Internacional

Bloqueos en Bolivia reabren fractura racial con pintadas que incitan al odio contra indígenas

Más de un mes de cortes de carreteras encabezados por campesinos indígenas que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz ha desatado expresiones de racismo en La Paz, donde pintadas en barrios ricos llaman a "matar un indio" mientras la escasez de gasolina y alimentos dispara los precios. La crisis evidencia una división racial, económica y geográfica que atraviesa Bolivia desde su fundación en 1825 y que se agudizó tras casi dos décadas de gobiernos del Movimiento al Socialismo.

INTERNACIONAL5 JUN 2026

Bolivia enfrenta una nueva crisis de convivencia racial tras más de un mes de bloqueos de carreteras que mantienen sitiada La Paz, según reporta El País. Los cortes, encabezados por campesinos indígenas que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz, han provocado escasez de gasolina y alimentos, con precios desorbitados para los productos disponibles, generando una ola de racismo explícito en la capital boliviana.

"Haga patria, mate un indio", se lee en una pintada aparecida en un barrio rico de La Paz, según el medio español. En redes sociales circulan publicaciones como "Estos campesinos vienen a joder mi ciudad", mientras el odio fluye en ambas direcciones: cuando los manifestantes ven acercarse a personas de tez más clara a sus reuniones, les gritan "¡fuera, no queremos q'aras!", término aimara para referirse a los blancos.

**División geográfica y económica**

La fractura no es solo racial, sino también económica y geográfica, según el análisis del medio. En La Paz, los indígenas constituyen la mayoría en las laderas más altas de la ciudad, a casi 4.000 metros de altura, donde habitan en un enjambre de pequeñas casas de ladrillo y la falta de oxígeno se siente a cada paso. En contraste, la zona sur, ubicada 500 metros más abajo, alberga barrios residenciales con casas lujosas habitadas mayoritariamente por paceños de piel blanca.

El ascenso económico de aimaras, quechuas y pequeños agricultores durante la primera década de este siglo, cuando por primera vez en 200 años accedieron a puestos de poder, reconfiguró las clases sociales y generó tensión, según el reportaje. Este proceso ocurrió durante los casi 20 años de gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS), entre 2006 y 2025, encabezados hasta 2019 por Evo Morales, el primer presidente indígena del país.

**Resentimiento de las élites**

Carlos Macusaya, miembro del colectivo indianista Jichha y autor del libro "En Bolivia no hay racismo, indios de mierda" (2022), destaca que "en Bolivia es normal que la gente no indígena dirija el país, pero la idea inversa causa repulsión", según declaraciones recogidas por El País.

El rechazo a los gobiernos del MAS entre las élites y parte de las clases medias se transformó en resentimiento al ver que los indígenas ganaban espacios que siempre habían creído propios, explica el medio. Ahora, tras haber recuperado el poder, la rabia dirigida hacia quienes se movilizan contra Paz se mezcla con un deseo de disciplinamiento. "Que saque ya al Ejército [para poner fin a los bloqueos]", se escucha estos días tanto en boca de políticos conservadores como en conductores de televisión y en conversaciones callejeras, según el reportaje.

Macusaya sostiene que "a diferencia de los indígenas peruanos, el indio boliviano se piensa como quien legítimamente encarna la nación y no ha reducido sus problemas a pedidos locales, como agua o luz, sino que exige mecanismos para participar políticamente". En su opinión, detrás de las exigencias de renuncia al presidente están "los que están viendo coartadas sus posibilidades de ejercer control político y direccionar el país".

**Traición percibida**

Los manifestantes indígenas se sienten traicionados por Paz, a quien muchos votaron, según el análisis. Señalan que no se les consultó sobre los decretos supremos de ajuste económico para revertir la recesión; que conformó su gabinete con políticos de la etapa neoliberal (1982-2005) y empresarios agroindustriales; y que implementó una reforma agraria sin consenso. Es un guión que conocen bien y no están dispuestos a aceptar que se repita, indica el medio.

