Japón se arriesga a un colapso económico tipo Liz Truss con un plan de gasto de 370 billones de yenes
La primera ministra japonesa Sanae Takaichi ha desatado alarma en los mercados financieros internacionales al anunciar un ambicioso plan de inversión de 370 billones de yenes (1,7 billones de libras esterlinas) en 17 sectores industriales hasta 2040, sin especificar cómo financiará el gasto. Los inversores temen que el plan, presentado en junio, replique el desastre económico que enfrentó la exprimer ministra británica Liz Truss en 2022, cuando sus recortes fiscales no financiados provocaron una crisis de confianza en los mercados y su caída en 49 días.
La magnitud del plan de gasto de Takaichi ha generado pánico en los mercados financieros. Según reportes de The Guardian, muchos miembros del propio partido conservador de Takaichi temen que el gobierno esté a punto de provocar un colapso económico en Japón. Los inversores internacionales están atónitos ante las propuestas de un gobierno japonés históricamente cauteloso de reescribir las reglas presupuestarias previas y embarcarse en lo que describen como una "compra desenfrenada sin financiamiento".
El contexto histórico explica la frustración de Takaichi. Japón ha estado atrapado en un ciclo de estancamiento económico desde la década de 1990. La crisis financiera de 1991 fue devastadora: la burbuja inmobiliaria japonesa estalló espectacularmente después de que Tokio se convirtiera en el lugar más caro del mundo para vivir durante el auge exportador del país. En cuestión de meses, los bancos que habían financiado gran parte de la especulación quebraron. Una segunda crisis a finales de los años noventa llevó al colapso de algunas de las instituciones financieras más grandes de Tokio, incapaces de soportar el peso de las deudas incobrables acumuladas.
Las consecuencias fiscales han sido catastróficas. A finales de los años ochenta, la deuda del gobierno japonés equivalía a aproximadamente el 60% del producto interno bruto (PIB). Después de los rescates del sector financiero en los años noventa, esa proporción se disparó al 130% a finales de esa década. Desde la crisis financiera global de 2008, la economía ha estado estancada. El gobierno ha gastado regularmente un 10% más de lo que recibe en ingresos fiscales, principalmente para hacer frente a una población que envejece rápidamente. Para 2020, la relación deuda-PIB había alcanzado el 260%, un nivel sin precedentes. Aunque presupuestos más ajustados y un modesto crecimiento económico la redujeron por debajo del 230% en 2025, sigue siendo una de las más altas del mundo desarrollado.
Takaichi ha argumentado que su plan de inversión, denominado "Honebuto no Hoshin" (literalmente "política de huesos grandes"), elevará la capacidad productiva de la economía, mantendrá a Japón a la vanguardia de la revolución de la inteligencia artificial y liberará la economía de su creciente dependencia del comercio con China. El plan apunta a sectores como inteligencia artificial, semiconductores, biotecnología, defensa, energía y construcción naval, con el objetivo de lograr una tasa de crecimiento del 1% "lo antes posible". El documento enfatiza la "inteligencia artificial física" que combina la IA con la fortaleza de Japón en la fabricación de hardware para "acelerar la transformación de la IA en todos los sectores".
Sin embargo, los economistas son escépticos. Según el Centro Japonés de Investigación Económica, los pronósticos típicos apuntan a un crecimiento del 0,93% en 2027 y del 0,85% en 2028, por debajo del objetivo del 1%. Esto sugiere que incluso con una inversión masiva, Japón podría no alcanzar sus metas de crecimiento.
Los mercados han reaccionado con pánico. El mercado de valores ha experimentado una sucesión de caídas desde que las propuestas se desvelaron en junio. Muchos inversores vendieron acciones casi tan pronto como el gobierno llegó al poder, golpeando las acciones de las mayores empresas del país, entre ellas Sony y Toyota Motor Corporation. Sony enfrenta una intensa competencia de rivales en Corea del Sur y China, mientras que Toyota se ha resistido a los automóviles completamente eléctricos y ahora corre el riesgo de ser aplastada por una floreciente y altamente subsidiada industria automovilística china.
Los prestamistas nacionales e internacionales han elevado la tasa de interés de los bonos del gobierno japonés (JGB) al 2,8% en los últimos meses, el nivel más alto en 29 años. Esta es una señal clara de que los mercados están perdiendo confianza en la capacidad de Japón para servir su deuda.
El debilitamiento del apoyo internacional a las perspectivas económicas de Japón también ha afectado el valor del yen. Más recientemente, la audacia de Takaichi, que como la de Truss a menudo se caracteriza como temeridad, ha actuado como un peso pesado en la moneda, empujándola a 163 por dólar estadounidense, un mínimo de cuatro décadas. Gran parte de la culpa de las facturas de deuda más altas está conectada con la inflación creciente, que ha subido a medida que el yen ha caído, en gran parte porque una tasa de moneda baja aumenta el precio de las importaciones de energía y materias primas.
