

Los mercados financieros mantienen una calma relativa pese al cierre casi total del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, según análisis de gestoras e instituciones financieras. Los inversores manejan un escenario base de un mes de conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán antes de que el encarecimiento energético desencadene ventas masivas y un impacto severo en la economía global, según reportes de Muzinich, Fitch y Citi.
La segunda semana de guerra entre Estados Unidos e Israel frente a Irán concluye con índices bursátiles europeos prácticamente sin cambios, a pesar de que el petróleo ha superado los 100 dólares por barril y el tráfico por el estrecho de Ormuz está paralizado, según reporta Cinco Días. Esta aparente complacencia contrasta con la primera semana del conflicto, que registró la mayor caída para las Bolsas europeas desde la guerra de Ucrania.
El estrecho de Ormuz se ha convertido en el epicentro del conflicto, con ataques a buques por parte de Irán, que ha declarado su intención de no dejar pasar una gota de petróleo si no cesan los bombardeos sobre el país, según la información disponible. La vía por la que llega al mundo el 20% del crudo que consume continúa cegada, pero los mercados mantienen una calma que podría estallar en los próximos días.
Un mes de cierre para el estrecho de Ormuz es el plazo que la mayoría de analistas e inversores estiman en su escenario base sobre la evolución del conflicto, según el análisis. Si se prolonga por más tiempo, el mercado habrá entrado en un nuevo escenario en el que esperar que el encarecimiento de la energía traiga más inflación y menos crecimiento, y en el que empezar a apretar con convicción el botón de las ventas.
"La reacción del mercado a los acontecimientos en Oriente Próximo ha sido, por ahora, contenida y aún no refleja plenamente el importante riesgo de cola asociado. El aumento de los precios de la energía ha sido aún más espectacular porque los niveles iniciales eran bajos", dijo la gestora estadounidense Muzinich. El análisis inicial de los inversores ha sido que el ataque sobre Irán no será un conflicto largo, pero Teherán está mostrando una resistencia con la que Estados Unidos e Israel no parecían contar y que dispara directamente al bolsillo de los ciudadanos con un alza generalizada del precio de la gasolina.
Transcurridas dos semanas de guerra, crece la inquietud y los gobiernos ya activan planes de contingencia para mitigar el daño de una energía más cara, pero el escenario base que manejan los inversores continúa siendo el de un mes aproximado de conflicto, tras el que el estrecho de Ormuz iría recuperando la normalidad, según el reporte.
La agencia de calificación crediticia Fitch tiene un escenario central para la situación actual en la que el precio del petróleo se mantiene entre los 90 y los 100 dólares el barril durante el mes de marzo, con un cierre efectivo del estrecho de Ormuz durante un mes, para caer a continuación a los 60 dólares en el segundo semestre del año. "Creemos que esta revisión no tendría un impacto significativo en el crecimiento mundial, la inflación o la política monetaria", dijo la agencia.
En cambio, si el petróleo se mantiene entre los 95 y los 100 dólares y permanece a ese nivel, el Producto Interno Bruto global se reduciría en el 0,4% al cabo de cuatro trimestres, mientras que la inflación habría aumentado en la Unión Europea y en Estados Unidos entre 1,3 y 1,5 puntos porcentuales, según Fitch.
Si la realidad desborda las previsiones actuales, la guerra habrá entrado en una fase mucho más destructiva, con una factura innegable para la economía y los mercados financieros. Una operación militar prolongada, con el consiguiente bloqueo de Ormuz y el encarecimiento aún mayor del petróleo y el gas, "interrumpiría la narrativa de recuperación de la actividad manufacturera global y afectaría negativamente, de forma más severa, a las perspectivas de crecimiento, a las expectativas de beneficios y a las valoraciones de los mercados financieros, lo que impactaría en las métricas de crédito, especialmente en el segmento de financiación apalancada", advirtió Muzinich.
