Bloqueo del Estrecho de Ormuz deja 30 millones de personas en riesgo de pobreza mientras petroleras occidentales obtienen ganancias récord
El bloqueo del Estrecho de Ormuz, punto de paso de una quinta parte del petróleo y gas mundial, ha generado ganadores y perdedores desiguales tras meses de tensión por la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Mientras las compañías petroleras occidentales obtuvieron beneficios extraordinarios por precios elevados, hasta 30 millones de personas podrían caer en la pobreza por el impacto en fertilizantes y combustibles, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.
El Estrecho de Ormuz, paso estratégico por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo y el gas del mundo, ha sido el epicentro de una crisis que ha reconfigurado el mercado energético global durante meses, según reporta El País. El bloqueo del estrecho, resultado de la guerra de Estados Unidos y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu contra Irán, ha dejado consecuencias económicas profundamente desiguales entre regiones y sectores.
Aunque el tráfico marítimo comienza a recuperarse y los precios del petróleo han descendido, la factura de la crisis no se distribuye de manera equitativa, según el análisis de los periodistas Ignacio Fariza y Patricia R. Blanco publicado en el medio español.
Las grandes ganadoras de la crisis han sido las compañías petroleras occidentales, que aprovecharon la coyuntura para vender su producción a precios significativamente más altos, según El País. Estas empresas también obtuvieron mayores ingresos por la transformación del petróleo en productos refinados, particularmente diésel y queroseno, los carburantes que más escasearon durante el bloqueo y que, por tanto, experimentaron los mayores incrementos de precio.
Los países petroleros ubicados fuera de la región del Golfo Pérsico también se beneficiaron de la situación, cobrando más por sus exportaciones. En algunos casos específicos, estos países lograron aumentar su producción para llenar el vacío dejado por el bloqueo del estrecho, según la fuente.
Sin embargo, el Sur Global ha emergido como el gran perdedor de esta crisis. Alrededor del 30 por ciento del comercio mundial de fertilizantes pasa por el Estrecho de Ormuz, según datos citados por El País. Esta interrupción en la cadena de suministro de fertilizantes tiene implicaciones directas para la seguridad alimentaria y la agricultura en países en desarrollo.
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha advertido que el impacto de la guerra contra Irán, y especialmente el cierre del estrecho, podría empujar a hasta 30 millones de personas a la pobreza, según reporta El País. Esta cifra refleja el efecto combinado del aumento en los precios de combustibles, fertilizantes y, consecuentemente, alimentos en economías vulnerables.
El Estrecho de Ormuz, ubicado entre Irán y la península arábiga, conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el Mar Arábigo. Su importancia estratégica radica en que es la principal vía de exportación para el petróleo producido en Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y otros productores de la región.
La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha mantenido la región en tensión durante meses, con el bloqueo del estrecho como una de sus consecuencias más graves para la economía global. Aunque la incertidumbre en la zona continúa, según El País, la recuperación gradual del tráfico marítimo sugiere una posible normalización de las operaciones.
El descenso en los precios del petróleo, tras alcanzar niveles elevados durante el pico de la crisis, indica que los mercados están comenzando a ajustarse a la nueva realidad. Sin embargo, los efectos secundarios del bloqueo, particularmente en términos de seguridad alimentaria y pobreza en países en desarrollo, podrían persistir durante un período prolongado.
La disparidad en el impacto de la crisis subraya las vulnerabilidades estructurales del sistema económico global, donde las disrupciones en puntos estratégicos como el Estrecho de Ormuz afectan de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables, mientras que actores corporativos en economías desarrolladas pueden capitalizar la volatilidad del mercado.
La situación plantea interrogantes sobre la resiliencia de las cadenas de suministro globales y la necesidad de mecanismos de protección para países que dependen críticamente de importaciones de fertilizantes y combustibles. La advertencia del PNUD sobre 30 millones de personas en riesgo de caer en la pobreza representa un recordatorio de las consecuencias humanitarias de los conflictos geopolíticos y las disrupciones comerciales en puntos estratégicos del comercio mundial.