"Desde la fundación, en 1825, nos han gobernado los blancos, el inquilino, haciéndonos creer que por ser blancos eran más inteligentes, que nosotros no sabemos gobernar por ser indios, que no tenemos alma", dijo el artesano Mauro Castillo sobre un puente de El Alto, la segunda ciudad más poblada del país, de mayoría indígena. "Si al menos nos hubieran gobernado honestamente, pero mira cómo está el país ahora", continuó Castillo, quien dice haber trabajado "de todo": en la construcción, como costurero o chofer.

**Raíces históricas del racismo**

La tensión racial es tan antigua como Bolivia y se remonta a los ideales con los que se decidió que la nación iniciara su vida soberana, explica Juan Pablo Vargas, profesor y miembro de la fundación Zera, proyecto educativo destinado a zonas desfavorecidas. "Cuando Bolivia se funda, no la funda el país entero, sino criollos, descendientes de españoles que son menos del 10% de la población. La identidad que unifica al país no es 'somos bolivianos', es 'no somos indios'", apunta Vargas.

El profesor cuenta que su bisabuela fue quien inició en la familia la migración del campo a la ciudad, donde cortó con sus hijas cualquier vínculo con lo nativo para que no atravesaran los mismos prejuicios que ella: les quitó las polleras, les prohibió hablar aimara y las costumbres se fueron diluyendo con las generaciones, según su testimonio.

Hasta la llegada del MAS en 2006, en la vida republicana de Bolivia existió una sola parlamentaria indígena, Remedios Loza, y Víctor Hugo Cárdenas fue el único indígena aimara que formó parte de un Ejecutivo, según el reportaje. El periodo neoliberal profundizó las desigualdades en el campo y las zonas periféricas, unificando al sector popular, que empezó a exigir participación en la vida pública.

**Liderazgos transformadores**

El sociólogo Álvaro García Linera, quien fue vicepresidente durante el gobierno de Morales, explica que "en medio de esa efervescencia surgen dos liderazgos que convierten la predisposición social en hecho político: Felipe Quispe y Morales. Felipe produce la gran ruptura cognitiva de la sociedad boliviana: 'Ellos son minoría, nosotros somos la mayoría'", según declaraciones a El País.

Toda Bolivia recuerda la respuesta que Quispe dio a una periodista en los años noventa: "No quiero que mi hija sea tu empleada, por eso lucho", indica el medio. Sus palabras calaron hondo. Un buen número de bolivianos indígenas han enviado a sus hijos a estudiar a las universidades y han progresado económicamente. Unos pocos, incluso, han amasado fortunas.

Pero ese ascenso no ha frenado el racismo, a juzgar por las palabras de la jubilada aimara Nela Tamayo, quien se indigna de que aún hoy los vean "como personas chiquitas, de color cobrizo e ignorantes", según el reportaje. El racismo se percibe también en el ideal de belleza que muestran los anuncios publicitarios de La Paz: todas las modelos son de tez blanca y visten ropas occidentales, señala el medio.

**Visiones contrapuestas del legado de Morales**

Según García Linera, Morales fue muy hábil para "hacer alianzas, tomar en cuenta a unos y a otros, tejer tanto en el campo como en la ciudad y en los sectores medios". Sin embargo, comerciantes de La Paz, hartos por el desplome de ventas del último mes, lo ven distinto. Creen que Morales azuzó la división y las diferencias raciales para sacar rédito electoralmente, según el análisis.

Carlos Díaz, dueño de una tienda de electrónica, cuenta que el expresidente "discriminó por no ser indígenas" a personas de tez blanca que querían acceder a empleos públicos. No tiene un caso concreto, pero asegura que fueron muchos, según sus declaraciones al medio español.

**Llamado a la unidad sin eco**

Paz ha amenazado con ordenar que las Fuerzas Armadas despejen los caminos a la fuerza para que el país recupere la normalidad, pero hasta ahora no lo ha hecho, según el reportaje. Pide, en cambio, "unidad y diálogo" y advierte que no se puede construir el futuro de Bolivia "con confrontación, división, racismo o clasismo".

