La dominancia de la mano no es innata sino resultado de la práctica, según nuevo estudio
Ciencia

La dominancia de la mano no es innata sino resultado de la práctica, según nuevo estudio

Un estudio realizado por neurocientíficos de la Universidad de California, Los Ángeles y la Universidad Johns Hopkins desafía la creencia de que la preferencia por usar la mano derecha o izquierda está determinada genéticamente desde el nacimiento. La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences, sugiere que la dominancia de las extremidades es principalmente resultado de años de práctica con herramientas y objetos que requieren control motor preciso, no de una característica innata del cerebro.

CIENCIA14 JUL 2026

Durante décadas, la comunidad científica ha asumido que la dominancia manual está "cableada" en el cerebro desde antes del nacimiento, con un hemisferio cerebral intrínsecamente mejor equipado para el control motor. Sin embargo, los neurocientíficos Ahmet Arac, Nicolas Jeong Lee y John Krakauer proponen una alternativa radicalmente diferente: la dominancia refleja simplemente la práctica asimétrica con herramientas y objetos que exigen control preciso de trayectorias complejas.

El desafío metodológico era evidente. Dado que la mayoría de las personas ha utilizado su mano dominante consistentemente durante toda su vida, diseñar un experimento que aislara la práctica de la predisposición innata resultaba extremadamente difícil. Los investigadores idearon una solución ingeniosa: hacer que los participantes escribieran con los codos, una tarea que prácticamente nadie ha practicado previamente.

La lógica era clara: si el cerebro tuviera una preferencia innata por la dominancia de las extremidades, una persona diestra debería escribir significativamente mejor con su codo derecho que con el izquierdo. Para probar esto, reclutaron a participantes sanos y diestros y les pidieron que escribieran la letra "A" y el número "8" con ambas manos, ocho veces cada uno. Posteriormente, repitieron la tarea idéntica, pero esta vez usando los codos con un bolígrafo asegurado con la punta hacia abajo para permitir la escritura.

Los resultados fueron contundentes. A pesar de que todos los participantes eran diestros, fracasaron de manera igualmente miserable al escribir con el codo derecho que con el izquierdo, según el análisis realizado con la ayuda de una red neuronal entrenada para clasificar las formas como "buenas" o "malas". Incluso cuando se consideró el tiempo dedicado a escribir cada carácter, no hubo evidencia de que el codo dominante tuviera ventaja alguna. Como reportan los investigadores: "No hubo diferencias significativas ni tendencias entre los caracteres del codo dominante y no dominante. La dominancia desapareció."

El siguiente paso fue determinar si la práctica con el codo podría marcar una diferencia. Los investigadores dividieron a los participantes en dos grupos: la mitad fue entrenada para escribir con el codo de su extremidad dominante, mientras que la otra mitad practicó con el codo no dominante. Ambos grupos comenzaron con una calidad de escritura igualmente pobre, pero después del entrenamiento, la calidad de la escritura con el codo mejoró sustancialmente en ambos lados.

Este hallazgo tiene dos implicaciones cruciales. Primero, demuestra que los codos no son inherentemente incapaces de realizar tareas de motricidad fina: podemos aprender a usarlos para escribir y nuestras habilidades mejoran con la práctica. Segundo, proporciona evidencia adicional de que las habilidades de escritura de nuestra mano dominante provienen de años de práctica, no de una característica cerebral incorporada que selecciona el lado mejor adaptado para las habilidades motoras finas.

Arac explica el mecanismo subyacente: "El brazo dominante no es más capaz porque un hemisferio del cerebro sea simplemente mejor en el control del movimiento. Es porque hemos pasado una vida practicando los movimientos específicos y complicados que las herramientas y la escritura exigen. Elimina esa práctica cambiando a una parte del cuerpo como el codo que nunca ha realizado la tarea antes, y la ventaja desaparece."

Las preferencias también se manifiestan con herramientas como raquetas de tenis o bolígrafos porque son esencialmente extensiones de la mano. El estudio sugiere que estas preferencias no reflejan una capacidad inherente del hemisferio dominante, sino simplemente la acumulación de experiencia motora específica a lo largo de años de uso repetido.

Los hallazgos tienen implicaciones significativas para la comprensión de la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptarse a nuevas demandas. Si la dominancia manual es principalmente una cuestión de práctica, esto sugiere que el cerebro humano mantiene una flexibilidad considerable en el control motor incluso en tareas que consideramos fundamentales. Esto podría tener aplicaciones prácticas en rehabilitación neurológica, donde los pacientes que han sufrido accidentes cerebrovasculares u otras lesiones cerebrales podrían beneficiarse de entrenamientos específicos para desarrollar habilidades motoras con extremidades previamente no dominantes.

La investigación también cuestiona otras suposiciones sobre la lateralización cerebral, el proceso por el cual funciones específicas se localizan preferentemente en un hemisferio cerebral. Aunque ciertos procesos cognitivos como el lenguaje muestran lateralización clara, el control motor fino parece ser más flexible y adaptable de lo que se creía anteriormente.

