Cinco años después del 11 de julio: Cuba sigue atrapada en represión y crisis mientras sus presos políticos permanecen encarcelados
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Cinco años después del 11 de julio: Cuba sigue atrapada en represión y crisis mientras sus presos políticos permanecen encarcelados

Cinco años después de las masivas protestas del 11 de julio de 2021 en Cuba, el país permanece sumido en una crisis económica y social más profunda, con represión gubernamental intensificada y más de mil presos políticos encarcelados o exiliados. Mientras algunos manifestantes fueron liberados tras cumplir condenas de hasta cuatro años, la mayoría de los detenidos en aquellas protestas históricas continúa en prisión, y el Gobierno cubano ha optado por expulsar a líderes de la disidencia hacia el exilio como estrategia para cerrar la grieta abierta en la conciencia nacional.

INTERNACIONAL10 JUL 2026

El 11 de julio de 2021 marcó un punto de quiebre en Cuba. Aquel domingo, iniciado por una convocatoria en Facebook del usuario Danilo Roque en San Antonio de los Baños, un municipio al suroeste de La Habana, miles de cubanos salieron a las calles en un acto de desobediencia civil sin precedentes en décadas. Lo que comenzó como una protesta contra los apagones, la falta de agua y comida se transformó en un reclamo masivo por libertad, con el lema "Patria y Vida" resonando en 62 puntos del país.

La manifestación fue genuinamente espontánea. Danilo Roque escribió en el grupo de Facebook: "¿Cansado de no tener corriente? ¿Obstinado porque no te dejan dormir hace 3 días? ¿Harto de aguantar los descaros de un gobierno al que no le importas? Es hora de salir y exigir". Ni siquiera los organizadores esperaban respuesta. Pero ese 11 de julio, una multitud cansada y molesta se concentró en el Parque de la Iglesia y caminó hasta la calle Real como una marea emancipada. Una anciana de 90 años agarró un caldero en las manos. Hubo quien lloró de felicidad. El presidente Miguel Díaz-Canel llegó custodiado a San Antonio de los Baños para intentar desmantelar la manifestación y fue recibido a golpe de botellas plásticas de agua.

La represión fue inmediata y brutal. Más de 1.500 personas fueron detenidas como presos políticos, entre ellos madres, padres, menores de edad, enfermos y embarazadas. Algunos fueron condenados a hasta 20 años de prisión sin derecho a reclamos. Andy García Lorenzo, quien tenía 23 años cuando fue encarcelado, fue sentenciado a cuatro años de prisión por los supuestos delitos de desacato, desorden público y atentado. Según García Lorenzo, la experiencia en la cárcel de Guajamal incluyó golpes en las rejas, gritos de guardias, hambre deliberada cuando decidió entrar en inanición como protesta, y castigos en celdas de aislamiento. Salió de prisión con 27 años, ahora tiene 28, y describe la situación actual de Cuba como "una película de postguerra, como si hubiesen caído bombas, como si a Cuba le hubiera pasado una guerra por encima".

Duannis León Taboada, de 26 años, fue arrestado cuando se unió a la manifestación en el municipio habanero de Diez de Octubre. Cinco años después, permanece encarcelado. Su madre, Yenisey Taboada, ha documentado el costo humano de su detención: pérdida de fechas importantes, muertes de familiares cercanos que no pudo acompañar, imposibilidad de formar su propia familia. "Hemos perdido demasiado", dice Taboada. Las condiciones en el Combinado del Este, donde está recluido su hijo, son deplorables. Apenas hay luz eléctrica y el agua se distribuye una vez al día, o dos cubetas por reo cuando no llega. Afuera, la madre enfrenta dificultades similares: ha pasado varios días sin electricidad, como es común en casi todo el país, y lucha por conseguir transporte para visitarlo, especialmente desde que la Administración de Donald Trump decretó a inicios de 2026 un cerco petrolero para privar al Gobierno de La Habana de cualquier provisión externa de combustible.

