Crimea se desmorona bajo los ataques ucranianos: turistas atrapados en una península sin combustible ni electricidad
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Crimea se desmorona bajo los ataques ucranianos: turistas atrapados en una península sin combustible ni electricidad

La península de Crimea, anexionada ilegalmente por Rusia en 2014, enfrenta una crisis humanitaria sin precedentes tras los bombardeos ucranianos que han destruido sus vías de acceso, refinerías y centrales eléctricas. Con gasolineras prohibidas de vender combustible a civiles, cortes de luz intermitentes y ataques aéreos constantes, la región que recibía millones de turistas anuales se ha convertido en una trampa para los pocos visitantes que permanecen atrapados, mientras el sector turístico anticipa la pérdida de más de cuatro millones de visitantes este año.

INTERNACIONAL10 JUL 2026

La situación en Crimea ha alcanzado niveles críticos tras intensificarse los ataques ucranianos contra infraestructuras militares y energéticas. Según reportes de El País, la península, que albergaba una población de 2,4 millones de personas que se duplicaba anualmente con la llegada de turistas, se encuentra bajo estado de emergencia desde hace una semana, con sus dos únicas vías de acceso obstaculizadas por los bombardeos.

Las restricciones de combustible son absolutas. Las gasolineras tienen prohibido vender carburante a particulares y empresas, utilizando todos sus recursos para cubrir necesidades básicas de la ciudad. Natalia, gerente de una gasolinera en Feodosia, explicó que solo los camiones de comida en listas administrativas y constructoras con contratos públicos pueden repostar, con cantidades específicas asignadas por distrito. Cuando se le preguntó qué alternativa tiene la población, respondió: "Bicicleta".

La única excepción es Sebastopol, base de la Flota del Mar Negro, donde los turistas pueden repostar una única vez con un código QR concedido por la administración para poder salir de Crimea. Algunos civiles se arriesgan a condenas de prisión revendiendo combustible en los caminos, según la fuente.

Los turistas que permanecen en la región han adoptado estrategias de supervivencia extremas. María y Ania, dos jóvenes procedentes de Moscú y Volgogrado, llegaron la semana anterior con sus padres y llenaron el tanque con anticipación, trayendo dos bidones adicionales. "Estamos ahorrando gasolina. No conducimos y, si nos movemos, lo hacemos en bicicleta o caminando", explicó María. Ania añadió: "Todo el mundo se ha ido. La gente nos dice que estamos locos". Cuando se le preguntó sobre los bombardeos, respondió: "Si no tuviéramos fe en Dios sería aterrador. Cuando duermes y de pronto oyes ese ruido es como si se te viniera encima tu casa. Sabes que algo pasa y muere gente, pero bueno, la guerra es la guerra".

Los cortes de luz son intermitentes y generalizados. En Koktebel, una pequeña localidad turística próxima a Feodosia, la dueña de un pequeño hotel afirmó: "Cero turismo. Aquí no hay ataques. No hay combustible, pero la luz funciona", poco antes de que se produjera un corte de luz de varias horas. En los restaurantes cercanos se disculpan por no poder servir algunos platos por falta de electricidad para conservar la comida.

En Sebastopol, la situación es similar. Una vendedora de una tienda del malecón advierte a los clientes: "Comprueba que el helado no esté estropeado. La luz va y viene, y las neveras dejan de funcionar". Nastia, camarera de una cafetería del puerto, relató: "Has tenido suerte, hemos estado tres días sin luz ni agua. La comida se echó a perder, hemos tenido que tirar con las garrafas de agua que había en las tiendas". Esta joven se había mudado recientemente de Ekaterimburgo a la ciudad militar por su pareja.

Los ataques aéreos son constantes e intensos. Durante la noche, una fuerte explosión sacudió el norte de Feodosia a las dos de la mañana, seguida por el zumbido de drones acercándose. Un minuto después comenzó el caos en un radio de cientos de metros: ráfagas de ametralladoras y antiaéreos, explosiones y drones dando vueltas sobre las casas antes de silbar en su caída en picada. Los análisis rusos señalan que las vallas y redes que cubren refinerías y centrales eléctricas, además de ser inefectivas, podrían dificultar la extinción de incendios.

La infraestructura turística está devastada. Un enorme complejo petrolero cerca de la estación de autobuses de Feodosia quedó arrasado en mayo, ardiendo durante días hasta dejar solo figuras deformes de metal fundido. Lidia, vigilante de la galería que alberga medio centenar de obras del pintor Iván Aivazovski en su antiguo hogar de Feodosia, lamentó: "Estas salas solían estar abarrotadas, ahora están vacías".

