Ciencia

Tormentas solares extremas podrían ser el doble de devastadoras de lo que se creía

Un equipo de científicos liderados por la NASA ha descubierto que el límite teórico de la respuesta magnética de la Tierra ante tormentas geomagnéticas extremas podría ser una ilusión estadística, lo que significa que el impacto de una tormenta solar catastrófica podría ser hasta dos veces peor de lo que los investigadores habían estimado anteriormente, según un estudio publicado en la revista Nature.

CIENCIA22 JUL 2026

Los investigadores argumentan que la creencia de que la actividad geomagnética de la Tierra tiene un "punto de saturación" se basa en una mala interpretación de los datos. Al corregir las incertidumbres en las mediciones del viento solar, el equipo encontró que la respuesta de la Tierra al viento solar es lineal en todo el rango, sin un techo que limite el daño potencial.

El fenómeno que los científicos identificaron se conoce como "regresión a la media", un concepto estadístico común pero frecuentemente pasado por alto en estudios de eventos extremos. Cuando se selecciona aleatoriamente un evento de una lista, tiende a ser promedio. Si esa selección resulta ser un ejemplo extremo de "1 en 100", la siguiente selección tiene una alta probabilidad de ser comparativamente normal. Cada selección regresa a la media.

El problema surge cuando las muestras son más aleatorias de lo que se presume. En este caso, la muestra es una medición del viento solar mientras se aproxima a la Tierra. Existe un alto nivel de incertidumbre en el tiempo y la magnitud de estos eventos, que el equipo argumenta no había sido adecuadamente considerado en análisis anteriores.

Según los investigadores, "este efecto es particularmente pronunciado para mediciones inciertas de valores extremos y es probable que se manifieste en varios campos, desde estudios de clima extremo hasta dolor crónico médico". Cuando se consideran estas incertidumbres, las medidas "verdaderas" del viento solar deberían ser menos extremas, sugiriendo que hay mucho espacio para que una tormenta solar verdaderamente poderosa sacuda el techo geomagnético de la Tierra.

El equipo de investigadores había combinado estudios observacionales sobre actividad geomagnética utilizando magnetómetros en los polos del planeta con medidas del viento solar entregadas por sondas distantes. A medida que los datos se acumulaban, la relación entre la fuerza de la tormenta solar y las mediciones polares comenzó a parecer más curva que lineal, como si hubiera un techo para la extensión de la actividad geomagnética.

Los científicos propusieron varias explicaciones posibles para esta aparente saturación. ¿Podrían las oscilaciones en las partículas cargadas imponer algún tipo de límite en el movimiento de partículas? ¿Quizás la tasa de reconexión entre líneas de campo disminuye bajo las condiciones correctas? ¿O tal vez la dinámica de la presión del plasma constriñe las corrientes?

Sin embargo, al volver a los datos mismos y corregir las incertidumbres, el equipo descubrió que la curva del gráfico podría explicarse mejor por un fenómeno estadístico. Esto significa que puede no haber un techo después de todo, al menos no uno establecido por ningún capricho hipotético en la mecánica del campo magnético terrestre.

Los investigadores concluyeron que "corregir las incertidumbres revela que la respuesta de la Tierra al viento solar es lineal en todo el rango, y que el impacto de las tormentas geomagnéticas extremas puede ser el doble de grande de lo que se pensaba anteriormente".

Este hallazgo tiene implicaciones significativas para la infraestructura moderna. El plasma que viaja a lo largo de campos magnéticos en las alturas puede inducir caos electromagnético, generando corrientes que amenazan todo, desde satélites hasta redes eléctricas. En la era de los circuitos, microchips y cableado interconectado globalmente, una tormenta solar extrema podría causar daños económicos y sociales sin precedentes.

El evento geomagnético más poderoso registrado ocurrió a principios de septiembre de 1859, conocido como el Evento de Carrington. Abrumó secciones de la tecnología incipiente de la época, provocando algunos incendios en varias estaciones de telégrafos. Si un evento similar ocurriera hoy, con una infraestructura eléctrica y de comunicaciones infinitamente más compleja y dependiente, las consecuencias serían catastróficas.