Michael Hartnett, estratega de Bank of America, reconoció este viernes que el fuerte aumento de los precios del petróleo y la creciente inquietud en torno al crédito privado son señales que empiezan a remitir al período previo a la crisis financiera global de 2008, según el reporte. Pero el ánimo del mercado no está ahí todavía.
El gigante estadounidense Citi se atrevió en la primera semana de conflicto a añadir un poco más de riesgo en su cartera. El banco defiende que, por lo general, las subidas del petróleo son bruscas pero también efímeras. "El día en que el precio del petróleo alcanza su máximo, el riesgo toca fondo", recoge un informe publicado esta semana, en que el brent llegó a acercarse fugazmente a los 120 dólares.
Citi apunta además a una posibilidad en la que se encierra la creencia de buena parte del mercado de que el conflicto no podrá durar mucho más allá de un mes. "La administración estadounidense podría poner fin a la crisis con relativa facilidad, básicamente proclamando la victoria y retirándose del conflicto activo", según el banco. El cierre de mes coincidirá además con una cita diplomática de máximo nivel, el encuentro previsto en Pekín entre Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping. Un cara a cara entre el mayor exportador de petróleo y el mayor importador, directamente afectado por el cierre de Ormuz y el bloqueo de las ventas de crudo del golfo Pérsico, de donde le llegan habitualmente la mitad de sus importaciones de la materia prima.
Citi cree que "ni Israel ni Estados Unidos ni Irán desearían llegar a una nueva fase de escalada bélica, que probablemente afectaría a las infraestructuras energéticas de la región y a las infraestructuras públicas iraníes". Hasta el momento, no se han destruido activos energéticos de forma irreparable en la zona. "En cambio, si se generalizan los ataques contra campos de gas y petróleo, terminales de exportación e instalaciones de procesamiento, la recuperación postbélica llevaría meses y las subidas de precios serían mucho mayores y más prolongadas", dijeron en un reciente informe Félix Arteaga y Gonzalo Escribano, expertos del Real Instituto Elcano.
Las bazas para rebajar el precio del petróleo antes de dar por terminado el conflicto se agotan. La Agencia Internacional de la Energía ha acordado la liberación de 400 millones de barriles de petróleo, en la mayor intervención en el mercado de su historia, según el reporte. Y Estados Unidos ha autorizado de forma temporal la compra de petróleo ruso, liberándolo de las sanciones impuestas por la guerra en Ucrania. Aun así, ninguna de estas medidas permite que el brent cierre la semana lejos de los 100 dólares el barril.
El tiempo juega en contra de las economías mundiales mientras se encarece la factura energética. En Goldman Sachs calculan que el tiempo en que el flujo de petróleo esté bajo mínimos —al 10% de sus niveles normales— sea de apenas 21 días, antes de una recuperación gradual en los siguientes 30 días, según el banco de inversión. La fecha para ver un cambio en el estrecho de Ormuz sería este 20 de marzo. Su cálculo se ha ampliado desde los 10 días de bloqueo en su estimación inicial.
La situación plantea un dilema para los mercados financieros: si el conflicto se resuelve en el plazo estimado de un mes, el impacto económico será limitado y los mercados podrían recuperarse rápidamente. Pero si la guerra se prolonga más allá de ese período, el encarecimiento sostenido de la energía desencadenaría un escenario de estanflación —combinación de inflación alta y bajo crecimiento— que obligaría a los bancos centrales a reconsiderar sus políticas monetarias y podría desencadenar ventas masivas en los mercados de renta variable y crédito.
La próxima reunión entre Trump y Xi Jinping en Pekín emerge como un factor potencialmente decisivo, dado que China es el mayor importador mundial de petróleo y depende críticamente del crudo del golfo Pérsico. La presión económica sobre ambas potencias podría acelerar una resolución diplomática del conflicto, aunque la resistencia iraní ha demostrado ser más fuerte de lo anticipado inicialmente por los analistas de mercado.