La crisis que motivó las protestas de 2021 se ha agravado exponencialmente. El frágil sistema de salud colapsó por la covid-19. El cierre de aeropuertos durante la pandemia restringió la llegada de turistas. La economía nacional se estrechó aún más. La represión política aumentó mientras la isla se conectaba más a internet, permitiendo que la gente viera en vivo lo que antes permanecía oculto. Yenisey Taboada describe la situación actual: "Cuba no es Cuba. Después del 11 de julio vivo constantemente con la sensación de que mi vida hizo una pausa y ahí nos quedamos. En los últimos cinco años, Cuba empezó a deteriorarse más; nos estamos quedando sin país. Tengo la sensación de que estamos a la deriva, que nadie nos gobierna, que estamos solos, tratando de amanecer vivos". Hace poco vio algo que jamás había presenciado: personas quitando alcantarillas para sacar agua, porque no hay ni agua. "Es la sensación de que mi país está en medio de un apocalipsis. Ves a las personas como zombis mirando hacia el piso. Escuchas por las noches a los niños llorar de calor y eso te da una sensación de impotencia. Todos los días sientes calderas sonar; es el grito de auxilio que está dando el cubano".

Después del 11 de julio, Cuba nunca más ha estado en silencio. Las personas gritan en cacerolazos, en denuncias constantes en redes sociales y en protestas que estallan como pólvora en todo el país. La represión gubernamental no ha disminuido; al contrario, se ha acrecentado. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos registra al menos 1.949 acciones represivas en el primer semestre de 2026 y unas 257 detenciones arbitrarias. La organización Prisoners Defenders registra más de 175 personas convertidas en nuevos presos políticos durante el primer semestre de 2026, lo cual eleva el total a más de mil.

Raudiel Peña Barrios, abogado cubano miembro del grupo de asesoría legal Cubalex, explica: "Desde 2021 hasta 2026 la crisis social y económica se ha recrudecido y, en esa medida, la represión también ha aumentado exponencialmente. Incluso después del 11 de julio se puede rastrear que hay un aumento de las protestas sociales, no tan extendidas como las de ese momento, pero sí hay otras grandes. Eso hace que la represión aumente y el número de presos políticos también haya crecido desde entonces".

La mayoría de los presos políticos del 11 de julio permanecen en prisión. Los excarcelados no escapan a la persecución. Javier Larrondo, director de Prisoners Defenders, asegura: "Los que han cumplido sentencia siguen sufriendo vigilancia, amenazas, visitas, citaciones, detenciones, persecución, impedimentos para trabajar. El régimen los ve como enemigos y los prefiere fuera de la isla".

El Gobierno cubano ha adoptado una estrategia de expulsión de líderes de la disidencia. Sissi Abascal, miembro más joven del grupo Damas de Blanco, fue detenida por desacato, atentado y desórdenes públicos al sumarse a las protestas en Jovellanos. Tenía 22 años. Pasó cuatro años y medio recluida en la prisión de mujeres La Bellotex en Matanzas. El Gobierno le ofreció una salida: exilio o cárcel. Aceptó el exilio y llegó a Miami en mayo de 2026. José Daniel Ferrer García, reconocido líder del oriente cubano detenido en las protestas de 2021 en Santiago de Cuba, se había negado siempre a cualquier negociación que implicara abandonar el país. Finalmente cedió. "Ante las constantes manifestaciones de la policía política para que nos fuéramos de Cuba, terminé aceptando la salida del exilio", escribió en una carta desde la prisión de Mar Verde.

Luis Manuel Otero Alcántara, artista y líder del Movimiento San Isidro, quien logró acaparar la atención del pueblo haciendo del arte una protesta y de la protesta un arte, cumplió su condena de cinco años el 9 de julio de 2026. Fue sacado de la prisión de Guanajay, al sureste de La Habana, y su paradero actual es desconocido. Ha indicado previamente que acepta su salida al exilio.

