Brasil rechaza designación de bandas criminales como terroristas por parte de Estados Unidos y acusa a Bolsonaro de traición
El Gobierno de Brasil criticó este viernes la decisión de Estados Unidos de catalogar al Primeiro Comando da Capital y al Comando Vermelho como organizaciones terroristas extranjeras, calificándola como un ataque a su soberanía y economía. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva acusó al senador Flávio Bolsonaro, su principal rival en las elecciones de octubre, de traicionar a la patria al solicitar la intervención estadounidense durante una reunión con Donald Trump en el Despacho Oval esta semana.
El Departamento de Estado de Estados Unidos anunció el jueves que incluirá al Comando Vermelho y al Primeiro Comando da Capital en su lista de organizaciones terroristas extranjeras a partir del 5 de junio, según informó el secretario de Estado Marco Rubio. Además, Washington designó a ambos grupos como Terroristas Globales Designados Especialmente a partir del jueves.
En un comunicado distribuido a través de redes sociales, Rubio calificó al PCC y al Comando Vermelho como dos de las organizaciones criminales más violentas en Brasil, cuya influencia y conexiones se extienden por toda América Latina y Estados Unidos, según el Departamento de Estado. Juntas tienen a su mando a miles de miembros y han perpetrado ataques brutales contra agentes de la Policía, funcionarios y civiles, según la misma fuente.
El Gobierno brasileño respondió este viernes con una nota en la que afirmó que no aceptará el uso de medidas arbitrarias desde el extranjero como pretexto para atacar su soberanía y su economía, según el comunicado oficial que no se refiere explícitamente a la decisión de la Administración Trump. El presidente Lula declaró en un acto público en el estado de Sergipe que estaba muy entristecido por la noticia de que el secretario de Estado estadounidense, a quien llamó un cierto Marco Rubio, dijera que los criminales brasileños son terroristas y que los estadounidenses pueden intervenir, según informó The Guardian.
No aceptamos ser tratados como niños pequeños. No aceptamos ser tratados como si fuéramos un país de pacotilla, dijo Lula durante su discurso, según la misma fuente. El presidente brasileño acusó al senador Flávio Bolsonaro de traicionar a la patria al ir a Estados Unidos a pedir una intervención en Brasil, según informó Reuters.
En su declaración del viernes, Lula también calificó a la familia Bolsonaro como traidores y falsos patriotas, según The Guardian. Es deplorable que miembros de la familia Bolsonaro viajen una vez más a Estados Unidos para abogar por la intervención extranjera en Brasil, como lo hicieron con los aranceles, que causaron tanto daño a nuestro país, escribió el presidente, según la misma fuente.
La nota de réplica del Gobierno brasileño afirma que luchar contra el crimen organizado es una prioridad gubernamental, acusa a los Bolsonaro de ser falsos patriotas, vinculados al crimen organizado, que piden a las autoridades extranjeras que interfieran en los asuntos brasileños, y señala que, a diferencia del terrorismo internacional, que apela a motivos ideológicos, políticos o religiosos, al PCC y al Comando Vermelho les mueve el afán de lucro, especialmente a través del tráfico de drogas y de armas, según El País.
El asesor diplomático del presidente Lula, el diplomático Celso Amorim, reaccionó el mismo jueves por la noche afirmando que el crimen organizado es un mal a combatir y que la cooperación internacional es bienvenida, especialmente en temas como el lavado de dinero y el tráfico de armas, pero que cualquier pretexto para intervenir es inaceptable, según un comunicado citado por El País.
El anuncio llega a cuatro meses de las elecciones presidenciales brasileñas y sacude un proceso electoral que previsiblemente enfrentará a Lula da Silva con el hijo del expresidente Jair Bolsonaro, según El País. La medida representa un revés para el Gobierno brasileño, que se oponía a ese tipo de paso porque podría abrir una vía a una intervención militar estadounidense en el gigante sudamericano o a aplicar sanciones a los bancos que, sin saberlo, hagan negocios con miembros de esos grupos, según la misma fuente.
