Etiopía acoge a refugiados sudaneses mientras el conflicto se expande regionalmente y amenaza con desestabilizar el Cuerno de África
Internacional

Etiopía acoge a refugiados sudaneses mientras el conflicto se expande regionalmente y amenaza con desestabilizar el Cuerno de África

Etiopía se convierte en epicentro de una crisis humanitaria sin precedentes mientras acoge a más de 1,1 millones de refugiados, incluidos decenas de miles que huyen de la guerra de Sudán. El conflicto sudanés ha traspasado fronteras con la presencia de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) en territorio etíope, donde operan campamentos de entrenamiento clandestinos, mientras el gobierno etíope lanza un ambicioso proyecto llamado Makatet para transformar a los refugiados en activos económicos y sociales, un modelo que expertos consideran podría ofrecer soluciones a la crisis migratoria global.

INTERNACIONAL21 JUL 2026

La guerra de Sudán, que comenzó hace más de dos años, ha traspasado las fronteras nacionales de manera alarmante. Las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), una milicia paramilitar que controla amplias zonas de Sudán, han establecido operaciones en territorio etíope. Según reportes de The Guardian, un vasto campamento de entrenamiento clandestino de la RSF ha emergido en una base militar etíope en las afueras de Asosa, una ciudad en el oeste de Etiopía, con su entrada fuertemente custodiada.

Esta expansión del conflicto sudanés representa un punto de quiebre crítico para la región. Etiopía, el segundo país más poblado de África, ha sido gradualmente arrastrado a una conflagración que amenaza con desestabilizar todo el Cuerno de África. Los expertos advierten que Etiopía se tambalea al borde de una catástrofe potencial, con signos que sugieren que el nuevo mandato del primer ministro Abiy Ahmed, confirmado en elecciones generales el 21 de junio de 2026, podría estar definido por nuevos derramamientos de sangre.

Entre los escenarios más preocupantes figuran una resurgencia de la guerra civil con la región de Tigray, posibles intentos de apoderarse de puertos del Mar Rojo eritreos, e implicaciones catastróficas derivadas de la participación etíope en el conflicto sudanés. Analistas advierten que un escenario catastrófico podría involucrar a los opositores de la RSF —las fuerzas militares sudanesas— aliándose con separatistas de Tigray, el ejército eritreo y Egipto, el histórico enemigo de Etiopía.

Sin embargo, diplomáticos en Adís Abeba creen que la probabilidad de una guerra regional destructiva está ayudando a suprimir nuevas masacres, ya que los actores principales aprecian que el resultado probable sería una destrucción mutuamente asegurada.

El conflicto sudanés ha generado una crisis de refugiados sin precedentes. Rahmatalla Abdeen, un hombre de 65 años, se convirtió en el último refugiado conocido en cruzar desde Sudán hacia Etiopía el 17 de mayo de 2026, después de aferrarse durante dos días a la parte trasera de una motocicleta mientras navegaba por un área infestada de milicias. Abdeen había sido separado de su esposa e hijas durante 883 días, desde que la RSF asaltó la ciudad de Wad Madani. Su caso ilustra el sufrimiento masivo que caracteriza esta crisis.

En el campamento de refugiados de Ura, ubicado a corta distancia de la base militar de la RSF en Asosa, residen 14.500 personas sudanesas que han huido de la milicia. Sus testimonios ofrecen un escenario inquietante: las represalias implacables que caracterizan la guerra de Sudán podrían estallar dentro de Etiopía.

Khadijah Ahmed, de 42 años, escapó del control brutal de la RSF en Jartum hace dos años y medio. Recuenta la amenaza escalofriante de la milicia mientras huía: "Nos seguirán, dondequiera que vayan", le dijeron. Sus dos hijos están tan aterrorizados que duermen bajo sus camas, tal como lo hacían en Jartum bajo el dominio de la RSF. Señalando hacia la cercana base de la RSF, Ahmed advierte: "Están muy cerca de nosotros aquí. Estamos en una situación muy peligrosa".

Dawud Suliman, de 31 años, huyó de la ciudad de Zalingei en Darfur después de una ofensiva de la RSF en 2024. La mitad de su familia —25 personas— fueron asesinadas. Ahora teme que sus parientes restantes sean cazados dentro de Etiopía. "Estoy muy preocupado", dice.

