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Crimea pasa del triunfo de Putin en 2014 a escenario de guerra con evacuaciones y escasez

La península de Crimea, anexionada por Rusia en 2014 en una operación que convirtió a Vladímir Putin en héroe nacional, se ha transformado en zona de guerra con ataques de drones, evacuación de niños de campamentos de verano y escasez de gasolina, electricidad y agua, según reporta El País. La ofensiva ucraniana amenaza las comunicaciones terrestres y marítimas de la península, poniendo en jaque el principal logro político del presidente ruso.

INTERNACIONAL26 JUN 2026

La rápida anexión de Crimea en 2014 permitió a Vladímir Putin convertirse a ojos de sus conciudadanos en el gran líder capaz de "restablecer la justicia histórica" y "devolver definitivamente" la península del mar Negro a Rusia, según El País. Doce años después, con la península engullida por la guerra, el éxito de 2014 se ha transformado en una desgracia para quienes allí viven.

La situación actual plantea nuevas incógnitas sobre el futuro de Crimea: si se transformará en una fortaleza acosada y aislada con problemas crónicos de abastecimiento, o si la ofensiva ucraniana provocará una reacción disuasiva con grandes costes humanos por parte del líder ruso, tan vinculado personal e históricamente con la península, según la fuente.

Al cumplirse el primer aniversario de la anexión, Putin reveló que al iniciarla tuvo que dar "instrucciones" y "órdenes" al Ejército "sobre el posible comportamiento de Rusia y de nuestras Fuerzas Armadas ante cualquier desarrollo de los acontecimientos", según El País. Interrogado sobre si había puesto en estado de alerta las fuerzas nucleares rusas, el dirigente contestó: "Estábamos dispuestos para el peor escenario posible".

LA NARRATIVA RUSA SOBRE CRIMEA

"En Crimea todo literalmente está impregnado de nuestra historia y orgullo compartidos. Aquí está el antiguo Jersonés, donde se bautizó el Santo príncipe Vladímir. En los corazones y en las mentes de la gente, Crimea siempre fue y seguirá siendo una parte integral de Rusia", dijo Putin en marzo de 2014 en su discurso anual sobre el estado de la nación, según la fuente.

"El pueblo de Crimea ha tomado una decisión y ha votado. El tema está cerrado históricamente. No hay ningún retorno al anterior sistema. Ninguno", afirmó Putin en septiembre de 2016, según El País.

El arraigo de la narrativa rusa sobre Crimea y la rotundidad de Putin eran tales que algunos políticos occidentales de peso expresaron comprensión hacia el dirigente ruso, con independencia del derecho internacional, incluidos los acuerdos bilaterales ruso-ucranianos, que no dejaban dudas sobre la jurisdicción de Kiev sobre la península, según la fuente.

En la lista de los "comprensivos" figuraron el expresidente francés Nicolás Sarkozy, el ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi, que visitó la Crimea anexionada, el ex canciller alemán Gerhard Schröder, y un elenco de diputados de tendencias varias que acudieron a la península, según El País. También visitaron Crimea la jefa de la casa de los Románov, María Vladímirovna, y otros miembros de su familia en 2016, según la fuente.

CRIMEA FUERA DE LAS NEGOCIACIONES

Crimea resultaba intocable en la búsqueda de un acomodo entre Ucrania y los sectores prorrusos de ese país, según El País. Prueba de ello fueron las conversaciones de Minsk, celebradas en febrero de 2015 bajo el patrocinio de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) con la participación de Francia y Alemania.

Aquellas conversaciones afectaron solo a los independentistas de las autodenominadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, pero no a Crimea, y concluyeron con un protocolo de alto el fuego y la separación de los combatientes en el Donbás, según la fuente.

Evitar mencionar Crimea fue la única forma de involucrar a Rusia en negociaciones sobre lo que por entonces se presentó formalmente como el conflicto entre Kiev y las autoproclamadas repúblicas populares, según El País. Crimea se quedó fuera porque los dirigentes rusos habían proclamado que esa península, a diferencia del Donbás, era una parte inalienable del territorio ruso.