Flávio Bolsonaro estuvo esta misma semana reunido con Trump en el Despacho Oval, según El País. Su principal demanda al presidente estadounidense fue precisamente esa, que etiquetara como terroristas al Primeiro Comando da Capital y el Comando Vermelho, dos bandas que trafican con drogas e imponen su ley a millones de brasileños, según la misma fuente. En esa conversación, según el propio senador, el aspirante presidencial le había pedido al republicano la inclusión de los dos grupos en la lista de organizaciones terroristas extranjeras, y el mandatario le contestó que lo estudiaría, según El País.
La visita de Flávio a la Casa Blanca el martes pasado no fue incluida en la agenda pública del presidente y, a diferencia del encuentro de Trump con Lula, durante el cual el presidente estadounidense incluso elogió al izquierdista brasileño, no fue mencionada por Trump ni siquiera en una publicación en redes sociales, según The Guardian. Al día siguiente, Flávio publicó una fotografía de una reunión con Rubio y escribió que continuaban fortaleciendo las relaciones internacionales, defendiendo la libertad, la democracia y los valores que unen a millones de brasileños y estadounidenses, según la misma fuente. El secretario de Estado es ampliamente considerado como la principal conexión de la familia Bolsonaro con Trump, según The Guardian.
Flávio Bolsonaro aprovechó la decisión de Trump para presumir y atacar al presidente de Brasil, tuiteando que mientras Lula fue a arrodillarse ante Trump para hacer lobby a favor del Comando Vermelho y del PCC, él fue a trabajar para que sean tratados como terroristas, según El País. Meses antes, comentando sobre ataques estadounidenses contra embarcaciones en el Caribe y el Pacífico oriental que han matado a 196 personas, dijo que sentía celos de esos países y sugirió que Estados Unidos podría hacer algo similar en la Bahía de Guanabara de Río, preguntando a Pete Hegseth, el secretario de Defensa estadounidense, si no le gustaría pasar unos meses ayudando a combatir estas organizaciones terroristas, según The Guardian.
Menos de tres semanas antes, Trump se había visto también en el Despacho Oval con Lula, con quien departió durante tres horas y media y compartió un almuerzo, en un encuentro en el que el antiguo sindicalista explicó al antiguo magnate inmobiliario las razones por las que dar ese paso contra las dos bandas criminales representaría, a su juicio, un grave error, según El País. Brasil está abierto a colaborar en la lucha contra grupos criminales pero se opone a que esas bandas queden incluidas en las listas estadounidenses de organizaciones terroristas, según la misma fuente. El Gobierno argumenta que esa designación entraría en conflicto con su legislación interna, que considera a estas bandas redes criminales guiadas por el lucro y no por la ideología, y socavaría la soberanía nacional, según El País.
Lula dijo el viernes que Rubio no había estado presente durante su reunión de tres horas con Trump, posiblemente porque estaba ocupado ayudando al hijo de un bolsonarista que se postula para las elecciones en este país, alguien que no tiene vergüenza de traicionar nuestra patria yendo a Estados Unidos y pidiendo la intervención estadounidense en Brasil, según The Guardian.
El presidente Lula recalcó este viernes que el tal Comando Vermelho, el tal PCC son terroristas para los brasileños, para el pueblo que vive en la periferia y los vamos a combatir aquí dentro, según El País. La decisión de Washington coloca en una posición compleja al Gobierno de Lula, que es percibido por parte de los brasileños como blando con la delincuencia, según la misma fuente. La inseguridad es una de las principales preocupaciones del electorado brasileño, según El País.
Los Bolsonaro atacan a menudo al presidente Lula y a la izquierda brasileña en general por ese frente, el de la seguridad pública, según El País. Flávio Bolsonaro ha llegado a decir públicamente que Lula defendió a ambas bandas criminales ante Trump en su reciente reunión en la Casa Blanca, según la misma fuente. Flávio Bolsonaro estaba en su punto más bajo en la campaña, después de revelaciones de que había sido grabado pidiendo a un banquero acusado de corrupción 26,8 millones de dólares para financiar una película sobre su padre, lo que causó una caída significativa en sus números de encuestas, según The Guardian.
