El precio del crudo se disparó después de que la milicia hutí en Yemen atacara buques petroleros en el Mar Rojo, amenazando una ruta de exportación clave que Arabia Saudita ha utilizado para eludir el Estrecho de Ormuz, según reportes de la BBC. Los precios habían estado cayendo tras un cese al fuego temporal entre Estados Unidos e Irán, retrocediendo a niveles anteriores al 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron operaciones militares contra Irán.
Sin embargo, el cese al fuego se ha desmoronado. El secretario de Estado estadounidense Marco Rubio declaró esta semana que los líderes iraníes "no están listos para hacer un acuerdo", según la BBC. La reanudación de los ataques estadounidenses contra Irán ha reavivado los temores sobre el suministro global de energía.
Los precios del gas también han aumentado de manera constante durante el último mes. El precio de referencia del gas en Reino Unido se sitúa actualmente alrededor de 150 peniques por termia, subiendo desde aproximadamente 98 peniques a finales de junio, según datos de la BBC.
El impacto inmediato se refleja en los surtidores. En Reino Unido, los precios de la gasolina han subido 5 peniques por litro desde principios de julio, alcanzando casi 1,56 libras esterlinas, mientras que el diésel se sitúa en 1,72 libras por litro en promedio, según la organización de automovilistas RAC. En Estados Unidos, los precios promedio de gasolina han superado nuevamente los 4 dólares por galón, subiendo desde 3,92 dólares hace un mes, según el grupo de defensa de automovilistas AAA.
Las consecuencias económicas se extienden más allá del combustible. Jonathan Raymond, gestor de inversiones en Quilter Cheviot, explicó que "el combustible y la energía más caros pueden propagarse por toda la economía, aumentando costos para las empresas y finalmente trasladándose al precio de alimentos y otros bienes". Esto genera presión adicional sobre los bancos centrales en su batalla contra la inflación.
La inflación había estado bajando en ambas economías principales. En Reino Unido, la inflación cayó al 2,6% en el año hasta junio, ayudada por la desaceleración de los precios del diésel y la gasolina. En Estados Unidos, la inflación se sitúa en 3,5%. Sin embargo, si los precios de la energía permanecen elevados, los responsables de políticas podrían enfrentar presión para mantener las tasas de interés más altas durante más tiempo o incluso aumentarlas.
Paul Dales, economista jefe del Reino Unido en Capital Economics, dijo que cree que el Banco de Inglaterra "casi con certeza" mantendrá las tasas de interés en su próxima reunión. El banco ha mantenido las tasas en 3,75% en sus últimas cuatro reuniones. Sin embargo, los analistas aún esperan que las tasas de interés podrían reducirse el próximo año si los aumentos de precios de energía se moderan.
En Estados Unidos, Kevin Warsh, el nuevo presidente de la Reserva Federal, declaró ante el Congreso la semana pasada que el banco central no tenía "tolerancia para la inflación persistentemente elevada". El presidente Donald Trump había presionado al predecesor de Warsh, Jerome Powell, para que redujera las tasas de interés, y ha dejado claro que espera que Warsh cumpla con su demanda de reducciones en los costos de endeudamiento para los estadounidenses. Sin embargo, la Reserva Federal mantuvo las tasas de interés entre 3,5% y 3,75% en la primera reunión de Warsh el mes pasado. Warsh también informó al Congreso que estaba comprometido con "restaurar la estabilidad de precios" ante el impacto del conflicto de Oriente Medio en los precios.
El contexto geopolítico es crítico. Los ataques hutíes a buques en el Mar Rojo representan una amenaza directa a una de las rutas comerciales más importantes del mundo. Arabia Saudita ha invertido en infraestructura para eludir el Estrecho de Ormuz, pero cualquier interrupción en el Mar Rojo vuelve a crear vulnerabilidades en el suministro global de petróleo. La escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán, con operaciones militares que se reanudaron después de un breve período de calma, sugiere que la volatilidad de los precios del petróleo podría persistir en los próximos meses.
Las implicaciones para los consumidores son directas y amplias. Mientras que los conductores sienten inmediatamente el aumento en los precios del combustible, los hogares también podrían ver aumentos en los precios de otros bienes, como alimentos, a medida que las empresas trasladan los mayores costos de transporte a los clientes. Para los gobiernos y bancos centrales, el dilema es complejo: permitir que la inflación suba nuevamente o mantener tasas de interés más altas, lo que afecta a los propietarios de viviendas y prestatarios ya bajo presión financiera.