Sus palabras tienen poco eco en una sociedad polarizada, concluye El País. Los puentes están rotos y los esfuerzos para reconstruirlos son por ahora casi inexistentes, en un país donde la fractura racial de más de 200 años vuelve a manifestarse con virulencia en las calles, las redes sociales y las pintadas que llaman abiertamente al odio.

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5 jun 2026
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Bolivia enfrenta una nueva crisis de convivencia racial tras más de un mes de bloqueos de carreteras que mantienen sitiada La Paz, según reporta El País. Los cortes, encabezados por campesinos indígenas que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz, han provocado escasez de gasolina y alimentos, con precios desorbitados para los productos disponibles, generando una ola de racismo explícito en la capital boliviana.

"Haga patria, mate un indio", se lee en una pintada aparecida en un barrio rico de La Paz, según el medio español. En redes sociales circulan publicaciones como "Estos campesinos vienen a joder mi ciudad", mientras el odio fluye en ambas direcciones: cuando los manifestantes ven acercarse a personas de tez más clara a sus reuniones, les gritan "¡fuera, no queremos q'aras!", término aimara para referirse a los blancos.

**División geográfica y económica**

La fractura no es solo racial, sino también económica y geográfica, según el análisis del medio. En La Paz, los indígenas constituyen la mayoría en las laderas más altas de la ciudad, a casi 4.000 metros de altura, donde habitan en un enjambre de pequeñas casas de ladrillo y la falta de oxígeno se siente a cada paso. En contraste, la zona sur, ubicada 500 metros más abajo, alberga barrios residenciales con casas lujosas habitadas mayoritariamente por paceños de piel blanca.

El ascenso económico de aimaras, quechuas y pequeños agricultores durante la primera década de este siglo, cuando por primera vez en 200 años accedieron a puestos de poder, reconfiguró las clases sociales y generó tensión, según el reportaje. Este proceso ocurrió durante los casi 20 años de gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS), entre 2006 y 2025, encabezados hasta 2019 por Evo Morales, el primer presidente indígena del país.

**Resentimiento de las élites**

Carlos Macusaya, miembro del colectivo indianista Jichha y autor del libro "En Bolivia no hay racismo, indios de mierda" (2022), destaca que "en Bolivia es normal que la gente no indígena dirija el país, pero la idea inversa causa repulsión", según declaraciones recogidas por El País.

El rechazo a los gobiernos del MAS entre las élites y parte de las clases medias se transformó en resentimiento al ver que los indígenas ganaban espacios que siempre habían creído propios, explica el medio. Ahora, tras haber recuperado el poder, la rabia dirigida hacia quienes se movilizan contra Paz se mezcla con un deseo de disciplinamiento. "Que saque ya al Ejército [para poner fin a los bloqueos]", se escucha estos días tanto en boca de políticos conservadores como en conductores de televisión y en conversaciones callejeras, según el reportaje.

Macusaya sostiene que "a diferencia de los indígenas peruanos, el indio boliviano se piensa como quien legítimamente encarna la nación y no ha reducido sus problemas a pedidos locales, como agua o luz, sino que exige mecanismos para participar políticamente". En su opinión, detrás de las exigencias de renuncia al presidente están "los que están viendo coartadas sus posibilidades de ejercer control político y direccionar el país".

**Traición percibida**

Los manifestantes indígenas se sienten traicionados por Paz, a quien muchos votaron, según el análisis. Señalan que no se les consultó sobre los decretos supremos de ajuste económico para revertir la recesión; que conformó su gabinete con políticos de la etapa neoliberal (1982-2005) y empresarios agroindustriales; y que implementó una reforma agraria sin consenso. Es un guión que conocen bien y no están dispuestos a aceptar que se repita, indica el medio.

"Desde la fundación, en 1825, nos han gobernado los blancos, el inquilino, haciéndonos creer que por ser blancos eran más inteligentes, que nosotros no sabemos gobernar por ser indios, que no tenemos alma", dijo el artesano Mauro Castillo sobre un puente de El Alto, la segunda ciudad más poblada del país, de mayoría indígena. "Si al menos nos hubieran gobernado honestamente, pero mira cómo está el país ahora", continuó Castillo, quien dice haber trabajado "de todo": en la construcción, como costurero o chofer.

