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Rescatan con vida a vigilante venezolano tras ocho días sepultado bajo escombros de terremoto

Hernán Alberto Gil Flores, un guardia de seguridad de 43 años, fue rescatado este jueves tras permanecer ocho días atrapado en el estacionamiento subterráneo de un centro comercial en La Guaira, Venezuela, que colapsó durante los terremotos del 24 de junio. El operativo, considerado uno de los más peligrosos y complejos por los rescatistas, involucró a equipos de diez países que trabajaron sin descanso para extraerlo con vida de entre los escombros, según confirmó la Cruz Roja de Costa Rica.

INTERNACIONAL2 JUL 2026

Hernán Alberto Gil Flores sobrevivió gracias a un bolsillo de aire que se formó en la garita de seguridad donde trabajaba en el estacionamiento subterráneo del centro comercial Galerías Playa Grande, en La Guaira, cuando los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron Venezuela el 24 de junio, según reportó The Guardian. Gil Flores se refugió bajo el escritorio de su cabina cuando ocurrió el primer temblor, lo que le salvó la vida mientras la estructura de concreto a su alrededor se derrumbaba.

La voz de Gil Flores fue escuchada por primera vez el domingo 29 de junio a las 13.00 horas, 100 horas después del doble terremoto que ha registrado ya 600 réplicas, según El País. Allan Madrigal y Alfredo Jiménez, rescatistas de la Cruz Roja de Costa Rica, realizaban una inspección del edificio cuando establecieron contacto.

"¿Hay alguien con vida?", preguntó Madrigal. "Sí", respondió Gil Flores. "¿Estás prensado?", continuó el rescatista. "No, estoy libre", contestó el vigilante. Inmediatamente pidieron refuerzos.

Minyar Collado, miembro del equipo de la Cruz Roja de Costa Rica, reveló a la agencia Associated Press que cuando encontraron a Gil Flores, este les pidió que no le dijeran a su esposa que estaba vivo, por si no lograba salir con vida.

El rescate se convirtió en uno de los más complicados y peligrosos que muchos bomberos han enfrentado, según múltiples rescatistas citados por El País. El equipo tuvo que retirar grandes cantidades de escombros para acercarse al cubículo en la planta -2 donde estaba atrapado Gil Flores. El techo amenazaba con colapsar en cualquier momento y requería apuntalamiento constante. El edificio adyacente se desplazaba silenciosamente un milímetro cada hora, pero durante el rescate el ritmo se multiplicó por nueve. El propio edificio del estacionamiento se movió tres centímetros durante estos días.

"Conforme se escarbaba, caía material desde arriba. Como garbanzos, todo molido", describió un rescatista chileno citado por El País. La misión era tan arriesgada que varios rescatistas la consideraron demasiado peligrosa y abandonaron la operación. "Ahora ves 100 personas, pero hubo un momento en el que éramos ocho. Estábamos solos con los costarricenses", dijo Luis Farias, presidente de la Cruz Roja venezolana. "Nos creíamos locos porque nadie nos prestaba atención", añadió.

Farias y su equipo comenzaron a hacer llamadas para atraer más personal. A los rescatistas de Costa Rica, inicialmente considerados locos por muchos, se sumaron equipos de El Salvador, Chile, México, Portugal, Estados Unidos y Venezuela, según El País. El presidente salvadoreño Nayib Bukele narró los avances en directo. "Cuando se vio que había una estrategia definida y que estaba funcionando, decidieron sumarse", explicó Farias. Antes también participaron colombianos y españoles.

La operación fue coordinada por un equipo de búsqueda y rescate urbano de bomberos chilenos, quienes trabajaron las 24 horas con equipos especializados de Estados Unidos, Portugal y México, entre otros, según The Guardian. Los rescatistas tuvieron que navegar condiciones estructurales altamente inestables, lluvia torrencial y réplicas persistentes para excavar un túnel hasta Gil Flores. Utilizaron una cámara telescópica para mantener contacto constante con él, pasándole agua y nutrientes líquidos a través de un estrecho conducto para mantenerlo hidratado durante los últimos tres días de la extracción.

