

Centenares de miles de palestinos desplazados en la franja de Gaza soportan temperaturas superiores a 30 grados en tiendas de campaña sin acceso a electricidad, agua potable suficiente ni infraestructura básica, según testimonios recogidos en Al Mawasi y otras zonas del territorio. La crisis humanitaria se agrava con la multiplicación de enfermedades cutáneas, respiratorias y gastrointestinales, especialmente entre niños, mientras el 90% de la infraestructura energética permanece destruida desde los bombardeos israelíes iniciados en octubre de 2023.
Son las nueve de la mañana y la temperatura en Al Mawasi, zona costera del sur de la franja de Gaza donde se hacinan centenares de miles de desplazados, supera ya los 30 grados, según Hajar al Ghoul, profesora de 30 años. "Pero por la humedad parece que hace más calor y dentro de la tienda de campaña ya no se puede aguantar durante el día, porque literalmente nos derretimos", explica al Ghoul.
Sus armas para hacer frente a estas temperaturas son un plato de plástico que usa como abanico y una precaria ducha construida por la familia, que consiste en entrar a una rudimentaria cabina fabricada con madera y plástico y echarse un cubo de agua por encima. Eso cuando hay suerte y los camiones cisterna humanitarios llegan hasta la zona para hacer un reparto, según la profesora.
"Además, hay que elegir si usas el agua por la mañana para empezar el día con sensación de estar limpia o por la noche, para intentar dormir un poco mejor, porque tenemos pocos litros", explica Al Ghoul.
En Gaza tampoco hay electricidad y tener un ventilador o un frigorífico que funcionen son un sueño lejano para estas familias, que huyeron de sus casas para salvar la vida y desde entonces están en tiendas de campaña. "No sé por dónde empezar a lamentarme. ¿La falta de agua, el calor, la falta de electricidad, los mosquitos y las ratas que se están multiplicando este verano?", pregunta Ahmed Abu Fayed, desde Nuseirat, en el centro de la Franja.
"Esto es un infierno. Sueño con abrir la puerta de un frigorífico y beber un vaso de agua fría, con cambiar la tienda de campaña por una habitación de verdad, con techo de cemento. Pero he perdido toda esperanza. Solo encontraré paz en mi tumba", agrega este padre de tres hijos, uno de ellos con un grave problema en la piel debido a las deplorables condiciones de higiene en las que viven, según Abu Fayed. "Me da vergüenza enviar una foto de lo que llamamos baño", admite.
Infraestructura energética destruida
La ONU calcula que el 90% de la infraestructura energética de la Franja quedó destrozada por los bombardeos israelíes registrados a partir de octubre de 2023, en respuesta a los ataques del movimiento islamista palestino Hamás en territorio israelí.
"Los hospitales y las pequeñas plantas desalinizadoras de agua funcionan gracias a generadores, pero está faltando el aceite para mantenerlos en marcha y tampoco están entrando las piezas necesarias para reparar los generadores que se han estropeado", explica desde Gaza Samir Zaqut, de la ONG palestina Al Mezan.
Con un trozo de cartón Khamis Ohman, de 53 años, abanica a su pequeña hija, que está en brazos de su mujer. Es el tercer verano que pasan dentro de una tienda de campaña en Deir al Balah, en el centro de la Franja. "Nos pasamos el día sudando y con dolor de cabeza por el calor", lamenta Ohman. "¿Qué forma de vivir es esta? ¿Sin apenas comida, con poca agua y sin trabajo? El verano es para disfrutar, pero aquí no hay nada que hacer", agrega este padre palestino.
Al Ghoul, Abu Fayed y los gazatíes entrevistados no pueden reprimir una cierta ironía mezclada con rabia cuando comentan las noticias de las altas temperaturas que se registran en Europa. "Estas carpas están llenas de insectos y arena. En Europa hablan de sus olas de calor, pero tienen apartamentos con aires acondicionados y con ventiladores. Se han olvidado de nosotros", lamenta Fatima Salim Hamdou, de 53 años, desde Deir al Balah.
"Una ola de calor con enchufes no es una ola de calor", agrega Al Ghoul. Esta profesora recuerda que en su apartamento en Ciudad de Gaza, ella y su marido, Osama, tenían ventiladores, cuando el calor era intenso bajaban las persianas y por la noche abrían las ventanas para que entrara la brisa del mar. "Ahora pienso que aquello era un palacio", afirma.
