Argentina sufre cortes de gas en invierno pese a poseer reservas para dos siglos
Negocios

Argentina sufre cortes de gas en invierno pese a poseer reservas para dos siglos

Argentina enfrenta una paradoja energética sin precedentes: posee en el yacimiento de Vaca Muerta una de las mayores reservas de gas esquisto del mundo, con recursos equivalentes a aproximadamente 200 años de consumo interno, y alcanza su máximo histórico de extracción con 140 millones de metros cúbicos producidos diariamente, pero aun así sufre cortes de gas cada invierno que paralizan cientos de industrias. La causa no es la falta de materia prima, sino la insuficiente infraestructura de distribución en un territorio 5,5 veces mayor que España.

NEGOCIOS13 JUL 2026

En la última semana, cuando una ola polar descendió abruptamente las temperaturas en Argentina, más de 500 industrias del país se vieron afectadas por interrupciones en el suministro de gas, según distintas cámaras sectoriales. Las plantas más perjudicadas se ubican en las provincias del norte, más alejadas geográficamente del punto de extracción en la Patagonia.

El problema central es la falta de infraestructura para la distribución del gas. El primer tramo del gasoducto Néstor Kirchner, que comprende alrededor de 573 kilómetros y une Vaca Muerta con la zona centro del país, se inauguró en 2023. Sin embargo, está pendiente un proceso de "potenciación" que permitiría aumentar su capacidad de transporte. Según Juan José Carbajales, quien fue subsecretario de Hidrocarburos durante parte del gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) y es director del Instituto de Gas y Petróleo de la Universidad de Buenos Aires, el Gobierno de Javier Milei demoró 16 meses en aprobar esta potenciación. "Podría haber estado para este invierno, pero estará para el próximo", precisó Carbajales.

Argentina carece de plantas de licuefacción de gas, proceso necesario para reducir su volumen transformándolo en GNL (gas natural licuado) y luego regasificarlo al momento del uso. Aunque está en marcha un proyecto liderado por la petrolera estatal YPF para desarrollar buques de licuefacción flotantes frente a la costa de Río Negro, en la Patagonia argentina, con el objetivo final de exportar gas licuado al mundo, esta infraestructura aún no está operativa.

Tampoco existen en Argentina tanques de almacenamiento subterráneo de gas, como tienen muchos países europeos. Según Julián Rojo, economista especialista en energía e investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP UBA-Conicet), la razón es que la inversión requerida es demasiado grande y serviría para resolver un problema que existe solo unos pocos días al año. La mayor parte del tiempo Argentina no tiene problemas con el suministro de gas e incluso le sobra para abastecer su demanda interna, exportando el excedente a Chile, Uruguay y Brasil.

El sistema de prioridades en el suministro de gas explica los cortes. Los hogares y pequeños comercios tienen prioridad absoluta, ya que el gas es su fuente principal de calefacción. El 55% de los hogares argentinos tienen conexión a una red de gas y el resto utiliza garrafas, ambos casos con subsidios que reducen el precio durante el invierno, momento en el que se triplica la demanda residencial. Las industrias, por su parte, firman "contratos interrumpibles" de suministro de gas que ya tienen incorporado en su precio la posibilidad de que el servicio sea cortado si es necesario.

"Este contexto en que los hogares tienen gas irrestricto y relativamente barato potencia el consumo en invierno; no se tiende a cuidarlo", señaló Carbajales. De todos modos, las tarifas de los servicios públicos pesan cada vez más dentro de la canasta de las familias desde el inicio del Gobierno de Milei, que ha reducido los subsidios e impulsa ahora un proyecto en el Congreso para reducir las "zonas frías" del país que tienen una mayor compensación en sus boletas por sus condiciones climáticas.