El impacto económico es devastador. La Unión de la Industria Turística Rusa estima que se han cancelado ya en torno al 70% de las reservas de hoteles en Crimea. En un hotel céntrico de Sebastopol con más de 300 habitaciones, apenas 15 clientes están registrados para desayunar. En el edificio de apartamentos de Koktebel no hay un solo vecino en sus tres pisos.

Los jóvenes locales enfrentan un futuro incierto. Stepán, estudiante de la escuela técnica de Feodosia, se queja: "La situación está peor que en años anteriores. Estoy buscando trabajo y no encuentro nada. Aquí todo gira en torno al turismo, pero no hay ni gente ni dinero". Su amiga Aliya subraya: "A veces hay luz, pero solo durante unas horas y no todos los días. Y depende de en qué calle estés". Aliya tenía que hacer una pasantía en junio, "pero se canceló una semana antes porque era peligroso viajar a Koktebel".

Crimea recibió 6,9 millones de turistas en 2025, según la gobernación rusa local, a pesar de la guerra y de que desplazarse hasta aquí es una odisea al estar cerrado el espacio aéreo. La opción más rápida ronda las 30 horas en autobús desde Moscú, aunque se puede intentar volar a Krasnodar bajo el riesgo de que el vuelo sea cancelado por presencia de drones, algo ya habitual en toda la zona europea de Rusia. Ahora, el sector turístico teme perder más de cuatro millones de visitantes este año.

Las vías de acceso están prácticamente cerradas. Al norte, la carretera R-280 es vigilada por drones de nueva generación que han destruido cientos de camiones. Al este, en el estrecho de Kerch, los bombardeos ucranianos han provocado que no crucen tanto el ferry por mar como los vehículos pesados por el puente, mientras que el paso de trenes rusos ha sido limitado a unas pocas horas al día.

El puente de Crimea, dañado por sendos sabotajes ucranianos en 2022 y 2023, está blindado por todo tipo de medidas defensivas. Cada vehículo es registrado minuciosamente antes de cruzar, y el paso de un autobús puede tomar hasta dos horas teniendo solo cuatro vehículos por delante. Carteles explican qué hacer si oyes "1–Disparos. 2–Explosiones. 3−Bombardeos" o "has sido secuestrado".

A pesar de las crecientes dificultades, no se observa ningún tipo de protesta: la población asume resignada las restricciones. Alexánder, un turista de mediana edad en Feodosia, dijo: "La guerra está dejando su huella. Por supuesto que desearía que terminara cuanto antes". Poco después se registró un intenso bombardeo y nuevos cortes de luz.

Contexto político de la anexión

La anexión rusa de Crimea en 2014 no ha sido reconocida ni siquiera por los principales socios del Kremlin: China, Irán y Kazajistán. Tampoco por otras potencias del "sur global" como Brasil, India y Sudáfrica. Desde su ocupación en 2014, Ucrania ha insistido en su retorno por la vía diplomática y en 2021 fundó la Plataforma de Crimea, una herramienta política para mantener la presión internacional sobre Moscú.

El estatus de la península ha sido una de las cientos de excusas que ha mencionado el Kremlin para justificar su invasión de Ucrania en 2022. En 2021, el entonces secretario del Consejo de Seguridad ruso, Nikolái Pátrushev, anunció unas supuestas "provocaciones orquestadas por Ucrania con el apoyo de Estados Unidos" en las que supuestamente iban a morir soldados de Kiev "para servir de pretexto para una acción militar" sobre la península. Aquello nunca sucedió.

Irónicamente, en 1999, el entonces primer ministro ruso Vladímir Putin afirmó en televisión que el Kremlin no pondría en peligro el futuro de su país por conquistar la península: "No queremos tomar Crimea, eso es una auténtica tontería. Si empezamos a quitarle cosas a otros, sin duda nos quitarán o perderemos algo. Comenzaría una nueva división de la antigua URSS de la que jamás nos recuperaríamos". Reconoció entonces que "la pesada herencia imperial de Rusia es el principal problema", afirmando que "todos consideran a Rusia un imperio, y la tratan como si actuase como un imperio. Y esto ya no es así". Quince años después, en 2014, anexionó Crimea contra toda ley internacional.