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La dominancia de la mano no es innata sino resultado de la práctica, según nuevo estudio

Un estudio realizado por neurocientíficos de la Universidad de California, Los Ángeles y la Universidad Johns Hopkins desafía la creencia de que la preferencia por usar la mano derecha o izquierda está determinada genéticamente desde el nacimiento. La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences, sugiere que la dominancia de las extremidades es principalmente resultado de años de práctica con herramientas y objetos que requieren control motor preciso, no de una característica innata del cerebro.

14 jul 2026
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Durante décadas, la comunidad científica ha asumido que la dominancia manual está "cableada" en el cerebro desde antes del nacimiento, con un hemisferio cerebral intrínsecamente mejor equipado para el control motor. Sin embargo, los neurocientíficos Ahmet Arac, Nicolas Jeong Lee y John Krakauer proponen una alternativa radicalmente diferente: la dominancia refleja simplemente la práctica asimétrica con herramientas y objetos que exigen control preciso de trayectorias complejas.

El desafío metodológico era evidente. Dado que la mayoría de las personas ha utilizado su mano dominante consistentemente durante toda su vida, diseñar un experimento que aislara la práctica de la predisposición innata resultaba extremadamente difícil. Los investigadores idearon una solución ingeniosa: hacer que los participantes escribieran con los codos, una tarea que prácticamente nadie ha practicado previamente.

La lógica era clara: si el cerebro tuviera una preferencia innata por la dominancia de las extremidades, una persona diestra debería escribir significativamente mejor con su codo derecho que con el izquierdo. Para probar esto, reclutaron a participantes sanos y diestros y les pidieron que escribieran la letra "A" y el número "8" con ambas manos, ocho veces cada uno. Posteriormente, repitieron la tarea idéntica, pero esta vez usando los codos con un bolígrafo asegurado con la punta hacia abajo para permitir la escritura.

Los resultados fueron contundentes. A pesar de que todos los participantes eran diestros, fracasaron de manera igualmente miserable al escribir con el codo derecho que con el izquierdo, según el análisis realizado con la ayuda de una red neuronal entrenada para clasificar las formas como "buenas" o "malas". Incluso cuando se consideró el tiempo dedicado a escribir cada carácter, no hubo evidencia de que el codo dominante tuviera ventaja alguna. Como reportan los investigadores: "No hubo diferencias significativas ni tendencias entre los caracteres del codo dominante y no dominante. La dominancia desapareció."

El siguiente paso fue determinar si la práctica con el codo podría marcar una diferencia. Los investigadores dividieron a los participantes en dos grupos: la mitad fue entrenada para escribir con el codo de su extremidad dominante, mientras que la otra mitad practicó con el codo no dominante. Ambos grupos comenzaron con una calidad de escritura igualmente pobre, pero después del entrenamiento, la calidad de la escritura con el codo mejoró sustancialmente en ambos lados.

Este hallazgo tiene dos implicaciones cruciales. Primero, demuestra que los codos no son inherentemente incapaces de realizar tareas de motricidad fina: podemos aprender a usarlos para escribir y nuestras habilidades mejoran con la práctica. Segundo, proporciona evidencia adicional de que las habilidades de escritura de nuestra mano dominante provienen de años de práctica, no de una característica cerebral incorporada que selecciona el lado mejor adaptado para las habilidades motoras finas.

Arac explica el mecanismo subyacente: "El brazo dominante no es más capaz porque un hemisferio del cerebro sea simplemente mejor en el control del movimiento. Es porque hemos pasado una vida practicando los movimientos específicos y complicados que las herramientas y la escritura exigen. Elimina esa práctica cambiando a una parte del cuerpo como el codo que nunca ha realizado la tarea antes, y la ventaja desaparece."

Las preferencias también se manifiestan con herramientas como raquetas de tenis o bolígrafos porque son esencialmente extensiones de la mano. El estudio sugiere que estas preferencias no reflejan una capacidad inherente del hemisferio dominante, sino simplemente la acumulación de experiencia motora específica a lo largo de años de uso repetido.

Los hallazgos tienen implicaciones significativas para la comprensión de la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptarse a nuevas demandas. Si la dominancia manual es principalmente una cuestión de práctica, esto sugiere que el cerebro humano mantiene una flexibilidad considerable en el control motor incluso en tareas que consideramos fundamentales. Esto podría tener aplicaciones prácticas en rehabilitación neurológica, donde los pacientes que han sufrido accidentes cerebrovasculares u otras lesiones cerebrales podrían beneficiarse de entrenamientos específicos para desarrollar habilidades motoras con extremidades previamente no dominantes.

La investigación también cuestiona otras suposiciones sobre la lateralización cerebral, el proceso por el cual funciones específicas se localizan preferentemente en un hemisferio cerebral. Aunque ciertos procesos cognitivos como el lenguaje muestran lateralización clara, el control motor fino parece ser más flexible y adaptable de lo que se creía anteriormente.

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