Fósil de Tiranosaurio Rex podría convertirse en el dinosaurio más caro jamás vendido en subasta
Un esqueleto de Tiranosaurio Rex llamado Gus, descubierto en las Badlands de Dakota del Sur, será subastado el martes con una valoración inicial de 30 millones de dólares, lo que podría convertirlo en el dinosaurio más costoso jamás vendido. El espécimen, que representa el 61% de los huesos de un Tiranosaurio Rex y es uno de los más completos encontrados, ha generado un intenso debate en la comunidad científica sobre si fósiles de tal importancia deberían permanecer en manos de museos para investigación o si los cazadores de fósiles deben ser recompensados por sus descubrimientos.
Gus, nombrado así en honor a Gary "Gus" Licking, un ganadero en cuyas tierras fue descubierto el fósil, representa un hito en la historia de las subastas de historia natural. Según la BBC, la valoración previa a la subasta es de 30 millones de dólares, aunque podría alcanzar un precio superior. La oferta inicial no puede ser menor a 19 millones de dólares.
El descubrimiento y recuperación de Gus fue un proceso extraordinariamente laborioso. Thomas Heitkamp y su equipo pasaron tres años excavando cuidadosamente el fósil en las Badlands de Dakota del Sur, trabajando únicamente durante la temporada de campo cuando el terreno se descongela. Después de completar la excavación en 2023, el equipo dedicó otros tres años documentando y reconstruyendo el esqueleto en el laboratorio. Cassandra Hatton, directora global de historia natural de Sotheby's, explica que los cazadores de fósiles trabajan en condiciones extremas: "La gente pasa meses en el campo con tiendas de campaña y comida en sus mochilas, acampando en medio de la nada con serpientes de cascabel, insectos y leones de montaña".
La importancia científica de Gus es considerable. El espécimen contiene el 61% de los huesos identificados, lo que lo convierte en uno de los Tiranosaurios Rex más completos jamás encontrados. Según Hatton, encontrar un esqueleto con la mitad de los huesos ya se considera un descubrimiento científico importante. El fósil presenta evidencia de una vida difícil: hay una enorme marca de mordida en la parte superior del cráneo que pudo haber sido causada durante una batalla, y varios huesos rotos, incluyendo costillas que se fracturaron y sanaron, dejando protuberancias visibles.
Sin embargo, la subasta de Gus refleja una tendencia preocupante en el mercado de fósiles. Los cinco dinosaurios más caros vendidos en subasta han sido todos desde 2020, incluyendo a Stan, otro Tiranosaurio Rex vendido por 31,8 millones de dólares en 2020, cuando la guía de precios inicial era de 6 a 8 millones de dólares. Esta escalada de precios ha generado un debate fundamental en la comunidad paleontológica.
La profesora Susannah Maidment, investigadora de dinosaurios del Museo de Historia Natural de Londres, advierte que los museos ya están siendo excluidos del acceso a muchos especímenes debido a los precios prohibitivos. "Estamos siendo excluidos de tener acceso a muchos, muchos especímenes", explica. Maidment señala que los fósiles están siendo tratados como objetos de colección para individuos ricos, similar a obras de arte, en lugar de ser valorados por su importancia científica.
El problema científico es fundamental. Las revistas científicas más respetadas no aceptan estudios realizados sobre especímenes en colecciones privadas. Esto significa que, aunque un fósil sea estudiado y descrito científicamente, si termina en manos privadas, la investigación es prácticamente invalidada para la comunidad científica. Maidment explica: "¿Qué sucede si esa persona se aburre de ellos, muere, se divorcia? Ha habido muchos casos donde especímenes han estado en colecciones privadas, se ha hecho una descripción científica de ellos y han terminado en la basura. Así que realmente ya no es ciencia".
La paleobiología, el estudio de la vida pasada en el planeta, nunca ha sido más importante, según Maidment. "Estamos probablemente en una extinción masiva en este momento, estamos cambiando nuestro ambiente muy, muy, muy rápidamente. El pasado es realmente el único tipo de datos empíricos que tenemos para decirnos qué está sucediendo ahora y en el futuro", afirma. Además, para el público, ver los huesos reales de un dinosaurio en un museo ayuda a las personas a conectar con el mundo natural.
Sotheby's argumenta que el precio de Gus refleja la importancia del espécimen y la inversión requerida para recuperarlo. Hatton señala que los excavadores a menudo viven con recursos limitados y deben invertir su propio dinero en las excavaciones. "No son multimillonarios los que los desenterran", dice. Sin embargo, reconoce que son multimillonarios quienes los compran. Kenneth Griffin, fundador y director ejecutivo del fondo de cobertura Citadel, compró el Estegosaurio Apex en una subasta anterior y posteriormente lo prestó al Museo Americano de Historia Natural por cuatro años.
El Dr. Fiann Smithwick, paleontólogo independiente que ha estado recolectando y preservando fósiles durante los últimos 20 años, explica que los museos han confiado históricamente en que individuos adinerados donen, presten o leguen artefactos para construir sus colecciones. Sin embargo, a diferencia de las obras de arte, existe un obstáculo importante: los especímenes en colecciones privadas no pueden ser estudiados de manera que satisfaga los estándares científicos modernos.
Smithwick también señala que existe un riesgo de pérdida incluso en museos. Mary Anning, una de las primeras coleccionistas prolíficas de fósiles, descubrió el primer fósil de Squaloraja en 1829, un antiguo pez con "ojos de tenacillas" que conectaba tiburones y rayas. Su cuerpo fue donado al Instituto de Bristol, pero más de un siglo después fue destruido en un bombardeo de la Segunda Guerra Mundial.
A pesar de estos desafíos, todos los actores involucrados reconocen que sin el trabajo y la habilidad de estos cazadores de fósiles profesionales, no habría especímenes para debatir ni descubrimientos científicos. Hatton describe a estos cazadores como "salvadores de dinosaurios de la segunda extinción". Smithwick, quien trabaja en la costa jurásica de Inglaterra, conoce bien la carrera contra el tiempo para salvar fósiles. "He encontrado una roca con la impresión perfecta de lo que fue un pez hace una hora, y ahora se ha ido. Si imaginas una ola que abre esa roca, la siguiente ola simplemente borra el pez. El mar la ha roto en 10,000 pedazos, y eso es todo. Se pierde para siempre", explica.
La mayoría de los fósiles recuperados nunca llegan a una casa de subastas como Sotheby's. Son más pequeños, menos culturalmente venerados, pero Smithwick argumenta que pueden tener un valor mucho mayor para museos y el público. "Hay incontables otros especímenes que serán científicamente más importantes en el gran esquema de la paleontología", dice. Señala que hay personas vendiendo amonites a niños en la playa, inspirando curiosidad en el mundo exterior.
La subasta de Gus representa un punto de inflexión en cómo la sociedad valora los fósiles: como tesoros científicos que deben ser accesibles para la investigación y la educación pública, o como objetos de colección para los ricos. La decisión sobre quién compre a Gus determinará si este espécimen extraordinario permanecerá disponible para la investigación científica o si se unirá a otros fósiles de importancia en colecciones privadas, potencialmente perdidos para la ciencia.