La estrategia ucraniana de aislar Crimea forma parte de su objetivo más amplio de recuperar territorios ocupados. Las fuerzas armadas ucranianas están tratando de aislar la península, el mayor trofeo del presidente ruso Vladímir Putin en sus 26 años en el poder y plataforma para su invasión de Ucrania desde 2022. La región está plagada de ametralladoras y sistemas antiaéreos que intentan interceptar las rutas de los drones y misiles ucranianos.

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10 jul 2026
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La situación en Crimea ha alcanzado niveles críticos tras intensificarse los ataques ucranianos contra infraestructuras militares y energéticas. Según reportes de El País, la península, que albergaba una población de 2,4 millones de personas que se duplicaba anualmente con la llegada de turistas, se encuentra bajo estado de emergencia desde hace una semana, con sus dos únicas vías de acceso obstaculizadas por los bombardeos.

Las restricciones de combustible son absolutas. Las gasolineras tienen prohibido vender carburante a particulares y empresas, utilizando todos sus recursos para cubrir necesidades básicas de la ciudad. Natalia, gerente de una gasolinera en Feodosia, explicó que solo los camiones de comida en listas administrativas y constructoras con contratos públicos pueden repostar, con cantidades específicas asignadas por distrito. Cuando se le preguntó qué alternativa tiene la población, respondió: "Bicicleta".

La única excepción es Sebastopol, base de la Flota del Mar Negro, donde los turistas pueden repostar una única vez con un código QR concedido por la administración para poder salir de Crimea. Algunos civiles se arriesgan a condenas de prisión revendiendo combustible en los caminos, según la fuente.

Los turistas que permanecen en la región han adoptado estrategias de supervivencia extremas. María y Ania, dos jóvenes procedentes de Moscú y Volgogrado, llegaron la semana anterior con sus padres y llenaron el tanque con anticipación, trayendo dos bidones adicionales. "Estamos ahorrando gasolina. No conducimos y, si nos movemos, lo hacemos en bicicleta o caminando", explicó María. Ania añadió: "Todo el mundo se ha ido. La gente nos dice que estamos locos". Cuando se le preguntó sobre los bombardeos, respondió: "Si no tuviéramos fe en Dios sería aterrador. Cuando duermes y de pronto oyes ese ruido es como si se te viniera encima tu casa. Sabes que algo pasa y muere gente, pero bueno, la guerra es la guerra".

Los cortes de luz son intermitentes y generalizados. En Koktebel, una pequeña localidad turística próxima a Feodosia, la dueña de un pequeño hotel afirmó: "Cero turismo. Aquí no hay ataques. No hay combustible, pero la luz funciona", poco antes de que se produjera un corte de luz de varias horas. En los restaurantes cercanos se disculpan por no poder servir algunos platos por falta de electricidad para conservar la comida.

En Sebastopol, la situación es similar. Una vendedora de una tienda del malecón advierte a los clientes: "Comprueba que el helado no esté estropeado. La luz va y viene, y las neveras dejan de funcionar". Nastia, camarera de una cafetería del puerto, relató: "Has tenido suerte, hemos estado tres días sin luz ni agua. La comida se echó a perder, hemos tenido que tirar con las garrafas de agua que había en las tiendas". Esta joven se había mudado recientemente de Ekaterimburgo a la ciudad militar por su pareja.

Los ataques aéreos son constantes e intensos. Durante la noche, una fuerte explosión sacudió el norte de Feodosia a las dos de la mañana, seguida por el zumbido de drones acercándose. Un minuto después comenzó el caos en un radio de cientos de metros: ráfagas de ametralladoras y antiaéreos, explosiones y drones dando vueltas sobre las casas antes de silbar en su caída en picada. Los análisis rusos señalan que las vallas y redes que cubren refinerías y centrales eléctricas, además de ser inefectivas, podrían dificultar la extinción de incendios.

La infraestructura turística está devastada. Un enorme complejo petrolero cerca de la estación de autobuses de Feodosia quedó arrasado en mayo, ardiendo durante días hasta dejar solo figuras deformes de metal fundido. Lidia, vigilante de la galería que alberga medio centenar de obras del pintor Iván Aivazovski en su antiguo hogar de Feodosia, lamentó: "Estas salas solían estar abarrotadas, ahora están vacías".

El impacto económico es devastador. La Unión de la Industria Turística Rusa estima que se han cancelado ya en torno al 70% de las reservas de hoteles en Crimea. En un hotel céntrico de Sebastopol con más de 300 habitaciones, apenas 15 clientes están registrados para desayunar. En el edificio de apartamentos de Koktebel no hay un solo vecino en sus tres pisos.

