En la Cisjordania ocupada por Israel, un fenómeno económico inusual está quebrando los cimientos de la vida cotidiana: el exceso de efectivo. Según reportes de la Agencia de Prensa Asociada, gasolineras han dejado de aceptar depósitos en efectivo porque sus bancos están literalmente llenos de billetes y monedas que no pueden procesar. El sistema bancario palestino enfrenta una paradoja: tiene dinero en abundancia pero no puede usarlo.
El origen del problema radica en un conflicto entre el Banco de Israel y la Autoridad Monetaria Palestina, que supervisa las instituciones financieras palestinas. Israel limita la cantidad de moneda física que acepta de vuelta desde Cisjordania, según la Agencia de Prensa Asociada. El tope establecido es de 18.000 millones de shékels (5.900 millones de dólares) al año, pero los bancos palestinos acumulan un estimado de 30.000 millones de shékels anuales, según Moayad Afaneh, economista que ha asesorado a la Autoridad Palestina.
Mohammad Manasra, vicegobernador de la Autoridad Monetaria Palestina, describió la situación en una entrevista con la Agencia de Prensa Asociada: "Los bancos han sido encadenados en su capacidad para afrontar la crisis. Lo que se practica en Cisjordania es una guerra económica". El funcionario palestino señala que el problema afecta directamente la capacidad del gobierno y del sector privado para prestar servicios a los principales sectores industriales y al pueblo palestino.
El mecanismo que genera este exceso de efectivo es estructural. La economía palestina funciona casi exclusivamente con moneda física, y entra más dinero desde Israel del que puede salir. Los empleadores en Israel y en sus asentamientos pagan a trabajadores palestinos en efectivo. Además, ciudadanos palestinos de Israel compran productos como cigarrillos y combustible en Cisjordania, llevando más shékels al territorio. A medida que entra más efectivo, crece el excedente atrapado dentro de los bancos palestinos, sin generar intereses ni transformarse en préstamos, inversiones y pagos de facturas.
Los bancos centrales de la mayoría de los países recuperan efectivo de los bancos comerciales y los acreditan electrónicamente para que puedan liquidar pagos y satisfacer las necesidades de los clientes. Pero en la Cisjordania ocupada, donde los palestinos no tienen voz sobre las políticas monetarias que rigen el shékel, la economía funciona de otra manera. El territorio ha dependido predominantemente del shékel israelí durante décadas y depende de Israel para facilitar el comercio, recaudar impuestos y procesar pagos por bienes importados, en virtud de acuerdos que se remontan a la década de 1990.
En el pasado, funcionarios israelíes expresaron reticencia a aceptar más shékels, citando preocupaciones de que el dinero devuelto pudiera estar vinculado al lavado de dinero, la evasión fiscal o el terrorismo, según la Agencia de Prensa Asociada. El Banco de Israel señaló en un comunicado que sigue la política del gobierno actual sobre cuántos shékels aceptar, pero que desde que comenzó la guerra en Gaza han trabajado menos palestinos en Israel, lo que ha reducido el efectivo que entra en Cisjordania.
La oficina del ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, no respondió a las solicitudes de comentarios, pero Smotrich amenazó en septiembre de 2025 con "usar todas las herramientas" a su disposición para impedir la creación de un Estado palestino, incluida la "asfixia económica", según la Agencia de Prensa Asociada.
Las consecuencias prácticas del exceso de efectivo son inmediatas y devastadoras. Con crecientes necesidades de espacio en bóvedas, los bancos tienen que pagar para almacenar y asegurar el efectivo que no pueden sacar de circulación. Están aceptando menos depósitos de empresas y hogares, que a su vez deben encontrar formas alternativas de guardar el dinero de manera segura. El economista Afaneh señaló que el temor a saqueos por parte de soldados israelíes que realizan redadas domiciliarias cada vez más comunes ha agravado el problema. Los palestinos están depositando más en los bancos porque temen que los soldados confisquen el dinero en efectivo, alegando que sumas sospechosamente grandes podrían usarse para fines ilícitos o terrorismo.
