

Catherine Connolly fue juramentada este martes como décima presidenta de Irlanda en una ceremonia histórica en el Castillo de Dublín, sucediendo a Michael D. Higgins y convirtiéndose en la tercera mujer en ocupar el cargo.
Catherine Connolly asumió oficialmente la presidencia de Irlanda en una ceremonia solemne celebrada en el Castillo de Dublín, marcando el inicio de una nueva era para el país. La ceremonia de inauguración, que tuvo lugar en el Salón de San Patricio, contó con la presencia de importantes figuras políticas, incluidos los expresidentes Mary Robinson y Mary McAleese.
En su discurso de inauguración, Connolly se comprometió a ser una presidenta que represente a todos los irlandeses. "Me presento ante ustedes con humildad y orgullo como la décima presidenta de este hermoso país", declaró. Enfatizó su visión de una república donde "todos sean valorados y la diversidad sea celebrada".
La nueva presidenta, de 68 años, llegó al cargo tras una victoria electoral contundente contra la candidata de Fine Gael, Heather Humphreys. Previamente, Connolly se desempeñaba como diputada desde 2016 y tiene una trayectoria como abogada y psicóloga.
El Taoiseach (primer ministro) Micheál Martin felicitó a Connolly y destacó la importancia histórica del momento. "No tengo dudas de que servirá bien a nuestro país", manifestó durante la ceremonia.
Una característica notable de la inauguración fue la ausencia de algunos representantes unionistas de Irlanda del Norte, aunque el líder del Partido Unionista del Ulster, Steve Aiken, estuvo presente, argumentando que no había ninguna intención de menosprecio.
Connolly sucede a Michael D. Higgins, quien completó 14 años en el cargo. En su primer día como presidenta, Connolly participó en un almuerzo oficial en Áras an Uachtaráin y posteriormente asistirá a una recepción de Estado en su honor en el Castillo de Dublín.
La nueva presidenta ha prometido continuar expandiendo el rol político de la presidencia, tal como lo hizo su predecesor, con un énfasis particular en la inclusión, la paz y la resolución de conflictos. Durante su discurso, hizo un llamado a reflexionar sobre los efectos de las guerras y destacó la historia de neutralidad de Irlanda.
Con su juramentación, Connolly se convierte en la tercera mujer en la historia en ocupar la presidencia irlandesa, siguiendo los pasos de Mary Robinson y Mary McAleese, y reafirmando el compromiso del país con la representación diversa en los más altos cargos públicos.