Telescopio espacial Euclid descubre los cuásares más antiguos jamás detectados
El telescopio espacial europeo Euclid ha identificado 31 cuásares que datan de cuando el universo tenía apenas 670 millones de años, dentro del primer 5% de su edad actual, según un estudio publicado el 6 de julio de 2026. Dos de estos objetos celestes son los más antiguos jamás observados, más que duplicando el número conocido de cuásares tan remotos y revolucionando la capacidad de los astrónomos para estudiar los primeros momentos del cosmos.
El telescopio espacial Euclid ha logrado un avance significativo en la astronomía al detectar 31 cuásares procedentes de una época en que el universo tenía solo 670 millones de años de antigüedad, según un estudio publicado el 6 de julio de 2026. Entre estos hallazgos destacan dos cuásares que representan los más antiguos jamás observados, identificados como EUCL J172902.75+641018.1 y EUCL J125308.55+705432.3, según la investigación liderada por Daming Yang.
Los cuásares son fuentes de luz primordial extremadamente distantes tanto en términos de tiempo como de espacio, según la fuente. Aunque pueden confundirse fácilmente con otras fuentes celestes de luz como estrellas más cercanas a la Tierra, cuando los astrónomos logran detectarlos, estos objetos proporcionan información crucial sobre los primeros momentos del universo, según el estudio.
"Antes, solo podíamos encontrar un puñado de los cuásares antiguos más brillantes, pero Euclid nos permite buscar de manera mucho más eficiente a través de enormes áreas del cielo nocturno para capturar luz mucho más tenue. Es una herramienta única para la caza de cuásares", dijo Daming Yang, autor principal del estudio.
El descubrimiento representa un salto cuantitativo sin precedentes en la investigación de estos objetos celestes. "Este hallazgo más que duplica el número de cuásares que conocemos que son tan antiguos", dijo Antonio La Marca, investigador de la Agencia Espacial Europea en el equipo Euclid, según la fuente.
La magnitud del avance se aprecia al considerar que a los astrónomos les tomó más de una década descubrir los primeros 10 cuásares con corrimientos al rojo de 7 o superiores, según el estudio. El telescopio Euclid ha descubierto más que esa cantidad en un solo año de operación, según la misma fuente.
El corrimiento al rojo, o redshift, es la medida clave que permite a los científicos determinar la distancia y el movimiento de una fuente de luz en el cosmos en relación con la Tierra, según la fuente. Este fenómeno se relaciona con la expansión del universo: aunque los cuásares y la Tierra puedan haber permanecido en la misma ubicación relativa a lo largo del tiempo, la luz de esos cuásares se estira o se desplaza hacia el rojo porque el universo está en expansión, según el estudio.
El concepto de corrimiento al rojo a veces se compara con el efecto Doppler en el sonido, la idea de que cuando uno se mueve hacia o desde un sonido, como la sirena de una ambulancia, este cambia de tono, según la fuente. Cuando se mueve hacia uno, se escucha a un tono o frecuencia más alta, y cuando uno se aleja, se escucha el mismo sonido a un tono o frecuencia más baja, similar a los sonidos graves y agudos en la música, según la misma fuente.
La diferencia es que el corrimiento al rojo se relaciona con la luz en lugar del sonido, según el estudio. Los cuásares recién descubiertos de los primeros momentos del universo están muy lejos de nosotros, por lo que sus longitudes de onda son más largas, desplazadas hacia la zona roja del espectro, de ahí el término "corrimiento al rojo", según la fuente.
Los cuásares emiten luz primordial y están extremadamente lejos tanto en términos de tiempo como de distancia, según el estudio. Cuando el universo tenía 670 millones de años, se encontraba dentro del primer 5% de su edad actual, lo que convierte a estos 31 cuásares en ventanas excepcionales hacia la infancia del cosmos, según la investigación publicada.
El telescopio Euclid, de origen europeo, ha demostrado ser una herramienta revolucionaria para la búsqueda de estos objetos celestes antiguos, permitiendo a los astrónomos buscar de manera mucho más eficiente a través de vastas áreas del cielo nocturno y capturar luz mucho más tenue que antes era indetectable, según Yang.
Este descubrimiento tiene implicaciones profundas para la comprensión de la evolución temprana del universo y proporciona a los científicos datos cruciales sobre las condiciones que existían en los primeros cientos de millones de años después del Big Bang. La capacidad de Euclid para detectar cuásares más débiles y en mayor cantidad que instrumentos anteriores abre nuevas posibilidades para mapear la estructura y composición del universo primitivo, permitiendo a los astrónomos reconstruir con mayor precisión la historia cósmica y comprender mejor nuestro lugar en ella.



