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Estados Unidos e Israel atacan Irán tras fracaso de negociaciones nucleares en Ginebra

Estados Unidos e Israel lanzaron el sábado 28 de febrero de 2026 una campaña militar masiva contra Irán denominada Operación Furia Épica, apenas un día después de que concluyeran sin acuerdo las negociaciones nucleares mediadas por Omán en Ginebra. El presidente estadounidense Donald Trump calificó la operación como un esfuerzo de cambio de régimen, llamando al pueblo iraní a derrocar a sus líderes, mientras Irán respondió con ataques contra bases estadounidenses en la región y objetivos israelíes, marcando el inicio de un conflicto armado internacional de consecuencias impredecibles.

INTERNACIONAL28 FEB 2026

Estados Unidos e Israel ejecutaron el sábado por la madrugada ataques coordinados y masivos contra Irán, poniendo fin abruptamente a un proceso diplomático que apenas horas antes había sido descrito como prometedor por mediadores internacionales. La operación militar, que Trump denominó Operación Furia Épica, representa un giro radical en la estrategia estadounidense hacia Teherán y plantea interrogantes sobre la viabilidad de la diplomacia coercitiva en el contexto actual.

El canciller de Omán, Badr al-Busaidi, había declarado el viernes que se había logrado un "progreso significativo" en las conversaciones de Ginebra entre Washington y Teherán, según reportó la cadena CBS News. Al-Busaidi describió como un "avance muy importante" el compromiso iraní de no buscar adquirir material nuclear para la producción de armas atómicas, algo que "nunca se había logrado antes", según sus declaraciones tanto a CBS como en la plataforma X.

El canciller iraní Abbas Araghchi también había destacado el "progreso" y el "entendimiento mutuo" alcanzado en las negociaciones en una publicación en X el jueves. Sin embargo, menos de 24 horas después, la situación cambió drásticamente.

Trump justificó los ataques aéreos citando "amenazas" de Teherán. En un mensaje de video, el presidente estadounidense declaró que las fuerzas armadas de Estados Unidos habían iniciado "operaciones de combate importantes" en Irán. "Nuestro objetivo es defender al pueblo estadounidense eliminando amenazas inminentes del régimen iraní", afirmó Trump, quien posteriormente amplió el objetivo de la operación al llamar explícitamente al cambio de régimen.

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ofreció una justificación similar. "Este régimen terrorista asesino no debe tener permitido armarse con armas nucleares que le permitirían amenazar a toda la humanidad", declaró Netanyahu en un mensaje de video.

La coordinación entre ambos países fue evidente. Según Marcus Schneider, director del Proyecto Regional de Paz y Seguridad en Medio Oriente de la Fundación Friedrich Ebert con sede en Beirut, Israel atacó aproximadamente "dos segundos antes" que Estados Unidos, pero "básicamente se puede asumir que ambos lados atacaron casi al mismo tiempo", según declaró a la cadena alemana DW.

La respuesta iraní no se hizo esperar. Irán lanzó el sábado su propia oleada de ataques contra objetivos estadounidenses regionales e israelíes. Según las fuentes, misiles iraníes impactaron bases estadounidenses en países del Golfo Pérsico, excluyendo Omán, y decenas de proyectiles fueron lanzados hacia Israel. Reportes preliminares indican que al menos un civil murió en Abu Dhabi, según informaron los gobiernos de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que condenaron los ataques iraníes.

La magnitud de la operación estadounidense-israelí sugiere objetivos que van más allá de las capacidades nucleares iraníes. Trump, en su declaración, describió la campaña como "masiva y en curso" destinada a prevenir que "esta dictadura radical muy malvada" amenace a Estados Unidos y sus intereses de seguridad nacional. Llamó al pueblo iraní a levantarse y derrocar a su líder una vez concluidos los combates.

Este cambio hacia un objetivo explícito de cambio de régimen marca una desviación significativa de la estrategia inicial. Durante su discurso sobre el Estado de la Unión días antes, Trump había evitado en gran medida la política exterior y sus comentarios sobre Irán fueron limitados, centrándose en impedir que el país adquiriera armas nucleares, según reportó el Consejo de Chicago sobre Asuntos Globales.

La decisión de atacar mientras las negociaciones estaban en curso ha generado cuestionamientos sobre la buena fe del proceso diplomático. Diba Mirzaei, experta en Irán del Instituto Alemán de Estudios Globales y de Área en Hamburgo, señaló a DW que "estas fueron conversaciones serias con el objetivo de negociar un nuevo acuerdo", pero que la experiencia ha demostrado que Trump confía en una estrategia de escalada, aumentando la presión para fomentar concesiones.