Los residentes del campamento advierten que la RSF ya ha entrado en el campamento, lo que genera preocupaciones de que estén compilando listas de eliminación para tropas estacionadas en la base de entrenamiento de Asosa, a 16 kilómetros de distancia —un viaje de 20 minutos. Hamza Al Bashir, de 52 años, expresa: "Tenemos miedo de que reporten información".

La crisis de refugiados en Etiopía es masiva. El país alberga más de 1,1 millones de refugiados, una de las poblaciones más grandes de África. Además de los sudaneses, Etiopía también acoge a decenas de miles de refugiados de Sudán del Sur. En la región de Gambela, en el sur de Etiopía, al menos 70.000 personas de la comunidad Nuer están hacinadas en el campamento de refugiados de Jewi. Sus residentes también temen ser atacados dentro de Etiopía.

Peter Keang, de 38 años, llegó desde Sudán del Sur en marzo de 2025 después de enfrentamientos entre fuerzas gubernamentales y milicias Nuer que, según dice, mataron a amigos y parientes. "Fuimos perseguidos por drones. Incluso cuando cruzábamos el río hacia Etiopía nos estaban disparando", relata.

Nyamach Duoth, de 20 años, nació como refugiada en Etiopía y dice que sus amigos tienen demasiado miedo para abandonar el campamento. "Los suministros de alimentos se han reducido, pero la gente está preocupada por buscar comida en el bosque. Las mujeres son violadas allí", explica.

Los residentes del campamento de Jewi también enfrentan amenazas de la población local. Personas Nuer que viven en la cercana ciudad de Gambela frecuentemente atacan a los refugiados de Jewi, y aproximadamente 25 personas han sido asesinadas mientras buscaban comida o leña.

Frente a esta crisis humanitaria, el gobierno etíope ha lanzado una iniciativa pionera. Tres días antes de la confirmación de su victoria electoral, el 18 de junio de 2026, el gobierno etíope lanzó un proyecto revolucionario en un evento de gala en el Museo Conmemorativo de la Victoria de Adwa en la capital. La iniciativa, denominada Makatet —que significa "inclusión" en amárico— tiene como objetivo transformar a los más de 1,1 millones de refugiados de Etiopía en activos sociales y económicos.

Bajo el programa Makatet, los refugiados recibirán acceso mejorado a educación, atención médica y empleo, permitiéndoles convertirse en residentes integrados que paguen impuestos en lugar de depender de la ayuda humanitaria. Su aparente progresismo ha atraído rápidamente la atención internacional.

Barham Salih, nuevo jefe de la agencia de refugiados de la ONU, describe el enfoque de Etiopía como el intento más ambicioso hasta ahora para abordar el desplazamiento creciente de millones de personas. Salih, un ex presidente iraquí y refugiado él mismo, de 65 años, argumenta que los enfoques tradicionales para tratar la migración son obsoletos.

"Necesitamos hacer que la población de refugiados sea más autosuficiente: no puedes mantener a las personas dependientes de la asistencia humanitaria año tras año. La naturaleza del humanitarismo necesita ser redefinida", dice Salih. Añade que Occidente debe dejar de huir de este tema politizado.

Los números globales subrayan la urgencia. Aproximadamente el 70% de los 41,6 millones de refugiados en el mundo han estado varados durante al menos cinco años. Los cortes de financiamiento significan que la asistencia humanitaria a largo plazo es inviable bajo los modelos actuales.

"Dada la escala, este no es el momento para apartar la vista. Esto no debe ser sobre trasladar responsabilidad. Esto tiene que ser sobre compartir responsabilidad. Etiopía está mostrando el camino", dice Salih.

Dentro del campamento de Ura, el mensaje de Makatet está siendo bien recibido. Su población incluye doctores, maestros y funcionarios civiles desesperados por reanudar carreras interrumpidas y dar oportunidades a sus hijos.

Entre ellos está Yousif Babiker, de 49 años, quien sostiene orgullosamente una placa con el nombre de Hilton, un recuerdo de su rol supervisando el servicio de limpieza en el famoso hotel de cinco estrellas de Jartum. La estructura icónica ha sido destrozada por los combates y Babiker ha descartado regresar a casa. Reza para que sus cuatro hijos encuentren carreras en otro lugar. "Una buena educación, la oportunidad de trabajar. Espero esto", dice.

