

Rusia llevó a cabo una campaña de espionaje prolongada utilizando drones de bajo coste para vigilar instalaciones nucleares de la OTAN en al menos 13 países europeos entre agosto de 2024 y febrero de 2026, según reveló este jueves el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres. La investigación documentó 144 incidentes en los que los artefactos, presuntamente lanzados desde barcos de la llamada flota fantasma rusa, sobrevolaron bases militares, aeropuertos y centrales energéticas, exponiendo las debilidades de las defensas antiaéreas europeas y la falta de respuesta coordinada de la alianza atlántica.
La campaña de espionaje rusa mediante drones, que se extendió durante al menos año y medio, tuvo como objetivos prioritarios las instalaciones nucleares del Reino Unido, Francia, Bélgica y Holanda, según el informe del IISS. Los episodios de apariencia extraña registrados en diversas ciudades europeas, con drones misteriosos que sobrevolaban instalaciones aeroportuarias e interrumpían el tráfico de aviones, tienen ahora una aparente explicación vinculada a Moscú.
Gran parte de los drones supuestamente despegaron desde barcos que forman parte de la flota fantasma, los petroleros y buques de transporte que utiliza Rusia para evadir las sanciones económicas impuestas por la comunidad internacional, exportar petróleo y otras materias primas y seguir financiando su guerra contra Ucrania, según la investigación. Esas embarcaciones estaban cerca de la zona donde fueron avistados los drones, y el informe sugiere que fueron utilizadas como plataformas de lanzamiento, bases para la recuperación de los artefactos y centros desde donde dirigir las tareas de comunicación de la información aparentemente recabada.
El IISS logró registrar al menos 144 incidentes entre agosto de 2024 y febrero de 2026 en al menos 13 países. Las instalaciones nucleares de cuatro países de la OTAN eran materia de preferencia en la campaña rusa, según el centro de análisis londinense fundamental en la producción de análisis militares.
Entre las instalaciones en las que los gobiernos detectaron la presencia de drones se encuentran la base aérea de Lakenheath de la RAF en Suffolk, Reino Unido, que estaba siendo acondicionada para albergar misiles nucleares estadounidenses que fueron finalmente instalados en julio de 2025, según el informe. También fue objetivo la base de submarinos atómicos en Île Longue, en la Bretaña francesa, en diciembre de ese mismo año.
En noviembre y diciembre de 2025 hubo incursiones de drones, justo a la vez que se habían detectado embarcaciones de la flota fantasma rusa en el mar del Norte, sobre la base aérea belga de Brogel y sobre la de Volkel en los Países Bajos, según el IISS. Ambas instalaciones acogían misiles nucleares estadounidenses.
En febrero de 2026, el ejército sueco confirmó que un dron que se había atascado y fue interceptado cerca del portaviones nuclear francés Charles de Gaulle tenía origen ruso y había sido lanzado desde el buque espía Zhigulevsk, según el informe.
Alemania registró el mayor número de incidentes de este tipo con 48 casos, incluyendo seis de "posible espionaje con drones" en la base aérea de Ramstein, según el IISS. Bélgica tuvo 25 casos; Dinamarca, 16; Países Bajos, 9; Francia, 8; el Reino Unido y Noruega, 7 cada uno.
En septiembre de 2025, el avistamiento de drones en Dinamarca forzó el cierre del aeropuerto de Copenhague y de otros aeródromos del país, según el informe. Cerca de la costa danesa navegaban entonces al menos cuatro buques con cargamento ruso. Otros aeropuertos forzados a cerrar temporalmente por la presencia de drones fueron los de Bruselas, Múnich, Oslo y Vilna.
A través de fuentes abiertas, informes de prensa y datos de Armed Conflict Location and Event Data (ACLED), una organización independiente que rastrea conflictos por todo el mundo, el informe del IISS concluye que un 48% de los avistamientos de drones se produjeron en instalaciones militares; un 18% en aeropuertos civiles, muchos de ellos obligados a suspender sus operaciones; y un 26% sobre infraestructuras clave como puertos, centrales energéticas o zonas industriales.
Toda esta labor de espionaje pilló con el pie cambiado a los países afectados y a la propia OTAN, que fueron incapaces de responder adecuadamente como habrían hecho ante un ataque aéreo convencional, según el informe. Explotó de esta manera la debilidad en las defensas antiaéreas de Europa, así como las trabas legales o las reglas de enfrentamiento que constriñen a los gobiernos cuando la supuesta invasión se produce en territorio civil, con lo que no se "produjo una respuesta conjunta aliada" y quedaron reveladas las carencias en la respuesta ante la amenaza de estos artefactos de tan bajo coste.
Durante todo este tiempo, los gobiernos afectados han optado por dar una respuesta nacional discreta a estos incidentes, y se han mostrado reticentes a señalar directamente a Moscú, asegura el informe del IISS. "Pero todos los gobiernos con los que hemos hablado nos han asegurado que darían la bienvenida a la publicación de este informe", dijo Charlie Edwards, el investigador del IISS responsable del texto, en un encuentro con periodistas.
Más allá de las instalaciones nucleares, la investigación sugiere que Rusia persigue presuntamente obtener un mapa de la logística militar y de la cadena de suministros de los países aliados, así como llevar a cabo "una campaña de desgaste económico y de guerra psicológica", según Edwards.
El informe expone las vulnerabilidades de la alianza atlántica ante amenazas asimétricas de bajo coste que explotan vacíos legales y operativos en las defensas europeas. La revelación de esta campaña de espionaje plantea interrogantes sobre la capacidad de respuesta coordinada de la OTAN ante tácticas no convencionales y la necesidad de actualizar los protocolos de defensa aérea para enfrentar amenazas de drones en territorio civil.