Schneider consideró que el ataque fue "un último intento desesperado de los omaníes para evitar que esta guerra, que ahora está comenzando, sucediera". Según su análisis, los estadounidenses habían expresado "significativamente menos entusiasmo" sobre las negociaciones que los mediadores omaníes.

Las posiciones de partida entre Washington y Teherán eran "extremadamente diferentes", según Schneider. "Fundamentalmente, las negociaciones nunca podrían haber tenido éxito porque las posiciones eran tan extremadamente diferentes", declaró a DW. Lo que Washington exigía era "equivalente a una rendición completa", algo que Irán no estaba preparado para hacer.

Un punto de fricción clave fue el programa de misiles balísticos de Irán. El secretario de Estado estadounidense Marco Rubio continuó planteando este tema como algo que debía abordarse, calificando la renuencia de Irán a discutir sus misiles balísticos como un "gran, gran problema", según reportó el Consejo de Chicago sobre Asuntos Globales.

Esta insistencia en temas más allá del enriquecimiento de uranio socava la credibilidad de cualquier acuerdo limitado. El retiro de Trump del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) en 2018 se debió en parte a que el acuerdo no abordaba los misiles balísticos de Irán ni sus actividades regionales. Incluso si Estados Unidos acordara un trato limitado centrado en el enriquecimiento de uranio y las armas nucleares, no resolvería las preocupaciones de seguridad de Estados Unidos o Israel respecto a los misiles balísticos, según el análisis del Consejo de Chicago.

La ironía de la situación no pasa desapercibida. Fue la decisión de Trump en 2018 de retirarse del JCPOA lo que desencadenó la crisis actual. El acuerdo de 2015 había restringido efectivamente la actividad nuclear de Irán y Teherán lo estaba cumpliendo cuando Trump lo desmanteló en su primera administración, según señaló Paul Meyer, ex embajador canadiense ante la ONU y la Conferencia sobre Desarme en Ginebra, en un análisis para Policy Magazine.

Un informe de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) filtrado a Associated Press el viernes reveló que la agencia no ha tenido acceso a las instalaciones nucleares bombardeadas en junio de 2025 y por lo tanto "no puede verificar si Irán ha suspendido todas las actividades relacionadas con el enriquecimiento" o "el tamaño del arsenal de uranio de Irán en las instalaciones nucleares afectadas", según reportó Meyer.

La afirmación de que la acción militar era necesaria para evitar que Irán adquiriera un arma nuclear parece aún más débil dado que este era el mismo programa que Trump había presumido fue "obliterado" después de los ataques de bombardeo de junio de 2025, según Meyer.

La estrategia estadounidense de diplomacia coercitiva, que descansa en una amenaza de usar la fuerza si las negociaciones fracasan, enfrenta múltiples barreras. La diplomacia coercitiva es "notoriamente difícil incluso en casos fáciles", según el análisis del Consejo de Chicago. El éxito depende de una comunicación clara por parte del coercionador de los objetivos de la diplomacia y un compromiso creíble de usar la fuerza si la diplomacia fracasa.

El estilo diplomático preferido de Trump, caracterizado por la disrupción y la imprevisibilidad, "va en contra de las mejores prácticas para una estrategia coercitiva exitosa", según el Consejo de Chicago. Mientras que su imprevisibilidad puede haber generado éxito en algunos casos, en este contexto complica la capacidad de establecer compromisos creíbles.

La escala del despliegue militar estadounidense en la región había sido masiva durante semanas antes del ataque. Mirzaei señaló a DW que dado que Estados Unidos había estado desplegando grandes cantidades de buques de guerra y equipo militar en la región durante semanas, era "implausible" que esto fuera meramente una demostración de fuerza.

Schneider sugirió que Estados Unidos pudo haber entrado en las conversaciones con una evaluación falsa. "Me parece que también hubo un error de juicio con respecto a la naturaleza y el carácter de este régimen", declaró a DW. Washington aparentemente esperaba que Teherán se rindiera en respuesta a la acumulación militar masiva. "Pero un régimen impulsado ideológicamente de este tipo no está preparado para hacer tal cosa", afirmó.

Schneider también rechazó la afirmación de Trump de que Irán representa una amenaza inmediata para Estados Unidos. "Me parece que la veracidad de esta declaración no es particularmente alta", dijo a DW, calificando un plan de Irán para atacar a Estados Unidos como "implausible". Si estallara una guerra a gran escala, sería una "llamada guerra de elección", es decir, una guerra emprendida por Estados Unidos "porque quiere librarla".

