Internacional

África supera a Asia como el continente con más personas que padecen hambre por primera vez

África se ha convertido por primera vez en el continente con mayor número absoluto de personas subalimentadas, con 309 millones de habitantes afectados frente a los 292 millones de Asia, según el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026 (SOFI) publicado este martes por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), Unicef y la Organización Mundial de la Salud (OMS). El cambio de epicentro geográfico del hambre responde al fuerte crecimiento demográfico africano, aunque la prevalencia porcentual del hambre en el continente descendió del 20,3% al 20% en 2025.

INTERNACIONAL21 JUL 2026

A nivel mundial, el número de personas subalimentadas cayó por tercer año consecutivo, situándose en una horquilla de entre 608 y 696 millones de personas, equivalente al 7,4% y 8,5% de la población mundial respectivamente, según el informe SOFI. Esta cifra representa una reducción de aproximadamente 14 millones de personas respecto a 2024, lo que constituye una mejora global en la lucha contra el hambre.

Sin embargo, esta tendencia positiva convive con señales de alarma significativas. Según las proyecciones del informe, entre 510 y 520 millones de personas seguirán padeciendo hambre en 2030, muy lejos del objetivo de erradicación del hambre para esa fecha establecido por la comunidad internacional. El 56% de estas personas vivirá en África, es decir, aproximadamente 285 millones de personas, según advierte Álvaro Lario, presidente del FIDA.

El cambio de epicentro geográfico del hambre responde a dinámicas demográficas específicas. Máximo Torero, economista jefe de la FAO, explica que aunque África ha mostrado una caída porcentual en la prevalencia del hambre, el continente ha terminado superando a Asia porque "su tasa de prevalencia ha bajado, pero el crecimiento poblacional de África, especialmente del África subsahariana, es mucho mayor". Esta tendencia continuará durante los próximos años, consolidando a África como el epicentro global del hambre.

Pese a estas perspectivas desalentadoras, las agencias internacionales identifican algunos cambios de tendencia positivos en el continente africano. Torero señala que varios países africanos están mejorando gracias a una combinación de protección social e inversiones en el sistema agroalimentario. "Es el caso de Tanzania, Senegal, Zambia y Etiopía parcialmente", afirma el economista jefe de la FAO.

La evolución de África contrasta significativamente con la de Asia y América Latina, las dos regiones que más han contribuido a la mejora mundial. Asia ha pasado de 372 millones de personas hambrientas en 2021 a 292 millones en 2025, una reducción de 80 millones de personas en cuatro años. Esta mejora ha sido impulsada principalmente por la India, según explica Torero. América Latina y el Caribe ha reducido la prevalencia del hambre del 6,1% en 2020 al 4,8% en 2025, aunque 32 millones de personas siguen padeciendo hambre en la región.

La reducción de la ayuda al desarrollo añade una incógnita importante sobre el futuro de la seguridad alimentaria global. Los datos de 2025 muestran que el hambre mundial disminuyó pese a una caída muy pronunciada de la asistencia oficial en algunas regiones y países. "Lo que sabemos es que [el hambre] se ha reducido a pesar de estos recortes", afirma Torero, quien admite que se desconoce qué habría pasado sin el desplome de esa financiación.

Álvaro Lario, presidente del FIDA, advierte sobre la necesidad de cautela a la hora de interpretar las cifras porque el informe retrata la situación de 2025, antes de que pudieran apreciarse plenamente algunas de las amenazas que hoy inquietan a las agencias internacionales. "Lo que no vemos todavía en estos datos son las consecuencias del conflicto de Oriente Próximo", señala en alusión a los efectos sobre los mercados energéticos y alimentarios del bloqueo del estrecho de Ormuz por la guerra de Estados Unidos contra Irán.

El bloqueo del estrecho de Ormuz representa una amenaza inmediata para la seguridad alimentaria global. Máximo Torero explica que el conflicto "afecta a los principales insumos que la agricultura requiere", como los fertilizantes. "Los países que son importadores netos de alimentos van a tener que pagar más, y eso no lo pueden hacer porque tienen problemas de deuda", advierte el economista jefe de la FAO. El impacto logístico es considerable: "Mover un grano de trigo desde el estrecho de Ormuz a Afganistán" puede pasar de un trayecto de 1.200 kilómetros a otro de 4.000, explica Torero. "Eso genera un costo" que se traduce en precios más altos para los alimentos.

