Más de 14.000 satélites orbitan la Tierra mientras estudios advierten sobre saturación del espacio cercano
Ciencia

Más de 14.000 satélites orbitan la Tierra mientras estudios advierten sobre saturación del espacio cercano

La órbita terrestre baja enfrenta una crisis de saturación con más de 14.000 satélites actualmente en operación y propuestas para añadir hasta 1,7 millones adicionales, según un nuevo estudio del Observatorio Europeo Austral que advierte que el límite seguro para la astronomía moderna es de 100.000 satélites, mientras el cambio climático podría reducir la capacidad orbital hasta en 66 por ciento para 2100.

CIENCIA6 JUL 2026

La órbita terrestre baja, la región que se extiende hasta aproximadamente 2.000 kilómetros sobre el planeta, se ha convertido en el destino preferido para satélites debido a su menor latencia, acceso más fácil y despliegue más económico que órbitas superiores, según reporta Interesting Engineering. Sin embargo, esta ventaja ha creado un problema crítico: múltiples actores compiten por el mismo espacio orbital limitado.

Más de 14.000 satélites ya están circulando alrededor de la Tierra, y el número aumenta rápidamente mientras empresas privadas y gobiernos construyen constelaciones masivas para internet, comunicaciones, imágenes, navegación e incluso centros de datos espaciales propuestos, según la fuente.

El umbral crítico de la astronomía

Un nuevo estudio del Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés) examinó cómo las constelaciones de satélites grandes y brillantes podrían afectar la astronomía terrestre. La investigación encontró que las propuestas actualmente en discusión podrían añadir más de 1,7 millones de satélites a la órbita, incluyendo objetos extremadamente brillantes que alterarían la apariencia del cielo nocturno, según el estudio.

El umbral de seguridad propuesto por el ESO es contundente: no más de 100.000 satélites tenues deberían orbitar la Tierra si se quiere mantener funcional la astronomía moderna, según la investigación. Este número no es una línea mágica, sino un techo práctico más allá del cual las pérdidas para los telescopios comienzan a asemejarse a otras disrupciones técnicas importantes. Si los satélites son lo suficientemente brillantes como para ser visibles a simple vista, el número seguro necesitaría ser mucho menor, advierte el estudio.

SpaceX habría propuesto hasta un millón de satélites para centros de datos espaciales, mientras que Reflect Orbital ha delineado planes para hasta 50.000 satélites tipo espejo diseñados para reflejar luz solar a la Tierra durante la noche, según reportes citados por la fuente.

El análisis del ESO sugiere que tales sistemas podrían dejar cientos, o incluso miles, de satélites visibles durante grandes partes de la noche, con algunas observaciones perdiendo porciones significativas del campo de visión utilizable, según el estudio.

Para los observatorios, el daño es simple: los satélites reflejan luz solar. Cuando cruzan, las imágenes de telescopios crean rayas brillantes que eliminan lo que sea que esté detrás de ellas, según explica la fuente. Para instrumentos de campo amplio como el Observatorio Vera C. Rubin, las constelaciones grandes y brillantes podrían hacer que muchas imágenes sean inutilizables durante horas cada noche, según el análisis.

El cambio climático reduce la capacidad orbital

El problema de saturación no es causado únicamente por lanzamientos. Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) de 2025 encontró que las emisiones de gases de efecto invernadero están cambiando la atmósfera superior de una manera que podría reducir el número de satélites que la órbita terrestre baja puede soportar de manera segura, según la investigación.

La capa clave es la termósfera, donde operan muchos satélites. A medida que los gases de efecto invernadero enfrían y contraen esta región atmosférica superior, la resistencia atmosférica disminuye, según el estudio del MIT.

Esa resistencia normalmente ayuda a arrastrar satélites muertos y escombros hacia abajo, hacia la reentrada, donde se queman. Con menos resistencia, la basura espacial puede permanecer en órbita durante más tiempo, aumentando el riesgo de colisiones, según explica la investigación.

Las simulaciones del MIT sugieren que para 2100, la capacidad de carga de regiones populares de órbita terrestre baja podría caer entre 50 y 66 por ciento en comparación con un escenario en el que las emisiones permanezcan en niveles del año 2000, según el estudio. En otras palabras, justo cuando la demanda de órbita está explotando, la capacidad utilizable de algunas zonas orbitales puede estar reduciéndose, según la fuente.

El vacío de gobernanza global

Nadie es dueño de la órbita, pero todos dependen de ella. Ese es el problema central de gobernanza, según el análisis. La órbita terrestre no es espacio vacío, es infraestructura. La banca, el GPS, el pronóstico del tiempo, la respuesta a desastres, el acceso a internet, la defensa y el monitoreo climático dependen todos de satélites, según la fuente.

Sin embargo, ninguna autoridad global única controla cuántos satélites pueden ocupar la órbita terrestre baja, qué tan brillantes pueden ser, o cómo las empresas deben contabilizar el riesgo acumulativo, según reporta Interesting Engineering.

Reguladores como la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos pueden aprobar o rechazar solicitudes, pero los efectos son globales. Una constelación de satélites lanzada por una empresa en un país puede afectar a astrónomos, ecosistemas, operadores rivales y cielos nocturnos en todo el planeta, según la fuente.

El problema no es si los satélites son útiles, claramente lo son. El problema es si la órbita puede continuar siendo tratada como ilimitada, según el análisis. La órbita terrestre baja se ha convertido en un entorno compartido y finito. Sin coordinación más estricta, límites de brillo, controles de escombros, reglas de eliminación y planificación internacional de capacidad, la próxima carrera espacial podría dañar los carriles orbitales de los que ahora depende la vida moderna, advierte la fuente.