La operación militar plantea serias cuestiones sobre el derecho internacional. Celeste Kmiotek, abogada principal del Proyecto de Litigación Estratégica del Consejo Atlántico, señaló que "los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán violan el derecho internacional". El uso de la fuerza contra un estado está prohibido bajo la Carta de las Naciones Unidas, con excepciones para la autodefensa y las autorizaciones del Consejo de Seguridad.

"La autodefensa debe ser en respuesta a una amenaza inminente, y no hay indicación de que tal amenaza existiera para Estados Unidos o Israel", declaró Kmiotek. "Del mismo modo, no hay autorizaciones del Consejo de Seguridad. Como tal, esto parece no solo violar la Carta de la ONU, sino que constituye el crimen de agresión tal como lo define la Asamblea General de la ONU y está prohibido bajo el derecho internacional consuetudinario".

Los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán desencadenaron un conflicto armado internacional, y ahora se aplica el derecho internacional humanitario (DIH), según Kmiotek. El DIH exige que los ataques solo apunten a combatientes y objetivos militares legítimos, mientras se toman precauciones para limitar el daño incidental a civiles.

Reportes de que decenas murieron en ataques estadounidenses o israelíes contra una escuela primaria de niñas justifican una investigación, al igual que los reportes de ataques iraníes contra un hotel en Dubai, según Kmiotek. "Si alguno fue atacado intencionalmente o porque no se tomaron precauciones suficientes para proteger a los civiles, casi con certeza serían violaciones claras del derecho internacional", afirmó.

La respuesta internacional ha sido variada. La Unión Europea fue nuevamente marginada pero continuó apoyando una solución diplomática, resistiendo los intentos del presidente de usar la base de Diego García en las Islas Chagos como punto de lanzamiento para cualquier ataque potencial contra Irán, según el Consejo Atlántico.

El primer ministro canadiense Mark Carney y la ministra de Relaciones Exteriores Anita Anand estaban en India en una misión comercial cuando se conoció la noticia del asalto a Irán. No hay indicación de que Ottawa u otros aliados fueran informados de la operación antes de que se lanzara, según Policy Magazine.

La declaración conjunta emitida por ambos el sábado respalda la agresión militar y reitera la dudosa afirmación de Trump de que este asalto era necesario para evitar que Irán adquiriera un arma nuclear, según el análisis de Meyer. La declaración intenta compensar su débil caso sobre el expediente nuclear refiriéndose a que Irán tiene "uno de los peores registros de derechos humanos del mundo".

Meyer señaló que "si los malos registros de derechos humanos fueran suficientes para justificar la invasión extranjera, habría una larga cola de candidatos para tal tratamiento en cada Asamblea General de la ONU".

Las implicaciones regionales son significativas. El tráfico aéreo en la región se ha detenido y los flujos de transporte marítimo a través del Estrecho de Hormuz se están desacelerando, según Jennifer Gavito, ex subsecretaria adjunta de Estado para Irak e Irán y ahora miembro senior no residente del Consejo Atlántico.

Irán podría intentar cerrar el Estrecho de Hormuz, cortando el acceso a uno de los puntos de estrangulamiento petroleros más importantes del mundo, según el Consejo de Chicago. Tal movimiento podría hacer que los precios del petróleo se disparen, interrumpiendo gravemente la economía global.

En Irak, Kataib Hezbollah ha indicado que buscará atacar instalaciones estadounidenses en respuesta a la "agresión estadounidense", mientras que se espera que el movimiento hutí con sede en Yemen reanude los ataques contra las rutas de navegación en el corredor del Mar Rojo, según Gavito. El gobierno libanés ya advirtió a Hezbollah contra arrastrar al país al conflicto, pero la respuesta de la organización terrorista aún está por verse.

Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos ya condenaron los ataques de Irán contra varios países de Medio Oriente. Un indicador crítico de cómo puede desarrollarse todo esto es si los países de Medio Oriente levantan sus restricciones sobre el uso estadounidense de sus espacios aéreos para emprender sus operaciones contra Irán, o si ofrecen un apoyo aún más directo para la campaña, según Gavito.

La situación interna en Irán añade otra capa de complejidad. Los ataques se producen apenas semanas después de una represión destructiva y devastadora de manifestantes por parte del régimen iraní que resultó en miles de muertes, según el Consejo Atlántico. Trump había prometido a los manifestantes iraníes en enero que "la ayuda está en camino" y citó una cifra de 32,000 muertos en su discurso sobre el Estado de la Unión.

Sin embargo, la progresión lineal sugerida por la declaración de Trump —ataques estadounidenses e israelíes contra objetivos nucleares, de misiles y del régimen, que conducen a protestas renovadas, que conducen a la caída del régimen— está lejos de ser segura, según Daniel Shapiro, ex embajador estadounidense en Israel y ahora miembro distinguido del Consejo Atlántico.

