Colombia debate convertir hipopótamos invasores en parque temático en lugar de sacrificarlos
El futuro ministro de Ambiente de Colombia, Fabio Arjona Hincapié, propuso crear un santuario turístico para los casi 300 hipopótamos que se expanden por la cuenca del río Magdalena, rechazando el sacrificio recomendado por científicos. La propuesta, que incluiría alianzas con millonarios indios, ha generado críticas de expertos que advierten sobre los costos millonarios, la inviabilidad técnica y el abandono de años de trabajo institucional para controlar esta especie exótica invasora heredada del zoológico privado de Pablo Escobar.
El futuro ministro de Ambiente de Colombia, Fabio Arjona Hincapié, anunció en una entrevista con EL PAÍS que busca una salida "más inteligente" que el sacrificio para resolver el problema de los hipopótamos invasores que se expanden por el país, apelando además a la "sensibilidad de las personas", según declaró el funcionario. La propuesta incluye la creación de una suerte de parque temático o santuario, en alianza con millonarios indios, donde los animales podrían convertirse en atractivo turístico.
La declaración ha generado una fuerte reacción crítica de la comunidad científica, que advierte que esta propuesta desconoce años de trabajo técnico y representa un retroceso en el manejo de una de las especies invasoras más problemáticas del mundo. Los hipopótamos que hoy habitan Colombia son el legado del zoológico privado que Pablo Escobar construyó en Hacienda Nápoles, su finca convertida en parque temático en los años ochenta y noventa.
**La magnitud del problema**
Actualmente, la población de hipopótamos en Colombia se acerca a los 300 individuos, distribuidos en siete grupos poblacionales que ocupan más de tres mil kilómetros cuadrados en sistemas complejos a lo largo del Magdalena Medio y la Depresión Momposina, según información citada en el análisis del problema. Estos animales no son una curiosidad pintoresca, sino una especie exótica invasora con capacidad de alterar cuerpos de agua, modificar ciclos de nutrientes, desplazar fauna nativa y aumentar riesgos para las poblaciones humanas en los territorios donde se establecen.
Los hipopótamos son animales gregarios pero también profundamente agresivos y territoriales. Un macho adulto de hipopótamo común puede pesar en promedio alrededor de 1.5 toneladas y en casos excepcionales superar las 2 toneladas, mientras que su consumo diario de forraje suele rondar los 40 kilos de pasto por noche, con registros de hasta 60 kilos, según los datos disponibles sobre la especie. Además, un hipopótamo adulto puede producir entre 20 y 25 kilogramos de heces por día, lo que genera impactos significativos en la calidad del agua y la dinámica ecológica del entorno.
**Los obstáculos técnicos y económicos**
La posibilidad de un santuario para hipopótamos ya se ha discutido antes y se estrella contra la biología básica de la especie, la complejidad de los ecosistemas colombianos y la realidad económica del país. El reto incluye encontrar, capturar, inmovilizar, transportar, esterilizar y confinar a un gran número de hipopótamos enormes y salvajes distribuidos en un área extensa.
Los hipopótamos requieren áreas enormes donde sus colonias puedan separarse, cuerpos de agua amplios, manejo veterinario especializado e infraestructura robusta. Su permanencia en cuerpos de agua artificiales o seminaturales no elimina sus impactos, porque seguirán aportando grandes cantidades de materia orgánica y nutrientes a los acuíferos naturales superficiales o subterráneos, con efectos sobre la calidad del agua.
Mantener bajo cuidado humano una población de cientos de hipopótamos no es una solución simple, rápida ni barata. Es una operación gigantesca y costosa de largo plazo. Los hipopótamos pueden vivir más de 40 o 50 años, de modo que no se trataría de una inversión inicial para resolver el problema durante el gobierno que inicia, sino de un compromiso financiero y logístico que se arrastraría durante décadas.
**El dilema presupuestario**
Colombia tiene más de 2.000 especies amenazadas y una enorme deuda histórica con su conservación, según se señala en el análisis de la situación. Ecosistemas enteros carecen de financiación suficiente, programas de manejo viven al borde del colapso y la biodiversidad nativa compite todos los días contra la indiferencia presupuestal del Estado.
En ese contexto, destinar una inversión multimillonaria y sostenida para convertir a los hipopótamos invasores en un negocio turístico representaría, según los críticos, decir en la práctica que el país está dispuesto a gastar fortunas en administrar el legado exótico del narcotráfico mientras deja a su suerte a miles de especies nativas que sí pertenecen a estos ecosistemas y sí dependen de una política pública seria para sobrevivir.
**El impacto en las comunidades locales**
Las comunidades ribereñas que conviven a diario con estos animales enfrentan consecuencias concretas de su expansión. Estas poblaciones han alterado sus rutinas de movilidad, modificado prácticas de pesca y restringido el uso de cuerpos de agua. Dependen de fuentes hídricas hoy contaminadas por heces de hipopótamos y viven bajo la incertidumbre de encontrarse con una mole de varias toneladas en una ciénaga, en una trocha o en un cultivo, según se describe la situación de estas comunidades.
