Ríos que durante milenios fluyeron cristalinos en el Ártico se están convirtiendo en corrientes naranjas cargadas de partículas de hierro que asfixian peces y destruyen ecosistemas acuáticos, según un estudio publicado en Communications Earth & Environment. La investigación identifica dos procesos distintos desencadenados por el deshielo del permafrost como responsables de esta contaminación que ya se extiende por Alaska y amenaza con expandirse globalmente a regiones como Canadá, Rusia, los Andes y los Alpes.