Sissi Abascal reflexiona sobre el significado del 11 de julio cinco años después: "Los sentimientos se agolpan al recordar ese día. Me queda, en primer lugar, el recuerdo imborrable del asombro y la esperanza. Ver a nuestra gente perder el miedo de golpe, salir a las calles abrumadoramente, de manera pacífica, al grito de libertad. Fue algo que me hizo sentir que el futuro era posible por primera vez en muchos años. Pero también guardo la memoria del dolor y la impotencia. El momento en que la alegría se transformó en tensión por la represión, los cortes de comunicación, los arrestos arbitrarios y la dureza de las condenas. El 11 de julio simboliza la lucha por la justicia y el respeto a la dignidad humana. Que esta fecha sirva para mantener encendida la chispa de la valentía".

Andy García Lorenzo, ahora con 28 años, mantiene su convicción: "Tuvo sentido salir a la calle. Me cambió toda la vida, me hizo encontrar un propósito". Aunque la prisión no lo domesticó, lo curtió y lo hizo "más libre", la realidad que encontró al salir fue desoladora. El castrismo seguía en el poder. El país era peor que antes, con menos luz, menos agua y menos comida, o más cara. Su barrio en Santa Clara permanecía "como detenido en el tiempo": la casa intacta, pero la abuela había muerto, los padres estaban avejentados, el vecino que dejó siendo niño ahora era adolescente, y el que dejó de adolescente ya se había marchado o averiguaba la manera de marcharse de Cuba. Actualmente, cuando habla de la situación, lleva varias horas sin electricidad.

El 11 de julio, antes una fecha ordinaria que la historia no había secuestrado, se volvió un sello en la conciencia nacional cubana. Cinco años después, la grieta que abrió permanece abierta, pero el Gobierno ha intentado cerrarla encarcelando o expulsando a quienes ya no puede mantener tras las rejas. La represión continúa, la crisis se profundiza, y miles de cubanos siguen atrapados en un país que, según sus propios habitantes, ya no es Cuba.

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Cinco años después de las masivas protestas del 11 de julio de 2021 en Cuba, el país permanece sumido en una crisis económica y social más profunda, con represión gubernamental intensificada y más de mil presos políticos encarcelados o exiliados. Mientras algunos manifestantes fueron liberados tras cumplir condenas de hasta cuatro años, la mayoría de los detenidos en aquellas protestas históricas continúa en prisión, y el Gobierno cubano ha optado por expulsar a líderes de la disidencia hacia el exilio como estrategia para cerrar la grieta abierta en la conciencia nacional.

10 jul 2026
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El 11 de julio de 2021 marcó un punto de quiebre en Cuba. Aquel domingo, iniciado por una convocatoria en Facebook del usuario Danilo Roque en San Antonio de los Baños, un municipio al suroeste de La Habana, miles de cubanos salieron a las calles en un acto de desobediencia civil sin precedentes en décadas. Lo que comenzó como una protesta contra los apagones, la falta de agua y comida se transformó en un reclamo masivo por libertad, con el lema "Patria y Vida" resonando en 62 puntos del país.

La manifestación fue genuinamente espontánea. Danilo Roque escribió en el grupo de Facebook: "¿Cansado de no tener corriente? ¿Obstinado porque no te dejan dormir hace 3 días? ¿Harto de aguantar los descaros de un gobierno al que no le importas? Es hora de salir y exigir". Ni siquiera los organizadores esperaban respuesta. Pero ese 11 de julio, una multitud cansada y molesta se concentró en el Parque de la Iglesia y caminó hasta la calle Real como una marea emancipada. Una anciana de 90 años agarró un caldero en las manos. Hubo quien lloró de felicidad. El presidente Miguel Díaz-Canel llegó custodiado a San Antonio de los Baños para intentar desmantelar la manifestación y fue recibido a golpe de botellas plásticas de agua.