El Governo brasileño teme que la decisión abra la puerta a una intervención militar estadounidense y pueda significar sanciones contra bancos que, de manera inconsciente, muevan dinero del crimen, según El País. Varios de los más veteranos investigadores contra el crimen organizado, como el fiscal brasileño Lincoln Gakiya, sospechan que la medida puede ser incluso contraproducente porque militariza la lucha contra el crimen, de modo que aparta de las investigaciones al FBI y a la agencia antidrogas DEA y las deja en manos de la CIA, la agencia del espionaje internacional, según la misma fuente.
El clan Bolsonaro ha maniobrado durante meses ante la Administración Trump para que extendiera a Brasil una medida que ya ha tomado respecto a los principales cárteles del narco en México o el venezolano Tren de Aragua, según El País. Todas ellas han sido incorporadas por la Administración Trump en los últimos tiempos a un listado donde Al Qaeda y el ISIS llevan años y ETA estuvo incluida hasta su disolución, según la misma fuente.
El Primeiro Comando da Capital nació en una cárcel de São Paulo en los años noventa con el objetivo de defender los derechos más básicos de los presos, según El País. Con los años entró en el negocio de la droga y en la actualidad tiene 40.000 hombres y mujeres y ramificaciones en toda América Latina y algunos países de Europa y África, según la misma fuente. El Comando Vermelho también nació en una cárcel, pero de Río de Janeiro, y suma unos 30.000 hombres armados, según El País.
Ambos grupos emergieron dentro de las prisiones brasileñas, originalmente como respuesta a la tortura y el abuso, según The Guardian. Ahora se encuentran entre las organizaciones criminales más grandes de América Latina, exportando cocaína producida en Colombia, Perú y Bolivia vecinos principalmente a Estados Unidos y Europa, mientras se expanden a otras partes del mundo, según la misma fuente.
El Comando Vermelho es el más antiguo de los dos, emergiendo en la década de 1970 de interacciones entre prisioneros políticos encarcelados por la dictadura militar y criminales comunes en una prisión de Río de Janeiro, según The Guardian. El PCC fue fundado en la década de 1990 en una prisión de São Paulo, meses después de que 111 prisioneros fueran asesinados cuando la policía aplastó una rebelión en otra prisión, según la misma fuente.
Los dos grupos compiten por el control de la distribución de drogas y las rutas de tráfico, pero operan de maneras distintas: mientras que el Comando Vermelho tiene una estructura de liderazgo más descentralizada y se asemeja a las facciones criminales más abiertamente violentas y conspicuas de México y Colombia, el PCC funciona casi como una corporación, con jerarquías bien definidas y un enfoque discreto y empresarial, según The Guardian.
En los últimos 15 años ambos grupos han protagonizado una gran expansión desde sus respectivos territorios y están presentes en todo el país, según El País. Operan e imponen su ley en decenas de favelas y cárceles, según la misma fuente. En los últimos años se han expandido por todo el país, tienen ramificaciones internacionales y, en el caso del PCC, ha infiltrado negocios lícitos, según El País.
Ignacio Cano, director del Laboratorio de Análisis de la Violencia de la Universidad Estatal de Río de Janeiro, explicó que catalogar como terroristas al PCC y al Comando Vermelho no va a detener el flujo de drogas ni tiene impacto legal, pero sí político, según El País. Para Brasil, desde el punto de vista legal, no tiene ningún impacto. El Gobierno Trump está presionando a todos los países de la región para militarizar la seguridad pública contra los narcoterroristas, una definición legal que sólo existe en Estados Unidos. Pero desde el punto de vista político es muy significativo. Es una ficción política para presentar al gobierno de Lula como débil ante el crimen organizado, dijo este experto, según la misma fuente.