**Raíces históricas del racismo**

La tensión racial es tan antigua como Bolivia y se remonta a los ideales con los que se decidió que la nación iniciara su vida soberana, explica Juan Pablo Vargas, profesor y miembro de la fundación Zera, proyecto educativo destinado a zonas desfavorecidas. "Cuando Bolivia se funda, no la funda el país entero, sino criollos, descendientes de españoles que son menos del 10% de la población. La identidad que unifica al país no es 'somos bolivianos', es 'no somos indios'", apunta Vargas.

El profesor cuenta que su bisabuela fue quien inició en la familia la migración del campo a la ciudad, donde cortó con sus hijas cualquier vínculo con lo nativo para que no atravesaran los mismos prejuicios que ella: les quitó las polleras, les prohibió hablar aimara y las costumbres se fueron diluyendo con las generaciones, según su testimonio.

Hasta la llegada del MAS en 2006, en la vida republicana de Bolivia existió una sola parlamentaria indígena, Remedios Loza, y Víctor Hugo Cárdenas fue el único indígena aimara que formó parte de un Ejecutivo, según el reportaje. El periodo neoliberal profundizó las desigualdades en el campo y las zonas periféricas, unificando al sector popular, que empezó a exigir participación en la vida pública.

**Liderazgos transformadores**

El sociólogo Álvaro García Linera, quien fue vicepresidente durante el gobierno de Morales, explica que "en medio de esa efervescencia surgen dos liderazgos que convierten la predisposición social en hecho político: Felipe Quispe y Morales. Felipe produce la gran ruptura cognitiva de la sociedad boliviana: 'Ellos son minoría, nosotros somos la mayoría'", según declaraciones a El País.

Toda Bolivia recuerda la respuesta que Quispe dio a una periodista en los años noventa: "No quiero que mi hija sea tu empleada, por eso lucho", indica el medio. Sus palabras calaron hondo. Un buen número de bolivianos indígenas han enviado a sus hijos a estudiar a las universidades y han progresado económicamente. Unos pocos, incluso, han amasado fortunas.

Pero ese ascenso no ha frenado el racismo, a juzgar por las palabras de la jubilada aimara Nela Tamayo, quien se indigna de que aún hoy los vean "como personas chiquitas, de color cobrizo e ignorantes", según el reportaje. El racismo se percibe también en el ideal de belleza que muestran los anuncios publicitarios de La Paz: todas las modelos son de tez blanca y visten ropas occidentales, señala el medio.

**Visiones contrapuestas del legado de Morales**

Según García Linera, Morales fue muy hábil para "hacer alianzas, tomar en cuenta a unos y a otros, tejer tanto en el campo como en la ciudad y en los sectores medios". Sin embargo, comerciantes de La Paz, hartos por el desplome de ventas del último mes, lo ven distinto. Creen que Morales azuzó la división y las diferencias raciales para sacar rédito electoralmente, según el análisis.

Carlos Díaz, dueño de una tienda de electrónica, cuenta que el expresidente "discriminó por no ser indígenas" a personas de tez blanca que querían acceder a empleos públicos. No tiene un caso concreto, pero asegura que fueron muchos, según sus declaraciones al medio español.

**Llamado a la unidad sin eco**

Paz ha amenazado con ordenar que las Fuerzas Armadas despejen los caminos a la fuerza para que el país recupere la normalidad, pero hasta ahora no lo ha hecho, según el reportaje. Pide, en cambio, "unidad y diálogo" y advierte que no se puede construir el futuro de Bolivia "con confrontación, división, racismo o clasismo".

Sus palabras tienen poco eco en una sociedad polarizada, concluye El País. Los puentes están rotos y los esfuerzos para reconstruirlos son por ahora casi inexistentes, en un país donde la fractura racial de más de 200 años vuelve a manifestarse con virulencia en las calles, las redes sociales y las pintadas que llaman abiertamente al odio.

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