

Una investigación pionera de la Universidad Monash ha documentado por primera vez las perspectivas tanto de víctimas como de perpetradores de abuso mediante deepfakes sexualizados, revelando que esta práctica se ha normalizado entre algunos jóvenes como forma de ganar estatus social, mientras las víctimas enfrentan escasas vías de reparación.
La creciente accesibilidad de herramientas de inteligencia artificial está facilitando la creación y difusión de imágenes deepfake, y un nuevo estudio australiano ha expuesto inquietantes patrones en este tipo de abuso digital.
La investigación, publicada en el Journal of Interpersonal Violence, fue realizada por la Universidad Monash y constituye el primer análisis que incluye entrevistas tanto con perpetradores como con víctimas de deepfakes sexualizados, según informa la propia institución académica.
La profesora Asher Flynn, autora principal del estudio e investigadora del Centro de Excelencia del Consejo Australiano de Investigación para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres (CEVAW), señaló que "los avances en tecnologías digitales han proporcionado nuevas oportunidades para que las personas participen en comportamientos sexuales dañinos".
"Nuestros hallazgos indican que crear y compartir imágenes deepfake sexualizadas no solo está normalizado entre algunos hombres jóvenes, sino que se fomenta como una forma de establecer vínculos o ganar estatus entre sus pares", explicó Flynn según la fuente consultada.
El estudio encontró que muchos participantes señalaron frecuentemente "el refuerzo positivo de sus compañeros sobre su destreza tecnológica en la creación de imágenes sexualizadas realistas, pero falsas, como una motivación clave" para realizar estas prácticas abusivas.
Un aspecto particularmente preocupante revelado por la investigación es que los perpetradores habitualmente minimizan el daño causado. Muchos afirman que las tecnologías de IA hacen que las imágenes sean fáciles de crear, desviando así la culpa de sí mismos.
"Existe una clara desconexión entre la comprensión de los participantes del abuso deepfake sexualizado como dañino y el reconocimiento de sus propias acciones. Muchos recurrieron a culpar a la víctima, afirmando que solo era una broma o negándolo rotundamente, repitiendo patrones que vemos en otras formas de violencia sexual", señaló la profesora Flynn. "Esto dificulta el reconocimiento y la denuncia del abuso deepfake sexualizado, lo que a su vez socava la rendición de cuentas y debilita cualquier efecto disuasorio".
A pesar de la gravedad del daño, ninguno de los perpetradores entrevistados había enfrentado consecuencias legales. Las víctimas también informaron de poco o ningún recurso, incluso cuando los incidentes fueron denunciados a la policía.
El estudio también identificó patrones en cuanto a las víctimas y motivaciones. Si bien las mujeres eran a menudo el objetivo del abuso, particularmente cuando las motivaciones eran dañar, controlar o sexualizar al sujeto de la imagen falsa, la investigación encontró un patrón de perpetración contra hombres motivado por ganancias monetarias (sextorsión), humor y humillación.
La profesora Flynn abogó por regulaciones más estrictas sobre la accesibilidad de las herramientas de deepfake, así como educación sobre las posibles consecuencias y daños del abuso deepfake sexualizado como "un punto de partida necesario para abordar esta forma emergente de abuso".
"La creciente proliferación de herramientas de IA, combinada con la aceptación o normalización de la creación de deepfakes en general, ha proporcionado acceso y motivación a una gama más amplia de personas que de otro modo podrían no participar en este tipo de abuso", concluyó la investigadora.
El estudio completo, titulado "Sexualized Deepfake Abuse: Perpetrator and Victim Perspectives on the Motivations and Forms of Non-Consensually Created and Shared Sexualized Deepfake Imagery", está disponible en el Journal of Interpersonal Violence.