Abdeen desea lo mismo para sus hijas. A finales de mayo encontró a sus hijas nuevamente, por casualidad. Mientras vagaba por el cuadrante sur de Ura escuchó un grito familiar. Al darse la vuelta vio a Ruaa Idris, su hija mayor, corriendo hacia él con los brazos extendidos.

Ruaa Idris, de 23 años, ha intentado todo para continuar su educación en Etiopía, intentando inscribirse en la universidad de Asosa y buscando cursos más lejos, pero sin éxito. Sin embargo, permanece decidida a convertirse en ginecóloga. "Si me dan una oportunidad la atraparé con los dientes", dice.

El optimismo abunda en que Makatet podría anunciar un nuevo comienzo. Emprendedores en ciernes pueblan el campamento. Un negocio de jabón en Jewi ha producido 168.475 barras y ha generado 30.000 libras esterlinas en ganancias.

También hay empresas incipientes en Ura. Miriam Abdallah, de 48 años, ha construido una línea de producción de perfumes y ha puesto sus miras en establecer una tienda de aromas en Europa. Sowa Belle, madre soltera de 36 años, también está pensando en grande, apostando por abrir una cadena de restaurantes llamada Mama Sowa después de la demanda insaciable de su kisra, el pan popular sudanés.

Lo que se desarrolle a continuación entre los ocupantes de los 24 campamentos de refugiados de Etiopía será observado atentamente por los formuladores de políticas occidentales. La mayoría de las personas en Ura desean reasentamiento en Europa. Si Makatet cumple su promesa, los analistas creen que ofrece un modelo alternativo a la "Fortaleza Europa" para el desplazamiento masivo, ya que se alienta a los refugiados a construir nuevas vidas en África.

El éxito o fracaso de Makatet tendrá implicaciones profundas para la política migratoria global. En un momento en que Europa y Estados Unidos endurecen sus políticas migratorias, Etiopía propone un enfoque radicalmente diferente: integración económica y social de refugiados a largo plazo.

Sin embargo, los desafíos son enormes. La seguridad dentro de los campamentos sigue siendo precaria, con la presencia de la RSF generando temor constante entre los refugiados sudaneses. La violencia comunitaria contra refugiados en Gambela continúa. Los recursos educativos y de empleo son limitados. Y la estabilidad política de Etiopía misma sigue siendo frágil, con el potencial de nuevos conflictos internos.

Ruaa Idris, atrapada en la monotonía de la vida en el campamento remoto, mira a sus compañeros en las redes sociales, preguntándose qué podría haber sido. Su pregunta resume la tensión central: "¿Cuál es el punto de la seguridad sin vivir?"

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21 jul 2026
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La guerra de Sudán, que comenzó hace más de dos años, ha traspasado las fronteras nacionales de manera alarmante. Las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), una milicia paramilitar que controla amplias zonas de Sudán, han establecido operaciones en territorio etíope. Según reportes de The Guardian, un vasto campamento de entrenamiento clandestino de la RSF ha emergido en una base militar etíope en las afueras de Asosa, una ciudad en el oeste de Etiopía, con su entrada fuertemente custodiada.

Esta expansión del conflicto sudanés representa un punto de quiebre crítico para la región. Etiopía, el segundo país más poblado de África, ha sido gradualmente arrastrado a una conflagración que amenaza con desestabilizar todo el Cuerno de África. Los expertos advierten que Etiopía se tambalea al borde de una catástrofe potencial, con signos que sugieren que el nuevo mandato del primer ministro Abiy Ahmed, confirmado en elecciones generales el 21 de junio de 2026, podría estar definido por nuevos derramamientos de sangre.

Entre los escenarios más preocupantes figuran una resurgencia de la guerra civil con la región de Tigray, posibles intentos de apoderarse de puertos del Mar Rojo eritreos, e implicaciones catastróficas derivadas de la participación etíope en el conflicto sudanés. Analistas advierten que un escenario catastrófico podría involucrar a los opositores de la RSF —las fuerzas militares sudanesas— aliándose con separatistas de Tigray, el ejército eritreo y Egipto, el histórico enemigo de Etiopía.

Sin embargo, diplomáticos en Adís Abeba creen que la probabilidad de una guerra regional destructiva está ayudando a suprimir nuevas masacres, ya que los actores principales aprecian que el resultado probable sería una destrucción mutuamente asegurada.

