Internacional

Estados Unidos e Irán intensifican bombardeos diarios sobre el estrecho de Ormuz sin signos de rendición

Estados Unidos e Irán han reanudado bombardeos cotidianos en su pugna por controlar el estrecho de Ormuz, el corredor de transporte de petróleo más crucial del mundo, sin que ninguno de los dos países muestre disposición a ceder. La escalada militar ha desmoronado un acuerdo de alto el fuego provisional alcanzado hace un mes, ha causado nuevas muertes entre tropas estadounidenses y ha elevado nuevamente los precios de la gasolina en Estados Unidos, planteando interrogantes sobre la viabilidad de la estrategia del presidente Donald Trump de depender exclusivamente de ataques aéreos para doblegar a Teherán.

INTERNACIONAL21 JUL 2026

La guerra aérea entre ambas potencias ha entrado en una nueva fase de intensificación. Según reportes del 21 de julio de 2026, Estados Unidos realizó otra ronda de ataques aéreos contra Irán el martes, mientras que Irán atacó un buque cisterna en el estrecho de Ormuz a primera hora de la mañana, obligando a su tripulación a abandonar la nave. Por donde normalmente pasa una quinta parte del petróleo mundial, la confrontación ha generado una dinámica de represalias mutuas sin precedentes desde el inicio del conflicto el 28 de febrero de 2026.

El gobierno de Trump afirma mantener la puerta abierta a la diplomacia, pero Irán hasta ahora se ha negado a aflojar su control sobre este crucial corredor de transporte en el golfo Pérsico. El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró el domingo por la noche que Estados Unidos continúa abierto a negociar, aunque señaló que Irán "sigue lanzando misiles y drones contra barcos" en el estrecho. "Estados Unidos siempre se mantiene abierto a una solución diplomática, y lo hemos intentado múltiples veces con Irán, y seguiremos intentándolo", manifestó Rubio. "Si esa puerta se abre, estaremos contentos de verla abierta".

Sin embargo, Trump está centrado en hacer que Irán pague por las muertes recientes de tropas estadounidenses, las violaciones del acuerdo provisional y los ataques contra barcos en el estrecho, según un funcionario de Estados Unidos que habló bajo condición de anonimato. El presidente ha advertido que "cada vez que Irán mate a un soldado estadounidense", "pagarán por esa muerte muchas veces". El funcionario indicó que los ataques militares contra Irán continuarían hasta que Trump decida lo contrario, pero que las conversaciones entre los países también seguirían en paralelo.

La escalada renovada refleja lo que expertos califican como una estrategia fundamentalmente defectuosa. Mona Yacoubian, directora del Programa de Oriente Medio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, afirmó que la escalada refleja "una lectura fundamentalmente errónea de la psique iraní y una falta de aprendizaje" de combates anteriores. "Creo que está impulsado por un cálculo de cualquiera de las dos partes de que pueden redoblar la escalada militar como una forma de romper el estancamiento y lograr que la otra parte ceda", manifestó Yacoubian. "El peligro, por supuesto, es que cuanto más se intensifique, más difícil será aprovechar cualquier posible apertura para volver a la diplomacia".

Para algunos observadores externos, el gobierno de Trump parece estar teniendo dificultades para encontrar una salida, tanto militar como diplomática. Alan Eyre, exdiplomático de Estados Unidos que participó en negociaciones nucleares anteriores con Teherán y ahora es investigador del Middle East Institute, afirmó: "Este gobierno en este momento está desconcertado. Realmente no tiene una estrategia coherente y consistente sobre cómo salir de este atolladero".

Los expertos señalan limitaciones claras en la dependencia exclusiva del poder aéreo. Christopher Preble, investigador del centro de estudios Stimson Center enfocado en la política exterior de Estados Unidos, afirmó que el conflicto ha demostrado los límites de depender únicamente del poder aéreo. "Parece que el presidente Trump ciertamente tiene la capacidad de seguir bombardeando, e Irán tendrá la capacidad de seguir manteniendo el estrecho cerrado —o lo suficientemente cerrado", expresó Preble. Sin embargo, señaló que enviar tropas terrestres sería impopular entre muchos estadounidenses y miembros del Congreso.