"Si Irán es capaz de absorber el castigo, seguir lanzando misiles balísticos y continuar aplastando la disidencia en casa, las defensas aéreas estadounidenses e israelíes pronto podrían verse estiradas y las reservas de municiones estadounidenses reducirse a niveles peligrosos", advirtió Shapiro.

La historia demuestra que las campañas de bombardeo estratégico por sí solas nunca resultan en un cambio de régimen, según Meyer. Este resultado requeriría una intervención armada en tierra, y ese tipo de compromiso militar no será próximo por parte de Estados Unidos o Israel.

Trump se siente atraído por operaciones militares únicas, rápidas e indoloras, y sabe que cualquier compromiso prolongado en Medio Oriente podría poner en peligro su posición política, según Meyer.

Nate Swanson, director del Proyecto de Estrategia de Irán del Consejo Atlántico y ex director para Irán en el Consejo de Seguridad Nacional, identificó tres preguntas interconectadas clave: ¿Logrará Irán infligir costos a Estados Unidos? ¿Se mantendrá Trump comprometido con esta campaña si hay bajas estadounidenses significativas o impactos en los precios globales de la energía? ¿Existe un plan para cómo se unirá la oposición interna necesaria para el cambio de régimen?

"Si bien soy un escéptico profundo de esta operación, es importante reconocer la depravación del régimen iraní y mi deseo genuino de ver al pueblo iraní liberado", declaró Swanson. "Pero iniciar una guerra importante con una nación de 93 millones de personas, 2,500 años de historia, capacidades significativas de represalia y ninguna oposición clara dentro del país es un riesgo significativo".

Jonathan Panikoff, ex oficial adjunto de inteligencia nacional para el Cercano Oriente y ahora director de la Iniciativa de Seguridad de Medio Oriente Scowcroft del Consejo Atlántico, advirtió que el fin del régimen es menos probable que fomente la democracia que dar a luz lo que algunos llaman "IRGCistán", un estado controlado por los militares.

"Tal resultado proporcionaría tres caminos a seguir", según Panikoff. Un Irán dirigido por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) podría ser inicialmente una amenaza regional y doméstica mayor, podría buscar rápidamente ganar el apoyo del pueblo iraní mostrando mayor flexibilidad para un acuerdo con Estados Unidos a cambio de un impulso económico en forma de alivio de sanciones, o podría conducir a un período de confusión y lucha por el poder.

Danny Citrinowicz, ex oficial de inteligencia de defensa israelí y ahora miembro no residente del Consejo Atlántico, señaló que "a pesar de los logros tácticos tempranos, la pregunta central permanece sin resolver: ¿cuál es el final del juego? ¿Puede la presión militar externa confiar de manera realista en un público iraní que carece de liderazgo cohesivo, particularmente cuando enfrenta un régimen que ha operado durante 47 años bajo el control disciplinado del IRGC?"

Matthew Kroenig, vicepresidente y director senior del Centro Scowcroft para Estrategia y Seguridad del Consejo Atlántico, ofreció una perspectiva diferente. "Este camino viene con mayores riesgos y una mayor recompensa potencial", declaró. "La República Islámica es un miembro de pleno derecho del Eje de Agresores y ha representado una de las mayores amenazas a la seguridad nacional de Estados Unidos durante décadas. Eliminarla del tablero de ajedrez podría resultar en una mejora transformacional del entorno de seguridad regional y global de Estados Unidos".

Thomas Warrick, ex subsecretario adjunto de política antiterrorista del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, advirtió que "esta guerra tendrá un frente interno" en Estados Unidos. "Dado el peculiar sentido de simetría de Irán, el ataque de Trump al liderazgo de Irán casi con certeza conducirá a intentos de atacar a Trump y otros altos funcionarios estadounidenses", señaló.

Las encuestas muestran consistentemente que los estadounidenses se oponen profundamente a intervenir en Irán, según Swanson. Los líderes demócratas en el Congreso habían anunciado recientemente intenciones de forzar una votación sobre una resolución de poderes de guerra la próxima semana relacionada con Irán, según el Consejo de Chicago.

El vicepresidente JD Vance había dicho que "no hay posibilidad" de que un ataque a Irán resulte en una guerra regional extendida, según el Consejo de Chicago. Pero puede que no pueda cumplir esta promesa.

Al cierre de esta edición, la situación continúa desarrollándose con reportes de operaciones militares en curso, respuestas iraníes continuadas y creciente preocupación internacional sobre la escalada del conflicto. La comunidad internacional observa con aprensión si esta operación militar logrará sus objetivos declarados o si, como advierten múltiples analistas, conducirá a un conflicto prolongado sin un mecanismo de terminación claramente definido.

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