Europa pierde soberanía tecnológica ante el avance de los gigantes de Silicon Valley
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Europa pierde soberanía tecnológica ante el avance de los gigantes de Silicon Valley

Un puñado de multimillonarios tecnológicos estadounidenses está adquiriendo control sobre infraestructuras críticas europeas mientras la UE lucha por encontrar su lugar en la carrera global por la inteligencia artificial. Expertos advierten que estas cesiones de soberanía digital ocurren sin debate público y podrían tener consecuencias irreversibles para la autonomía estratégica del continente.

TECNOLOGÍA9 NOV 2025

La Unión Europea se encuentra en una encrucijada tecnológica que podría determinar su futuro como potencia independiente. Mientras Estados Unidos y China dominan la carrera global por la inteligencia artificial (IA), Europa cede progresivamente el control de sus infraestructuras críticas a un pequeño grupo de multimillonarios tecnológicos que, según expertos, están construyendo un nuevo tipo de poder que escapa al control democrático.

Según un informe de la economista Francesca Bria citado por El País, magnates como Peter Thiel y Elon Musk están creando lo que denomina "autoritarismo tecnológico": una arquitectura de poder que controla funciones básicas del Estado mediante dependencia infraestructural, eludiendo el control político tradicional.

El caso más reciente y alarmante ocurrió este verano, cuando el ejército estadounidense otorgó a Palantir, empresa fundada por Peter Thiel, un contrato de diez mil millones de dólares. Este acuerdo centraliza en una sola compañía el análisis de datos que antes se distribuía entre decenas de proveedores. Lo preocupante, según señalan las fuentes, es que Thiel ha afirmado públicamente que "libertad y democracia son incompatibles".

Otro ejemplo significativo es Starlink, propiedad de Elon Musk, que controla los satélites que permiten comunicarse a ejércitos enteros. "Si Musk los apaga, como ya hizo en Crimea, las tropas quedan sordas y ciegas", advierte el análisis de El País. Estas empresas no operan de forma aislada, sino como un sistema integrado que controla infraestructuras digitales vitales.

La paradoja europea resulta evidente: mientras los líderes políticos hablan de "soberanía digital" y "autonomía estratégica", los gobiernos europeos firman contratos con estas mismas empresas. Alemania ha cerrado acuerdos con Anduril, compañía californiana de drones militares autónomos financiada por la red de Thiel, para fabricar sistemas de defensa que se integrarán en la OTAN. "Los drones se ensamblan en suelo alemán, pero el software —el cerebro que decide qué vigilar y cómo— es californiano", señala la fuente.

El Reino Unido mantiene contratos con Palantir para su sistema de salud, mientras la defensa de Ucrania, que afecta directamente a la seguridad europea, depende de Starlink. Todo esto ocurre mientras Musk realiza transmisiones en directo con Alice Weidel, líder de la ultraderecha alemana.

Lo más preocupante, según los expertos, es que estas cesiones de soberanía ocurren sin un debate público real. "Se presentan como decisiones técnicas sobre 'modernización' y 'eficiencia' lo que en verdad son cesiones irreversibles de soberanía", advierte El País. La analogía es clara: igual que un propietario puede perder el control de su casa cuando los sistemas inteligentes están tan integrados que es imposible cambiar de proveedor, los Estados pueden perder su autonomía cuando infraestructuras críticas quedan en manos privadas.

En paralelo a esta pérdida de soberanía, Europa lucha por encontrar su lugar en la carrera global por la inteligencia artificial. Según datos presentados en el foro "De los agentes a la AGI: qué nos espera de verdad en IA" organizado por El Confidencial, "en los últimos años, EE UU ha invertido diez veces más que Europa en IA, y China cuatro veces más". Aunque Europa ha anunciado una inversión de 200.000 millones de euros, muchos cuestionan si será suficiente.

Hendrik Brandis, cofundador de la firma de capital riesgo Earlybird, señaló durante el evento que "Europa tiene ciencia, talento y tecnología, pero falla en convertir eso en grandes empresas". Su receta para competir incluye "ambición y capital de crecimiento" junto a cambios regulatorios que igualen el terreno de juego con Estados Unidos.

La regulación europea, frecuentemente criticada por su excesivo celo, también genera controversia. Joaquín Cuenca, fundador de Freepik, una de las empresas españolas que ha logrado adaptarse exitosamente al auge de la IA, fue contundente: "En general, no veo sentido a la estrategia de inteligencia artificial que está siguiendo Europa". Aunque reconoce aspectos positivos como la armonización a nivel europeo, considera que muchas medidas "no van a tener impacto real" y hay "mucho de postureo".

A pesar de este panorama desafiante, algunos emprendedores europeos han encontrado nichos donde pueden competir. Elisenda Bou-Balust, fundadora de Cala AI, Ion Cuervas-Mon, CEO de Rauda AI, Javier Sánchez, cofundador de Revolve, y Jochen Doppelhammer, CCO de Maiza AI, representan una nueva generación de startups españolas que apuestan por la especialización y la fiabilidad frente a la escala.

"Estados Unidos domina tecnológicamente, eso es evidente, pero también deja muchos huecos. Las grandes compañías tienen un coste de oportunidad alto y no pueden atender todos los nichos. Ahí es donde entramos las startups europeas", explicó Sánchez durante el foro.

Laura González Florez, Chief of Staff de Synthesia, una de las compañías de IA de voz más potentes del Reino Unido, defendió que la ventaja europea puede residir en un enfoque más pragmático: "No necesitamos efectos espectaculares, sino soluciones que funcionen, que sean seguras y que respondan a las necesidades reales de las empresas".

Ricardo Baeza-Yates, uno de los grandes nombres de la informática mundial y ex miembro del Consejo Asesor de IA del Gobierno de España, aportó una visión más sobria sobre el estado actual de la tecnología. Según él, la industria confunde "predicción con comprensión y rendimiento con inteligencia", y advirtió que "la superinteligencia no está a la vuelta de la esquina".

Su mensaje final, sin embargo, dejó espacio para la esperanza: Europa aún puede construir una "IA distinta, más humana, razonada y ética". Una tecnología que, en sus palabras, "debería quitarnos el trabajo aburrido, no el pensamiento".

Mientras tanto, la advertencia de Máriam Martínez-Bascuñán en El País resuena con urgencia: "Europa mantiene sus Parlamentos y elecciones, pero si nuestra defensa depende de Anduril y las comunicaciones de Starlink, ¿qué significa nuestra soberanía? La pregunta no es si esto va a pasar: está pasando. La clave es si nos daremos cuenta antes de que sea demasiado tarde para salir".

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