El equipo de Irán llegó al aeropuerto de Tijuana alrededor de las 5 a.m. del domingo, tras haber partido de su campamento de entrenamiento en Turquía un día antes. El entrenador Amir Ghalenoei expresó su descontento al llegar, afirmando que "deberíamos haber estado aquí la semana pasada" debido a la diferencia horaria de 12 horas, lo que requiere un periodo de adaptación de dos semanas. Ghalenoei subrayó que en estos torneos deben respetarse consideraciones éticas y humanas, las cuales, según él, no se han tenido en cuenta en su caso. A pesar de que el equipo se encuentra listo para competir, la controversia por los visados ha generado tensiones.
El capitán del equipo, Ehsan Hajsafi, también se pronunció sobre la situación, cuestionando la tardanza en la obtención de los visados y recordando las dificultades que ha enfrentado Irán en el último año debido a conflictos bélicos. La selección iraní jugará sus partidos de la fase de grupos en Estados Unidos, comenzando con un encuentro contra Nueva Zelanda el 15 de junio en Los Ángeles, seguido de un partido contra Bélgica el 21 de junio y otro contra Egipto el 26 de junio en Seattle.
La embajada de Irán en Turquía denunció que 15 miembros del personal administrativo y de gestión no recibieron visados, lo que fue calificado como un "trato deliberado y discriminatorio". Además, el embajador iraní en México, Abolfazl Pasandideh, informó que, según las condiciones de sus visados, el equipo debe entrar y salir de EE.UU. el mismo día de sus partidos, lo que contradice la información proporcionada anteriormente por el portavoz del equipo.
La Federación de Fútbol de Irán, cuyo presidente, Mehdi Taj, también fue uno de los que no recibió visado, calificó la decisión como "interferencia política en el deporte en su peor forma". Por su parte, un funcionario de la administración estadounidense no abordó directamente la cuestión de los visados denegados, pero afirmó que no se permitirá que el equipo iraní abuse del sistema para introducir terroristas en el país bajo falsos pretextos. Esta situación marca un hito, ya que será la primera vez que un país anfitrión reciba a un equipo de una nación con la que está en conflicto bélico durante un Mundial.