La represión fue inmediata y brutal. Más de 1.500 personas fueron detenidas como presos políticos, entre ellos madres, padres, menores de edad, enfermos y embarazadas. Algunos fueron condenados a hasta 20 años de prisión sin derecho a reclamos. Andy García Lorenzo, quien tenía 23 años cuando fue encarcelado, fue sentenciado a cuatro años de prisión por los supuestos delitos de desacato, desorden público y atentado. Según García Lorenzo, la experiencia en la cárcel de Guajamal incluyó golpes en las rejas, gritos de guardias, hambre deliberada cuando decidió entrar en inanición como protesta, y castigos en celdas de aislamiento. Salió de prisión con 27 años, ahora tiene 28, y describe la situación actual de Cuba como "una película de postguerra, como si hubiesen caído bombas, como si a Cuba le hubiera pasado una guerra por encima".

Duannis León Taboada, de 26 años, fue arrestado cuando se unió a la manifestación en el municipio habanero de Diez de Octubre. Cinco años después, permanece encarcelado. Su madre, Yenisey Taboada, ha documentado el costo humano de su detención: pérdida de fechas importantes, muertes de familiares cercanos que no pudo acompañar, imposibilidad de formar su propia familia. "Hemos perdido demasiado", dice Taboada. Las condiciones en el Combinado del Este, donde está recluido su hijo, son deplorables. Apenas hay luz eléctrica y el agua se distribuye una vez al día, o dos cubetas por reo cuando no llega. Afuera, la madre enfrenta dificultades similares: ha pasado varios días sin electricidad, como es común en casi todo el país, y lucha por conseguir transporte para visitarlo, especialmente desde que la Administración de Donald Trump decretó a inicios de 2026 un cerco petrolero para privar al Gobierno de La Habana de cualquier provisión externa de combustible.

La crisis que motivó las protestas de 2021 se ha agravado exponencialmente. El frágil sistema de salud colapsó por la covid-19. El cierre de aeropuertos durante la pandemia restringió la llegada de turistas. La economía nacional se estrechó aún más. La represión política aumentó mientras la isla se conectaba más a internet, permitiendo que la gente viera en vivo lo que antes permanecía oculto. Yenisey Taboada describe la situación actual: "Cuba no es Cuba. Después del 11 de julio vivo constantemente con la sensación de que mi vida hizo una pausa y ahí nos quedamos. En los últimos cinco años, Cuba empezó a deteriorarse más; nos estamos quedando sin país. Tengo la sensación de que estamos a la deriva, que nadie nos gobierna, que estamos solos, tratando de amanecer vivos". Hace poco vio algo que jamás había presenciado: personas quitando alcantarillas para sacar agua, porque no hay ni agua. "Es la sensación de que mi país está en medio de un apocalipsis. Ves a las personas como zombis mirando hacia el piso. Escuchas por las noches a los niños llorar de calor y eso te da una sensación de impotencia. Todos los días sientes calderas sonar; es el grito de auxilio que está dando el cubano".

Después del 11 de julio, Cuba nunca más ha estado en silencio. Las personas gritan en cacerolazos, en denuncias constantes en redes sociales y en protestas que estallan como pólvora en todo el país. La represión gubernamental no ha disminuido; al contrario, se ha acrecentado. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos registra al menos 1.949 acciones represivas en el primer semestre de 2026 y unas 257 detenciones arbitrarias. La organización Prisoners Defenders registra más de 175 personas convertidas en nuevos presos políticos durante el primer semestre de 2026, lo cual eleva el total a más de mil.

Raudiel Peña Barrios, abogado cubano miembro del grupo de asesoría legal Cubalex, explica: "Desde 2021 hasta 2026 la crisis social y económica se ha recrudecido y, en esa medida, la represión también ha aumentado exponencialmente. Incluso después del 11 de julio se puede rastrear que hay un aumento de las protestas sociales, no tan extendidas como las de ese momento, pero sí hay otras grandes. Eso hace que la represión aumente y el número de presos políticos también haya crecido desde entonces".

