Detectan por primera vez eritrulosa, un azúcar del espacio interestelar que pudo originar la vida en la Tierra
Ciencia

Detectan por primera vez eritrulosa, un azúcar del espacio interestelar que pudo originar la vida en la Tierra

Un equipo internacional de investigadores liderado por científicos españoles ha detectado eritrulosa, un azúcar de cuatro átomos de carbono, en las nubes moleculares del centro de la Vía Láctea. El hallazgo, publicado en Nature Astronomy, sugiere que la Tierra pudo haber recibido entre 0,5 y 50 millones de toneladas de esta molécula orgánica durante el bombardeo intenso de asteroides hace aproximadamente 4.000 millones de años, lo que habría proporcionado un ingrediente crucial para la síntesis de ácidos nucleicos y el surgimiento de la vida primitiva.

CIENCIA13 JUL 2026

La búsqueda de los orígenes de la vida ha llevado a la comunidad científica a investigar más allá de nuestro planeta. Mientras que los experimentos de química prebiótica realizados en laboratorios terrestres no generan cantidades suficientes de los azúcares necesarios para formar ácidos nucleicos (ARN y ADN), estos compuestos sí han sido identificados en asteroides y meteoritos que impactaron la Tierra hace miles de millones de años. Ahora, la detección de eritrulosa en el espacio interestelar abre una nueva perspectiva sobre cómo llegaron estos componentes esenciales a nuestro planeta.

Izaskun Jiménez-Serra, primera autora del estudio e investigadora del Centro de Astrobiología del CSIC, explica la importancia del hallazgo: "Hemos estimado que la Tierra podría haber recibido entre 0,5 y 50 millones de toneladas de eritrulosa durante el último bombardeo intenso de grandes asteroides. Se trata de uno de los periodos donde más material orgánico pudo llegar y se dice que es crucial, porque la vida surgió muy poco después". El descubrimiento es particularmente significativo porque la vida en la Tierra emergió apenas unos cientos de millones de años después de este bombardeo masivo.

La eritrulosa fue detectada en una de las nubes moleculares más ricas conocidas en la galaxia, ubicada en el centro de la Vía Láctea, a 26.000 años luz de distancia. Para identificar moléculas tan poco abundantes, los investigadores utilizaron radiotelescopios de excepcional precisión capaces de captar las débiles señales de radio que emiten estos compuestos. "Las detectamos con radiotelescopios preparados para captar frecuencias muy específicas, como si fueran canales de radio únicos de cada compuesto", describe Jiménez-Serra.

Las señales fueron captadas desde dos radiotelescopios españoles de clase mundial: el de 40 metros del Observatorio de Yebes, ubicado en Guadalajara, y el de 30 metros en el pico Veleta, en Granada, que pertenece al Instituto de Radioastronomía Milimétrica (IRAM), un proyecto internacional con el Instituto Geográfico Nacional (IGN) como miembro. Pablo de Vicente, director del Observatorio de Yebes, subraya la dificultad técnica del logro: "Esas señales que se reciben del espacio son extraordinariamente débiles, como susurros que hay que rescatar de entre el ruido que llega al radiotelescopio". El receptor del telescopio de Yebes es especialmente sensible; apenas existen una docena de instrumentos similares en todo el mundo. "Lo diseñamos y fabricamos con nuestro equipo de ingenieros y puedo decir sin equivocarme que era el mejor que existía cuando salió. Incluso diría que, en este nicho de la astroquímica, somos imbatibles", afirma de Vicente.

El Observatorio de Yebes ostenta un récord mundial en la detección de moléculas en el espacio interestelar. Desde que instaló su nuevo receptor hace seis años, ha detectado el 30% de las 350 moléculas identificadas en el espacio interestelar desde la década de 1970 hasta la actualidad. "Somos los que más hemos detectado en todo el mundo", destaca de Vicente.

