Más de 350 figuras del cine critican veto al director israelí Nadav Lapid en festival francés
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Más de 350 figuras del cine critican veto al director israelí Nadav Lapid en festival francés

Natalie Portman, Jacques Audiard y Justine Triet encabezan una carta firmada por casi 400 personalidades del cine que denuncia como un "fracaso intelectual" las presiones para excluir al cineasta israelí Nadav Lapid del Festival Internacional de Cine de Marsella, que se celebra del 7 al 12 de julio. Lapid, exiliado y crítico del Gobierno de Benjamín Netanyahu, decidió cancelar su participación tras amenazas a patrocinadores y la retirada de una decena de películas del evento.

ARTE Y CULTURA10 JUN 2026

La controversia estalló cuando profesionales seleccionados para el Festival Internacional de Cine de Marsella (FID) rechazaron internamente la presencia de un cineasta israelí en el jurado, según confirmó la dirección del festival a medios locales. Nadav Lapid, ganador del Oso de Oro de la Berlinale de 2019 por Sinónimos, estaba programado para ejercer como jurado y proyectar su película Policeman (Policía en Israel) en la edición 37 del festival.

Las presiones contra la participación de Lapid escalaron hasta materializarse en una llamada al boicot del festival, amenazas directas a los patrocinadores y la retirada de aproximadamente una decena de películas de las alrededor de 120 programadas para el evento, según la fuente. Ante esta situación, Lapid decidió por sí mismo anular su presencia en el festival.

La dirección del FID emitió un comunicado en el que consideró "totalmente injustificado" responsabilizar o culpar a un cineasta de "la política racista, colonialista y genocida llevada a cabo por el Gobierno de su país", según reportó Le Monde.

En respuesta a estas presiones, casi 400 figuras del mundo del cine firmaron una carta publicada en Le Monde esta semana, en la que califican la situación como un "fracaso intelectual". Entre los firmantes se encuentran la actriz Natalie Portman, los directores Jacques Audiard, Justine Triet, Michel Hazanavicius, Apichatpong Weerasethakul y Rebecca Zlotowski, así como el escritor y antiguo embajador de Palestina ante la Unesco, Elias Sanbar.

La misiva destaca la trayectoria de Lapid como un destacado artista disidente que ha forjado su carrera a lo largo de muchos años mediante una crítica frontal a la destrucción de Gaza y a las políticas aplicadas por los distintos Gobiernos de Israel, que él ha denunciado públicamente. "Ha asumido riesgos reales", remarcan los firmantes.

Los participantes consideraron que la movilización contra la invitación a Marsella requería una "reacción clara". En el texto, expresan su preocupación por el cierre del debate: "En lugar de abrir un debate sobre las posibles formas de resistencia, sobre cómo el cine puede contribuir a una reflexión colectiva ante la violencia fascista del presente y cómo este arte constituye una respuesta a las formas y los discursos dominantes, asistimos a la proliferación de estrategias intimidatorias que cierran precisamente ese espacio".

La carta reconoce el "contexto" de estas movilizaciones, dada la "lógica genocida desplegada" en Gaza y la "impotencia de las instituciones", según el texto publicado. Los firmantes señalan que "muchas personas buscan, con toda legitimidad, formas de actuar" y que "las cuestiones de la solidaridad, la responsabilidad y la resistencia están hoy presentes en todo el mundo cultural".

Sin embargo, los signatarios matizan que estas cuestiones "merecen ser debatidas con seriedad, ya que plantean importantes retos políticos y éticos", pero advierten que "lo que está en juego aquí es más sencillo: se reduce al artista a su nacionalidad".

Los firmantes rechazan que en el debate se imponga un "lenguaje de amenaza" al que "las instituciones responden a menudo por miedo", argumentando que el cine y la cultura deben ser una herramienta útil para reflexionar sobre las formas de resistir a las crisis y a las "violencias fascistas del presente".

"Debemos poder debatir sobre Palestina e Israel, sobre las formas de resistencia y solidaridad, y sobre el papel de los artistas, sin que esos debates desemboquen sistemáticamente en mecanismos de descalificación que rayan en el simplismo más lamentable", concluyeron los firmantes en la carta publicada en Le Monde.