Los jóvenes locales enfrentan un futuro incierto. Stepán, estudiante de la escuela técnica de Feodosia, se queja: "La situación está peor que en años anteriores. Estoy buscando trabajo y no encuentro nada. Aquí todo gira en torno al turismo, pero no hay ni gente ni dinero". Su amiga Aliya subraya: "A veces hay luz, pero solo durante unas horas y no todos los días. Y depende de en qué calle estés". Aliya tenía que hacer una pasantía en junio, "pero se canceló una semana antes porque era peligroso viajar a Koktebel".

Crimea recibió 6,9 millones de turistas en 2025, según la gobernación rusa local, a pesar de la guerra y de que desplazarse hasta aquí es una odisea al estar cerrado el espacio aéreo. La opción más rápida ronda las 30 horas en autobús desde Moscú, aunque se puede intentar volar a Krasnodar bajo el riesgo de que el vuelo sea cancelado por presencia de drones, algo ya habitual en toda la zona europea de Rusia. Ahora, el sector turístico teme perder más de cuatro millones de visitantes este año.

Las vías de acceso están prácticamente cerradas. Al norte, la carretera R-280 es vigilada por drones de nueva generación que han destruido cientos de camiones. Al este, en el estrecho de Kerch, los bombardeos ucranianos han provocado que no crucen tanto el ferry por mar como los vehículos pesados por el puente, mientras que el paso de trenes rusos ha sido limitado a unas pocas horas al día.

El puente de Crimea, dañado por sendos sabotajes ucranianos en 2022 y 2023, está blindado por todo tipo de medidas defensivas. Cada vehículo es registrado minuciosamente antes de cruzar, y el paso de un autobús puede tomar hasta dos horas teniendo solo cuatro vehículos por delante. Carteles explican qué hacer si oyes "1–Disparos. 2–Explosiones. 3−Bombardeos" o "has sido secuestrado".

A pesar de las crecientes dificultades, no se observa ningún tipo de protesta: la población asume resignada las restricciones. Alexánder, un turista de mediana edad en Feodosia, dijo: "La guerra está dejando su huella. Por supuesto que desearía que terminara cuanto antes". Poco después se registró un intenso bombardeo y nuevos cortes de luz.

Contexto político de la anexión

La anexión rusa de Crimea en 2014 no ha sido reconocida ni siquiera por los principales socios del Kremlin: China, Irán y Kazajistán. Tampoco por otras potencias del "sur global" como Brasil, India y Sudáfrica. Desde su ocupación en 2014, Ucrania ha insistido en su retorno por la vía diplomática y en 2021 fundó la Plataforma de Crimea, una herramienta política para mantener la presión internacional sobre Moscú.

El estatus de la península ha sido una de las cientos de excusas que ha mencionado el Kremlin para justificar su invasión de Ucrania en 2022. En 2021, el entonces secretario del Consejo de Seguridad ruso, Nikolái Pátrushev, anunció unas supuestas "provocaciones orquestadas por Ucrania con el apoyo de Estados Unidos" en las que supuestamente iban a morir soldados de Kiev "para servir de pretexto para una acción militar" sobre la península. Aquello nunca sucedió.

Irónicamente, en 1999, el entonces primer ministro ruso Vladímir Putin afirmó en televisión que el Kremlin no pondría en peligro el futuro de su país por conquistar la península: "No queremos tomar Crimea, eso es una auténtica tontería. Si empezamos a quitarle cosas a otros, sin duda nos quitarán o perderemos algo. Comenzaría una nueva división de la antigua URSS de la que jamás nos recuperaríamos". Reconoció entonces que "la pesada herencia imperial de Rusia es el principal problema", afirmando que "todos consideran a Rusia un imperio, y la tratan como si actuase como un imperio. Y esto ya no es así". Quince años después, en 2014, anexionó Crimea contra toda ley internacional.

La estrategia ucraniana de aislar Crimea forma parte de su objetivo más amplio de recuperar territorios ocupados. Las fuerzas armadas ucranianas están tratando de aislar la península, el mayor trofeo del presidente ruso Vladímir Putin en sus 26 años en el poder y plataforma para su invasión de Ucrania desde 2022. La región está plagada de ametralladoras y sistemas antiaéreos que intentan interceptar las rutas de los drones y misiles ucranianos.

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