David Schenker, exfuncionario del primer gobierno de Trump y ahora investigador del Washington Institute for Near East Policy, dijo que los ataques renovados contra infraestructura iraní repiten los bombardeos de las primeras semanas de la guerra, que no derivaron en la capitulación de Irán. "Estados Unidos golpeó 13.000 objetivos en las primeras 6 semanas de la guerra, y esto no doblegó a Irán", afirmó.

Frank Kendall, exsecretario de la Fuerza Aérea retirado que sirvió bajo el presidente Joe Biden, explicó que guerras anteriores como Vietnam mostraron las limitaciones del poder aéreo por sí solo. "Por lo general, hay que combinar el poder aéreo con operaciones terrestres, a veces también operaciones navales, y ciertamente hoy el espacio", explicó. Cuando iniciaron la guerra el 28 de febrero, Estados Unidos e Israel atacaron muchos objetivos fijos identificados antes de que comenzara el conflicto. Pero Irán tuvo mucho tiempo para prepararse para los ataques ocultando y dispersando armas. "Así que los objetivos fáciles prácticamente ya no están", dijo Kendall. "Pueden ocultar misiles balísticos y misiles de crucero y pequeños vehículos aéreos con bastante facilidad. Así que es un trabajo muy difícil tratar de suprimir ese tipo de amenaza durante un periodo de tiempo. Y por eso todavía pueden atacar no sólo barcos en los estrechos, sino también nuestras bases en la región y demás".

La diplomacia enfrenta obstáculos significativos derivados de la falta de confianza mutua. Eyre señaló que el gobierno de Trump no ha mostrado preferencia por una "diplomacia real", apoyándose en su lugar en asesores cercanos con poca experiencia en relaciones internacionales, mientras externaliza parte del trabajo a mediadores como Qatar, Pakistán y Egipto. "Tenemos un camino difícil por delante, pero en teoría podría hacerse", comentó Eyre sobre posibles negociaciones para poner fin al conflicto. "Desafortunadamente, hay muy poca confianza mutua en la otra parte. Hay tan poca confianza bilateral entre Estados Unidos e Irán que eso hace que todo sea mucho más difícil".

A pesar de los obstáculos, tanto Schenker como Yacoubian señalaron que comentarios recientes de Trump, Rubio y sus homólogos iraníes reflejan cierta apertura a la diplomacia. Yacoubian señaló la respuesta "mesurada" de Trump y del secretario de Defensa, Pete Hegseth, ante la reciente muerte de miembros del servicio estadounidense en Jordania, lo que indica una posible vía de salida. La liberación la semana pasada por parte de Irán de una mujer iraní-estadounidense a la que no se le había permitido salir del país también mostró una señal de buena voluntad de Teherán.

Sin embargo, estas pequeñas señales positivas podrían volverse rápidamente irrelevantes si la decisión de los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, de anunciar el lunes un embargo marítimo contra Arabia Saudí se amplía hasta un cierre total del estrecho de Bab el-Mandeb. Eso, dice Yacoubian, podría constituir "una tormenta perfecta de disrupción" para la ya precaria economía global.

La situación plantea dilemas estratégicos sin soluciones claras. Mientras Trump advierte sobre represalias severas por cada muerte de soldado estadounidense, la realidad militar demuestra que los bombardeos intensivos no han logrado quebrantar la capacidad de Irán para mantener su control sobre el estrecho de Ormuz. La escalada ha colapsado el acuerdo de alto el fuego provisional alcanzado hace un mes, ha dejado más muertes entre las tropas estadounidenses y ha vuelto a elevar los precios de la gasolina en Estados Unidos, lo que supone nuevos problemas para los republicanos de cara a las elecciones de mitad de mandato. Las partes podrían encaminarse de nuevo hacia una guerra total, mientras que las posibilidades de una solución diplomática permanecen inciertas, atrapadas entre pequeñas señales de buena voluntad y una desconfianza fundamental que ha caracterizado las relaciones entre Washington y Teherán durante décadas.

