Descubren el cementerio de ballenas más profundo del mundo con millones de fósiles en el océano Índico
Ciencia

Descubren el cementerio de ballenas más profundo del mundo con millones de fósiles en el océano Índico

Investigadores chinos, italianos y neozelandeses han hallado un enorme cementerio de cetáceos a 7.000 metros de profundidad en el sureste del océano Índico, frente a las costas de Australia. El descubrimiento, publicado en la revista Nature, revela cerca de 10 millones de restos de ballenas en una extensión de 14.000 kilómetros cuadrados, algunos de especies ya extinguidas, que han estado acumulándose durante cinco millones de años y sustentan ecosistemas únicos en las profundidades abisales.

CIENCIA10 JUN 2026

Investigadores del Instituto de Ciencia e Ingeniería de Aguas Profundas de la Academia China de Ciencias (IDSSE), junto con científicos de la Universidad de Pisa en Italia y un investigador neozelandés, han realizado un descubrimiento que podría ser uno de los más importantes del año en el campo de la paleontología marina, según publicó la revista científica Nature.

A una profundidad de 7.000 metros en el sureste del océano Índico, el equipo encontró un inmenso cementerio con restos de centenares de ballenas. Algunas cayeron allí hace tanto tiempo que sus especies ya se han extinguido, pero muchas siguen llegando a ese lugar en la actualidad, según los detalles del estudio.

"La densidad de restos de ballenas alcanza los 759,5 individuos por kilómetro cuadrado", dijo Xiaotong Peng, investigador del IDSSE y primer autor del estudio. El científico explicó que midieron la superficie de la fosa, ubicada en la llamada fractura Diamantina frente a las costas occidentales de Australia, estimando que tiene una extensión de 14.000 kilómetros cuadrados. "Esto significa que cerca de 10 millones de restos de ballenas podrían estar yaciendo en el lecho marino de esta fosa", añadió Peng.

El hallazgo supera todos los registros previos conocidos. "Sin duda, es el cementerio de ballenas más profundo jamás descubierto", dijo Giovanni Bianucci, investigador de la Universidad de Pisa y coautor del estudio. Hasta ahora, el cementerio de ballenas más profundo conocido, localizado en el Atlántico sur, apenas superaba los 4.200 metros de profundidad, según el estudio.

Además de ser el más profundo, también es el más antiguo. "Ha estado activo durante cinco millones de años, como lo atestigua la datación isotópica de algunos restos fósiles", detalló Bianucci en un correo electrónico.

Durante una serie de inmersiones realizadas en 2023 a bordo del buque de investigación Tansuoyihao, un batiscafo del equipo del IDSSE inspeccionó el fondo de un tramo de aproximadamente 1.200 kilómetros de la Zona Diamantina. Buena parte del trayecto apareció salpicado de centenares de ballenas, según el estudio. Los investigadores identificaron 485 individuos de distintas especies y encontraron incluso restos de cetáceos que habían muerto recientemente a profundidades que oscilan entre los 4.616 y los 7.001 metros.

A una profundidad de 6.789 metros, el equipo encontró el cadáver de un zifio, identificado como WF1, compuesto por tres vértebras alargadas. Se trata de la comunidad activa basada en una ballena más profunda registrada hasta la fecha, según el estudio. Mientras tanto, el esqueleto más grande encontrado, denominado WF3, de unos cinco metros de longitud, pertenece a una ballena Minke antártica (Balaenoptera bonaerensis).

La mayoría de los restos identificados son, por ahora, de zifios, según los investigadores. Se trata de cetáceos odontocetos, es decir, con dientes, como las orcas o los delfines. En la actualidad existen unas 22 especies de zifios, aunque se conoce muy poco de estos animales y lo poco que se sabe procede de los ejemplares varados en las playas, según el estudio.

En el cementerio han encontrado varias especies de zifios, algunas ya extinguidas, pero otras siguen buceando los mares, como el zifio de Andrew y el de Layard, ambos presentes hoy en el sureste del océano Índico, según los investigadores. También hay grandes ballenas barbadas, como la de Minke o una extinguida y desconocida hasta ahora que han llamado Pterocetus diamantinae, lejanamente emparentada con la P. colossus, el mayor animal que ha habido en la Tierra, según el estudio.

"En cuanto a por qué mueren aquí, la razón es bastante compleja", dijo Xikun Song, investigador también del IDSSE y coautor del estudio. Los científicos apuntan varias razones para explicar la concentración de restos. "La zona sirve de hábitat o corredor migratorio para los cetáceos", recordó Song.

Por su forma, un enorme y largo cañón, el fondo serviría como sumidero de los animales que murieran en la superficie, según los investigadores. Con el paso del tiempo, los restos orgánicos más pequeños se descompondrían, quedando solo los más grandes, los huesos de los cetáceos. La mayor densidad ósea entre los mamíferos marinos la tienen, precisamente, los zifios, que son también las especies más abundantes en el cementerio de ballenas, según el estudio.

