Ciencia

Científicos españoles escucharán el eclipse total de agosto para estudiar cómo reaccionan animales a la oscuridad repentina

Un proyecto científico coordinado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales y la Universidad de Sevilla colocará grabadoras autónomas en aproximadamente 300 puntos de España y Portugal durante el eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026 para registrar cómo responden aves, murciélagos, grillos y otros animales cuando la oscuridad llega una hora antes de lo previsto. El estudio, denominado Ecoeclipse, aprovechará este fenómeno astronómico como un "experimento natural invertido" para medir la sensibilidad de las especies a cambios abruptos en la iluminación, información que podría revelar cómo la contaminación lumínica afecta el comportamiento animal.

CIENCIA12 JUL 2026

El eclipse total de Sol que cruzará España el próximo 12 de agosto será el primero visible en el país en más de un siglo. La sombra lunar atravesará la península desde A Coruña hasta Palma, sumiendo la región en una oscuridad casi total durante poco más de minuto y medio al caer la tarde. Mientras la mayoría de los ciudadanos mirará hacia el cielo, un equipo de científicos enfocará su atención en el suelo, donde colocarán grabadoras para captar los sonidos del eclipse.

El proyecto Ecoeclipse surgió de la colaboración entre Airam Rodríguez, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) especializado en el impacto de la contaminación lumínica sobre la fauna, e Irene Mendoza, de la Universidad de Sevilla, especializada en ecoacústica. La iniciativa se inspira en trabajos realizados en Estados Unidos, donde equipos de investigación colocaron grabadoras durante los eclipses de 2023 y 2024 para estudiar los paisajes sonoros. Media docena de expertos españoles que barruntaban la misma idea a pequeña escala se coordinaron para ejecutarla a mayor escala.

La metodología es sencilla y económica. Cada investigador colocará grabadoras autónomas —cajas pequeñas que se dejan en el campo y registran de forma independiente— en puntos ubicados dentro de la trayectoria de la sombra del eclipse. Las grabadoras funcionarán durante cinco días consecutivos: dos días antes del eclipse, el día 12 de agosto y dos días después. El objetivo es comparar los "paisajes sonoros" registrados a la misma hora en días sin eclipse con los sonidos capturados durante el evento, permitiendo identificar qué cambios ocurren en el comportamiento animal.

La ambición del proyecto es alcanzar aproximadamente 300 puntos de grabación distribuidos por toda la península ibérica, incluyendo Portugal. Sin embargo, existe una condición contraintuitiva: los micrófonos no se instalarán donde mejor se observe el eclipse, sino en lugares aislados donde no se esperen visitantes. Como explicó Mendoza, "nos da igual que no se vea bien: lo que queremos es escucharlo, no verlo". Rodríguez añadió que el objetivo es evitar "un montón de personas eufóricas viendo el eclipse" que pudieran interferir con los registros. Los puntos de grabación estarán separados al menos un kilómetro entre sí y ubicados en entornos naturales, no en zonas urbanas.

Los murciélagos son las "estrellas" del experimento, principalmente porque el eclipse ocurre al caer la tarde, aproximadamente una hora antes de que estos animales salgan de sus refugios para cazar. Según Rodríguez, "es fantástico, porque nos adelanta el atardecer". Con las aves, la apuesta es más incierta: en agosto, la mayoría ha completado su reproducción y canta menos, aunque siempre hay algunas vocalizando durante el crepúsculo. El proyecto también incluirá registros de grillos, saltamontes, cigarras e incluso anfibios, aunque los investigadores reconocen que la tecnología de identificación automática aún presenta limitaciones para estos últimos grupos.

Los animales históricamente han mostrado comportamientos notables durante eclipses totales. En 1932, la Sociedad de Historia Natural de Boston compiló casi 500 observaciones de guardas, naturalistas y curiosos durante un eclipse total sobre el noreste de América del Norte. El patrón documentado fue consistente: los pájaros callaban y se recogían, las abejas regresaban a la colmena, los grillos comenzaban a cantar como si fuera anochecer, y los animales nocturnos se activaban, para luego regresar desconcertados a sus escondrijos cuando la luz reaparecía. Un observador de Nueva Hampshire registró con precisión que durante la totalidad no se oyó nada excepto el chirrido de innumerables grillos.

El gran eclipse estadounidense de 2017 confirmó estos patrones mediante un rastreo de casi 700 observaciones ciudadanas, con las aves como protagonistas principales: algunas enmudecían mientras otras comenzaban a cantar. La reacción depende del reloj interno de cada especie. Un estudio previo detectó que los animales de hábitos nocturnos tienden a vocalizar más durante un eclipse, mientras que los diurnos vocalizan menos. Este hallazgo genera un debate entre Rodríguez y Mendoza sobre cuál eclipse proporcionará más información: el de agosto de 2026 al atardecer o el de 2 de agosto de 2027 a media mañana, cuando la oscuridad sorprenderá a las especies diurnas completamente desprevenidas. "Es la pregunta del millón", comentó Mendoza, aunque reconoció que la respuesta solo se conocerá después de analizar los datos.