Tener demasiado efectivo disponible también perjudica los resultados de los bancos porque no pueden prestar dinero como la mayoría de las entidades, que hoy lo hacen de forma electrónica. Un estudio del Fondo Monetario Internacional de 2022 estimó que el exceso de efectivo redujo las ganancias de los bancos palestinos en alrededor de un 20%, una cifra que, según Afaneh, probablemente sea mucho mayor hoy.
El impacto en las empresas es tangible. Dentro de la sede en Ramala del Grupo Al-Huda, que opera estaciones de servicio, tiendas de conveniencia, supermercados, ferreterías, lavaderos de autos y otros negocios que recaudan decenas de millones de shékels cada mes, los empleados introducen billetes en máquinas que escupen pilas ordenadas de dinero contado. Las reservas de dinero que estas empresas basadas en efectivo no pueden depositar porque los bancos están llenos han vuelto más difíciles y costosas las operaciones y transacciones rutinarias, según Hussni Jaber, director ejecutivo del Grupo Al-Huda.
Para realizar pagos electrónicos a proveedores palestinos y extranjeros, algunas empresas han recurrido a pedir préstamos o comprar otras divisas, además de pagar más para mantener su exceso de efectivo almacenado de forma segura, explicó Jaber. Cuando no pueden pagar a sus proveedores, algunas gasolineras tienen que dejar de abastecer sus bombas. La Autoridad Palestina señaló el problema en un comunicado cuando las gasolineras cerraron temporalmente el sábado.
El mes pasado, varios propietarios de gasolineras coordinaron una huelga de 30 minutos en toda Cisjordania, incluidas las 22 operadas por Al-Huda, para llamar la atención sobre la crisis del efectivo. Eso ha hecho poco para provocar una respuesta de las autoridades.
El problema del efectivo tiene implicaciones más amplias para la economía palestina. Manasra señaló que la mayor parte del combustible y la electricidad de Cisjordania se importa de Israel o se compra a empresas de servicios israelíes. Cuando los bancos tienen demasiados activos inmovilizados como efectivo físico, no disponen de fondos cuando sus clientes —como la Autoridad Palestina o ciudades de Cisjordania— necesitan transferir pagos para importar combustible, agua y electricidad.
Con sus ingresos atrapados fuera del sistema bancario tradicional, los líderes empresariales temen que el exceso de efectivo termine por impedir que las compañías de Cisjordania puedan importar combustible, alimentos y suministros médicos desde Israel o desde otros lugares del extranjero. Hussni Jaber, director ejecutivo del Grupo Al-Huda, fue categórico: "Todos los sectores colapsarán si no se resuelve el problema del efectivo".
La crisis del efectivo se enmarca dentro de un contexto más amplio de medidas económicas que Israel ha impuesto sobre Cisjordania desde que militantes liderados por Hamás atacaron en octubre de 2023, dando inicio a la guerra en Gaza. Israel revocó la mayoría de los permisos de trabajo para palestinos que trabajaban en Israel, cortando una fuente importante de ingresos en el territorio ocupado. Ha retenido ingresos por impuestos y aranceles recaudados en nombre de la Autoridad Palestina, que a su vez no ha podido pagar por completo a los trabajadores del sector público —incluidos maestros y personal hospitalario— durante más de un año.
A diferencia de Gaza, donde años de un bloqueo casi total han provocado escasez de efectivo, los bancos de Cisjordania enfrentan el problema opuesto: se están quedando sin espacio en las bóvedas para almacenar pilas de shékels. Como el Banco de Israel se niega a aceptar más billetes y monedas, los bancos comerciales no pueden convertir el dinero en saldos electrónicos para pagar a proveedores o procesar transferencias en nombre de sus clientes.