Además, estos animales incurren en prácticas de riesgo yendo en busca de su pieza preferida, los calamares, hasta el punto de jugarse la vida. "Los zifios que se sumergen a más de 3.000 metros de profundidad pueden alcanzar sus límites fisiológicos, lo que aumenta el riesgo de agotamiento mortal o por descompresión", explicó Song.

El descubrimiento va más allá de la acumulación de fósiles. Estos cementerios de ballenas están llenos de vida, según los investigadores. Una región tan profunda, sin luz y sin apenas sedimentos, debería ser un desierto orgánico. Sin embargo, las ballenas muertas son el sustrato de ecosistemas tan nuevos que apenas se conoce a sus integrantes. En las inmersiones han encontrado estrellas de mar, bivalvos, gusanos especializados en perforar huesos y muchos otros organismos nuevos para la ciencia, según el estudio.

"No existe productividad primaria en los abismos marinos porque allí no penetra la luz, no hay fotosíntesis", explicó Natacha Aguilar de Soto, investigadora del Centro Oceanográfico de Canarias (IEO/CSIC) y experta en cetáceos, en particular en zifios, que no participó en este trabajo. "Por ello las comunidades profundas viven del maná que llueve desde aguas más someras. La caída de una carcasa de cetáceo, de varias toneladas, es un regalo del cielo, una enorme fuente de alimento que dispara la productividad secundaria al alimentar a carroñeros y detritívoros, que a su vez atraen a especies carnívoras", explicó Aguilar de Soto.

Para la investigadora española, este trabajo subraya el papel clave de los cetáceos en los ecosistemas marinos. "En vida realizan transporte de nutrientes latitudinal y vertical en la columna de agua, fertilizando zonas de menor productividad natural desde áreas ricas. Una vez muertas, su labor de fertilización continúa en los fondos marinos desde las plataformas costeras hasta las fosas abisales", dijo Aguilar de Soto.

El hallazgo plantea nuevas preguntas sobre la historia natural marina y los ecosistemas de aguas profundas. La preservación de restos durante cinco millones de años en estas condiciones extremas ofrece una ventana única para estudiar la evolución de los cetáceos y las comunidades biológicas que dependen de ellos. Los investigadores esperan que futuras expediciones permitan identificar más especies, tanto fósiles como actuales, y comprender mejor los mecanismos que han mantenido activo este cementerio durante millones de años.

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Investigadores chinos, italianos y neozelandeses han hallado un enorme cementerio de cetáceos a 7.000 metros de profundidad en el sureste del océano Índico, frente a las costas de Australia. El descubrimiento, publicado en la revista Nature, revela cerca de 10 millones de restos de ballenas en una extensión de 14.000 kilómetros cuadrados, algunos de especies ya extinguidas, que han estado acumulándose durante cinco millones de años y sustentan ecosistemas únicos en las profundidades abisales.

10 jun 2026
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Investigadores del Instituto de Ciencia e Ingeniería de Aguas Profundas de la Academia China de Ciencias (IDSSE), junto con científicos de la Universidad de Pisa en Italia y un investigador neozelandés, han realizado un descubrimiento que podría ser uno de los más importantes del año en el campo de la paleontología marina, según publicó la revista científica Nature.

A una profundidad de 7.000 metros en el sureste del océano Índico, el equipo encontró un inmenso cementerio con restos de centenares de ballenas. Algunas cayeron allí hace tanto tiempo que sus especies ya se han extinguido, pero muchas siguen llegando a ese lugar en la actualidad, según los detalles del estudio.

"La densidad de restos de ballenas alcanza los 759,5 individuos por kilómetro cuadrado", dijo Xiaotong Peng, investigador del IDSSE y primer autor del estudio. El científico explicó que midieron la superficie de la fosa, ubicada en la llamada fractura Diamantina frente a las costas occidentales de Australia, estimando que tiene una extensión de 14.000 kilómetros cuadrados. "Esto significa que cerca de 10 millones de restos de ballenas podrían estar yaciendo en el lecho marino de esta fosa", añadió Peng.

El hallazgo supera todos los registros previos conocidos. "Sin duda, es el cementerio de ballenas más profundo jamás descubierto", dijo Giovanni Bianucci, investigador de la Universidad de Pisa y coautor del estudio. Hasta ahora, el cementerio de ballenas más profundo conocido, localizado en el Atlántico sur, apenas superaba los 4.200 metros de profundidad, según el estudio.

Además de ser el más profundo, también es el más antiguo. "Ha estado activo durante cinco millones de años, como lo atestigua la datación isotópica de algunos restos fósiles", detalló Bianucci en un correo electrónico.

