llevar una terapia genética desde fase experimental a aprobación regulatoria oscilan entre cinco y diez años, aunque los avances recientes podrían acelerar este proceso.

Este desarrollo también abre posibilidades para aplicaciones más allá del cáncer. Las mismas enzimas CRISPR podrían potencialmente adaptarse para atacar otras enfermedades genéticas o infecciones virales persistentes, aunque esos usos están aún en fases muy tempranas de investigación.

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