Aunque la inflación básica de Japón se ha mantenido por debajo del objetivo del 2% del Banco de Japón durante los últimos cuatro meses, los analistas predicen un salto en el último trimestre al rango medio del 2% debido a los precios del petróleo más altos tras la guerra de Irán.
El problema fundamental, según los analistas, es la falta de claridad sobre cómo se financiará el gasto. Kelvin Lam, especialista en Asia de la consultora Pantheon Macroeconomics, ha señalado que lo que realmente temen los mercados financieros es la ausencia de detalles sobre de dónde vendrá el dinero de inversión fresco. "Mientras no digas cómo vas a financiar tu gasto, estás en camino a un momento tipo Liz Truss", dijo Lam, refiriéndose a la respuesta del mercado a los planes de recortes fiscales no financiados de 45 mil millones de libras esterlinas de la exprimer ministra británica en septiembre de 2022. "Los mercados ya estaban preocupados por la salud fiscal a largo plazo de Japón y este plan no ha ayudado".
El paralelo con Truss es inquietante. Así como Truss se encontró en una situación irrecuperable después de enfrentarse tanto al Banco de Inglaterra como a la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria, Takaichi ha generado preocupación similar al intentar reescribir las reglas de cálculo de la deuda del gobierno y presionar al Banco de Japón para que camine al unísono con el ministerio de finanzas. Un borrador inicial del plan incluía forzar al Banco de Japón a alinearse con la política fiscal, pero la versión final acordada por el gabinete se comprometió a mantener la independencia del banco central, aunque solo como una nota al pie. El documento final afirma: "Para lograr una economía fuerte, es muy importante que la política monetaria se conduzca apropiadamente para ver aumentos de precios estables".
El daño a la confianza ya está hecho. Takaichi es consciente de que su proyecto está lleno de peligros ahora que los mercados financieros han expresado su escepticismo. Muchos se preguntan si un énfasis en la manufactura tendrá éxito cuando China busca producir bienes más sofisticados, entrando en territorio previamente dominado por Japón, Alemania y Estados Unidos.
La pregunta fundamental es si Tokio tiene los recursos para competir contra Pekín y tallar un nicho lo suficientemente grande para financiarse a sí mismo en los años treinta. Las exportaciones subieron un 20% año tras año en junio, pero después de tener en cuenta la depreciación del yen, el valor del aumento fue casi cero. Depreciar la moneda cada año para impulsar el comercio no es una política sostenible.
Takaichi llegó al poder después de que su coalición conservadora aseguró la victoria el otoño pasado con una mayoría ajustada que recibió un impulso masivo después de que llamara a elecciones anticipadas en febrero, dándole una mayoría de dos tercios en la cámara baja. Sin embargo, su popularidad ha caído significativamente. Takaichi dijo en una publicación reciente en X que pasa todo el día y la mayor parte de la noche trazando la recuperación de Japón, lo que muchos ven como un intento de revertir la caída de 10 puntos en las calificaciones de aprobación del mes pasado.
En el trasfondo, gobiernos sucesivos han buscado disimular las dificultades del país. Desde 2022, el ministerio de finanzas ha gastado aproximadamente 160 mil millones de libras esterlinas en esfuerzos por limitar el declive del yen. También ha ejercido presión sobre el banco central para mantener las tasas de interés bajas en medio de un impulso global para aumentarlas y combatir la inflación después de la invasión rusa de Ucrania. El Banco de Japón ha elevado su tasa de política a un máximo de 31 años del 1%, pero eso sigue siendo bajo en relación con sus pares.
Después de la pandemia de COVID-19, todos los bancos centrales financiaron el gasto del gobierno comprando deuda del gobierno. Mientras que la mayoría ha buscado revertir la situación en años recientes, se está alentando al Banco de Japón a ir más lejos. Los fondos de pensiones japoneses también están sintiendo presión del ministerio de finanzas, que espera que compren bonos del gobierno por un sentido de deber patriótico.
El riesgo es que Japón replique el desastre de Truss. En septiembre de 2022, cuando Truss anunció recortes fiscales no financiados de 45 mil millones de libras esterlinas, los mercados reaccionaron con pánico. El valor de la libra se desplomó, los rendimientos de los bonos se dispararon y la confianza en la economía británica se evaporó. Truss fue derrocada en 49 días, la primer ministra con el mandato más corto en la historia británica. Si los mercados pierden la confianza en la capacidad de Japón para financiar su plan de gasto, podrían ocurrir consecuencias similares: una caída en el valor del yen, un aumento en los costos de endeudamiento y una posible crisis de confianza que podría desestabilizar no solo a Japón sino también a los mercados financieros globales.


