Cientos de accidentes en laboratorios revelan el riesgo de fugas de patógenos peligrosos
Ciencia

Cientos de accidentes en laboratorios revelan el riesgo de fugas de patógenos peligrosos

La investigación de una posible fuga del virus de la peste porcina africana en un laboratorio de Barcelona ha puesto de manifiesto la opacidad y frecuencia de los incidentes en instalaciones científicas de alta seguridad, con al menos 435 casos documentados en el último medio siglo que han provocado cientos de infecciones y varias muertes.

CIENCIA19 DIC 2025

El Centro de Investigación en Sanidad Animal (CReSA) de Barcelona, registrado recientemente por la Guardia Civil y los Mossos d'Esquadra, se encuentra en el centro de una investigación sobre la posible fuga del virus de la peste porcina africana. Este caso ha revelado una realidad preocupante: los accidentes en laboratorios de alta seguridad son mucho más frecuentes de lo que se cree.

Xavier Abad, jefe de la unidad de biocontención del CReSA, advertía ya en 2021 sobre estos riesgos: "¿Es improbable que el SARS-CoV-2 se escapara de un laboratorio? Sí, pero es condenadamente posible", escribió en su blog. El virólogo añadía que había leído sobre "decenas de incidentes y accidentes en laboratorios, de los cientos registrados en el mundo, que no son más que la punta del iceberg de los que REALMENTE ocurren".

En el caso del CReSA, todas las hipótesis siguen abiertas. El laboratorio, que opera con un nivel de bioseguridad 3 (el segundo más alto), estaba en obras y experimentaba con el virus a finales de noviembre, cuando apareció el primer jabalí infectado con una cepa muy similar a apenas unos cientos de metros de la instalación. La mayoría de expertos españoles en peste porcina africana insisten en que este virus no se transmite fácilmente por el aire, lo que complica entender cómo podría haber escapado de una instalación de alta seguridad.

El propio Abad reconocía que "las unidades de biocontención pueden considerarse fortalezas impenetrables, asépticas, extremadamente controladas y de acceso restringido, pero NO están libres de errores y desafortunadas coincidencias".

Los datos sobre incidentes en laboratorios son alarmantes. Según una revisión publicada en marzo por el investigador costarricense Esteban Zavaleta, en el último medio siglo se han registrado al menos 435 incidentes con infecciones adquiridas en laboratorios. Estos accidentes ocurren incluso en instalaciones con el máximo nivel de bioseguridad (nivel 4), como sucedió en el Instituto Bernhard Nocht de Medicina Tropical en Hamburgo, Alemania, donde en 2009 un virólogo se pinchó accidentalmente con una aguja contaminada con el virus del ébola.

La opacidad es otro problema grave. Un equipo internacional de científicos intentó hace una década determinar cuántas infecciones accidentales habían ocurrido en laboratorios de alta seguridad. Enviaron un cuestionario a unas 120 instituciones, pero solo 23 respondieron. Entre los autores de esta encuesta figuraba la viróloga Núria Busquets, del propio CReSA.

Los investigadores denunciaban entonces que "algunos laboratorios son reacios a revelar sus accidentes" y que el riesgo real "es difícil de cuantificar, porque no existe un sistema de notificación sistemática". Su revisión de casos publicados detectó 220 personas infectadas con patógenos altamente peligrosos en laboratorios entre 1980 y 2015.

El equipo de la viróloga del CReSA destacaba también fugas que afectaron al ganado, como ocurrió en la localidad inglesa de Pirbright, donde una tubería dañada de dos laboratorios de nivel 3 provocó el escape del virus de la fiebre aftosa en 2007. Camiones de obra facilitaron la diseminación del patógeno por las granjas de la comarca, con pérdidas millonarias. Actualmente, el CReSA está inmerso en trabajos de ampliación desde hace tres meses, con volquetes entrando y saliendo constantemente, aunque la institución asegura que no ha registrado ningún fallo de bioseguridad.

Marc Lipsitch, epidemiólogo y director del Centro de Dinámicas de las Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Harvard, señala que "material infeccioso ha escapado de laboratorios de alta bioseguridad, en algunos casos superior al nivel 3". Lipsitch menciona tres ejemplos recientes: la confusión de recipientes que acabó con la salida de una muestra con virus del ébola de un laboratorio de nivel 4 en Atlanta, el fallo en los protocolos de inactivación de esporas de ántrax en una instalación militar de Utah y el envío de material contaminado inadvertidamente con el virus de la gripe altamente patógena H5N1 desde un laboratorio de nivel 3 al Departamento de Agricultura de EE.UU.

Las cifras compiladas por el equipo de Stuart Blacksell, de la Universidad de Oxford, son estremecedoras: entre 2000 y 2024 se han documentado 16 episodios de infecciones en laboratorios de nivel 3 y otros cinco en instalaciones de nivel 4. Considerando laboratorios de investigación de todo tipo, se han registrado 276 infecciones y ocho fallecimientos en el mismo periodo: dos muertes por la enfermedad de las vacas locas, una por ébola y otras por hantavirus, herpes B de los monos, meningitis bacteriana, síndrome respiratorio agudo grave (SARS) y peste.