El conflicto sudanés ha generado una crisis de refugiados sin precedentes. Rahmatalla Abdeen, un hombre de 65 años, se convirtió en el último refugiado conocido en cruzar desde Sudán hacia Etiopía el 17 de mayo de 2026, después de aferrarse durante dos días a la parte trasera de una motocicleta mientras navegaba por un área infestada de milicias. Abdeen había sido separado de su esposa e hijas durante 883 días, desde que la RSF asaltó la ciudad de Wad Madani. Su caso ilustra el sufrimiento masivo que caracteriza esta crisis.

En el campamento de refugiados de Ura, ubicado a corta distancia de la base militar de la RSF en Asosa, residen 14.500 personas sudanesas que han huido de la milicia. Sus testimonios ofrecen un escenario inquietante: las represalias implacables que caracterizan la guerra de Sudán podrían estallar dentro de Etiopía.

Khadijah Ahmed, de 42 años, escapó del control brutal de la RSF en Jartum hace dos años y medio. Recuenta la amenaza escalofriante de la milicia mientras huía: "Nos seguirán, dondequiera que vayan", le dijeron. Sus dos hijos están tan aterrorizados que duermen bajo sus camas, tal como lo hacían en Jartum bajo el dominio de la RSF. Señalando hacia la cercana base de la RSF, Ahmed advierte: "Están muy cerca de nosotros aquí. Estamos en una situación muy peligrosa".

Dawud Suliman, de 31 años, huyó de la ciudad de Zalingei en Darfur después de una ofensiva de la RSF en 2024. La mitad de su familia —25 personas— fueron asesinadas. Ahora teme que sus parientes restantes sean cazados dentro de Etiopía. "Estoy muy preocupado", dice.

Los residentes del campamento advierten que la RSF ya ha entrado en el campamento, lo que genera preocupaciones de que estén compilando listas de eliminación para tropas estacionadas en la base de entrenamiento de Asosa, a 16 kilómetros de distancia —un viaje de 20 minutos. Hamza Al Bashir, de 52 años, expresa: "Tenemos miedo de que reporten información".

La crisis de refugiados en Etiopía es masiva. El país alberga más de 1,1 millones de refugiados, una de las poblaciones más grandes de África. Además de los sudaneses, Etiopía también acoge a decenas de miles de refugiados de Sudán del Sur. En la región de Gambela, en el sur de Etiopía, al menos 70.000 personas de la comunidad Nuer están hacinadas en el campamento de refugiados de Jewi. Sus residentes también temen ser atacados dentro de Etiopía.

Peter Keang, de 38 años, llegó desde Sudán del Sur en marzo de 2025 después de enfrentamientos entre fuerzas gubernamentales y milicias Nuer que, según dice, mataron a amigos y parientes. "Fuimos perseguidos por drones. Incluso cuando cruzábamos el río hacia Etiopía nos estaban disparando", relata.

Nyamach Duoth, de 20 años, nació como refugiada en Etiopía y dice que sus amigos tienen demasiado miedo para abandonar el campamento. "Los suministros de alimentos se han reducido, pero la gente está preocupada por buscar comida en el bosque. Las mujeres son violadas allí", explica.

Los residentes del campamento de Jewi también enfrentan amenazas de la población local. Personas Nuer que viven en la cercana ciudad de Gambela frecuentemente atacan a los refugiados de Jewi, y aproximadamente 25 personas han sido asesinadas mientras buscaban comida o leña.

Frente a esta crisis humanitaria, el gobierno etíope ha lanzado una iniciativa pionera. Tres días antes de la confirmación de su victoria electoral, el 18 de junio de 2026, el gobierno etíope lanzó un proyecto revolucionario en un evento de gala en el Museo Conmemorativo de la Victoria de Adwa en la capital. La iniciativa, denominada Makatet —que significa "inclusión" en amárico— tiene como objetivo transformar a los más de 1,1 millones de refugiados de Etiopía en activos sociales y económicos.

Bajo el programa Makatet, los refugiados recibirán acceso mejorado a educación, atención médica y empleo, permitiéndoles convertirse en residentes integrados que paguen impuestos en lugar de depender de la ayuda humanitaria. Su aparente progresismo ha atraído rápidamente la atención internacional.