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Estados Unidos e Irán han reanudado bombardeos cotidianos en su pugna por controlar el estrecho de Ormuz, el corredor de transporte de petróleo más crucial del mundo, sin que ninguno de los dos países muestre disposición a ceder. La escalada militar ha desmoronado un acuerdo de alto el fuego provisional alcanzado hace un mes, ha causado nuevas muertes entre tropas estadounidenses y ha elevado nuevamente los precios de la gasolina en Estados Unidos, planteando interrogantes sobre la viabilidad de la estrategia del presidente Donald Trump de depender exclusivamente de ataques aéreos para doblegar a Teherán.

21 jul 2026
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La guerra aérea entre ambas potencias ha entrado en una nueva fase de intensificación. Según reportes del 21 de julio de 2026, Estados Unidos realizó otra ronda de ataques aéreos contra Irán el martes, mientras que Irán atacó un buque cisterna en el estrecho de Ormuz a primera hora de la mañana, obligando a su tripulación a abandonar la nave. Por donde normalmente pasa una quinta parte del petróleo mundial, la confrontación ha generado una dinámica de represalias mutuas sin precedentes desde el inicio del conflicto el 28 de febrero de 2026.

El gobierno de Trump afirma mantener la puerta abierta a la diplomacia, pero Irán hasta ahora se ha negado a aflojar su control sobre este crucial corredor de transporte en el golfo Pérsico. El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró el domingo por la noche que Estados Unidos continúa abierto a negociar, aunque señaló que Irán "sigue lanzando misiles y drones contra barcos" en el estrecho. "Estados Unidos siempre se mantiene abierto a una solución diplomática, y lo hemos intentado múltiples veces con Irán, y seguiremos intentándolo", manifestó Rubio. "Si esa puerta se abre, estaremos contentos de verla abierta".

Sin embargo, Trump está centrado en hacer que Irán pague por las muertes recientes de tropas estadounidenses, las violaciones del acuerdo provisional y los ataques contra barcos en el estrecho, según un funcionario de Estados Unidos que habló bajo condición de anonimato. El presidente ha advertido que "cada vez que Irán mate a un soldado estadounidense", "pagarán por esa muerte muchas veces". El funcionario indicó que los ataques militares contra Irán continuarían hasta que Trump decida lo contrario, pero que las conversaciones entre los países también seguirían en paralelo.

La escalada renovada refleja lo que expertos califican como una estrategia fundamentalmente defectuosa. Mona Yacoubian, directora del Programa de Oriente Medio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, afirmó que la escalada refleja "una lectura fundamentalmente errónea de la psique iraní y una falta de aprendizaje" de combates anteriores. "Creo que está impulsado por un cálculo de cualquiera de las dos partes de que pueden redoblar la escalada militar como una forma de romper el estancamiento y lograr que la otra parte ceda", manifestó Yacoubian. "El peligro, por supuesto, es que cuanto más se intensifique, más difícil será aprovechar cualquier posible apertura para volver a la diplomacia".

Para algunos observadores externos, el gobierno de Trump parece estar teniendo dificultades para encontrar una salida, tanto militar como diplomática. Alan Eyre, exdiplomático de Estados Unidos que participó en negociaciones nucleares anteriores con Teherán y ahora es investigador del Middle East Institute, afirmó: "Este gobierno en este momento está desconcertado. Realmente no tiene una estrategia coherente y consistente sobre cómo salir de este atolladero".

Los expertos señalan limitaciones claras en la dependencia exclusiva del poder aéreo. Christopher Preble, investigador del centro de estudios Stimson Center enfocado en la política exterior de Estados Unidos, afirmó que el conflicto ha demostrado los límites de depender únicamente del poder aéreo. "Parece que el presidente Trump ciertamente tiene la capacidad de seguir bombardeando, e Irán tendrá la capacidad de seguir manteniendo el estrecho cerrado —o lo suficientemente cerrado", expresó Preble. Sin embargo, señaló que enviar tropas terrestres sería impopular entre muchos estadounidenses y miembros del Congreso.