En España, un bioquímico del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge falleció en 2022 tras experimentar síntomas compatibles con la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, la patología letal que estudiaba en la Universidad de Barcelona y en el propio CReSA.

Un informe de la organización británica Chatham House alertó hace dos años de las "potenciales consecuencias catastróficas" de un accidente de laboratorio. Los autores del informe, la analista Emma Ross y el microbiólogo David Harper, ambos antiguos colaboradores de la OMS, documentaron 309 personas infectadas en laboratorios en casi un centenar de incidentes con 51 patógenos diferentes entre 2000 y 2021.

Uno de estos casos ocurrió en el Hospital Comarcal Vega Baja, en Orihuela (Alicante), donde una técnica de laboratorio de 52 años se pinchó en un dedo con una aguja contaminada con material biológico procedente de un paciente con histoplasmosis, una enfermedad provocada por un hongo que produce síntomas similares a la gripe pero puede cronificarse. La mujer se infectó con el patógeno.

Los especialistas de Chatham House contabilizaron además 16 fugas de instalaciones científicas en el mismo periodo, como el escape por el aire de la bacteria Brucella de una fábrica de vacunas en Lanzhou (China), que provocó más de 10.000 casos de brucelosis en personas del entorno en 2019. La mayor parte de los accidentes ocurrió por errores humanos evitables. En Lanzhou se usaban desinfectantes caducados. El informe advertía que "la profesión de la bioseguridad está en pañales en muchas partes del mundo".

Alexandra Peters, del Instituto de Salud Global de la Universidad de Ginebra (Suiza), lleva años denunciando otra amenaza: ni siquiera se sabe cuántos laboratorios de alta seguridad hay en el mundo. Peters recuerda que las instalaciones de nivel 3 cuentan con estrictas medidas, como la doble filtración del aire de salida, las duchas obligatorias para los científicos, la descontaminación química de los efluentes y la incineración de los residuos.

"Sin embargo, un laboratorio de nivel 3 no siempre es tan seguro como cabría esperar", advierte Peters. "No creo que sea imposible que algún virus se escape, porque, en última instancia, el cómo los laboratorios mantienen los patógenos a buen recaudo depende en gran parte de comportamientos humanos", reflexiona. "Y, aun cuando no haya directamente un error humano, pueden existir problemas en las instalaciones o, simplemente, mala suerte".

El caso del CReSA ha puesto de manifiesto la necesidad de mayor transparencia y mejores protocolos de seguridad en los laboratorios que manejan patógenos peligrosos, especialmente cuando estos centros se encuentran en obras o en procesos de ampliación que podrían comprometer sus sistemas de contención.

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La investigación de una posible fuga del virus de la peste porcina africana en un laboratorio de Barcelona ha puesto de manifiesto la opacidad y frecuencia de los incidentes en instalaciones científicas de alta seguridad, con al menos 435 casos documentados en el último medio siglo que han provocado cientos de infecciones y varias muertes.

19 dic 2025
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El Centro de Investigación en Sanidad Animal (CReSA) de Barcelona, registrado recientemente por la Guardia Civil y los Mossos d'Esquadra, se encuentra en el centro de una investigación sobre la posible fuga del virus de la peste porcina africana. Este caso ha revelado una realidad preocupante: los accidentes en laboratorios de alta seguridad son mucho más frecuentes de lo que se cree.

Xavier Abad, jefe de la unidad de biocontención del CReSA, advertía ya en 2021 sobre estos riesgos: "¿Es improbable que el SARS-CoV-2 se escapara de un laboratorio? Sí, pero es condenadamente posible", escribió en su blog. El virólogo añadía que había leído sobre "decenas de incidentes y accidentes en laboratorios, de los cientos registrados en el mundo, que no son más que la punta del iceberg de los que REALMENTE ocurren".

En el caso del CReSA, todas las hipótesis siguen abiertas. El laboratorio, que opera con un nivel de bioseguridad 3 (el segundo más alto), estaba en obras y experimentaba con el virus a finales de noviembre, cuando apareció el primer jabalí infectado con una cepa muy similar a apenas unos cientos de metros de la instalación. La mayoría de expertos españoles en peste porcina africana insisten en que este virus no se transmite fácilmente por el aire, lo que complica entender cómo podría haber escapado de una instalación de alta seguridad.

El propio Abad reconocía que "las unidades de biocontención pueden considerarse fortalezas impenetrables, asépticas, extremadamente controladas y de acceso restringido, pero NO están libres de errores y desafortunadas coincidencias".

Los datos sobre incidentes en laboratorios son alarmantes. Según una revisión publicada en marzo por el investigador costarricense Esteban Zavaleta, en el último medio siglo se han registrado al menos 435 incidentes con infecciones adquiridas en laboratorios. Estos accidentes ocurren incluso en instalaciones con el máximo nivel de bioseguridad (nivel 4), como sucedió en el Instituto Bernhard Nocht de Medicina Tropical en Hamburgo, Alemania, donde en 2009 un virólogo se pinchó accidentalmente con una aguja contaminada con el virus del ébola.