El descubrimiento de eritrulosa fue inesperado. Jiménez-Serra explica que los investigadores buscaban azúcares de tres átomos de carbono, que son los utilizados típicamente en los experimentos de química prebiótica. "Así que fue una sorpresa dar con la eritrulosa, de cuatro, cuando me puse a buscarla, partiendo de la información que Emilio Cocinero, otro de los autores del estudio, había obtenido sobre ella en el laboratorio", comenta.

Lo crucial es que la eritrulosa, aunque tiene una estructura lineal que no sirve directamente como base para la vida, experimenta una transformación fundamental cuando entra en contacto con agua. "Lo importante es que, cuando llega a un medio acuoso, cambia muy fácilmente su configuración hacia la treosa, otro azúcar de cuatro carbonos que forma parte de los ácidos nucleicos", explica Jiménez-Serra. Este cambio químico es fundamental: la treosa es uno de los componentes esenciales del ARN y el ADN, las moléculas que almacenan la información genética en todos los seres vivos.

El mecanismo propuesto es elegante en su simplicidad. Si la eritrulosa llegó a la Tierra primitiva montada en asteroides, estos cuerpos celestes habrían actuado como vehículos de entrega de un ingrediente crítico que escaseaba en la sopa primigenia terrestre. Una vez en contacto con el agua de los océanos primitivos, la eritrulosa se habría transformado en treosa, proporcionando así los azúcares necesarios para la síntesis de ácidos nucleicos y, eventualmente, para el surgimiento de la vida.

Jiménez-Serra aclara que aunque la detección inicial ha sido en el corazón de la Vía Láctea, el equipo espera encontrar eritrulosa en otras regiones del plano galáctico. "Si las condiciones que pudieron existir en la nebulosa original de nuestro sistema solar se pueden ver en regiones similares, donde se están formando estrellas y planetas, cabe esperar que la química sea muy parecida. Solo con la detección de este azúcar no podemos decir que pueda haber vida en otras regiones de la galaxia, pero sí que su química puede llegar a altos niveles de complejidad, similares a los que propiciaron las condiciones en las que se inició aquí la vida", matiza la investigadora.

José Cernicharo, profesor Ad honorem del CSIC y medalla de la Real Sociedad Española de Física, valida la importancia del descubrimiento. Aunque no participa en el estudio, destaca que aborda "uno de los temas más apasionantes de los últimos 60 años en astrofísica molecular". Cernicharo, considerado uno de los pioneros mundiales en esta disciplina, elogia el impacto de la nueva instrumentación: "Después de varias décadas buscando moléculas complejas, en 2020 se conocían unas 200 especies moleculares en el espacio. Con la nueva instrumentación instalada en Yebes gracias al proyecto Nanocosmos, en pocos años casi se ha doblado el número de moléculas conocidas. La extraordinaria calidad y sensibilidad de estos receptores ha permitido poder detectar este azúcar importante para la química en las primeras fases de la evolución de planetas como la Tierra".

El hallazgo se inscribe en una línea de investigación más amplia que ha identificado moléculas orgánicas en fragmentos que atraviesan la atmósfera terrestre y en muestras tomadas de asteroides como Bennu. Estos descubrimientos han consolidado la hipótesis de que los componentes químicos fundamentales para la vida no se originaron únicamente en la Tierra, sino que fueron transportados desde el espacio exterior. La detección de eritrulosa en el espacio interestelar refuerza esta perspectiva y sugiere que la química prebiótica necesaria para el surgimiento de la vida es más ubicua en el universo de lo que se pensaba anteriormente.

El estudio publicado en Nature Astronomy representa un hito en la astroquímica y la astrobiología, disciplinas que buscan comprender cómo la química del universo condujo al surgimiento de la vida. Los radiotelescopios españoles, particularmente el Observatorio de Yebes, han demostrado ser herramientas indispensables para esta investigación, posicionando a España como un actor clave en la búsqueda de respuestas a una de las preguntas más fundamentales de la ciencia: cómo comenzó la vida en la Tierra y si las condiciones para su surgimiento existen en otras partes del universo.