Para evitar que la crisis se convierta en una nueva emergencia alimentaria, Torero reclama mantener abiertas las rutas comerciales y "evitar restricciones a la exportación" de fertilizantes y otros insumos agrícolas. También considera necesario reforzar la protección social y mejorar la logística ante el encarecimiento del petróleo y el bloqueo de algunas rutas comerciales.

El informe SOFI plantea, además, un desafío que va más allá de la reducción del hambre: garantizar que las personas puedan permitirse una dieta saludable. En 2025, 2.690 millones de personas, aproximadamente un tercio de la población mundial, no podían pagarla. El coste medio de una dieta saludable alcanzó los 4,28 dólares diarios en paridad de poder adquisitivo (PPA), una medida que permite comparar el poder de compra entre países, situándose por encima de la línea internacional de pobreza extrema, fijada en 3 dólares diarios.

La brecha de acceso a alimentos saludables es particularmente grave en África. En el continente, la proporción de población que no podía permitirse una dieta saludable alcanzaba el 66,6% en 2025. "Si los alimentos saludables son caros, las personas con menos poder adquisitivo acaban optando por productos ultraprocesados", explica Lario, lo que perpetúa ciclos de malnutrición y problemas de salud asociados.

Máximo Torero apuesta por una reorientación estructural del sistema alimentario global. "No solamente tenemos que enfocarnos en el precio, sino también en la estructura del sistema", explica el economista jefe de la FAO. Propone mejorar las infraestructuras y las cadenas de valor, especialmente las de frío, para reducir el coste de las frutas y otros alimentos nutritivos. También reclama reorientar las políticas públicas: "Hay que cambiar el apoyo que se da a los cereales, a través de subsidios, y enfocarlo en otros productos de alto valor", como las frutas y las verduras.

Álvaro Lario insiste en la cautela pero también en la necesidad de acelerar el ritmo de mejora. "Seguimos mejorando, pero la trayectoria no avanza al ritmo que nos gustaría", advierte el presidente del FIDA. Las agencias internacionales reconocen que, aunque los datos de 2025 muestran una reducción del hambre global, las amenazas actuales —incluyendo los conflictos geopolíticos, los recortes en ayuda al desarrollo y la crisis climática— podrían revertir estos avances en los próximos años si no se toman medidas decisivas.

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21 jul 2026
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A nivel mundial, el número de personas subalimentadas cayó por tercer año consecutivo, situándose en una horquilla de entre 608 y 696 millones de personas, equivalente al 7,4% y 8,5% de la población mundial respectivamente, según el informe SOFI. Esta cifra representa una reducción de aproximadamente 14 millones de personas respecto a 2024, lo que constituye una mejora global en la lucha contra el hambre.

Sin embargo, esta tendencia positiva convive con señales de alarma significativas. Según las proyecciones del informe, entre 510 y 520 millones de personas seguirán padeciendo hambre en 2030, muy lejos del objetivo de erradicación del hambre para esa fecha establecido por la comunidad internacional. El 56% de estas personas vivirá en África, es decir, aproximadamente 285 millones de personas, según advierte Álvaro Lario, presidente del FIDA.

El cambio de epicentro geográfico del hambre responde a dinámicas demográficas específicas. Máximo Torero, economista jefe de la FAO, explica que aunque África ha mostrado una caída porcentual en la prevalencia del hambre, el continente ha terminado superando a Asia porque "su tasa de prevalencia ha bajado, pero el crecimiento poblacional de África, especialmente del África subsahariana, es mucho mayor". Esta tendencia continuará durante los próximos años, consolidando a África como el epicentro global del hambre.

Pese a estas perspectivas desalentadoras, las agencias internacionales identifican algunos cambios de tendencia positivos en el continente africano. Torero señala que varios países africanos están mejorando gracias a una combinación de protección social e inversiones en el sistema agroalimentario. "Es el caso de Tanzania, Senegal, Zambia y Etiopía parcialmente", afirma el economista jefe de la FAO.