Barham Salih, nuevo jefe de la agencia de refugiados de la ONU, describe el enfoque de Etiopía como el intento más ambicioso hasta ahora para abordar el desplazamiento creciente de millones de personas. Salih, un ex presidente iraquí y refugiado él mismo, de 65 años, argumenta que los enfoques tradicionales para tratar la migración son obsoletos.

"Necesitamos hacer que la población de refugiados sea más autosuficiente: no puedes mantener a las personas dependientes de la asistencia humanitaria año tras año. La naturaleza del humanitarismo necesita ser redefinida", dice Salih. Añade que Occidente debe dejar de huir de este tema politizado.

Los números globales subrayan la urgencia. Aproximadamente el 70% de los 41,6 millones de refugiados en el mundo han estado varados durante al menos cinco años. Los cortes de financiamiento significan que la asistencia humanitaria a largo plazo es inviable bajo los modelos actuales.

"Dada la escala, este no es el momento para apartar la vista. Esto no debe ser sobre trasladar responsabilidad. Esto tiene que ser sobre compartir responsabilidad. Etiopía está mostrando el camino", dice Salih.

Dentro del campamento de Ura, el mensaje de Makatet está siendo bien recibido. Su población incluye doctores, maestros y funcionarios civiles desesperados por reanudar carreras interrumpidas y dar oportunidades a sus hijos.

Entre ellos está Yousif Babiker, de 49 años, quien sostiene orgullosamente una placa con el nombre de Hilton, un recuerdo de su rol supervisando el servicio de limpieza en el famoso hotel de cinco estrellas de Jartum. La estructura icónica ha sido destrozada por los combates y Babiker ha descartado regresar a casa. Reza para que sus cuatro hijos encuentren carreras en otro lugar. "Una buena educación, la oportunidad de trabajar. Espero esto", dice.

Abdeen desea lo mismo para sus hijas. A finales de mayo encontró a sus hijas nuevamente, por casualidad. Mientras vagaba por el cuadrante sur de Ura escuchó un grito familiar. Al darse la vuelta vio a Ruaa Idris, su hija mayor, corriendo hacia él con los brazos extendidos.

Ruaa Idris, de 23 años, ha intentado todo para continuar su educación en Etiopía, intentando inscribirse en la universidad de Asosa y buscando cursos más lejos, pero sin éxito. Sin embargo, permanece decidida a convertirse en ginecóloga. "Si me dan una oportunidad la atraparé con los dientes", dice.

El optimismo abunda en que Makatet podría anunciar un nuevo comienzo. Emprendedores en ciernes pueblan el campamento. Un negocio de jabón en Jewi ha producido 168.475 barras y ha generado 30.000 libras esterlinas en ganancias.

También hay empresas incipientes en Ura. Miriam Abdallah, de 48 años, ha construido una línea de producción de perfumes y ha puesto sus miras en establecer una tienda de aromas en Europa. Sowa Belle, madre soltera de 36 años, también está pensando en grande, apostando por abrir una cadena de restaurantes llamada Mama Sowa después de la demanda insaciable de su kisra, el pan popular sudanés.

Lo que se desarrolle a continuación entre los ocupantes de los 24 campamentos de refugiados de Etiopía será observado atentamente por los formuladores de políticas occidentales. La mayoría de las personas en Ura desean reasentamiento en Europa. Si Makatet cumple su promesa, los analistas creen que ofrece un modelo alternativo a la "Fortaleza Europa" para el desplazamiento masivo, ya que se alienta a los refugiados a construir nuevas vidas en África.

El éxito o fracaso de Makatet tendrá implicaciones profundas para la política migratoria global. En un momento en que Europa y Estados Unidos endurecen sus políticas migratorias, Etiopía propone un enfoque radicalmente diferente: integración económica y social de refugiados a largo plazo.

Sin embargo, los desafíos son enormes. La seguridad dentro de los campamentos sigue siendo precaria, con la presencia de la RSF generando temor constante entre los refugiados sudaneses. La violencia comunitaria contra refugiados en Gambela continúa. Los recursos educativos y de empleo son limitados. Y la estabilidad política de Etiopía misma sigue siendo frágil, con el potencial de nuevos conflictos internos.

Ruaa Idris, atrapada en la monotonía de la vida en el campamento remoto, mira a sus compañeros en las redes sociales, preguntándose qué podría haber sido. Su pregunta resume la tensión central: "¿Cuál es el punto de la seguridad sin vivir?"

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