María Paz Campos, una bombera veterana de Chile, guió al guardia de seguridad durante toda la operación y lo mantuvo calmado durante las horas finales del rescate el jueves, según The Guardian. En un video publicado por los bomberos chilenos en las horas previas al rescate, se vio a Gil Flores dibujando, aparentemente para pasar el tiempo. Campos luego le indicó suavemente que mirara a la cámara y usara gafas protectoras. "Necesito que mantengas las gafas puestas para evitar que las pequeñas partículas que están cayendo entren en tus ojos", le dijo.

Gusbimar González, esposa de Gil Flores, hizo guardia en el lugar durante los días del rescate. Tiene dos hijos de 8 y 10 años con el vigilante; el menor tiene una condición especial que la obligó a ausentarse ocasionalmente para atenderlo, según El País. "Cuando miro alrededor, no puedo creer la cantidad de personas que hay aquí ayudando", dijo González la noche del lunes. Cuando supo que su esposo estaba vivo, expresó: "Sentí alegría y agradecimiento, gratitud a Dios, porque le pedí mucho que lo encontraran con vida". La pareja tenía pendiente un paseo a la playa, una de las cosas que más le gustan a Gil Flores.

Al principio, los rescatistas no podían ver a Gil Flores, pero sí escuchar los latidos de su corazón con sensores, según El País. Hace días que pudieron hablar con él. Durante el rescate, entraron por turnos hasta 300 hombres y mujeres que le ofrecieron agua y construyeron estructuras de madera. Sin ellas, esa esquina del estacionamiento se vendría abajo y los sepultaría a todos. "Es un trabajo de equipo, multitarea, y es lento y peligroso", dijo Cristian Vera, líder de misión de los bomberos chilenos.

El rescate enfrentó múltiples retrasos. La noche del lunes parecía inminente la extracción, pero se aplazó primero media hora, luego dos horas y después seis horas más. "Aquí ha habido muchísima humanidad, porque hemos tenido varios dilemas según se complicaba", recordó Farias. "Al principio nos hemos preguntado varias veces qué hacíamos, y la respuesta siempre era acompañar a este señor. No podemos haberle dado esperanza después del quinto día y dejarlo aquí".

La madrugada del martes, cuando faltaba menos de un metro para llegar a él, tuvieron que parar: la lluvia amenazaba sus vidas, según El País. Por la mañana, los mexicanos, tumbados entre escombros con un frágil techo sobre sus cabezas, seguían picando una pared con pequeños cinceles. A las 15.30 del martes, todo estaba dispuesto nuevamente para sacarlo, con las banderas ondeando en los camiones y la esposa en un vehículo que guiaría a la ambulancia. "No nos dimos por vencidos y ya viene para afuera. Estamos increíblemente felices; recargamos las baterías con esto. Definitivamente es un milagro", dijo emocionado Madrigal.

Pero era una falsa alarma: por el agujero que habían abierto apenas cabía la mano de Gil Flores. "Es un sitio muy complicado, este es un rescate artesanal", explicó Farias. A las 17.00 llegó el relevo de los portugueses, mientras los salvadoreños se desplomaban sobre el techo de un edificio derruido para echarse una siesta. La noche del martes al miércoles sonó el teléfono: "Corran, ya lo sacan". Se formaron dos pasillos, uno con los rescatistas extranjeros que habían participado todas estas horas en el operativo y otro con funcionarios públicos venezolanos —sobre todo bomberos y militares— que aparecían por primera vez para la foto. Pero Gil Flores no salía.

Un riesgo estructural volvió a retrasar el rescate. "Si se produce algún movimiento de los materiales, ni siquiera da tiempo para evacuar. Quedarían atrapados la víctima y los rescatistas", explicó uno de los rescatadores citado por El País. El miércoles por la noche continuaba la obra de ingeniería, cavando un nuevo túnel. "No lo vamos a abandonar", aseguró un miembro del equipo.

