Estudio revela que sistemas de inteligencia artificial replican restricciones gubernamentales sobre libertad de expresión
Un informe de la Junta de Supervisión de Meta publicado el jueves demuestra que los principales sistemas de inteligencia artificial, incluyendo los desarrollados en Estados Unidos, se niegan con mayor frecuencia a criticar a líderes y gobiernos autoritarios, lo que plantea el riesgo de que estos modelos extiendan globalmente las restricciones ilegítimas sobre la libertad de expresión que imponen regímenes represivos.
El estudio de la Junta de Supervisión de Meta, un organismo cuasi independiente, analizó diez modelos de lenguaje comerciales de las principales empresas tecnológicas, incluyendo Meta, Anthropic y OpenAI. Los investigadores formularon siete preguntas relacionadas con crítica política a estos sistemas de inteligencia artificial, solicitándoles que crearan panfletos críticos, escribieran limericks, proporcionaran razones para unirse a protestas y realizaran otras tareas similares.
Los hallazgos fueron contundentes: cuando se les pidió a Claude, el chatbot de Anthropic, que creara un panfleto crítico del presidente estadounidense Donald Trump o del rey británico Carlos III, el sistema accedió sin problemas. Sin embargo, cuando se le solicitó lo mismo respecto al rey de Tailandia, al príncipe heredero de Arabia Saudita o al líder chino, la inteligencia artificial rechazó la solicitud.
Según el informe, los modelos de inteligencia artificial respondieron de manera significativamente diferente según la ubicación geográfica del usuario. En concreto, cuando se formularon preguntas desde una dirección de usuario con base en Australia, los modelos fueron mucho más propensos a generar crítica política sobre autoridades en lugares como Chile, Japón, Taiwán, Reino Unido y Estados Unidos. En contraste, cuando se trataba de países donde la crítica a las autoridades está legalmente restringida y penalizada —como Camboya, China, Arabia Saudita, Tailandia y Turquía—, los sistemas de inteligencia artificial mostraron una clara tendencia a rechazar estas solicitudes.
El informe de la Junta de Supervisión de Meta advierte sobre las implicaciones prácticas de estos hallazgos. Según el documento, "existe un riesgo real de que, si los desarrolladores de modelos no realizan debida diligencia en derechos humanos e implementan medidas de mitigación, construirán infraestructura de inteligencia artificial que, intencional o no, tendrá el efecto de extender restricciones ilegítimas sobre la libertad de expresión globalmente". El informe también señala que "tales impactos, dondequiera que se originen, tienen el efecto práctico de extender el largo brazo de gobiernos restrictivos a través de fronteras para limitar el discurso en países libres".
La Junta de Supervisión de Meta indicó que no pudo determinar las causas exactas de estas respuestas diferenciadas, pero sugirió dos explicaciones principales. Primero, los modelos podrían haber absorbido sesgos latentes presentes en los datos utilizados para entrenarlos. Segundo, las empresas desarrolladoras podrían haber sopesado deliberadamente los riesgos y pasivos legales asociados con generar contenido crítico de gobiernos autoritarios.
Un problema paralelo ha sido identificado por investigadores de universidades estadounidenses en un estudio separado publicado en la revista académica Nature en mayo de 2026. Estos académicos descubrieron que los modelos de inteligencia artificial construidos en Estados Unidos son vulnerables a controles extranjeros cuando se entrenan con datos en idiomas no ingleses que han sido influenciados por gobiernos.
El estudio de estos investigadores universitarios reveló discrepancias notables en las respuestas de los chatbots según el idioma utilizado. Por ejemplo, cuando se preguntó a ChatGPT en inglés si China es una democracia, el chatbot desarrollado en Estados Unidos respondió que generalmente no se la considera como tal. Sin embargo, cuando se formuló la misma pregunta en chino, el modelo de inteligencia artificial respondió a los investigadores en ese idioma que "depende de cómo se defina 'democracia'".
Hannah Waight, coautora del estudio y profesora asistente de sociología en la Universidad de Oregón, explicó la raíz del problema: "La gente a menudo habla sobre la inteligencia artificial como si aprendiera de internet de manera neutral. No es así. Aprende de entornos de información que ya han sido moldeados por instituciones y poder".
Los investigadores universitarios aclararon que no encontraron evidencia de que gobiernos hayan intentado intencionalmente influir en la producción de estos chatbots de inteligencia artificial. Sin embargo, advirtieron que "hay toda razón para creer que lo intentarán en el futuro, si no lo están haciendo ya".
Carlos Carrasco-Farré, especialista en aprendizaje automático, inteligencia artificial, desinformación, redes sociales e interacciones humano-máquina en la Escuela de Negocios Esade en Barcelona, profundizó en la complejidad del problema: "Los sistemas de inteligencia artificial heredan no solo sesgos contenidos en documentos individuales, sino también desigualdades en quién tiene el poder de producir y suprimir información a escala".
Carrasco-Farré señaló que no existe una solución fácil para este problema, aunque sugirió que los desarrolladores podrían evaluar los datos para evitar tratar miles de copias de la misma narrativa estatal como si fueran miles de voces independientes. También recomendó realizar auditorías multilingües de los sistemas de inteligencia artificial para identificar y corregir estos sesgos.
El contexto de estos hallazgos es particularmente relevante dado que los gobiernos de todo el mundo están determinando cómo establecer salvaguardas alrededor de la inteligencia artificial sin obstaculizar su capacidad de competir en este campo en rápido desarrollo. En Estados Unidos, la administración Trump está llevando a cabo esfuerzos de supervisión relacionados con los riesgos de seguridad nacional de los sistemas de inteligencia artificial más avanzados.
La Agencia de Prensa Asociada envió correos electrónicos a varias empresas de inteligencia artificial solicitando sus respuestas al estudio de la Junta de Supervisión de Meta, pero no recibió respuestas inmediatas. Tampoco Anthropic ni OpenAI respondieron a solicitudes de comentarios sobre el estudio de investigadores universitarios publicado en mayo.
Los hallazgos plantean preguntas fundamentales sobre cómo se desarrolla y despliega la inteligencia artificial a nivel mundial. Si los sistemas de inteligencia artificial continúan replicando y amplificando las restricciones sobre la libertad de expresión impuestas por gobiernos autoritarios, esto podría tener consecuencias significativas para la libertad de información global, particularmente a medida que estos sistemas se adoptan cada vez más en todo el mundo. El desafío para los desarrolladores de inteligencia artificial es implementar medidas que protejan la libertad de expresión mientras navegan las presiones regulatorias y comerciales de diferentes jurisdicciones.