LA INTEGRACIÓN DE CRIMEA A RUSIA

En la práctica, el trabajo para "anclar" Crimea a Rusia y construir un cordón umbilical con Moscú avanzó con rapidez, según la fuente. Se construyó una nueva carretera, un nuevo aeropuerto y el puente de 19 kilómetros sobre el estrecho de Kerch, que se inauguró en 2019, según El País.

Procedentes de Siberia y de lejanas provincias rusas llegaron a la península nuevos habitantes dispuestos a empezar una nueva vida en aquel paraíso y a sustituir a los tártaros y ucranios, cuyas comunidades en Crimea menguaban por el destierro y el exilio, según la fuente.

Según datos ucranios citados por El País, de 2014 a 2018 se instalaron en Crimea más de 140.000 rusos. En 2021, la población, parcial y deliberadamente renovada, era de 1.934.630 habitantes, según la fuente. En 2013, antes de la anexión, habían sido 1.956.422 habitantes.

El turismo volvió a despegar, sobre todo tras la inauguración del puente, según El País. Los aviones volaban entre las ciudades de Rusia y Simferópol y, aunque tenían que dar un rodeo para evitar territorio ucranio, los vuelos eran abundantes y asequibles. En 2021, la cifra de turistas superó los nueve millones, alcanzando 9.390.000 visitantes, según la fuente.

Las autoridades rusas de Crimea organizaban foros de inversores internacionales y posibilitaron un truculento sistema de redistribución de la propiedad inmobiliaria mediante la revisión de la propiedad legitimada por Ucrania, según El País. Los bancos encontraron esquemas para funcionar burlando las sanciones internacionales y las importaciones se hacían con intermediarios en Rusia, según la fuente.

EXPECTATIVAS DIPLOMÁTICAS

Entre bastidores, diplomáticos europeos veían posibilidades de que a largo plazo Crimea, pese a no ser reconocida oficialmente, se transformara de hecho en una parte aceptada del territorio ruso y quién sabe si también pudiera llegar a obtener un estatus oficial por la vía de un eventual referéndum internacional reconocido o mediante un pago compensatorio a Kiev, según El País.

Mientras tanto, en Donbás, el mecanismo de observación gestionado por la OSCE funcionaba razonablemente, y la zona se iba convirtiendo en otro "conflicto no resuelto" más en el espacio postsoviético, según la fuente. No era un arreglo perfecto, pero tenía sus ventajas, tanto para las fuerzas prooccidentales de Ucrania, pues alejaba de las urnas a un nutrido contingente de votantes prorrusos, como para Rusia, que no tenía que responsabilizarse abiertamente de un territorio industrial envejecido y necesitado de grandes inversiones, según El País.

DE PARAÍSO A ZONA DE GUERRA

Así fue hasta 2022, cuando las disparadas ambiciones de Putin sobre el territorio ucranio volvieron a poner a Crimea en el tablero y la convirtieron en escenario de la guerra, según la fuente. Ahora, Crimea es sobrevolada por drones, que han destruido refinerías e infraestructuras vitales y amenazan las comunicaciones por tierra, el corredor arrebatado a Ucrania que conduce a la península desde el continente, y por mar, los accesos al puente sobre el estrecho de Kerch desde la península y desde la península de Tamán, en territorio ruso, según El País.

En Crimea falta gasolina, electricidad y agua y las autoridades han tomado la decisión sin precedentes de evacuar a los niños de los campamentos de verano, incluido Artek, el más legendario, donde veranean miles de niños cada año, según la fuente. Los turistas huyen o anulan estancias ya contratadas y los daños a la principal industria local son enormes, según El País.

EL NÚCLEO DURO DE PUTIN

El ataque a Crimea es un ataque al "núcleo duro" de Putin, a la percepción de sí mismo, según la fuente. La pregunta es si el hombre que ya se ha visto inmortalizado en los libros de historia aceptará que le vean como un irresponsable lunático que, en pos de una quimera, sacrificó vidas, arruinó fortunas y transformó un paraíso en un infierno, según El País.

La península que Putin presentó como su mayor logro político, el símbolo de la restauración del poder ruso y la corrección de lo que consideraba una injusticia histórica, enfrenta ahora una realidad que contrasta dramáticamente con las promesas de 2014. La situación actual plantea interrogantes sobre el futuro de la península y sobre las decisiones que tomará el líder ruso ante la amenaza a lo que considera territorio inalienable de Rusia.

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