Finalmente, este jueves cerca de las 10.00 hora local (16.00 en España peninsular), el rescate se consumó con éxito y Gil Flores volvió a ver la luz del día entre vítores, según confirmó El País. Los equipos que portaban banderas de todo el mundo vitorearon mientras los rescatistas llevaban a Gil Flores en una camilla cubierta con una lona naranja a través de multitudes hasta una ambulancia de la Cruz Roja, según The Guardian. Un grupo de hombres con uniformes rojos de la Cruz Roja de Costa Rica se abrazaron y rieron aliviados.

González dijo que su desesperación dio paso a la esperanza cuando escuchó que su esposo seguía vivo. "Vi un rayo de luz en la oscuridad", declaró a The Guardian.

"La inversión extraordinaria de tantos medios, personas y tiempo para salvar a Hernán, un venezolano humilde, ha sido quizá el mayor ejemplo de colaboración de esta catástrofe", señaló El País. "Te conozco desde hace algunas horas, pero ya te quiero mucho", le declaró Farias a Gil Flores durante el rescate.

Los terremotos del 24 de junio mataron a casi 2.200 personas, hirieron a más de 11.000 y dejaron a decenas de miles desaparecidas, según The Guardian. El País reportó cifras de 2.295 fallecidos y más de 7.491 personas rescatadas con vida en estos días. Muchos rescates se han realizado con las manos, sin equipos sofisticados.

Aunque ha habido algunos rescates asombrosos —incluyendo el de Gil Flores y el de un niño de tres años que fue sacado de los escombros el martes— las esperanzas de encontrar muchos más sobrevivientes se están desvaneciendo rápidamente, según The Guardian. Sin embargo, las familias de quienes están atrapados en edificios colapsados se aferran a la esperanza de que sus seres queridos puedan ser encontrados.

Dora Bello dijo que su sobrino de 42 años, Eduardo José Rosal Bello, estaba dentro de una torre en La Guaira llamada Residencia Costa Brava cuando fue reducida a escombros por los terremotos gemelos. "Necesitamos acción. Necesitamos que vengan y hagan algo porque hay vida adentro. Hay vida dentro de ese edificio", dijo Bello, de 49 años, mientras estaba junto a los restos del edificio y una pila de efectos personales y ropa pertenecientes a sus residentes perdidos, según The Guardian.

Russ Gauden, coordinador nacional y líder del equipo en Venezuela del equipo británico de Búsqueda y Rescate Internacional, dijo que todavía es posible que se encuentren más sobrevivientes a pesar de la terrible devastación causada en la costa norte de Venezuela. "La población en esta parte del mundo es muy, muy robusta: gente humilde y orgullosa. Son sobrevivientes. Y ahí es donde vemos la diferencia. Todos los libros que se han escrito durante muchos, muchos años sobre las ventanas de vulnerabilidad parecen cambiar en esta parte del mundo", dijo Gauden, cuyo grupo de bomberos, médicos e ingenieros ha pasado los últimos días rastreando edificios destruidos en busca de sobrevivientes.

"Normalmente son 96 horas aquí, 126, 130 horas. Es una posibilidad distinta", añadió Gauden, citado por The Guardian.

El enfoque ahora se está desplazando hacia la supervivencia de quienes escaparon de los terremotos. Muchos están sin hogar y la comida y el agua se están volviendo escasas, según The Guardian. El martes, el Programa Mundial de Alimentos hizo un llamado por 50 millones de dólares (37.4 millones de libras esterlinas), diciendo que alrededor de 500.000 personas en Venezuela necesitarán ser alimentadas durante tres meses.

El análisis preliminar de datos satelitales sugiere que más de 58.000 edificios pueden haber sido dañados o destruidos en los dos terremotos, superando con creces las estimaciones oficiales, según The Guardian.

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