El primer ministro canadiense Mark Carney viajó el jueves entre Columbia Británica y Alberta para anunciar inversiones superiores a 150.000 millones de dólares canadienses en ambas provincias, según informó The Guardian. El paquete de inversión forma parte de un proyecto más amplio para reducir el comercio con Estados Unidos y expandir la presencia de Canadá en mercados extranjeros.
Durante su discurso en Vancouver, Carney utilizó el marco de "un mundo más peligroso y dividido" para justificar el fortalecimiento de las industrias nacionales, afirmando que el país necesitaba "moverse más rápido, construir más grande y trabajar juntos", según reportó el medio británico.
El proyecto principal es un nuevo oleoducto que seguirá la ruta del oleoducto Trans Mountain existente antes de desviarse al final hacia una nueva terminal. El proyecto transportará un millón de barriles diarios, según el gobierno de Alberta.
Carney declaró que Canadá y Alberta serían "socios igualitarios" en el proyecto del oleoducto, y que habría "una participación accionaria significativa para las comunidades indígenas", según The Guardian. Los dos gobiernos también trabajarían para lograr reducciones "sustanciales" de metano. Las consultas comenzarán inmediatamente con comunidades indígenas, provincias y territorios.
**Protecciones ambientales y cambio de ruta**
El gobierno de Carney mantendrá vigente una prohibición federal de larga data sobre buques cisterna que carguen o descarguen petróleo en la costa norte de Columbia Británica, una salvaguarda ambiental que las Primeras Naciones han considerado innegociable durante mucho tiempo, según la fuente.
La primera ministra de Alberta, Danielle Smith, quien había defendido durante mucho tiempo la ruta norte —que habría requerido revocar la prohibición de buques cisterna— dijo el miércoles que la ruta sur planificada representaba "el camino más rápido y rentable para expandir las exportaciones energéticas de Canadá", según The Guardian. Smith también enfrenta una presión creciente de un elemento separatista en su provincia para demostrar que Alberta puede firmar acuerdos energéticos importantes con el gobierno federal.
El cambio de un oleoducto norte a una ruta sur refleja tanto un cambio importante de Alberta como un reconocimiento por parte de los gobiernos de que la oposición indígena ralentizaría dramáticamente cualquier nuevo proyecto, según el medio.
**Inversiones complementarias**
Carney prometió miles de millones para una expansión portuaria en Vancouver, infraestructura eléctrica ampliada para una nueva terminal de gas natural licuado (GNL) e inversiones en nuevas protecciones para la orca residente del sur, una especie en peligro de extinción, según The Guardian.
**Reacciones de Columbia Británica y Primeras Naciones**
El primer ministro de Columbia Británica, David Eby, dijo que su gobierno no combatiría el oleoducto después de que "descubrieron por las malas" cuando perdieron una batalla judicial sobre la expansión original del oleoducto Trans Mountain, según la fuente. Eby afirmó que el nuevo acuerdo tenía salvaguardas sólidas y que los residentes serían "compensados justamente por los riesgos ambientales que asumiríamos con cualquier nuevo proyecto de oleoducto".
Marilyn Slett, presidenta de Coastal First Nations y jefa electa de la Nación Heiltsuk, calificó el anuncio como "un buen día" tras la noticia de que la prohibición de buques cisterna permanecería vigente, según The Guardian.
"Los habitantes de Columbia Británica, los canadienses y las Primeras Naciones que llaman hogar a este lugar quieren que esta región permanezca protegida. No existe tecnología que pueda limpiar un derrame de petróleo en el mar, y un solo derrame de petróleo podría destruir nuestro modo de vida", dijo Slett en un comunicado, según la fuente. "Proteger nuestra costa no es una barrera para la prosperidad económica, es la fuente de ella".
Varias Primeras Naciones habían prometido previamente retirar su apoyo a proyectos de GNL multimillonarios si se levantaba la prohibición de buques cisterna de 50 años, según The Guardian.
**Críticas ambientales y económicas**
La Climate Action Network dijo que estaba de acuerdo con el marco de Carney de que Canadá estaba en un "momento traicionero de inestabilidad geopolítica", pero afirmó que el cambio climático —no los socios comerciales— era la mayor fuente de inestabilidad, según la fuente. "Continuar expandiendo la producción de combustibles fósiles cuando los canadienses ya están viviendo con el caos climático es simplemente peligroso", dijo el grupo, según The Guardian.
La expansión del oleoducto Trans Mountain representa uno de los sobrecostos de infraestructura más grandes y costosos en la historia canadiense, según la fuente. Aunque el oleoducto ha demostrado ser estratégicamente beneficioso, no está claro si los contribuyentes recuperarán alguna vez su inversión.
"Si esto fuera una empresa económica inteligente, si hubiera algún tipo de retorno razonable de la inversión, una empresa privada o empresas habrían puesto el dinero", dijo Chris Severson-Baker, director ejecutivo del Pembina Institute, un centro de investigación canadiense independiente sobre energía limpia, en un comunicado, según The Guardian. "En cambio, los contribuyentes de Alberta y Canadá ahora cargarán con el costo del 90% de este proyecto, que probablemente ascenderá a decenas de miles de millones de dólares".
**Contexto geopolítico**
El anuncio se produce en un momento en que Canadá busca diversificar sus relaciones comerciales y reducir su dependencia de Estados Unidos, según la fuente. La estrategia de Carney de expandir la presencia canadiense en mercados extranjeros requiere aumentar la capacidad de exportación de recursos energéticos, particularmente hacia mercados asiáticos a través de puertos del Pacífico.
El proyecto representa un equilibrio complejo entre intereses económicos provinciales, preocupaciones ambientales, derechos indígenas y objetivos de política exterior nacional. La decisión de mantener la prohibición de buques cisterna en la costa norte mientras se avanza con una ruta sur fue crucial para obtener el apoyo necesario de las comunidades indígenas y el gobierno de Columbia Británica.
La participación accionaria significativa prometida a las comunidades indígenas marca un cambio en la forma en que Canadá estructura proyectos de infraestructura energética, reconociendo tanto los derechos territoriales como la necesidad de beneficios económicos directos para las poblaciones afectadas. Sin embargo, la viabilidad económica del proyecto sigue siendo cuestionada por analistas independientes, quienes señalan que la dependencia del financiamiento público sugiere que el sector privado no considera el proyecto suficientemente rentable para asumir el riesgo financiero completo.