La opacidad es otro problema grave. Un equipo internacional de científicos intentó hace una década determinar cuántas infecciones accidentales habían ocurrido en laboratorios de alta seguridad. Enviaron un cuestionario a unas 120 instituciones, pero solo 23 respondieron. Entre los autores de esta encuesta figuraba la viróloga Núria Busquets, del propio CReSA.

Los investigadores denunciaban entonces que "algunos laboratorios son reacios a revelar sus accidentes" y que el riesgo real "es difícil de cuantificar, porque no existe un sistema de notificación sistemática". Su revisión de casos publicados detectó 220 personas infectadas con patógenos altamente peligrosos en laboratorios entre 1980 y 2015.

El equipo de la viróloga del CReSA destacaba también fugas que afectaron al ganado, como ocurrió en la localidad inglesa de Pirbright, donde una tubería dañada de dos laboratorios de nivel 3 provocó el escape del virus de la fiebre aftosa en 2007. Camiones de obra facilitaron la diseminación del patógeno por las granjas de la comarca, con pérdidas millonarias. Actualmente, el CReSA está inmerso en trabajos de ampliación desde hace tres meses, con volquetes entrando y saliendo constantemente, aunque la institución asegura que no ha registrado ningún fallo de bioseguridad.

Marc Lipsitch, epidemiólogo y director del Centro de Dinámicas de las Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Harvard, señala que "material infeccioso ha escapado de laboratorios de alta bioseguridad, en algunos casos superior al nivel 3". Lipsitch menciona tres ejemplos recientes: la confusión de recipientes que acabó con la salida de una muestra con virus del ébola de un laboratorio de nivel 4 en Atlanta, el fallo en los protocolos de inactivación de esporas de ántrax en una instalación militar de Utah y el envío de material contaminado inadvertidamente con el virus de la gripe altamente patógena H5N1 desde un laboratorio de nivel 3 al Departamento de Agricultura de EE.UU.

Las cifras compiladas por el equipo de Stuart Blacksell, de la Universidad de Oxford, son estremecedoras: entre 2000 y 2024 se han documentado 16 episodios de infecciones en laboratorios de nivel 3 y otros cinco en instalaciones de nivel 4. Considerando laboratorios de investigación de todo tipo, se han registrado 276 infecciones y ocho fallecimientos en el mismo periodo: dos muertes por la enfermedad de las vacas locas, una por ébola y otras por hantavirus, herpes B de los monos, meningitis bacteriana, síndrome respiratorio agudo grave (SARS) y peste.

En España, un bioquímico del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge falleció en 2022 tras experimentar síntomas compatibles con la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, la patología letal que estudiaba en la Universidad de Barcelona y en el propio CReSA.

Un informe de la organización británica Chatham House alertó hace dos años de las "potenciales consecuencias catastróficas" de un accidente de laboratorio. Los autores del informe, la analista Emma Ross y el microbiólogo David Harper, ambos antiguos colaboradores de la OMS, documentaron 309 personas infectadas en laboratorios en casi un centenar de incidentes con 51 patógenos diferentes entre 2000 y 2021.

Uno de estos casos ocurrió en el Hospital Comarcal Vega Baja, en Orihuela (Alicante), donde una técnica de laboratorio de 52 años se pinchó en un dedo con una aguja contaminada con material biológico procedente de un paciente con histoplasmosis, una enfermedad provocada por un hongo que produce síntomas similares a la gripe pero puede cronificarse. La mujer se infectó con el patógeno.

Los especialistas de Chatham House contabilizaron además 16 fugas de instalaciones científicas en el mismo periodo, como el escape por el aire de la bacteria Brucella de una fábrica de vacunas en Lanzhou (China), que provocó más de 10.000 casos de brucelosis en personas del entorno en 2019. La mayor parte de los accidentes ocurrió por errores humanos evitables. En Lanzhou se usaban desinfectantes caducados. El informe advertía que "la profesión de la bioseguridad está en pañales en muchas partes del mundo".

Alexandra Peters, del Instituto de Salud Global de la Universidad de Ginebra (Suiza), lleva años denunciando otra amenaza: ni siquiera se sabe cuántos laboratorios de alta seguridad hay en el mundo. Peters recuerda que las instalaciones de nivel 3 cuentan con estrictas medidas, como la doble filtración del aire de salida, las duchas obligatorias para los científicos, la descontaminación química de los efluentes y la incineración de los residuos.

"Sin embargo, un laboratorio de nivel 3 no siempre es tan seguro como cabría esperar", advierte Peters. "No creo que sea imposible que algún virus se escape, porque, en última instancia, el cómo los laboratorios mantienen los patógenos a buen recaudo depende en gran parte de comportamientos humanos", reflexiona. "Y, aun cuando no haya directamente un error humano, pueden existir problemas en las instalaciones o, simplemente, mala suerte".

El caso del CReSA ha puesto de manifiesto la necesidad de mayor transparencia y mejores protocolos de seguridad en los laboratorios que manejan patógenos peligrosos, especialmente cuando estos centros se encuentran en obras o en procesos de ampliación que podrían comprometer sus sistemas de contención.

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