La tensión en el Estrecho de Ormuz ha alcanzado niveles críticos tras el escalamiento del conflicto entre Washington y Teherán. Aunque el presidente Donald Trump ha asegurado reiteradamente que Irán carece de marina de guerra y que el estrecho permanece abierto al paso, la realidad sobre el terreno contradice estas afirmaciones. Según la fuente, el tráfico de buques ha experimentado un desplome significativo en medio de nuevos ataques iraníes contra barcos comerciales.
El Estrecho de Ormuz representa un punto de estrangulamiento geopolítico de primer orden: controla aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo. Su importancia estratégica lo convierte en uno de los corredores marítimos más críticos del planeta, lo que explica por qué su bloqueo o restricción tiene implicaciones económicas globales inmediatas.
La situación militar en la región se ha deteriorado rápidamente. Según reportes preliminares, fuerzas estadounidenses e iraníes continuaron intercambiando ataques durante el fin de semana, mientras que la diplomacia ha llegado prácticamente a un punto muerto. Expertos militares han evaluado que intentar abrir por la fuerza un paso tan estrecho y vulnerable en medio de una guerra constituiría una tarea mortal y prácticamente imposible, comparándola con el mito de Sísifo.
Ante este panorama, la Fundación Bourse & Bazaar, un centro de análisis con sede en Londres especializado en desarrollo y diplomacia en Oriente Medio, ha propuesto un modelo alternativo basado en un tratado histórico poco conocido. El acuerdo que inspiró la propuesta es el que una vez reguló la producción colectiva de carbón y acero en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.
La propuesta central es transformar el Golfo Pérsico en un territorio compartido, una especie de bien común regional. Bajo este modelo, los ocho estados que bordean el golfo administrarían conjuntamente el estrecho y cobrarían una tarifa nominal exclusivamente a los petroleros para financiar tareas de mantenimiento de las aguas, seguridad marítima y protección ambiental. Según los analistas, este enfoque podría encuadrarse dentro del derecho internacional, satisfacer la demanda iraní de mayor control sobre la región y proporcionar a todos los estados ribereños un incentivo compartido para mantener la paz.
Esfandyar Batmanghelidj, fundador y director ejecutivo de la Fundación Bourse & Bazaar, explicó la lógica detrás de la propuesta en una entrevista telefónica. "Si no podemos imaginar un mundo donde estos países administren una tarifa nominal para realizar trabajo de seguridad marítima y protección ambiental, entonces eso es una especie de indicador de si habrá algún camino hacia una paz regional más duradera", señaló Batmanghelidj.
El analista enfatizó que la cooperación en cuestiones básicas como esta es un requisito previo para avances mayores. "Hasta que logremos hacer bien este tipo de cooperación más fundamental, no vamos a poder avanzar en las cosas más grandes", agregó.
La propuesta representa un intento de encontrar una solución que equilibre los intereses de múltiples actores. Para Irán, ofrece una forma de ejercer control sobre un estrecho que considera parte de sus aguas territoriales. Para Estados Unidos y sus aliados, proporciona un mecanismo que mantendría el estrecho abierto al comercio internacional. Para los demás estados del golfo, crea un marco de cooperación que los incluye en la gobernanza de una vía marítima crucial para sus economías.
Sin embargo, la viabilidad de esta propuesta depende de que ambas partes estén dispuestas a abandonar sus posiciones actuales y buscar un compromiso. Actualmente, con la diplomacia paralizada y los enfrentamientos militares en curso, las perspectivas de negociación parecen remotas. La propuesta permanece como una alternativa teórica mientras el conflicto continúa escalando en el terreno.