La Administración de Trump seguirá utilizando todos los medios a su disposición para proteger nuestra nación y nuestros intereses de seguridad nacional, manteniendo las drogas ilegales fuera de nuestras calles y cortando los flujos de ingresos que financian a los narcoterroristas violentos, sostuvo el jefe de la diplomacia estadounidense, según El País.
Con este paso, PCC y Comando Vermelho se suman a una serie cada vez más extensa de organizaciones del narcotráfico en América Latina incluidas en la lista de organizaciones terroristas extranjeras, según El País. La inclusión en ella del Cartel de los Soles, una denominación que agrupa a cargos y personalidades venezolanas que se beneficiaban del narcotráfico en la etapa chavista, y la designación de Nicolás Maduro como su líder sirvió a la Administración de Trump como argumento legal para justificar la operación militar que capturó al presidente venezolano en las afueras de Caracas el pasado 3 de enero, según la misma fuente. Maduro fue trasladado en un avión militar a Nueva York, donde se encuentra preso a la espera de juicio, según El País.
La designación de este tipo de bandas criminales como organizaciones terroristas también ha servido de argumento a la Administración Trump para bombardear lo que describe como narcolanchas en aguas internacionales del Caribe o el Pacífico oriental, en lo que expertos y legisladores demócratas consideran ejecuciones extrajudiciales, según El País. Hasta el momento, el Gobierno estadounidense no ha presentado públicamente pruebas que confirmen que esas embarcaciones o sus tripulantes mantuvieran vínculos con el narcotráfico, según la misma fuente.
Aún hay poca claridad sobre las consecuencias prácticas de la designación, según The Guardian. Los analistas temen que podría tener repercusiones financieras incluso para brasileños inocentes, pero el movimiento ya está siendo ampliamente interpretado como otro ejemplo de la creciente presión ejercida por la Casa Blanca en toda la región como parte de su llamada guerra contra las drogas, según la misma fuente. Un informe publicado esta semana por el Armed Conflict Location & Event Data Project encontró que la presión estadounidense impulsó un aumento del 18% en los enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y grupos armados en América Latina y el Caribe en 2025, según The Guardian.
A comienzos de este mes, un grupo de legisladores demócratas estadounidenses, encabezados por el congresista Jim McGovern, habían dirigido una carta a Rubio para exigirle que desestimara la inclusión de los dos grupos en la lista de organizaciones terroristas extranjeras, según El País. Nos preocupa que el uso excesivo y transformado en arma política de las designaciones como organizaciones terroristas extranjeras en casos en los que no se cumplen los parámetros claros de actividad terrorista pueda debilitar los esfuerzos para luchar contra el crimen organizado en nuestro hemisferio, escribían entonces los congresistas, según la misma fuente. Es más, dado el uso de esta administración de las designaciones terroristas como justificación para perpetrar ejecuciones extrajudiciales en el Caribe y el Pacífico oriental, nos preocupa cómo la Administración pueda utilizar esas designaciones, según El País.
Los legisladores también recordaron que la Administración de Trump ya ha recurrido en el pasado a sanciones para interferir en los asuntos internos brasileños, según El País. Citaron, por ejemplo, las sanciones que impuso al juez del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes después de que el magistrado condenara a Jair Bolsonaro por intentar un golpe tras las elecciones de 2022 que dieron la victoria a Lula, según la misma fuente.
Horas antes del anuncio estadounidense, la policía federal de Brasil lanzó una nueva operación dirigida a la infiltración del PCC en el sector financiero del país, según The Guardian. Durante meses, el Gobierno de Lula intentó persuadir a Trump y a su equipo para que no diera este paso que agita de lleno la precampaña electoral en Brasil, según El País.
En su declaración del viernes, el presidente brasileño afirmó que cualquier cooperación internacional para combatir facciones criminales será bienvenida, pero que no aceptará medidas arbitrarias impuestas desde el extranjero siendo usadas como pretexto para atacar su soberanía y su economía, según The Guardian. La soberanía nacional no es negociable, concluyó, según la misma fuente.