La apelación del ministro entrante a la "sensibilidad de las personas" ha generado cuestionamientos sobre a cuáles personas se refiere: si a quienes observan el problema desde la distancia de una pantalla y se enternecen con la imagen de un hipopótamo convertido en mascota, o a las personas que comparten su territorio con una especie impredecible, agresiva y territorial.
**El trabajo institucional previo**
Durante los gobiernos de Iván Duque y Gustavo Petro, el país avanzó en la construcción de un plan de manejo para los hipopótamos invasores. Las autoridades ambientales recogieron las recomendaciones de expertos y centros de investigación, de organismos nacionales e internacionales y de las comunidades locales para delinear rutas de acción técnicamente sólidas y éticamente defendibles.
Fue a partir de este proceso que, durante el gobierno saliente, se consolidó el Plan de Manejo del Hipopótamo en Colombia, elaborado por el Ministerio de Ambiente con el respaldo del Instituto Humboldt y la Universidad Nacional de Colombia. El plan no se limita a la remoción de animales, sino que reconoce que se trata de un problema ecológico, social e institucional, por lo que incorpora acciones de monitoreo permanente, articulación interinstitucional, educación ambiental, gestión del riesgo y comunicación pública, además de mecanismos de detección temprana de nuevos focos de expansión.
**Las críticas científicas**
La postura de Arjona, según los críticos, ralentiza en el mejor de los casos la implementación de medidas urgentes ya definidas técnicamente. En el peor de los escenarios, con el cambio completo de abordaje hacia un parque temático, desarticula completamente años de trabajo institucional, científico y ciudadano orientados a enfrentar la expansión de esta especie invasora.
El control letal o eutanasia de ejemplares, defendido por científicos y autoridades ambientales, no es considerado por los expertos como una perversión ni un fracaso de la inteligencia, sino como una de las herramientas que la ciencia ha considerado necesarias para reducir una población invasora cuyo crecimiento ya se salió de control.
**Compromisos internacionales**
El control de especies invasoras no es un capricho tecnocrático, sino una obligación que Colombia ya aceptó ante la comunidad internacional en materia de biodiversidad. Las especies invasoras son reconocidas como uno de los principales motores de extinción de especies a nivel mundial.
La propuesta del ministro entrante también pasa por alto estos compromisos internacionales que el país asumió. El debate serio, según los expertos, no debería girar en torno a cómo volver a los hipopótamos más rentables, más fotogénicos o más aceptables para la sensibilidad urbana, sino a cómo contener de manera efectiva y ética una población que crece y se dispersa mientras el Estado duda.
**El perfil del ministro entrante**
Fabio Arjona Hincapié es biólogo marino, exviceministro de Ambiente y hasta ahora vicepresidente de Conservación Internacional Colombia. Su nombramiento inicialmente generó expectativas en sectores científicos por su formación académica y experiencia en conservación.
Sin embargo, sus declaraciones sobre fracking sin necesidad de pilotos, expansión de la minería en áreas sensibles y la propuesta del parque temático para hipopótamos han generado preocupación entre expertos ambientales, que advierten que la formación científica no es garantía de idoneidad y que puede servir para revestir de autoridad técnica decisiones cuestionables desde el punto de vista ambiental.
**El legado de Hacienda Nápoles**
Los hipopótamos que hoy se expanden por la cuenca del Magdalena son el residuo vivo del zoológico delirante que Pablo Escobar concibió como exhibición de poder y parque temático privado en Hacienda Nápoles. Aquel capricho extravagante no solo dejó una postal del exceso del narcotráfico, sino también una herencia ambiental que el país sigue pagando décadas después.
La convicción de que la megafauna exótica puede importarse, encerrarse y exhibirse sin consecuencias es precisamente lo que produjo el desastre actual. La propuesta de convertir esta invasión biológica en atractivo turístico, según los críticos, no es una salida creativa sino insistir en la misma lógica que generó el problema.
**Implicaciones futuras**
El ministro entrante todavía no ha dado detalles específicos de lo que considera una salida más inteligente y sensible para la problemática de los hipopótamos invasores. Por ahora solo ha presentado la imagen de un santuario o parque en alianza con millonarios indios.
La decisión que tome el nuevo gobierno sobre el manejo de los hipopótamos tendrá consecuencias de largo plazo no solo para el control de esta especie invasora, sino también para la credibilidad de la política ambiental colombiana, el cumplimiento de compromisos internacionales en materia de biodiversidad y la asignación de recursos públicos entre especies exóticas y la conservación de la biodiversidad nativa del país.
Los expertos insisten en que la salida responsable no será necesariamente la más vistosa, ni la más rentable, ni la que mejor imagen proyecte al exterior, sino la basada en la mejor ciencia disponible, la que garantice la protección a los ecosistemas y a la biodiversidad nativa, y la que salvaguarde el futuro de las comunidades que hoy conviven con las consecuencias de este problema ambiental heredado del narcotráfico.