En los picos de demanda de invierno, Argentina importa gas que llega por gasoductos desde Bolivia y también barcos cargados de GNL, que se regasifican en un buque en la terminal del puerto de Escobar y desde allí se distribuyen. El Gobierno de Milei intentó este año modificar el sistema al quitar de en medio a las entidades estatales que se encargan de la compra y distribución interna, con la intención de que cada industria que necesitara gas lo pidiera y pagara de antemano vía licitaciones. Muchas empresas, sin embargo, decidieron no hacerlo porque el precio les resultó muy caro: más de 20 dólares por millón de BTU (la unidad de referencia con la que se comercializa el gas), cuando suelen pagarlo alrededor de tres dólares en el mercado interno.

"Las industrias que no compran en esas licitaciones y esperan tienen tres opciones: cerrar y no producir; producir pero con otro combustible que puede ser incluso más caro, como el gasoil, o mucho más contaminante, como el carbón, o comprarle a un revendedor", apuntó Carbajales. El especialista señaló además que el contexto dio lugar a nuevas distorsiones en el mercado. La empresa multinacional Trafigura, que en Argentina opera la red de estaciones Puma Energy, compró gas por demás y lo revende ahora en sus propios términos, "conformando un monopolio de hecho", según el análisis de Carbajales. El contexto de la guerra en Medio Oriente, que presiona sobre el precio de los combustibles, agrega una complejidad extra a la previsión y la gestión de este insumo.

Julio Fazio, presidente de Cerámica Salteña y vicepresidente de la Unión Industrial de Salta (UIS), cuestionó la situación: "Es una gran paradoja lo que está pasando. Estamos hablando de récord de producción de hidrocarburos en Argentina, de superávit energético después de muchos años y, en ese país de tantas buenas noticias en materia energética, tenemos más de 600 fábricas paradas desde Córdoba para arriba porque no hay capacidad de transporte". Agregó: "Tenemos que pensar cómo hacer que esa energía sea un medio para que la industria nacional esté produciendo y sea competitiva con el mundo".

La suba de los costos de la energía representa un frente adicional con el que deben batallar los empresarios de la industria, uno de los sectores más afectados por el modelo económico que impulsa el gobierno libertario y que posiciona como gran ganador, justamente, al sector energético.

SIGUE LEYENDO
MÁS DE NEGOCIOS
ColGlobal
Argentina sufre cortes de gas en invierno pese a poseer reservas para dos siglos
Negocios

Argentina sufre cortes de gas en invierno pese a poseer reservas para dos siglos

Argentina enfrenta una paradoja energética sin precedentes: posee en el yacimiento de Vaca Muerta una de las mayores reservas de gas esquisto del mundo, con recursos equivalentes a aproximadamente 200 años de consumo interno, y alcanza su máximo histórico de extracción con 140 millones de metros cúbicos producidos diariamente, pero aun así sufre cortes de gas cada invierno que paralizan cientos de industrias. La causa no es la falta de materia prima, sino la insuficiente infraestructura de distribución en un territorio 5,5 veces mayor que España.

13 jul 2026
Tamaño de texto

En la última semana, cuando una ola polar descendió abruptamente las temperaturas en Argentina, más de 500 industrias del país se vieron afectadas por interrupciones en el suministro de gas, según distintas cámaras sectoriales. Las plantas más perjudicadas se ubican en las provincias del norte, más alejadas geográficamente del punto de extracción en la Patagonia.

El problema central es la falta de infraestructura para la distribución del gas. El primer tramo del gasoducto Néstor Kirchner, que comprende alrededor de 573 kilómetros y une Vaca Muerta con la zona centro del país, se inauguró en 2023. Sin embargo, está pendiente un proceso de "potenciación" que permitiría aumentar su capacidad de transporte. Según Juan José Carbajales, quien fue subsecretario de Hidrocarburos durante parte del gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) y es director del Instituto de Gas y Petróleo de la Universidad de Buenos Aires, el Gobierno de Javier Milei demoró 16 meses en aprobar esta potenciación. "Podría haber estado para este invierno, pero estará para el próximo", precisó Carbajales.

Argentina carece de plantas de licuefacción de gas, proceso necesario para reducir su volumen transformándolo en GNL (gas natural licuado) y luego regasificarlo al momento del uso. Aunque está en marcha un proyecto liderado por la petrolera estatal YPF para desarrollar buques de licuefacción flotantes frente a la costa de Río Negro, en la Patagonia argentina, con el objetivo final de exportar gas licuado al mundo, esta infraestructura aún no está operativa.