La investigación fue publicada en la revista Nature, con la fuente citada como NASA y verificada por Bronwyn Thompson.

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22 jul 2026
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Los investigadores argumentan que la creencia de que la actividad geomagnética de la Tierra tiene un "punto de saturación" se basa en una mala interpretación de los datos. Al corregir las incertidumbres en las mediciones del viento solar, el equipo encontró que la respuesta de la Tierra al viento solar es lineal en todo el rango, sin un techo que limite el daño potencial.

El fenómeno que los científicos identificaron se conoce como "regresión a la media", un concepto estadístico común pero frecuentemente pasado por alto en estudios de eventos extremos. Cuando se selecciona aleatoriamente un evento de una lista, tiende a ser promedio. Si esa selección resulta ser un ejemplo extremo de "1 en 100", la siguiente selección tiene una alta probabilidad de ser comparativamente normal. Cada selección regresa a la media.

El problema surge cuando las muestras son más aleatorias de lo que se presume. En este caso, la muestra es una medición del viento solar mientras se aproxima a la Tierra. Existe un alto nivel de incertidumbre en el tiempo y la magnitud de estos eventos, que el equipo argumenta no había sido adecuadamente considerado en análisis anteriores.

Según los investigadores, "este efecto es particularmente pronunciado para mediciones inciertas de valores extremos y es probable que se manifieste en varios campos, desde estudios de clima extremo hasta dolor crónico médico". Cuando se consideran estas incertidumbres, las medidas "verdaderas" del viento solar deberían ser menos extremas, sugiriendo que hay mucho espacio para que una tormenta solar verdaderamente poderosa sacuda el techo geomagnético de la Tierra.

El equipo de investigadores había combinado estudios observacionales sobre actividad geomagnética utilizando magnetómetros en los polos del planeta con medidas del viento solar entregadas por sondas distantes. A medida que los datos se acumulaban, la relación entre la fuerza de la tormenta solar y las mediciones polares comenzó a parecer más curva que lineal, como si hubiera un techo para la extensión de la actividad geomagnética.

Los científicos propusieron varias explicaciones posibles para esta aparente saturación. ¿Podrían las oscilaciones en las partículas cargadas imponer algún tipo de límite en el movimiento de partículas? ¿Quizás la tasa de reconexión entre líneas de campo disminuye bajo las condiciones correctas? ¿O tal vez la dinámica de la presión del plasma constriñe las corrientes?

Sin embargo, al volver a los datos mismos y corregir las incertidumbres, el equipo descubrió que la curva del gráfico podría explicarse mejor por un fenómeno estadístico. Esto significa que puede no haber un techo después de todo, al menos no uno establecido por ningún capricho hipotético en la mecánica del campo magnético terrestre.

Los investigadores concluyeron que "corregir las incertidumbres revela que la respuesta de la Tierra al viento solar es lineal en todo el rango, y que el impacto de las tormentas geomagnéticas extremas puede ser el doble de grande de lo que se pensaba anteriormente".

Este hallazgo tiene implicaciones significativas para la infraestructura moderna. El plasma que viaja a lo largo de campos magnéticos en las alturas puede inducir caos electromagnético, generando corrientes que amenazan todo, desde satélites hasta redes eléctricas. En la era de los circuitos, microchips y cableado interconectado globalmente, una tormenta solar extrema podría causar daños económicos y sociales sin precedentes.

El evento geomagnético más poderoso registrado ocurrió a principios de septiembre de 1859, conocido como el Evento de Carrington. Abrumó secciones de la tecnología incipiente de la época, provocando algunos incendios en varias estaciones de telégrafos. Si un evento similar ocurriera hoy, con una infraestructura eléctrica y de comunicaciones infinitamente más compleja y dependiente, las consecuencias serían catastróficas.

La investigación fue publicada en la revista Nature, con la fuente citada como NASA y verificada por Bronwyn Thompson.

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