Durante una serie de inmersiones realizadas en 2023 a bordo del buque de investigación Tansuoyihao, un batiscafo del equipo del IDSSE inspeccionó el fondo de un tramo de aproximadamente 1.200 kilómetros de la Zona Diamantina. Buena parte del trayecto apareció salpicado de centenares de ballenas, según el estudio. Los investigadores identificaron 485 individuos de distintas especies y encontraron incluso restos de cetáceos que habían muerto recientemente a profundidades que oscilan entre los 4.616 y los 7.001 metros.

A una profundidad de 6.789 metros, el equipo encontró el cadáver de un zifio, identificado como WF1, compuesto por tres vértebras alargadas. Se trata de la comunidad activa basada en una ballena más profunda registrada hasta la fecha, según el estudio. Mientras tanto, el esqueleto más grande encontrado, denominado WF3, de unos cinco metros de longitud, pertenece a una ballena Minke antártica (Balaenoptera bonaerensis).

La mayoría de los restos identificados son, por ahora, de zifios, según los investigadores. Se trata de cetáceos odontocetos, es decir, con dientes, como las orcas o los delfines. En la actualidad existen unas 22 especies de zifios, aunque se conoce muy poco de estos animales y lo poco que se sabe procede de los ejemplares varados en las playas, según el estudio.

En el cementerio han encontrado varias especies de zifios, algunas ya extinguidas, pero otras siguen buceando los mares, como el zifio de Andrew y el de Layard, ambos presentes hoy en el sureste del océano Índico, según los investigadores. También hay grandes ballenas barbadas, como la de Minke o una extinguida y desconocida hasta ahora que han llamado Pterocetus diamantinae, lejanamente emparentada con la P. colossus, el mayor animal que ha habido en la Tierra, según el estudio.

"En cuanto a por qué mueren aquí, la razón es bastante compleja", dijo Xikun Song, investigador también del IDSSE y coautor del estudio. Los científicos apuntan varias razones para explicar la concentración de restos. "La zona sirve de hábitat o corredor migratorio para los cetáceos", recordó Song.

Por su forma, un enorme y largo cañón, el fondo serviría como sumidero de los animales que murieran en la superficie, según los investigadores. Con el paso del tiempo, los restos orgánicos más pequeños se descompondrían, quedando solo los más grandes, los huesos de los cetáceos. La mayor densidad ósea entre los mamíferos marinos la tienen, precisamente, los zifios, que son también las especies más abundantes en el cementerio de ballenas, según el estudio.

Además, estos animales incurren en prácticas de riesgo yendo en busca de su pieza preferida, los calamares, hasta el punto de jugarse la vida. "Los zifios que se sumergen a más de 3.000 metros de profundidad pueden alcanzar sus límites fisiológicos, lo que aumenta el riesgo de agotamiento mortal o por descompresión", explicó Song.

El descubrimiento va más allá de la acumulación de fósiles. Estos cementerios de ballenas están llenos de vida, según los investigadores. Una región tan profunda, sin luz y sin apenas sedimentos, debería ser un desierto orgánico. Sin embargo, las ballenas muertas son el sustrato de ecosistemas tan nuevos que apenas se conoce a sus integrantes. En las inmersiones han encontrado estrellas de mar, bivalvos, gusanos especializados en perforar huesos y muchos otros organismos nuevos para la ciencia, según el estudio.

"No existe productividad primaria en los abismos marinos porque allí no penetra la luz, no hay fotosíntesis", explicó Natacha Aguilar de Soto, investigadora del Centro Oceanográfico de Canarias (IEO/CSIC) y experta en cetáceos, en particular en zifios, que no participó en este trabajo. "Por ello las comunidades profundas viven del maná que llueve desde aguas más someras. La caída de una carcasa de cetáceo, de varias toneladas, es un regalo del cielo, una enorme fuente de alimento que dispara la productividad secundaria al alimentar a carroñeros y detritívoros, que a su vez atraen a especies carnívoras", explicó Aguilar de Soto.

Para la investigadora española, este trabajo subraya el papel clave de los cetáceos en los ecosistemas marinos. "En vida realizan transporte de nutrientes latitudinal y vertical en la columna de agua, fertilizando zonas de menor productividad natural desde áreas ricas. Una vez muertas, su labor de fertilización continúa en los fondos marinos desde las plataformas costeras hasta las fosas abisales", dijo Aguilar de Soto.

El hallazgo plantea nuevas preguntas sobre la historia natural marina y los ecosistemas de aguas profundas. La preservación de restos durante cinco millones de años en estas condiciones extremas ofrece una ventana única para estudiar la evolución de los cetáceos y las comunidades biológicas que dependen de ellos. Los investigadores esperan que futuras expediciones permitan identificar más especies, tanto fósiles como actuales, y comprender mejor los mecanismos que han mantenido activo este cementerio durante millones de años.

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