Mendoza destaca un interés adicional en el proyecto: la contaminación lumínica. Un eclipse, según su perspectiva, "es como un experimento natural pero invertido". Mientras que cada año hay más luz artificial borrando la noche, durante un eclipse ocurre lo opuesto: todas las luces se apagan de golpe. La ventaja adicional es que a esa hora muchas farolas ni siquiera estarán encendidas, y municipios como Pamplona han solicitado al Ayuntamiento apagarlas durante la totalidad para lograr la mayor oscuridad posible. Esta situación proporciona la ocasión perfecta para medir la plasticidad de cada especie: cuán sensibles son a la desaparición repentina de luz y si las poblaciones habituadas al resplandor urbano reaccionan diferente a las que viven en oscuridad.

El procesamiento de datos será automatizado. Nadie escuchará manualmente los miles de audios que se acumularán, lo cual sería imposible. El trabajo lo realizarán algoritmos de identificación automática como BirdNET, una herramienta gratuita ya afinada para aves y, con mayor esfuerzo, para murciélagos. Con anfibios e insectos, la inteligencia artificial aún no alcanza la precisión necesaria, por lo que las grabaciones se colgarán crudas en un repositorio abierto, disponibles para cualquier investigador. La idea es que dentro de años —"cinco o 500", según Mendoza— se pueda comparar lo que sonó bajo el eclipse de 2026.

En paralelo, el equipo espera tener lista para el evento una aplicación de ciencia ciudadana llamada EcoEclipse, que permitirá a cualquier ciudadano grabar con su teléfono móvil los sonidos del eclipse y subirlos a la plataforma. Esta iniciativa de participación ciudadana se aplicará tanto al eclipse de 2026 como al de 2027. España vivirá tres eclipses en poco más de un año: el total de 2026, otro total el 2 de agosto de 2027 y uno anular en enero de 2028, lo que proporciona múltiples oportunidades para recopilar datos comparativos.

El proyecto busca responder a una pregunta fundamental: ¿qué se escucha cuando, por un momento, se apaga el mundo? Los resultados podrían proporcionar información valiosa sobre cómo los animales perciben y responden a cambios abruptos en su entorno luminoso, con implicaciones directas para entender el impacto de la contaminación lumínica en los ecosistemas y la biodiversidad.

SIGUE LEYENDO
MÁS DE CIENCIA
ColGlobal
Ciencia

Científicos españoles escucharán el eclipse total de agosto para estudiar cómo reaccionan animales a la oscuridad repentina

Un proyecto científico coordinado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales y la Universidad de Sevilla colocará grabadoras autónomas en aproximadamente 300 puntos de España y Portugal durante el eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026 para registrar cómo responden aves, murciélagos, grillos y otros animales cuando la oscuridad llega una hora antes de lo previsto. El estudio, denominado Ecoeclipse, aprovechará este fenómeno astronómico como un "experimento natural invertido" para medir la sensibilidad de las especies a cambios abruptos en la iluminación, información que podría revelar cómo la contaminación lumínica afecta el comportamiento animal.

12 jul 2026
Tamaño de texto

El eclipse total de Sol que cruzará España el próximo 12 de agosto será el primero visible en el país en más de un siglo. La sombra lunar atravesará la península desde A Coruña hasta Palma, sumiendo la región en una oscuridad casi total durante poco más de minuto y medio al caer la tarde. Mientras la mayoría de los ciudadanos mirará hacia el cielo, un equipo de científicos enfocará su atención en el suelo, donde colocarán grabadoras para captar los sonidos del eclipse.

El proyecto Ecoeclipse surgió de la colaboración entre Airam Rodríguez, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) especializado en el impacto de la contaminación lumínica sobre la fauna, e Irene Mendoza, de la Universidad de Sevilla, especializada en ecoacústica. La iniciativa se inspira en trabajos realizados en Estados Unidos, donde equipos de investigación colocaron grabadoras durante los eclipses de 2023 y 2024 para estudiar los paisajes sonoros. Media docena de expertos españoles que barruntaban la misma idea a pequeña escala se coordinaron para ejecutarla a mayor escala.

La metodología es sencilla y económica. Cada investigador colocará grabadoras autónomas —cajas pequeñas que se dejan en el campo y registran de forma independiente— en puntos ubicados dentro de la trayectoria de la sombra del eclipse. Las grabadoras funcionarán durante cinco días consecutivos: dos días antes del eclipse, el día 12 de agosto y dos días después. El objetivo es comparar los "paisajes sonoros" registrados a la misma hora en días sin eclipse con los sonidos capturados durante el evento, permitiendo identificar qué cambios ocurren en el comportamiento animal.