La Franja lleva bajo bloqueo israelí desde 2007, cuando Hamás tomó las riendas de este pequeño territorio palestino, y la falta de libertad y los episodios de violencia cíclicos han marcado la vida de los gazatíes, según la fuente.
Al Ghoul tuvo que dejar su casa a finales de 2023 y nunca ha podido volver porque está prácticamente destrozada. "No hemos cambiado las lonas de la tienda desde hace unos dos años y el sol pasa prácticamente a través", afirma. "Así estamos la mayoría. La gente va literalmente persiguiendo la sombra durante el día fuera de la tienda para encontrar un poco de respiro", dice la profesora.
Crisis de vivienda y ayuda humanitaria insuficiente
Según la ONU, 850.000 personas en Gaza necesitan urgentemente un techo o un mejor refugio porque más del 76% de las casas de la Franja fueron total o parcialmente destrozadas. Desde la entrada en vigor del alto el fuego en octubre, el volumen de ayuda humanitaria que entra en Gaza ha aumentado, pero las necesidades superan con creces las cantidades autorizadas por Israel, que sigue ocupando militarmente el 58% de los 365 kilómetros cuadrados de este territorio palestino, en el que los ataques israelíes han matado a más de 73.000 palestinos desde 2023, según la ONU.
En Gaza, según las organizaciones humanitarias, falta de todo: medicamentos, tuberías, excavadoras y material de reconstrucción, agua potable, gasolina, retretes o lonas para protegerse del sol.
"Sufrimos en invierno y en verano. Es insoportable. Estoy cansado", dice Abu Saeed Mohamed, de 51 años, en una tienda de campaña en Deir al Balah. El hombre asegura que, como mucho, tienen dos litros de agua por persona y por día y que el mar tampoco es un lugar seguro. "El ejército ha abierto fuego muchas veces mientras nos bañábamos. Yo ya solo voy a buscar agua con la que lavarnos", explica Mohamed.
Según un estudio realizado por la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) antes de esta ola de calor, un 78% de los hogares de la Franja sufría ya una falta de agua moderada o alta. Un 62% de ellos vive con menos de seis litros por persona por día, según OCHA.
Multiplicación de enfermedades
La organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) afirma que el calor sumado a las pésimas condiciones de vida de la inmensa mayoría de los gazatíes está multiplicando desde hace meses los problemas cutáneos, las afecciones respiratorias, las diarreas o gastroenteritis, especialmente entre los niños.
"El único escape es el mar. Pero es muy peligroso para los niños que no saben nadar, debido a las olas, las rocas o las medusas", dice Amjed Tantesh. Este experimentado profesor de Gaza, que ha enseñado a nadar a miles de niños en la Franja desde hace casi 30 años y logró formar un equipo de natación profesional, ha logrado en los últimos meses habilitar cinco piscinas con agua de mar, en diversos puntos de la costa de Gaza, cubiertas parcialmente con unas lonas, para que los niños y niñas puedan tener algo de sombra durante los cursos, según Tantesh.
La guerra destruyó la piscina en la que entrenaba el equipo de natación en el norte de Gaza, pero desde que la tregua entró en vigor, Tantesh y un equipo de 40 voluntarios ha construido prácticamente con sus propias manos estos lugares en los que huir del calor y del trauma de los bombardeos. Aunque sea en un Mediterráneo contaminado, según el profesor.
"Los escombros nos sirvieron para construir barreras y crear espacios seguros", afirma Tantesh. El profesor organizó una campaña de micromecenazgo para reunir fondos con los que financiar esta actividad, a la que bautizó Swim with Gaza (Nada con Gaza). Gracias a este crowdfunding y al apoyo de ONG y de Unicef, hoy, 700 niños están aprendiendo a nadar en Gaza y huyen de las altas temperaturas durante algunas horas, según Tantesh.
"Durante una parte del día, los chavales huyen del calor, que en los campamentos de desplazados es atroz, y sienten el placer de sumergirse en el mar", afirma el profesor de natación.
La situación en Gaza ilustra cómo las consecuencias de los conflictos armados se extienden más allá de los bombardeos directos, afectando la capacidad de la población civil para sobrevivir condiciones climáticas normales que, sin infraestructura básica, se convierten en amenazas mortales. Con el verano apenas comenzando y sin perspectivas de reconstrucción inmediata de la infraestructura energética e hídrica, los desplazados gazatíes enfrentan meses de condiciones extremas que agravan una crisis humanitaria ya catalogada como una de las más graves del mundo.