El caso de Lapid ilustra las tensiones que atraviesan el mundo cultural europeo en relación con el conflicto en Gaza y la posición de artistas israelíes críticos con su propio Gobierno. La controversia plantea interrogantes sobre los límites del boicot cultural, la responsabilidad individual de los artistas por las políticas de sus países y el papel de los festivales como espacios de debate y reflexión en contextos de conflicto geopolítico.

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10 jun 2026
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La controversia estalló cuando profesionales seleccionados para el Festival Internacional de Cine de Marsella (FID) rechazaron internamente la presencia de un cineasta israelí en el jurado, según confirmó la dirección del festival a medios locales. Nadav Lapid, ganador del Oso de Oro de la Berlinale de 2019 por Sinónimos, estaba programado para ejercer como jurado y proyectar su película Policeman (Policía en Israel) en la edición 37 del festival.

Las presiones contra la participación de Lapid escalaron hasta materializarse en una llamada al boicot del festival, amenazas directas a los patrocinadores y la retirada de aproximadamente una decena de películas de las alrededor de 120 programadas para el evento, según la fuente. Ante esta situación, Lapid decidió por sí mismo anular su presencia en el festival.

La dirección del FID emitió un comunicado en el que consideró "totalmente injustificado" responsabilizar o culpar a un cineasta de "la política racista, colonialista y genocida llevada a cabo por el Gobierno de su país", según reportó Le Monde.

En respuesta a estas presiones, casi 400 figuras del mundo del cine firmaron una carta publicada en Le Monde esta semana, en la que califican la situación como un "fracaso intelectual". Entre los firmantes se encuentran la actriz Natalie Portman, los directores Jacques Audiard, Justine Triet, Michel Hazanavicius, Apichatpong Weerasethakul y Rebecca Zlotowski, así como el escritor y antiguo embajador de Palestina ante la Unesco, Elias Sanbar.

La misiva destaca la trayectoria de Lapid como un destacado artista disidente que ha forjado su carrera a lo largo de muchos años mediante una crítica frontal a la destrucción de Gaza y a las políticas aplicadas por los distintos Gobiernos de Israel, que él ha denunciado públicamente. "Ha asumido riesgos reales", remarcan los firmantes.

Los participantes consideraron que la movilización contra la invitación a Marsella requería una "reacción clara". En el texto, expresan su preocupación por el cierre del debate: "En lugar de abrir un debate sobre las posibles formas de resistencia, sobre cómo el cine puede contribuir a una reflexión colectiva ante la violencia fascista del presente y cómo este arte constituye una respuesta a las formas y los discursos dominantes, asistimos a la proliferación de estrategias intimidatorias que cierran precisamente ese espacio".

La carta reconoce el "contexto" de estas movilizaciones, dada la "lógica genocida desplegada" en Gaza y la "impotencia de las instituciones", según el texto publicado. Los firmantes señalan que "muchas personas buscan, con toda legitimidad, formas de actuar" y que "las cuestiones de la solidaridad, la responsabilidad y la resistencia están hoy presentes en todo el mundo cultural".

Sin embargo, los signatarios matizan que estas cuestiones "merecen ser debatidas con seriedad, ya que plantean importantes retos políticos y éticos", pero advierten que "lo que está en juego aquí es más sencillo: se reduce al artista a su nacionalidad".

Los firmantes rechazan que en el debate se imponga un "lenguaje de amenaza" al que "las instituciones responden a menudo por miedo", argumentando que el cine y la cultura deben ser una herramienta útil para reflexionar sobre las formas de resistir a las crisis y a las "violencias fascistas del presente".

"Debemos poder debatir sobre Palestina e Israel, sobre las formas de resistencia y solidaridad, y sobre el papel de los artistas, sin que esos debates desemboquen sistemáticamente en mecanismos de descalificación que rayan en el simplismo más lamentable", concluyeron los firmantes en la carta publicada en Le Monde.

El caso de Lapid ilustra las tensiones que atraviesan el mundo cultural europeo en relación con el conflicto en Gaza y la posición de artistas israelíes críticos con su propio Gobierno. La controversia plantea interrogantes sobre los límites del boicot cultural, la responsabilidad individual de los artistas por las políticas de sus países y el papel de los festivales como espacios de debate y reflexión en contextos de conflicto geopolítico.

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