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Detectan por primera vez eritrulosa, un azúcar del espacio interestelar que pudo originar la vida en la Tierra

Un equipo internacional de investigadores liderado por científicos españoles ha detectado eritrulosa, un azúcar de cuatro átomos de carbono, en las nubes moleculares del centro de la Vía Láctea. El hallazgo, publicado en Nature Astronomy, sugiere que la Tierra pudo haber recibido entre 0,5 y 50 millones de toneladas de esta molécula orgánica durante el bombardeo intenso de asteroides hace aproximadamente 4.000 millones de años, lo que habría proporcionado un ingrediente crucial para la síntesis de ácidos nucleicos y el surgimiento de la vida primitiva.

13 jul 2026
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La búsqueda de los orígenes de la vida ha llevado a la comunidad científica a investigar más allá de nuestro planeta. Mientras que los experimentos de química prebiótica realizados en laboratorios terrestres no generan cantidades suficientes de los azúcares necesarios para formar ácidos nucleicos (ARN y ADN), estos compuestos sí han sido identificados en asteroides y meteoritos que impactaron la Tierra hace miles de millones de años. Ahora, la detección de eritrulosa en el espacio interestelar abre una nueva perspectiva sobre cómo llegaron estos componentes esenciales a nuestro planeta.

Izaskun Jiménez-Serra, primera autora del estudio e investigadora del Centro de Astrobiología del CSIC, explica la importancia del hallazgo: "Hemos estimado que la Tierra podría haber recibido entre 0,5 y 50 millones de toneladas de eritrulosa durante el último bombardeo intenso de grandes asteroides. Se trata de uno de los periodos donde más material orgánico pudo llegar y se dice que es crucial, porque la vida surgió muy poco después". El descubrimiento es particularmente significativo porque la vida en la Tierra emergió apenas unos cientos de millones de años después de este bombardeo masivo.

La eritrulosa fue detectada en una de las nubes moleculares más ricas conocidas en la galaxia, ubicada en el centro de la Vía Láctea, a 26.000 años luz de distancia. Para identificar moléculas tan poco abundantes, los investigadores utilizaron radiotelescopios de excepcional precisión capaces de captar las débiles señales de radio que emiten estos compuestos. "Las detectamos con radiotelescopios preparados para captar frecuencias muy específicas, como si fueran canales de radio únicos de cada compuesto", describe Jiménez-Serra.

Las señales fueron captadas desde dos radiotelescopios españoles de clase mundial: el de 40 metros del Observatorio de Yebes, ubicado en Guadalajara, y el de 30 metros en el pico Veleta, en Granada, que pertenece al Instituto de Radioastronomía Milimétrica (IRAM), un proyecto internacional con el Instituto Geográfico Nacional (IGN) como miembro. Pablo de Vicente, director del Observatorio de Yebes, subraya la dificultad técnica del logro: "Esas señales que se reciben del espacio son extraordinariamente débiles, como susurros que hay que rescatar de entre el ruido que llega al radiotelescopio". El receptor del telescopio de Yebes es especialmente sensible; apenas existen una docena de instrumentos similares en todo el mundo. "Lo diseñamos y fabricamos con nuestro equipo de ingenieros y puedo decir sin equivocarme que era el mejor que existía cuando salió. Incluso diría que, en este nicho de la astroquímica, somos imbatibles", afirma de Vicente.

El Observatorio de Yebes ostenta un récord mundial en la detección de moléculas en el espacio interestelar. Desde que instaló su nuevo receptor hace seis años, ha detectado el 30% de las 350 moléculas identificadas en el espacio interestelar desde la década de 1970 hasta la actualidad. "Somos los que más hemos detectado en todo el mundo", destaca de Vicente.

