España vence por 2-0 a Francia y jugará la final del Mundial con una exhibición de fútbol total
La selección española se clasificó para la segunda final mundialista de su historia al vencer a Francia 2-0 en la semifinal disputada en Dallas el 14 de julio de 2026, según reportes de El País. Con una actuación descrita como prodigiosa, la Roja dejó a cero por primera vez en el torneo al equipo de Didier Deschamps, el único que había ganado todos sus partidos hasta enfrentarse a España. La selección de Luis de la Fuente se enfrentará el domingo en Nueva Jersey contra el ganador del duelo entre Inglaterra y Argentina en la final de la Copa del Mundo.
El partido en el estadio de Dallas, tierra de rodeos, comenzó con dos equipos que se medían con la solemnidad de la ocasión. España se agarraba al toque y la movilidad, mientras Francia vivía al acecho, siempre a punto de disparar la descarga eléctrica del vértigo. Se enfrentaban dos escuelas casi filosóficas de la velocidad: los franceses con la del individuo atlético y fulgurante, la velocidad punta de uno en uno; los españoles con la de la pelota, que supera a cualquier par de piernas, incluso las de Usain Bolt, quien ocupaba uno de los palcos.
En el medio del campo se entretenían con el balón Rodri, Alejandro Baena, Dani Olmo y Fabián Ruiz, quien volvió a salir al principio por Pedri. El centrocampista del PSG jugaba con una limpieza deslumbrante, dando la impresión de que siempre hacía lo fácil, pero casi nunca escogía lo más evidente. Deschamps encargó a Michael Olise la vigilancia de Rodri, pero ni eso obstruyó las cañerías por las que circulaba el fútbol de la Roja.
Francia vivía con el dedo en el gatillo. Necesitaba muy poco para soltar una descarga eléctrica, las galopadas de Kylian Mbappé y Ousmane Dembélé, quien empezó en el lugar de Ousmane Doué. Todo parecía controlado, y al mismo tiempo a punto de desmadrarse. Bastaba un pase largo de Adrien Rabiot bien sincronizado con Mbappé y se desataba el pánico. España se defendía de esos sustos como un enjambre, enseguida le caían al rival tres jugadores que lo ahogaban.
El primer gol llegó del extrarradio del juego. Marc Cucurella envió un centro al área que fue un poco a ver qué pasa. Mikel Oyarzabal entraba hacia la portería, pero el balón le superó por encima y cayó al otro lado, una jugada destinada a evaporarse. Lamine Yamal se lanzó por la pelota, que Achraf Digne creía que era suya. La tocó un poco el azulgrana, de modo que ya no estaba allí cuando fue a pegarle el francés, que pateó a Lamine. Penalti. Oyarzabal ejecutó un disparo tremendo a 120 kilómetros por hora inalcanzable para Mike Maignan, sumando su quinto gol en el Mundial según El País.
El gol, la pausa de hidratación que lo siguió y la lesión inmediata de William Saliba cerraron la fase de tanteo. Francia trató de acelerar y Mbappé empezó a acumular fueras de juego. La velocidad siempre bordea el descontrol. Unai Simón tuvo que salir diez metros de su área para arrojarse a los pies de Mbappé y desactivar la amenaza. Aymeric Laporte mandaba y corregía con apabullante autoridad en una defensa muy viva, con Pau Cubarsí, Cucurella y Pedro Porro atentísimos y vigorosos.
El segundo gol llegó cuando Olmo sacó la varita. Regaló un taconazo a Lamine que casi termina en gol de Fabián, y completó una pared demoledora con Porro mientras le derribaba un defensa en la frontal. El azulgrana vio desde el suelo cómo la pelota le llegaba limpia al lateral, y luego a la red. Pedro Porro anotó el segundo tanto que dejaba a Francia en una situación insólita: dos goles por detrás y sin una pista de cómo voltear la tarde.
Mbappé trató de asomar en el naufragio, retrocediendo a recoger la pelota más atrás, dispuesto a hacerlo todo, como en la final de 2022 contra Argentina en Qatar. Deschamps maniobró también desde el banquillo. Retiró a Michael Olise, desaparecido, y esa desaparición del futbolista más vistoso del Mundial daba también la medida del colapso que España le había provocado a Francia. Entró Cherki, como había entrado Doué por Barcola. Piezas temibles en el torneo, amansadas por el grupo de De la Fuente.
España también supo jugar ese tramo último ante un rival desesperado. Aguantó y tocó un poco más, bajo minutos de olés, rumbo a otra final de la Copa del Mundo con una exhibición prodigiosa.
Mientras el partido se desarrollaba en Dallas, ciudades españolas como Madrid, Zaragoza, Valencia, Sevilla y Toledo se volcaron en pantallas gigantes para seguir el encuentro. En la plaza Santa María de la Cabeza de Madrid, un grupo de siete mujeres de entre 63 y 94 años que se reúne diariamente para tertuliar interrumpió su charla para seguir el partido. Las más jóvenes expresaban entusiasmo sobre las alineaciones, mientras que las más mayores observaban con la perspectiva de quien ha visto décadas de fútbol español.
En bares de Antón Martín y la calle Ave María, la multitud de ojos sentía la irrefrenable necesidad de ver desde el minuto cero. No había móviles, tampoco espacio para la charla. Solo descargas impulsivas en forma de gritos, aplausos y comentarios. Con el segundo gol de España, el ambiente festivo se tornó en locura. Manos a la cabeza, abrazos, hasta hombres corriendo sin destino por las calles, extendiendo los brazos como tratando de ganar velocidad para el vuelo.
En cada ocasión francesa, como la del minuto 81 en la que Unai Simón dejó la portería vacía, gritos de tensión extrema. Ocasiones que se transformaban en sustos de muerte a pesar del 2-0. El silencio, la tensión, los gritos, los movimientos nerviosos, los ojos pegados al televisor, las manos en las bocas, en los bolsillos, en las piernas, cruzadas, los olés, los aplausos, los "esto ya está", la cuenta atrás, el pitido y el final. Entonces se paró el tiempo.
España alcanza así su segunda final mundialista en su historia. La primera fue en 2010 en Sudáfrica, cuando la selección española ganó el torneo. Ahora, con una exhibición de fútbol total que ha dejado sin respuesta a uno de los favoritos del torneo, la Roja buscará repetir gloria el domingo en Nueva Jersey contra el ganador del encuentro entre Inglaterra y Argentina.