La evolución de África contrasta significativamente con la de Asia y América Latina, las dos regiones que más han contribuido a la mejora mundial. Asia ha pasado de 372 millones de personas hambrientas en 2021 a 292 millones en 2025, una reducción de 80 millones de personas en cuatro años. Esta mejora ha sido impulsada principalmente por la India, según explica Torero. América Latina y el Caribe ha reducido la prevalencia del hambre del 6,1% en 2020 al 4,8% en 2025, aunque 32 millones de personas siguen padeciendo hambre en la región.

La reducción de la ayuda al desarrollo añade una incógnita importante sobre el futuro de la seguridad alimentaria global. Los datos de 2025 muestran que el hambre mundial disminuyó pese a una caída muy pronunciada de la asistencia oficial en algunas regiones y países. "Lo que sabemos es que [el hambre] se ha reducido a pesar de estos recortes", afirma Torero, quien admite que se desconoce qué habría pasado sin el desplome de esa financiación.

Álvaro Lario, presidente del FIDA, advierte sobre la necesidad de cautela a la hora de interpretar las cifras porque el informe retrata la situación de 2025, antes de que pudieran apreciarse plenamente algunas de las amenazas que hoy inquietan a las agencias internacionales. "Lo que no vemos todavía en estos datos son las consecuencias del conflicto de Oriente Próximo", señala en alusión a los efectos sobre los mercados energéticos y alimentarios del bloqueo del estrecho de Ormuz por la guerra de Estados Unidos contra Irán.

El bloqueo del estrecho de Ormuz representa una amenaza inmediata para la seguridad alimentaria global. Máximo Torero explica que el conflicto "afecta a los principales insumos que la agricultura requiere", como los fertilizantes. "Los países que son importadores netos de alimentos van a tener que pagar más, y eso no lo pueden hacer porque tienen problemas de deuda", advierte el economista jefe de la FAO. El impacto logístico es considerable: "Mover un grano de trigo desde el estrecho de Ormuz a Afganistán" puede pasar de un trayecto de 1.200 kilómetros a otro de 4.000, explica Torero. "Eso genera un costo" que se traduce en precios más altos para los alimentos.

Para evitar que la crisis se convierta en una nueva emergencia alimentaria, Torero reclama mantener abiertas las rutas comerciales y "evitar restricciones a la exportación" de fertilizantes y otros insumos agrícolas. También considera necesario reforzar la protección social y mejorar la logística ante el encarecimiento del petróleo y el bloqueo de algunas rutas comerciales.

El informe SOFI plantea, además, un desafío que va más allá de la reducción del hambre: garantizar que las personas puedan permitirse una dieta saludable. En 2025, 2.690 millones de personas, aproximadamente un tercio de la población mundial, no podían pagarla. El coste medio de una dieta saludable alcanzó los 4,28 dólares diarios en paridad de poder adquisitivo (PPA), una medida que permite comparar el poder de compra entre países, situándose por encima de la línea internacional de pobreza extrema, fijada en 3 dólares diarios.

La brecha de acceso a alimentos saludables es particularmente grave en África. En el continente, la proporción de población que no podía permitirse una dieta saludable alcanzaba el 66,6% en 2025. "Si los alimentos saludables son caros, las personas con menos poder adquisitivo acaban optando por productos ultraprocesados", explica Lario, lo que perpetúa ciclos de malnutrición y problemas de salud asociados.

Máximo Torero apuesta por una reorientación estructural del sistema alimentario global. "No solamente tenemos que enfocarnos en el precio, sino también en la estructura del sistema", explica el economista jefe de la FAO. Propone mejorar las infraestructuras y las cadenas de valor, especialmente las de frío, para reducir el coste de las frutas y otros alimentos nutritivos. También reclama reorientar las políticas públicas: "Hay que cambiar el apoyo que se da a los cereales, a través de subsidios, y enfocarlo en otros productos de alto valor", como las frutas y las verduras.

Álvaro Lario insiste en la cautela pero también en la necesidad de acelerar el ritmo de mejora. "Seguimos mejorando, pero la trayectoria no avanza al ritmo que nos gustaría", advierte el presidente del FIDA. Las agencias internacionales reconocen que, aunque los datos de 2025 muestran una reducción del hambre global, las amenazas actuales —incluyendo los conflictos geopolíticos, los recortes en ayuda al desarrollo y la crisis climática— podrían revertir estos avances en los próximos años si no se toman medidas decisivas.

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