El descubrimiento de eritrulosa fue inesperado. Jiménez-Serra explica que los investigadores buscaban azúcares de tres átomos de carbono, que son los utilizados típicamente en los experimentos de química prebiótica. "Así que fue una sorpresa dar con la eritrulosa, de cuatro, cuando me puse a buscarla, partiendo de la información que Emilio Cocinero, otro de los autores del estudio, había obtenido sobre ella en el laboratorio", comenta.

Lo crucial es que la eritrulosa, aunque tiene una estructura lineal que no sirve directamente como base para la vida, experimenta una transformación fundamental cuando entra en contacto con agua. "Lo importante es que, cuando llega a un medio acuoso, cambia muy fácilmente su configuración hacia la treosa, otro azúcar de cuatro carbonos que forma parte de los ácidos nucleicos", explica Jiménez-Serra. Este cambio químico es fundamental: la treosa es uno de los componentes esenciales del ARN y el ADN, las moléculas que almacenan la información genética en todos los seres vivos.

El mecanismo propuesto es elegante en su simplicidad. Si la eritrulosa llegó a la Tierra primitiva montada en asteroides, estos cuerpos celestes habrían actuado como vehículos de entrega de un ingrediente crítico que escaseaba en la sopa primigenia terrestre. Una vez en contacto con el agua de los océanos primitivos, la eritrulosa se habría transformado en treosa, proporcionando así los azúcares necesarios para la síntesis de ácidos nucleicos y, eventualmente, para el surgimiento de la vida.

Jiménez-Serra aclara que aunque la detección inicial ha sido en el corazón de la Vía Láctea, el equipo espera encontrar eritrulosa en otras regiones del plano galáctico. "Si las condiciones que pudieron existir en la nebulosa original de nuestro sistema solar se pueden ver en regiones similares, donde se están formando estrellas y planetas, cabe esperar que la química sea muy parecida. Solo con la detección de este azúcar no podemos decir que pueda haber vida en otras regiones de la galaxia, pero sí que su química puede llegar a altos niveles de complejidad, similares a los que propiciaron las condiciones en las que se inició aquí la vida", matiza la investigadora.

José Cernicharo, profesor Ad honorem del CSIC y medalla de la Real Sociedad Española de Física, valida la importancia del descubrimiento. Aunque no participa en el estudio, destaca que aborda "uno de los temas más apasionantes de los últimos 60 años en astrofísica molecular". Cernicharo, considerado uno de los pioneros mundiales en esta disciplina, elogia el impacto de la nueva instrumentación: "Después de varias décadas buscando moléculas complejas, en 2020 se conocían unas 200 especies moleculares en el espacio. Con la nueva instrumentación instalada en Yebes gracias al proyecto Nanocosmos, en pocos años casi se ha doblado el número de moléculas conocidas. La extraordinaria calidad y sensibilidad de estos receptores ha permitido poder detectar este azúcar importante para la química en las primeras fases de la evolución de planetas como la Tierra".

El hallazgo se inscribe en una línea de investigación más amplia que ha identificado moléculas orgánicas en fragmentos que atraviesan la atmósfera terrestre y en muestras tomadas de asteroides como Bennu. Estos descubrimientos han consolidado la hipótesis de que los componentes químicos fundamentales para la vida no se originaron únicamente en la Tierra, sino que fueron transportados desde el espacio exterior. La detección de eritrulosa en el espacio interestelar refuerza esta perspectiva y sugiere que la química prebiótica necesaria para el surgimiento de la vida es más ubicua en el universo de lo que se pensaba anteriormente.

El estudio publicado en Nature Astronomy representa un hito en la astroquímica y la astrobiología, disciplinas que buscan comprender cómo la química del universo condujo al surgimiento de la vida. Los radiotelescopios españoles, particularmente el Observatorio de Yebes, han demostrado ser herramientas indispensables para esta investigación, posicionando a España como un actor clave en la búsqueda de respuestas a una de las preguntas más fundamentales de la ciencia: cómo comenzó la vida en la Tierra y si las condiciones para su surgimiento existen en otras partes del universo.

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