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La órbita terrestre baja enfrenta una crisis de saturación con más de 14.000 satélites actualmente en operación y propuestas para añadir hasta 1,7 millones adicionales, según un nuevo estudio del Observatorio Europeo Austral que advierte que el límite seguro para la astronomía moderna es de 100.000 satélites, mientras el cambio climático podría reducir la capacidad orbital hasta en 66 por ciento para 2100.

6 jul 2026
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La órbita terrestre baja, la región que se extiende hasta aproximadamente 2.000 kilómetros sobre el planeta, se ha convertido en el destino preferido para satélites debido a su menor latencia, acceso más fácil y despliegue más económico que órbitas superiores, según reporta Interesting Engineering. Sin embargo, esta ventaja ha creado un problema crítico: múltiples actores compiten por el mismo espacio orbital limitado.

Más de 14.000 satélites ya están circulando alrededor de la Tierra, y el número aumenta rápidamente mientras empresas privadas y gobiernos construyen constelaciones masivas para internet, comunicaciones, imágenes, navegación e incluso centros de datos espaciales propuestos, según la fuente.

El umbral crítico de la astronomía

Un nuevo estudio del Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés) examinó cómo las constelaciones de satélites grandes y brillantes podrían afectar la astronomía terrestre. La investigación encontró que las propuestas actualmente en discusión podrían añadir más de 1,7 millones de satélites a la órbita, incluyendo objetos extremadamente brillantes que alterarían la apariencia del cielo nocturno, según el estudio.

El umbral de seguridad propuesto por el ESO es contundente: no más de 100.000 satélites tenues deberían orbitar la Tierra si se quiere mantener funcional la astronomía moderna, según la investigación. Este número no es una línea mágica, sino un techo práctico más allá del cual las pérdidas para los telescopios comienzan a asemejarse a otras disrupciones técnicas importantes. Si los satélites son lo suficientemente brillantes como para ser visibles a simple vista, el número seguro necesitaría ser mucho menor, advierte el estudio.

SpaceX habría propuesto hasta un millón de satélites para centros de datos espaciales, mientras que Reflect Orbital ha delineado planes para hasta 50.000 satélites tipo espejo diseñados para reflejar luz solar a la Tierra durante la noche, según reportes citados por la fuente.

El análisis del ESO sugiere que tales sistemas podrían dejar cientos, o incluso miles, de satélites visibles durante grandes partes de la noche, con algunas observaciones perdiendo porciones significativas del campo de visión utilizable, según el estudio.

Para los observatorios, el daño es simple: los satélites reflejan luz solar. Cuando cruzan, las imágenes de telescopios crean rayas brillantes que eliminan lo que sea que esté detrás de ellas, según explica la fuente. Para instrumentos de campo amplio como el Observatorio Vera C. Rubin, las constelaciones grandes y brillantes podrían hacer que muchas imágenes sean inutilizables durante horas cada noche, según el análisis.

El cambio climático reduce la capacidad orbital

El problema de saturación no es causado únicamente por lanzamientos. Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) de 2025 encontró que las emisiones de gases de efecto invernadero están cambiando la atmósfera superior de una manera que podría reducir el número de satélites que la órbita terrestre baja puede soportar de manera segura, según la investigación.

La capa clave es la termósfera, donde operan muchos satélites. A medida que los gases de efecto invernadero enfrían y contraen esta región atmosférica superior, la resistencia atmosférica disminuye, según el estudio del MIT.

Esa resistencia normalmente ayuda a arrastrar satélites muertos y escombros hacia abajo, hacia la reentrada, donde se queman. Con menos resistencia, la basura espacial puede permanecer en órbita durante más tiempo, aumentando el riesgo de colisiones, según explica la investigación.

Las simulaciones del MIT sugieren que para 2100, la capacidad de carga de regiones populares de órbita terrestre baja podría caer entre 50 y 66 por ciento en comparación con un escenario en el que las emisiones permanezcan en niveles del año 2000, según el estudio. En otras palabras, justo cuando la demanda de órbita está explotando, la capacidad utilizable de algunas zonas orbitales puede estar reduciéndose, según la fuente.

El vacío de gobernanza global

Nadie es dueño de la órbita, pero todos dependen de ella. Ese es el problema central de gobernanza, según el análisis. La órbita terrestre no es espacio vacío, es infraestructura. La banca, el GPS, el pronóstico del tiempo, la respuesta a desastres, el acceso a internet, la defensa y el monitoreo climático dependen todos de satélites, según la fuente.

Sin embargo, ninguna autoridad global única controla cuántos satélites pueden ocupar la órbita terrestre baja, qué tan brillantes pueden ser, o cómo las empresas deben contabilizar el riesgo acumulativo, según reporta Interesting Engineering.

Reguladores como la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos pueden aprobar o rechazar solicitudes, pero los efectos son globales. Una constelación de satélites lanzada por una empresa en un país puede afectar a astrónomos, ecosistemas, operadores rivales y cielos nocturnos en todo el planeta, según la fuente.

El problema no es si los satélites son útiles, claramente lo son. El problema es si la órbita puede continuar siendo tratada como ilimitada, según el análisis. La órbita terrestre baja se ha convertido en un entorno compartido y finito. Sin coordinación más estricta, límites de brillo, controles de escombros, reglas de eliminación y planificación internacional de capacidad, la próxima carrera espacial podría dañar los carriles orbitales de los que ahora depende la vida moderna, advierte la fuente.

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