La mayoría de los presos políticos del 11 de julio permanecen en prisión. Los excarcelados no escapan a la persecución. Javier Larrondo, director de Prisoners Defenders, asegura: "Los que han cumplido sentencia siguen sufriendo vigilancia, amenazas, visitas, citaciones, detenciones, persecución, impedimentos para trabajar. El régimen los ve como enemigos y los prefiere fuera de la isla".

El Gobierno cubano ha adoptado una estrategia de expulsión de líderes de la disidencia. Sissi Abascal, miembro más joven del grupo Damas de Blanco, fue detenida por desacato, atentado y desórdenes públicos al sumarse a las protestas en Jovellanos. Tenía 22 años. Pasó cuatro años y medio recluida en la prisión de mujeres La Bellotex en Matanzas. El Gobierno le ofreció una salida: exilio o cárcel. Aceptó el exilio y llegó a Miami en mayo de 2026. José Daniel Ferrer García, reconocido líder del oriente cubano detenido en las protestas de 2021 en Santiago de Cuba, se había negado siempre a cualquier negociación que implicara abandonar el país. Finalmente cedió. "Ante las constantes manifestaciones de la policía política para que nos fuéramos de Cuba, terminé aceptando la salida del exilio", escribió en una carta desde la prisión de Mar Verde.

Luis Manuel Otero Alcántara, artista y líder del Movimiento San Isidro, quien logró acaparar la atención del pueblo haciendo del arte una protesta y de la protesta un arte, cumplió su condena de cinco años el 9 de julio de 2026. Fue sacado de la prisión de Guanajay, al sureste de La Habana, y su paradero actual es desconocido. Ha indicado previamente que acepta su salida al exilio.

Sissi Abascal reflexiona sobre el significado del 11 de julio cinco años después: "Los sentimientos se agolpan al recordar ese día. Me queda, en primer lugar, el recuerdo imborrable del asombro y la esperanza. Ver a nuestra gente perder el miedo de golpe, salir a las calles abrumadoramente, de manera pacífica, al grito de libertad. Fue algo que me hizo sentir que el futuro era posible por primera vez en muchos años. Pero también guardo la memoria del dolor y la impotencia. El momento en que la alegría se transformó en tensión por la represión, los cortes de comunicación, los arrestos arbitrarios y la dureza de las condenas. El 11 de julio simboliza la lucha por la justicia y el respeto a la dignidad humana. Que esta fecha sirva para mantener encendida la chispa de la valentía".

Andy García Lorenzo, ahora con 28 años, mantiene su convicción: "Tuvo sentido salir a la calle. Me cambió toda la vida, me hizo encontrar un propósito". Aunque la prisión no lo domesticó, lo curtió y lo hizo "más libre", la realidad que encontró al salir fue desoladora. El castrismo seguía en el poder. El país era peor que antes, con menos luz, menos agua y menos comida, o más cara. Su barrio en Santa Clara permanecía "como detenido en el tiempo": la casa intacta, pero la abuela había muerto, los padres estaban avejentados, el vecino que dejó siendo niño ahora era adolescente, y el que dejó de adolescente ya se había marchado o averiguaba la manera de marcharse de Cuba. Actualmente, cuando habla de la situación, lleva varias horas sin electricidad.

El 11 de julio, antes una fecha ordinaria que la historia no había secuestrado, se volvió un sello en la conciencia nacional cubana. Cinco años después, la grieta que abrió permanece abierta, pero el Gobierno ha intentado cerrarla encarcelando o expulsando a quienes ya no puede mantener tras las rejas. La represión continúa, la crisis se profundiza, y miles de cubanos siguen atrapados en un país que, según sus propios habitantes, ya no es Cuba.

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