Tampoco existen en Argentina tanques de almacenamiento subterráneo de gas, como tienen muchos países europeos. Según Julián Rojo, economista especialista en energía e investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP UBA-Conicet), la razón es que la inversión requerida es demasiado grande y serviría para resolver un problema que existe solo unos pocos días al año. La mayor parte del tiempo Argentina no tiene problemas con el suministro de gas e incluso le sobra para abastecer su demanda interna, exportando el excedente a Chile, Uruguay y Brasil.

El sistema de prioridades en el suministro de gas explica los cortes. Los hogares y pequeños comercios tienen prioridad absoluta, ya que el gas es su fuente principal de calefacción. El 55% de los hogares argentinos tienen conexión a una red de gas y el resto utiliza garrafas, ambos casos con subsidios que reducen el precio durante el invierno, momento en el que se triplica la demanda residencial. Las industrias, por su parte, firman "contratos interrumpibles" de suministro de gas que ya tienen incorporado en su precio la posibilidad de que el servicio sea cortado si es necesario.

"Este contexto en que los hogares tienen gas irrestricto y relativamente barato potencia el consumo en invierno; no se tiende a cuidarlo", señaló Carbajales. De todos modos, las tarifas de los servicios públicos pesan cada vez más dentro de la canasta de las familias desde el inicio del Gobierno de Milei, que ha reducido los subsidios e impulsa ahora un proyecto en el Congreso para reducir las "zonas frías" del país que tienen una mayor compensación en sus boletas por sus condiciones climáticas.

En los picos de demanda de invierno, Argentina importa gas que llega por gasoductos desde Bolivia y también barcos cargados de GNL, que se regasifican en un buque en la terminal del puerto de Escobar y desde allí se distribuyen. El Gobierno de Milei intentó este año modificar el sistema al quitar de en medio a las entidades estatales que se encargan de la compra y distribución interna, con la intención de que cada industria que necesitara gas lo pidiera y pagara de antemano vía licitaciones. Muchas empresas, sin embargo, decidieron no hacerlo porque el precio les resultó muy caro: más de 20 dólares por millón de BTU (la unidad de referencia con la que se comercializa el gas), cuando suelen pagarlo alrededor de tres dólares en el mercado interno.

"Las industrias que no compran en esas licitaciones y esperan tienen tres opciones: cerrar y no producir; producir pero con otro combustible que puede ser incluso más caro, como el gasoil, o mucho más contaminante, como el carbón, o comprarle a un revendedor", apuntó Carbajales. El especialista señaló además que el contexto dio lugar a nuevas distorsiones en el mercado. La empresa multinacional Trafigura, que en Argentina opera la red de estaciones Puma Energy, compró gas por demás y lo revende ahora en sus propios términos, "conformando un monopolio de hecho", según el análisis de Carbajales. El contexto de la guerra en Medio Oriente, que presiona sobre el precio de los combustibles, agrega una complejidad extra a la previsión y la gestión de este insumo.

Julio Fazio, presidente de Cerámica Salteña y vicepresidente de la Unión Industrial de Salta (UIS), cuestionó la situación: "Es una gran paradoja lo que está pasando. Estamos hablando de récord de producción de hidrocarburos en Argentina, de superávit energético después de muchos años y, en ese país de tantas buenas noticias en materia energética, tenemos más de 600 fábricas paradas desde Córdoba para arriba porque no hay capacidad de transporte". Agregó: "Tenemos que pensar cómo hacer que esa energía sea un medio para que la industria nacional esté produciendo y sea competitiva con el mundo".

La suba de los costos de la energía representa un frente adicional con el que deben batallar los empresarios de la industria, uno de los sectores más afectados por el modelo económico que impulsa el gobierno libertario y que posiciona como gran ganador, justamente, al sector energético.

FUENTES
SIGUE LEYENDO