La ambición del proyecto es alcanzar aproximadamente 300 puntos de grabación distribuidos por toda la península ibérica, incluyendo Portugal. Sin embargo, existe una condición contraintuitiva: los micrófonos no se instalarán donde mejor se observe el eclipse, sino en lugares aislados donde no se esperen visitantes. Como explicó Mendoza, "nos da igual que no se vea bien: lo que queremos es escucharlo, no verlo". Rodríguez añadió que el objetivo es evitar "un montón de personas eufóricas viendo el eclipse" que pudieran interferir con los registros. Los puntos de grabación estarán separados al menos un kilómetro entre sí y ubicados en entornos naturales, no en zonas urbanas.

Los murciélagos son las "estrellas" del experimento, principalmente porque el eclipse ocurre al caer la tarde, aproximadamente una hora antes de que estos animales salgan de sus refugios para cazar. Según Rodríguez, "es fantástico, porque nos adelanta el atardecer". Con las aves, la apuesta es más incierta: en agosto, la mayoría ha completado su reproducción y canta menos, aunque siempre hay algunas vocalizando durante el crepúsculo. El proyecto también incluirá registros de grillos, saltamontes, cigarras e incluso anfibios, aunque los investigadores reconocen que la tecnología de identificación automática aún presenta limitaciones para estos últimos grupos.

Los animales históricamente han mostrado comportamientos notables durante eclipses totales. En 1932, la Sociedad de Historia Natural de Boston compiló casi 500 observaciones de guardas, naturalistas y curiosos durante un eclipse total sobre el noreste de América del Norte. El patrón documentado fue consistente: los pájaros callaban y se recogían, las abejas regresaban a la colmena, los grillos comenzaban a cantar como si fuera anochecer, y los animales nocturnos se activaban, para luego regresar desconcertados a sus escondrijos cuando la luz reaparecía. Un observador de Nueva Hampshire registró con precisión que durante la totalidad no se oyó nada excepto el chirrido de innumerables grillos.

El gran eclipse estadounidense de 2017 confirmó estos patrones mediante un rastreo de casi 700 observaciones ciudadanas, con las aves como protagonistas principales: algunas enmudecían mientras otras comenzaban a cantar. La reacción depende del reloj interno de cada especie. Un estudio previo detectó que los animales de hábitos nocturnos tienden a vocalizar más durante un eclipse, mientras que los diurnos vocalizan menos. Este hallazgo genera un debate entre Rodríguez y Mendoza sobre cuál eclipse proporcionará más información: el de agosto de 2026 al atardecer o el de 2 de agosto de 2027 a media mañana, cuando la oscuridad sorprenderá a las especies diurnas completamente desprevenidas. "Es la pregunta del millón", comentó Mendoza, aunque reconoció que la respuesta solo se conocerá después de analizar los datos.

Mendoza destaca un interés adicional en el proyecto: la contaminación lumínica. Un eclipse, según su perspectiva, "es como un experimento natural pero invertido". Mientras que cada año hay más luz artificial borrando la noche, durante un eclipse ocurre lo opuesto: todas las luces se apagan de golpe. La ventaja adicional es que a esa hora muchas farolas ni siquiera estarán encendidas, y municipios como Pamplona han solicitado al Ayuntamiento apagarlas durante la totalidad para lograr la mayor oscuridad posible. Esta situación proporciona la ocasión perfecta para medir la plasticidad de cada especie: cuán sensibles son a la desaparición repentina de luz y si las poblaciones habituadas al resplandor urbano reaccionan diferente a las que viven en oscuridad.

El procesamiento de datos será automatizado. Nadie escuchará manualmente los miles de audios que se acumularán, lo cual sería imposible. El trabajo lo realizarán algoritmos de identificación automática como BirdNET, una herramienta gratuita ya afinada para aves y, con mayor esfuerzo, para murciélagos. Con anfibios e insectos, la inteligencia artificial aún no alcanza la precisión necesaria, por lo que las grabaciones se colgarán crudas en un repositorio abierto, disponibles para cualquier investigador. La idea es que dentro de años —"cinco o 500", según Mendoza— se pueda comparar lo que sonó bajo el eclipse de 2026.

En paralelo, el equipo espera tener lista para el evento una aplicación de ciencia ciudadana llamada EcoEclipse, que permitirá a cualquier ciudadano grabar con su teléfono móvil los sonidos del eclipse y subirlos a la plataforma. Esta iniciativa de participación ciudadana se aplicará tanto al eclipse de 2026 como al de 2027. España vivirá tres eclipses en poco más de un año: el total de 2026, otro total el 2 de agosto de 2027 y uno anular en enero de 2028, lo que proporciona múltiples oportunidades para recopilar datos comparativos.

El proyecto busca responder a una pregunta fundamental: ¿qué se escucha cuando, por un momento, se apaga el mundo? Los resultados podrían proporcionar información valiosa sobre cómo los animales perciben y responden a cambios abruptos en su entorno luminoso, con implicaciones directas para entender el impacto de la contaminación lumínica en los ecosistemas y la biodiversidad.

FUENTES
SIGUE LEYENDO