David Schenker, exfuncionario del primer gobierno de Trump y ahora investigador del Washington Institute for Near East Policy, dijo que los ataques renovados contra infraestructura iraní repiten los bombardeos de las primeras semanas de la guerra, que no derivaron en la capitulación de Irán. "Estados Unidos golpeó 13.000 objetivos en las primeras 6 semanas de la guerra, y esto no doblegó a Irán", afirmó.

Frank Kendall, exsecretario de la Fuerza Aérea retirado que sirvió bajo el presidente Joe Biden, explicó que guerras anteriores como Vietnam mostraron las limitaciones del poder aéreo por sí solo. "Por lo general, hay que combinar el poder aéreo con operaciones terrestres, a veces también operaciones navales, y ciertamente hoy el espacio", explicó. Cuando iniciaron la guerra el 28 de febrero, Estados Unidos e Israel atacaron muchos objetivos fijos identificados antes de que comenzara el conflicto. Pero Irán tuvo mucho tiempo para prepararse para los ataques ocultando y dispersando armas. "Así que los objetivos fáciles prácticamente ya no están", dijo Kendall. "Pueden ocultar misiles balísticos y misiles de crucero y pequeños vehículos aéreos con bastante facilidad. Así que es un trabajo muy difícil tratar de suprimir ese tipo de amenaza durante un periodo de tiempo. Y por eso todavía pueden atacar no sólo barcos en los estrechos, sino también nuestras bases en la región y demás".

La diplomacia enfrenta obstáculos significativos derivados de la falta de confianza mutua. Eyre señaló que el gobierno de Trump no ha mostrado preferencia por una "diplomacia real", apoyándose en su lugar en asesores cercanos con poca experiencia en relaciones internacionales, mientras externaliza parte del trabajo a mediadores como Qatar, Pakistán y Egipto. "Tenemos un camino difícil por delante, pero en teoría podría hacerse", comentó Eyre sobre posibles negociaciones para poner fin al conflicto. "Desafortunadamente, hay muy poca confianza mutua en la otra parte. Hay tan poca confianza bilateral entre Estados Unidos e Irán que eso hace que todo sea mucho más difícil".

A pesar de los obstáculos, tanto Schenker como Yacoubian señalaron que comentarios recientes de Trump, Rubio y sus homólogos iraníes reflejan cierta apertura a la diplomacia. Yacoubian señaló la respuesta "mesurada" de Trump y del secretario de Defensa, Pete Hegseth, ante la reciente muerte de miembros del servicio estadounidense en Jordania, lo que indica una posible vía de salida. La liberación la semana pasada por parte de Irán de una mujer iraní-estadounidense a la que no se le había permitido salir del país también mostró una señal de buena voluntad de Teherán.

Sin embargo, estas pequeñas señales positivas podrían volverse rápidamente irrelevantes si la decisión de los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, de anunciar el lunes un embargo marítimo contra Arabia Saudí se amplía hasta un cierre total del estrecho de Bab el-Mandeb. Eso, dice Yacoubian, podría constituir "una tormenta perfecta de disrupción" para la ya precaria economía global.

La situación plantea dilemas estratégicos sin soluciones claras. Mientras Trump advierte sobre represalias severas por cada muerte de soldado estadounidense, la realidad militar demuestra que los bombardeos intensivos no han logrado quebrantar la capacidad de Irán para mantener su control sobre el estrecho de Ormuz. La escalada ha colapsado el acuerdo de alto el fuego provisional alcanzado hace un mes, ha dejado más muertes entre las tropas estadounidenses y ha vuelto a elevar los precios de la gasolina en Estados Unidos, lo que supone nuevos problemas para los republicanos de cara a las elecciones de mitad de mandato. Las partes podrían encaminarse de nuevo hacia una guerra total, mientras que las posibilidades de una solución diplomática permanecen inciertas, atrapadas entre pequeñas señales de buena voluntad y una desconfianza fundamental que ha caracterizado las relaciones entre Washington y Teherán durante décadas.

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